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La decisión de Hermione — capítulo 25

Diversos fueron quienes se dirigieron a Hermione mientras se abrazaba a su mejor amigo, pero ella sólo reaccionó ante la voz de una persona:

- Señorita Granger... Hermione... ¿Te encuentras bien?

  • Directora McGonagall.- Habló mientras se separaba poco a poco de Harry. - Yo quiero pedirle algo... es un poco inusual...pero me gustaría no no me hiciera preguntas al respecto de mi petición.

  • Siempre he confiado en su buen juicio, señorita Granger. Cuénteme.

Hermione suspiró y vio cómo las miradas de todos los presentes se posaban sobre ella, expectantes. Jane la sonrió para infundirle ánimos:

  • Directora. Yo quisiera que en dos días convocara aquí, en el castillo, a todas las familias de las víctimas de la lucha contra Voldemort. Por favor.

-Señorita Granger, a pesar de la confianza que le tengo no puedo hacer algo así sin pedirle a cambio algún tipo de explicación...

Sin embargo, Kingsley -quién no había olvidado ver una luz violeta brillando sobre Alastor- interrumpió a McGonagall:

  • Minerva, estoy seguro que Hermione tiene buenas razones para hacer esa petición. Si estás de acuerdo, le pediré a mi ayudante que lo organice...

McGonagall asintió con la cabeza y Kingsley continuó hablando:

- Percy, ¿por favor, podrías encargarte? Ya sé que te di un período de descanso en el Ministerio, pero voy un poco apurado... No me mires con esa cara muchacho, ¿acaso crees que podría escoger un ayudante mejor?  El puesto es tuyo y lo seguirá siendo después de tu descanso, te lo prometo. En un año tu y yo formaremos un gran equipo...

  • Señor - Balbuceó Percy - No sé qué decir...

- Pues quéjate por tener un mal jefe que te pide un favor en vacaciones, pero no me des las gracias porque el mérito de haber conseguido el cargo es todo tuyo.

- Claro, señor. Yo me encargo de gestionar el encuentro con los familiares de las víctimas. No se preocupe por nada, ministro

- Perfecto. Y llámame Kingsley. Si toda tu familia lo hace, no veo porque tú no.

Kingsley y McGonagall se sentaron a comer, mientras Arthur y Molly felicitaban con orgullo a Percy.

Hermione se sentó junto a entre Ron y Ginny, quién a su vez estaba abrazada a Harry. Hermione sonrió a Ron cálidamente y le cogió la mano por debajo de la mesa. George se acercó a ellos.

  • Bueno, cuñadita. ¿A qué tantas lágrimas? ¿Son las hormonas? Bill dice que Fleur está todo el día usándole de paño de lágrimas. ¿Es Harry acaso tu pañuelo humano?

- George, no te entiendo...

- Mamá dice que si metes la varita en el caldero, no deberías sorprenderte si te sale chamuscada... o con un regalito creciéndole dentro...

-Ron - Dijo, Hermione - Explícame de que va esto...

Y Ron empezó a balbucear...

  • Bueno, tú y yo.... pues... ya sabes... mi madre cree ... porque tu madre ha dicho...

- Ginny. - Dijo Hermione con impaciencia. - Explícamelo tú.

- Bueno... - Dijo Ginny echándole una mala mirada a Ron - La cuestión es que tu madre le dijo a la mía que tú tenías un secreto respecto a que nuestra familia se iba a ampliar en breve... Y cómo tu madre no sabía lo del bebé de Bill... En fin, no hace falta ser tan lista cómo tú para llegar a una conclusión.

  • ¡Oh! - Dijo Hermione - Está claro que mi madre es una bocazas...

  • Entonces, ¿es verdad? - Ron estaba blanco y aún tartamudeada.

  • Bueno, en parte... - Los tres hermanos Weasley abrieron mucho los ojos y Hermione enrojeció- No, no es lo que pensáis... obviamente... no estoy ... embarazada...

Ginny y George suspiraron aliviados, pero el semblante de Ron era más difícil de interpretar, hecho que no le pasó desapercibido a su hermano.

  • Oh, Hermione, creo que Ron ya le había puesto nombre al bebé...

Ron sentía que sus hermanos iban a hacerle miles de bromas y bromitas y decidió cortar la situación:

  • Cállate, George. Hermione, ¿podemos hablar en privado? - Y tras decir esto cogió de la mano a Hermione, la sacó del Gran Comedor y la llevó hasta el pasillo.

Una vez se detuvieron, él la miró timidamente. Ella observó a un lado y al otro (no quería que sus padres les sorprendieran) y le dio un dulce beso en los labios:

  • Oh, Ron. ¡Cómo se te ocurre pensar que estaba embarazada! ¡Pero si George nos dio la poción!

- Sí... ya... pero cómo no la tomaste delante mío pensé que quizás se te olvidó o algo... ¡No me mires así, Hermione, a mi se me podría haber olvidado!

Ella rió.

  • Lo que me sorprende, Ron, es que tuvieras esa sospecha y no me dijeras nada. Me hubiera imaginado que estarías aterrorizado o enfadadísimo...

-No. Quiero decir, no es el mejor momento, lo sé. Pero debe ser bonito tener un bebé con la persona que amas... - Ron dijo esto sin darse cuenta, como hablando para sí mismo. Cuando vio que Hermione le miraba con mucha ternura, enmudeció.

  • Ron, ¿te puedo hacer una pregunta?- Él asintió, aún con las orejas rojas.

  • Tú... ¿es cierto lo que dijo George? ¿Habías pensado nombres?

- Bueno... sí. - Ron se sentó en el suelo, con la espalda a poyada en la pared y esperó a que Hermione se sentara a su lado. Le cogió la mano y continuó hablando. - Cuando toda mi familia se metía conmigo porque no me atrevía a declararte mis sentimientos, Bill siempre me decía que a veces valía la pena esperar a estar preparado y que las flores más bonitas son las que más tardan en florecer. Siempre que me decía esto, me mostraba las rosas que mamá tenía plantadas en el jardín de la madriguera. Siempre que veía esas rosas, me imaginaba cómo podría ser nuestro futuro juntos... por eso me gusta ese nombre, Rose.

  • ¿Y tenías nombre de niño?

- En realidad sí, aunque la verdad es que siempre pensaba que tendríamos una niña. Ya sabes, para que se pareciera a ti. Una pequeña tú. El nombre de niño no lo pensé hasta hace poco. Estos días he podido conocer a tu padre, y creo que es una gran persona, y no sólo por haber criado a alguien cómo tú... me gustaría que se llamase Hugo, cómo él.

  • Rose y Hugo, son nombres preciosos, Ron.

- Debes pensar que soy un tonto...

- Siempre lo pienso, Ron. Pero te quiero así.

Y de nuevo sus labios se juntaron, lentamente. Cuando se separaron, Ron la miró a los ojos:

  • Hermione, hay algo que quiero pedirte hace tiempo... - Y ella leyó en los ojos de Ron que el gran momento había llegado. Se habían besado, habían hecho el amor, sabían que se querían... ¡incluso habían hablado de sus futuros hijos!... pero aún no habían formalizado su relación... entre ellos, había cosas que iban muy rápidas y otras que sucedían con demasiada lentitud...

Y la magia del momento se rompió cuando McGonagall y Kingsley salieron al pasillo y se despidieron de ellos, pues debían regresar al Ministerio. Hermione tenía mucho trabajo por hacer, aún tenía diversas personas por salvar y sólo le quedaban dos días para el reencuentro. Le hubiera gustado tener los trasladores en su cuarto, pues así tendría acceso a ellos a todas horas y no pasaría cómo ahora, que sólo podía ir al despacho cuando sabía que McGonagall estaba fuera. Pero reconocía que era mucho más seguro que fuese Dumbledore (o su retrato) quién los vigilara. Así que suspiró, y muy a su pesar, le dijo a Ron que debía marcharse.

  • ¿Ahora, Hermione?

- Sí, ahora. Hay algo que debo hacer. Dos días, Ron. Luego todo mi tiempo será para ti, te lo prometo. Mi tiempo y mis secretos.

Y tras un beso y una sonrisa, se dirigió al despacho del director, dispuesta a seguir enfrentándose a su destino. 


Quería un capítulo un poco tierno antes de sumergirme de nuevo en la acción, que será la tónica de los siguientes capítulos. ¿Me he pasado con el azúcar? :) ¡Abrazos!