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Historia 187438 — capítulo 12
El domingo siguiente de la semana del incidente amaneció cálido así que Rose, se levantó antes que sus compañeras de habitación y aprovechó para bajar a los jardines, ya que allí podría relajarse a las orillas del Lago Negro, mientras leía uno de sus libros favoritos de runas. Estuvo desayunando animadamente en el Gran Comedor mientras mantenía una conversación muy interesante con Helena Ravenclaw, o como la mayoría del castillo la conocía, la Dama Gris.
Tras el desayuno salió a los jardines y se acomodó debajo de uno de los olmos donde estuvo aproximadamente dos horas leyendo tranquilamente, hasta cuando pudo comprobar que alguien la estaba arrojando sombra por lo que al levantar la mirada se encontró con los ojos de mercurio de Scorpius Malfoy.
-¿Qué haces aquí Malfoy? - le espetó Rose a modo de saludo - ¿se te ha perdido Albus? - compuso su sonrisa de medio lado.
-Ja ja ja, muy graciosa- dijo sarcásticamente el chico de cabello platino - yo también me alegro de verte Weasley y no, no se me ha perdido Albus. Está en la biblioteca con Alice terminado la redacción de Herbología - comentó restándole importancia al hecho.
La chica asintió a modo de respuesta y siguió a lo suyo, ignorándolo así que Scorpius se sentó enfrente de ella y la estuvo mirando durante unos minutos hasta que volvió a hablar.
-¿Cómo es posible que pueda leerse ese libro? - preguntó en alto para sí mismo.
-Te he escuchado Malfoy, por si no te has dado cuenta - a Scorpius las mejillas se le sonrosaron ligeramente, y Rose pensó que estaba muy mono pero borró ese pensamiento inmediatamente.
-Ya… y ¿cómo es que sabes leer runas? - la preguntó directamente.
-Ah bueno, mi madre me enseñó de pequeña - sonrió al recordarlo - con el libro de Los Cuentos de Beddle el Bardo. El de mi madre está escrito en runas, se lo dejó en herencia Albus Dumbledore - dijo como ni nada.
-¿De verdad? - cada vez que a Scorpius le contaban algo así siempre alucinada - ¡qué envidia! A mí me gustaría aprender… de hecho creo que la elegiré en tercer año.
-Yo también voy a cogerla en tercero - respondió Rose con una fugaz sonrisa y pensando que en el fondo, el hijo de los Malfoy y ella no eran tan distintos.
-Que bien - murmuró Scorpius que se encontraba un poco nervioso - Rose si me he acercado a ti también es porque quiero hablar contigo - la chica se extrañó porque casi nunca la llamaba por su nombre.
-¿De qué quieres hablar? - había conseguido toda su atención.
-De la 'pelea' que tuvimos en el Gran Comedor el sábado pasado - dijo la palabra pelea haciendo gestos comillas con las manos.
-Ya te dije que no sabía de qué me estabas hablando - repentinamente la voz de Rose se endureció y denotaba cierto nerviosismo.
-Sé que te acuerdas tan bien como yo de ese momento. Puede que no te ubicase hasta el sábado pasado pero me acuerdo de esa niña a la que vino a recoger su abuela - Scorpius podía ser muy testarudo cuando se lo proponía.
-Y que quieres que te diga, ¿eh? - la chica pelirroja se acababa de poner de pie mientras se pasaba las manos por la falda para quitar las hojas - Vale Scorpius. Nos conocemos desde que tú tenías ocho años y yo siete años ¿contento? - le espetó mirándole a los ojos una vez que este ya se había puesto de pie.
-No, no estoy contento. Quiero saber por qué me mentiste en el tren, Rose - la estaba mirando con la misma intensidad que ella a él.
-Porque mi primo no lo sabe - terminó musitando y apartando la mirada - nunca se lo he contado a nadie. Únicamente lo sabemos las personas que estábamos allí.
-Vale, lo entiendo pero… ¿por qué no quieres que lo sepa Al? - él la seguía mirando y cuando Rose se dio la vuelta para comenzar a andar la cogió del brazo haciéndola girar sobre sí misma hasta tenerla de frente - no te voy a dejar ir hasta que me contestes.
Rose estaba contemplando al chico mientras este la sujetaba el brazo remangando y debido a la proximidad pudo volver a notar el olor a menta fresca que desprendía de la misma forma que un ligero ardor había donde la estaba sujetando.
-No se lo he contado porque no quiero que lo sepa nadie - admitió mirándole a la cara - quiero que sea algo de nosotros dos. De nadie más - el chico la contemplaba con intensidad y de pronto él cayó en la cuenta de que él también quería que fuese algo entre ellos.
-Me parece bien - la dijo mirándola a sus grandes ojos azules - sé que discutimos mucho pero somos amigos y creo que está bien que nos guardemos ese momento para nosotros - la sonrió cuando terminó de hablar.
En el ambiente se instaló un silencio, que a cualquiera le habría resultado incómodo pero no para ellos dos y estuvieron así, mirándose durante varios segundos hasta que Rose le habló.
-¿Qué te parece, si vamos a la biblioteca y te enseño algo sobre runas? - le propuso esperando que él aceptase.
-¡Me parece genial!
- exclamó feliz - muchas gracias Weasley, venga te echo una carrera hasta la biblioteca.
El camino a la biblioteca desde los jardines no era demasiado largo y rápidamente llegaron hasta una de las últimas mesas de la biblioteca donde se encontraban Albus y Alice riéndose en voz baja.
-¿Se puede saber que es tan gracioso chicos? - preguntó Rose nada más llegar.
-Pues verás Rose - fue Alice la que contestó - estábamos aquí tan tranquilos escribiendo cuando llegó James, nos saludó y le pidió a Brittany Red que saliese con él en la próxima visita de Hogsmade.
-¿Y qué pasó? - quiso saber el alma cotilla de Rose.
-Le dijo que no por supuesto - respondió Scorpius y todos le miraron - es obvio, sino no os estaríais riendo de él.
-Scorpius tiene razón - concedió Albus mientras intentaba contener la risa, pero finalmente los cuatro rompieron a carcajadas y la vieja madame Prince tuvo que llamarles la atención.
Albus y Alice estuvieron trabajando toda la mañana en la redacción que les había mandado el profesor Longbottom sobre los distintos usos de la resina de abedul en la preparación de pociones, mientras que Rose le enseñaba a Scorpius las runas más sencillas con los diferentes significados, pero a Albus no se le pasó por alto que ese día parecían mucho más a gusto estando juntos que otros días, e incluso bromeaban, por lo que se alegraba de ello.
-¿Sabes? - le susurró Rose a Scorpius - no entiendo por qué James le ha pedido salir a Brittany si realmente la que le gusta es Alice.
-Yo creo que sí que lo sé, pecas- la respondió mirándola detenidamente.
-¿Ah sí? - dijo Rose algo extrañada.
-Claro, piensa un poco Weasley. A veces puedes ser un poco lenta - el chico rubio negaba con la cabeza - Alice no le hace ni caso, de hecho creo que a Alice realmente le interesa juntarse más con Albus que con James, míralos - Rose pudo comprobar desde la otra mesa que Alice le lanzaba miradas a Albus cada poco tiempo - creo que la quería poner celosa pero no lo ha conseguido.
-Puede ser… - Rose si lo pensaba fríamente, tenía sentido - los hombre sois muy retorcidos.
-No más que las mujeres - la devolvió Scorpius - cuando crezcamos veremos de lo que eres capaz… miedo me das - después la golpeo el hombro.
En realidad Scorpius con todas sus ganas deseaba que Rose no se fijase nunca en ningún chico. Vale que fuese insoportable en muchas ocasiones, pero solo con imaginar que podría cambiarle a él por otro chico, se le revolvía el estómago solo de pensarlo.
A la hora de comer, el grupo de chicos se marchó de la biblioteca para dirigirse al Gran Comedor, pero Alice se despidió de ellos en el vestíbulo ya que ese día comía en su casa de Hogsmade, junto a su familia porque era el cumpleaños de su madre, Hannah.
Los tres chicos se sentaron a comer en la mesa de Ravenclaw, y conversación tranquilamente aunque la compañera de cuarto de Rose, Julianne no paraba de intentar hablar con Scorpius mientras que este, no la hacía demasiado caso ya que observaba a Rose.
La comida transcurrió sin incidentes y cuando terminaron, el grupo se dirigió hacia los jardines para disfrutar de los rayos de sol, mientras practicaban el hechizo alohomora, con las cerraduras que Rose llevaba en el bolso de cuentas.
Estuvieron practicando hasta que todos consiguieron realizar el hechizo a la perfección y poco después llegó hasta ellos James y Fred.
-Que pasa enanos - saludó Fred - ya veo que habéis estado practicando.
-Si - contestó Scorpius alegremente - el hechizo no lo aprenderemos hasta dentro de varias lecciones pero…
-Da miedo - le dijo James a Fred - es enserio Scorpius. Te apreciamos y por eso te aconsejamos que no pases tanto tiempo con Rose.
-¡Oye! - exclamó su prima ofendida - que sepáis que la idea ha sido suya, no mía - y el chico de cabellos platino asintió.
-Por cierto, James
- le llamó la atención su hermano - lamento lo de Brittany - pero en su voz se distinguía un tono jocoso.
-Muy gracioso Al, de verdad - le dirigió a su hermano una mirada entrecerrada - todavía no sé cómo me ha rechazado.
-Simple Jamie. No le gustas - razonó su mejor amigo y primo mientras se reía.
-Ya te pasará a ti Fred y veremos quién se ríe después - le amenazó el chico castaño.
-Eso no va a pasar Jamie. Mi único y verdadero amor es el Quidditch - dijo convencido cosa que hizo reír a todos los presentes.
-Además, nos hemos enterado de algo sobre vosotros tres - James señaló al grupo de primero - os han puesto un nombre.
-¿Cómo dices? - preguntó su hermano muy extrañado.
-Cierto Al, varias personas se refieren a vosotros como el Nuevo Trío de Oro.
-No me gusta - dijo Rose automáticamente.
-El Trío de Oro… - susurró Scorpius - ¿esos son vuestros padres? - a lo que Rose y Albus asintieron.
-Por qué nos llaman así - quiso saber el chico de pelo azabache.
-Fácil primito. Tu eres una copia de tu padre, Rose es como una mini Hermione y tu Malfoy… digamos que te pareces más al tío Ron de lo que puede aparentar a primera vista - su amigo James asintió.
-Además, Rose y Scorpius, ¿no te recuerdan a nadie Al? - le dijo James con una sonrisa malévola.
-Jajajaja - se carcajeó junto con Fred y su hermano - es verdad. Sois como los padres de Rose.
-¡Eso no es verdad!
- exclamó Rose ofendida.
-Claro que sí Rosie
- corroboró Fred - daros unos años.
-Eso no va a pasar Weasley - advirtió Scorpius.
-¡Ja! - James soltó una risotada - lo mismo decían Teddy y Victoire… ahora dan bastante grimita, enrollados por todos los lados.
-Déjalos en paz Jamie - dijo Rose con abatimiento.
-Así que… el Nuevo Trío de Oro - Albus todavía no se lo podía creer - no se… no me convence demasiado, nosotros seriamos plata no oro.
-¿Plata? - preguntó algo extrañado Fred.
-Claro Al - corroboró Scorpius - somos dos Slytherin y una Ravenclaw. De nuestras casas lo que tenemos en común es el plateado.
-Cierto…El Trío de Plata. - James les estaba mirando - os queda bien. Vamos Freddie, hay que propagarlo por el colegio.
Los chicos salieron corriendo mientras que los tres chicos de primero protestaban y todavía estaban alucinando con lo de que los comparasen con Harry, Ron y Hermione. Tras practicar de nuevo el encantamiento, vieron a Hagrid por los jardines así que se acercaron a él para ver qué tal se encontraba el guardabosques.
-¡Hola Hagrid! - le saludó Albus alegremente.
-¡Ah! Que susto me has dado Albus - le revolvió el pelo azabache con su gran mano - Rosie, Scorpius, ¿Qué tal van las clases? ¿os apetece un té? Iba a prepararlo ahora en la cabaña - les dijo muy sonriente debajo de su espesa barba.
Los tres chicos se miraron entre ellos y le dijeron que sí que les apetecía tomar un té si a él no le importaba. Caminaron detrás del guardabosques y profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas, hablando animadamente con él, y al llegar a la cabaña, cuyo tejado estaba recubierto de un vivo musgo verde, Hagrid les abrió la puerta de su acogedor hogar.
Albus y Scorpius se sentaron en las grandes sillas que estaban alrededor de la mesa redonda de madera, mientras el guardabosques ponía sobre la mesa una grandes tazas de diferentes colores decoradas con rayas y lunares al mismo tiempo que Rose le ayudada a preparar el té.
Cuando el té ya estuvo preparado, todos se sentaron a la mesa y Hagrid lo sirvió en las grandes tazas. El té humeante olía de maravilla, con un color ambarino oscuro y al primer sorbo, se dieron cuenta de que estaba delicioso y al mismo tiempo les reconfortaba. Hagrid fue el primero en hablar.
-Que chicos, ¿Cómo os está yendo el curso? - les preguntó interesado.
-Muy bien - respondió Scorpius feliz - en general, las clases nos van bastante bien, son muy interesantes.
-Si, salvo Historia de la Magia - apuntilló Albus - no sé cómo es posible que las guerras entre duendes resultes aburridas.
-No son tan aburridas Al - Rose puso su voz mandona y sabionda - lo que pasa es que el profesor está muy mayor.
-Toma que sí es mayor Weasley - el chico Malfoy parecía exasperado - ¡es un fantasma! Se murió y al día siguiente su espíritu se puso a dar clase como si nada. Y se supone que tú eres la inteligente… el sombrero seleccionador no está en sus cabales.
Ese comentario hizo que todos se riesen salvo Rose, que se puso a refunfuñar y murmurar siempre intenta dejarme en ridículo, creído, ¿pero quién se cree que es?
-Venga Rosie, no te pongas así con el chico - le dijo Hagrid a la muchacha con una sonrisa - todos en Hogwarts saben que esa clase es la más aburrida, incluso cuando yo estudiaba y estaba vivo - a Hagrid le hubiese gustado retomar los estudios en su época.
-Weasley, siento el comentario - Scorpius compuso una cara parecida al arrepentimiento.
-Acepto las disculpas Malfoy - contestó Rose cordialmente.
-¿Sabéis? Os parecéis a Ron y a Hermione - comentó Hagrid como si nada - es como si los tuviese de nuevo aquí con once años - Albus con el comentario se empezó a reír mientras que Rose y Scorpius evitaban mirarse a la cara.
-¿Por qué te ríes tanto Albus? - le preguntó Hagrid al chico de pelo azabache.
-Es porque hace un rato Fred se lo ha dicho también a ellos - la respuesta hizo que los dos se riesen todavía más.
-Bueno basta ya - dijo Rose muy enfadada - nosotros no somos mis padres, fin de la historia.
-Lo que decís no va a pasar, así que dejad el tema - corroboró Scorpius, aunque en su interior estaba algo triste.
-Está bien chicos, no os enfadéis - respondió Hagrid - y hablando de otras cosas… han llegado a mis oídos que os llaman el Trío de Plata.
-¿El Trío de Plata? ¿Cómo es posible? - preguntó Rosie - si no hace ni hora que hemos estado hablando con Fred y James.
-Ya chicos… - Hagrid parecía un pelín culpable - pero lo han ido propagando a los cuatro vientos por todo el colegio. Antes me he cruzado con Neville y me ha dicho que ya os conocen así hasta los profesores.
-Genial… esto es maravilloso - comentó Albus - seguro que a partir de ahora no pararan de compararnos.
-Te entiendo Al - su prima también parecía preocupada - yo quiero que me conozcan por ser quien soy, no por el apellido.
-Pienso exactamente lo mismo que Weasley - el chico de cabellos platinos también parecía alicaído.
-Venga chicos, no os pongáis triste - intentó animarlos Hagrid - seguro que sobresalís por vosotros mismos, no por el apellido. De momento ya tenéis algo distinto… un Malfoy en el grupo. Eso es una novedad.
-Bien visto Hagrid. Gracias por la parte que me toca - ironizó Scorpius.
-No no - dijo Rose pensativa - tiene razón Malfoy. Nos compararan pero si sobresalimos no será porque seamos igual que nuestros padres. Nos parecemos a ellos pero somos distintos y eso es obvio porque tu estas en el grupo - le miraba como si lo viese con una luz nueva.
-Además no somos de Gryffindor - puntualizó Albus - todos tenemos la plata en nuestros uniformes - Al estaba orgulloso de pertenecer a la casa Slytherin.
-Esforzaos por ser quienes sois, no por quienes quieran que seáis - Hagrid en múltiples ocasiones daba grandes consejos.
-Entonces… el Trío de Plata - masculló Scorpius - en realidad si lo pensáis no esta tan mal, me gusta la plata - sus amigos le sonrieron.
Pasaron el resto de la tarde con Hagrid, hablando de las diferentes criaturas a las que cuidaba y fueron también al jardín trasero a saludar a Buckbeak, rebautizado como Witherwings desde 1996. Estuvieron un rato dándole de comer y acariciando su plumaje hasta que empezó a anochecer momento en el cual se marcharon hacia el castillo para cenar.
Y de esta forma fue como se propagó por todo el colegio el nombre del Trío de Plata, que les asignaron al grupo formado por Albus, Scorpius y Rose. Para cuando llegaron ese domingo al Gran Comedor, todo el mundo los conocía por ese nombre y cuando se referían a ellos, los denominaban así.
O al menos, los llamaron de esa forma durante alguno de los años venideros.