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Historia 187438 — capítulo 14
Tras el momento que habían vivido en el aula abandonada del tercer piso, la relación entre Scorpius y Rose cambió cosa con la que Albus estaba encantado: ahora se trataban con muchísimas más cordialidad que antes, habían dejado de pelear a cada momento e incluso se reían de vez en cuando, pero procuraban no quedarse solos nunca porque en esos pocos momentos que habían vuelto a quedarse solos, lo único que había era un silencio atroz.
Alice cada vez pasaba más tiempo con ellos, y Rose internamente se lo agradecía. Ella también había notado el cambio en la relación de su mejor amiga con el primogénito de los Malfoy pero no se atrevía a preguntar porque no estaba segura de querer conocer la respuesta, y por otro lado James por fin la había dejado tranquila.
A principios de ese año escolar dado que ya podían asistir a Hogsmade, James le pidió salir pero ella lo rechazó con mucha delicadeza porque el Potter que la gustaba era otro, y el chico pareció tomárselo bien, ya que últimamente pasaba bastante tiempo con Brianna, una compañera de tercer año de la casa Slytherin, por lo que se alegraba por él.
Por otro lado, la amistad de Lily con Lorcan avanzada muchísimo, cosa que no le gustaba demasiado a los celosos primos de la muchacha, salvo Hugo que se llevaba fenomenal con el chico de ojos azules y cabellos dorados, por lo que acompañados por el hijo de Ron Weasley, solían quedar en la biblioteca para estudiar o bien hacer los ensayos.
Las que estaban un poco raras eran Dominique y Roxanne ya que desde la vuelta de las vacaciones de Pascua, estaban siempre solas, hablando entre ellas y ya ni siquiera comían en la mesa de Gryffindor con los Nuevos Merodeadores. Era común verlas comer en la mesa de Ravenclaw, acompañadas por Rose y Alice o en su defecto con Lorcan aunque esto no se sentaba demasiado bien a Roxanne, y en su tiempo libre iban a los jardines en las orillas del Lago Negro o cerca de la cabaña de Hagrid, donde le ayudaban con las criaturas mágicas.
Para el primer domingo de abril, se programó una nueva salida a Hogsmade, y como se hizo costumbre en los últimos meses, Albus, Alice, Scorpius y Rose quedaron en Cabeza de Puerco a la una del mediodía para saludar a Aberforth, el hermano de Dumbledore que siempre trataba muy bien a los muchachos. Estuvieron hablando con él durante más de una hora y después Rose se disculpó con ellos porque había quedado con Andrei para ayudarle a elegir una pluma nueva.
En cuanto la chica pelirroja se marchó, el chico de pelo azabache y Alice notaron que le humor de Scorpius cambió bruscamente y no para mejor precisamente como siempre que se mencionaba al hijo de Krum, pero aun así hicieron todo lo posible porque el chico disfrutase de la salida al pueblo.
Estuvieron en Honeyduckes comprando deliciosos dulces como varitas de regaliz, calderos de chocolates, plumas de azúcar, diablillos de pimienta y por supuesto, Scorpius compró una caja de grageas Bertie Bott, que contra todo pronóstico eran los 'dulces' favoritos de Rose.
Después pasaron por la sucursal de 'Sortilegios Weasley', donde en lugar de comprar algo, estuvieron saludando a Victoire que se la veía muy contenta trabajando en la tienda pero sobretodo, se la veía muy feliz porque esa misma noche había quedado para cenar con Teddy en las Tres Escobas.
Scorpius se disculpó con Victoire y prometió regresar enseguida porque se dio cuenta de que se había dejado la bufanda en el local de Aberforth, y se lo comentó a Albus también, el cual le dijo que enseguida le alcanzaban él y Alice.
Al salir a la calle del pueblo, notó como el aire fresco le entumecía ligeramente la cara, y se sorprendió al ver la cabellera pelirroja de Rose por allí cuando la tienda de plumas quedaba al otro lado del pueblo. Se aproximó disimuladamente hacia ella y su acompañante Andrei, el cual desde su posición lo distinguió perfectamente cuando pasó algo para lo que él no estaba preparado.
A cámara lenta pudo ver como Andrei se acercaba a Rose y la besaba en los labios. Se quedó paralizado contemplando la escena durante lo que parecieron ser años y cuando se separó de ella, Krum le miró con una sonrisa de superioridad.
Scorpius dejó caer la caja de grajeas de todos los sabores que se esparcieron por el pavimento y no tardó ni medio segundo en dirigirse hacia el castillo corriendo, con el orgullo herido y el pecho hinchado, notando como le faltaba el aire. Durante los últimos meses, se había ilusionado con el cambio en su relación con la hija de Ron Weasley, bien es cierto que durante esos meses se sentía incómodo con ella cuando se quedaban solos, pero a la vez necesitaba esos momentos.
Sin saber cómo se dirigió a la clase donde todo había comenzado, el aula abandonada del tercer piso; el silencio reinaba en la instancia nada más entrar, pegó un portazo a la ya maltrecha puerta de madera y apuntó, de rabia con la varita a uno de los pupitres exclamando ¡Bombarda! y automáticamente la mesa envejecida estalló en pequeños trozos de madera.
Ese acto hizo que el chico se sintiese mejor momentáneamente por lo que siguió destrozando el mobiliario de la habitación y poco después la puerta se abrió y en ella apareció Rose con un halo de luz tardía a su alrededor. Se la veía agitada, posiblemente debido a que había ido corriendo nada más verlo y se acercó hablando hacia él.
-Sabía que estarías aquí - le dijo atropelladamente - no te vas a creer lo que me ha pasado - se la notaba muy nerviosa.
-Sé perfectamente lo que te ha pasado Weasley - su tono de voz estaba totalmente desprovisto de sentimientos.
-No, no lo sabes. Andrei me ha besado… ¿te lo puedes creer? - la chica estaba histérica, ofendida y su amigo no reaccionaba lo más mínimo.
-Te he visto con el Weasley - su tono ahora era gélido, al igual que su mirada - y como le correspondías, supongo que me mentiste cuando me dijiste que no era tu novio - la acusó.
-¿Nos has visto? - Rose de verdad esperaba que no fuese así - te prometo que no es lo que parece - le miraba con cautela y algo temerosa - no le correspondí.
-Sé distinguir las cosas cuando las veo - sus ojos de mercurio se habían oscurecido y ahora parecían de hierro forjado - me has mentido Weasley. A mí y a todos. Si querías pasearte de la mano con tu novio, haber sido sincera desde el principio.
Rose lo miraba sin podérselo creer. Necesitaba que la creyese, ella no quería nada con Andrei, no quería le interesaba nadie de esa forma que no fuese él… pensaba que lo sabía después de lo que había pasado en esa misma clase hacía pocos meses.
-No es mi novio, Scorpius por favor tienes que creerme. Yo nunca te mentiría - los ojos de la chica tenían lágrimas en los ojos y su mirada era suplicante.
-Nunca… ¡¿nunca?! - el chico estaba libido en ese momento - Claro Weasley, de la misma forma que me dijiste que no nos conocíamos de antes ¿no? - la preguntó mirándola con superioridad y con el orgullo herido.
A la chica pelirroja se la resbalaban las lágrimas por las mejillas. No se podría creer que hubiese utilizado ese recuerdo, su recuerdo especial y mejor guardado para atacarla. Esa frase la recibió como una bofetada. Miró al suelo durante varios segundos y después levantó la mirada con orgullo.
-¿No me crees verdad? - le preguntó lo más serena que pudo, conteniendo sus sentimientos.
-Claro que no te creo. Te has estado riendo de mi estos últimos meses como si fuese un idiota - Scorpius parecía impasible.
Después de esa frase, Rose perdió la paciencia, algo dentro de ella se había roto… su corazón estaba roto por culpa de ese chico a quien consideraba como uno de sus mejores amigos y al que quería más de lo que gustaría admitir. Trató de tranquilizarse, de la misma forma que había aprendido de su propia madre y cuando se recompuso su semblante era totalmente diferente.
-Se acabó Malfoy - le dijo lentamente y mirándole a los ojos directamente. Scorpius pudo apreciar como por primera vez desde la conocía que sus grandes ojos oceánicos se habían convertido en dos zafiros oscuros, fríos e inalcanzables.
-¿Qué quieres decir, Rose? - por primera vez tuvo miedo de la reacción de la chica.
-Para ti Weasley, a partir de ahora - su semblante seguía siendo impasible - me he cansado. He venido corriendo detrás de ti cuando te he visto salir del pueblo, te encuentro destrozando el aula, intento hablar contigo, explicarte la situación… ¿y me llamas mentirosa? - Scorpius la miraba con mucha cautela y su instinto le decía que se había equivocado con ella - no contento con ello, utilizas uno de mis secretos mejor guardados para atacarme y tú dices ser mi amigo.
-Weasley… - la chica lo miraba como si no lo conociese y alargó su mano hacia ella para tocarla el brazo.
-No me toques - le estaba mirando con cierta repulsión - no quiero que te acerques a mí, no quiero que me hables si no es por temas del colegio.
-Rose, no puedes estar diciéndome esto. Por favor, lo lamento, he pensado cosas que no eran, lo siento - dijo el chico con el pelo totalmente revuelto por la desesperación y volvió a aproximarse hacia ella pero la chica fue más rápida.
-¡Protego!
- exclamó con un rápido movimiento de varita y un escudo invisible se interpuso entre ellos.
-Rose, retira el escudo - le dijo Scorpius desesperado - Tenemos que hablar.
-¡Ja! - exclamó incrédula - de la misma forma que me has escuchado tu a mi ¿no?
-Vale Rose. He aprendido la lección y esto ya deja de tener gracia así que vamos a hablar por favor, retira el escudo - estaba prácticamente suplicando y él nunca se había sentido así.
-No lo voy a retirar. Ya te lo he dicho, no te quiero cerca de mí - Rose le seguía mirando con una frialdad pasmosa.
-¡Maldita sea! - exclamó totalmente desesperado - retira el escudo.
-¡Noooo! - rugió la chica perdiendo la máscara que había compuesto y sus ojos se desbordaron de lágrimas.
-Rose no llores, por favor, pecas… - se aproximó a ella todo lo que el escudo invisible le permitió. Esa era la última baza que le quedaba y en cuanto la formuló supo, por la expresión de la chica, que la batalla estaba perdida.
La chica se aproximó hasta los límites del escudo a pasos muy lentos y pudo contemplar sus mejillas surcadas de lágrimas de tristeza pero su mirada no dejaba lugar a dudas.
-Que sea la última vez que vuelves a llamarme así, ¿te queda claro Malfoy? - las palabras salían de la boca de la chica como si pronunciase una amenaza.
-Weasley - decidió cambiar de táctica - somos amigos desde hace años. Albus es nuestro mejor amigo….sé razonable.
-Por Albus no te preocupes - le dijo clavando sus ojos como zafiros en él - yo me encargo. Y los amigos, Malfoy, se escuchan antes de juzgar. ¿Sabes qué es lo más triste? - hizo una pausa intentando contener sus sentimientos - Si te hubiese pasado a ti, yo te hubiese creído sin titubear, por mucho que me doliese - el chico pudo ver en sus ojos que era totalmente sincera y añadió - Adiós Malfoy.
Rose se dirigió lentamente hacia la puerta y cuando llegó a ella, se giró para obsequiarle con una mirada llena de resentimiento pero en sus preciosos ojos, Scorpius sobretodo pudo apreciar decepción, tristeza y muchísimo dolor, más incluso que él mismo la vio con Andrei.
-Weasley - murmuró para así mismo - ¡Weasley! ¡Rose! ¡Roseeee! - la llamó a voces en un último intento pero no obtuvo ninguna respuesta.
Un momento después, se apoyó contra la dura y fría pared de piedra, se derrumbó en el suelo, notando una gran opresión en el pecho y cerró los ojos. Las manos le ardían de picor, notaba las mejillas calientes y unas lágrimas traicioneras empezaron a descender por su rostro mientras escuchaba a lo lejos correr a Rose por el desierto pasillo y pudo escuchar perfectamente como gritaba:
-Ahora no Severus - pasó un segundo, Albus intentó abrir la boca, detenerla en vano y después oyó claramente - ¡déjame tranquila!
Segundos más tarde volvió a escuchar pasos por el pasillo y pocos segundos después en la puerta estaba Albus que le miraba como si no comprendiese muy bien que era lo que había pasado.
Albus se quedó observando la estancia destrozada durante unos segundos, se fijó en el escudo y lo retiró rápidamente. Se acercó a Scorpius que seguía con los ojos cerrados y no tuvo que preguntar ni decir nada.
Únicamente se dejó caer al lado de su mejor amigo y le puso la mano en el hombro en señal de apoyo, sin necesidad de decirle a Scorpius que ahí iba a estar él hasta que estuviese dispuesto a hablar.
Scorpius se lo agradeció internamente, pero tuvieron que pasar muchos minutos, en los cuales su mejor amigo no se apartó de su lado, hasta que consiguió las fuerzas para explicarle lo que había pasado.
Su historia con Rose desde el principio.