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Historia 187438 — capítulo 18
Rose continuó en la enfermería hasta finales de la tercera semana de abril. Durante ese tiempo mucha gente pasó a visitarla: sus familiares iban a verla todos los días, igual que la mayoría de sus amigos; Teddy iba a verla siempre que podía e incluso madame Prince, la bibliotecaria se acercó a la enfermería para llevarla libros, cosa que Rose se lo agradeció con una gran sonrisa.
Sus padres junto con sus abuelos, y sus tíos Harry y Ginny, fueron a visitarla a mediados de semana y la chica se llevó una gran sorpresa al verlos a todos allí pero no por ello estaba menos contenta, todo lo contrario, estaba feliz. La familia en general se llevó una gran alegría al descubrirlos ahí, ya que pasaron parte del día en los jardines con ellos.
Alice y Albus iban todos los días sin falta a visitarla, y ese era uno de los mejores momentos del día. La llevaban algún dulce que los elfos domésticos les habían dado en las cocinas y comentaban con ella todas las novedades de los alumnos y clases.
Entre lo más sonado estaba que habían pillado a James besándose con Brianna en uno de los pasillos del primer piso, y también que habían visto a Fred, el gran amante de las escobas, muy cerca de Lianna, la amiga de Alice y Rose, e incluso se rumoreaba que se les había visto cerca de los invernaderos donde, Fred consiguió una de las peonias de Pomona Sprout y se la había regalado a la chica.
Algo más desagradable fue saber que Roxanne había discutido a gritos con Lyssander en los jardines, según algunos testigos, del mismo modo que Dominique lo había hecho con John Zabini, pero ellos fueron en el Gran Comedor; Dominique para que el muchacho se callase le lanzó el hechizo *Palalingua,*por lo que la lengua se le pegó al paladar únicamente emitiendo sonidos desagradables, y es por ello, que la directora McGonagall los castigo a ambos aunque de forma separado para evitar nuevos altercados.
A Rose la entristecía que Malfoy no acompañase a Al y Alice durante sus visitas, pero se hacia la dormida, siempre que oía la puerta de la enfermería abrirse pasada la hora de la cena, ya que Scorpius entraba en silencio, estaba cinco minutos, depositaba un beso sobre su frente, la acariciaba un bucle rebelde de su pelo suelto y después se marchaba dejando un nuevo ramo de rosas. La chica suponía que después de la pelea que habían tenido y de decirle que no quería verlo cerca de ella, esa era su forma de preocuparse y estar a su lado pero sin correr riesgos.
A la salida del primogénito de los Malfoy, Rose había tomado la costumbre de echarse por encima la capa con la que Scorpius le había envuelto cuando la encontró en el suelo de la torre, aunque se la quitaba rápidamente, escondiéndola debajo de la almohada cuando sus familiares llegaban a visitarla.
Madame Pomfrey y Hannah la dieron el alta el sábado a primera hora de la mañana, así que la chica después de pasar dos semanas en cama, recogió todas sus cosas metiéndolas en su bolsito de cuentas, preguntó si podían mandarla las flores a la habitación y lo primero que hizo fue salir a los jardines, a disfrutar de la brisa fresca de la mañana, sintiendo el olor húmedo del césped bajo sus pies.
Se aproximó lentamente hasta las orillas del lago negro, donde se agachó para mecer el agua fría, mientras respiraba con tranquilidad. Lo cierto es que se encontraba nerviosa, ya que el desayuno comenzaba en menos de media hora, y debía enfrentarse a todas las miradas del Gran Comedor.
Contempló la idea de desaparecer e ir hacia las cocinas, donde estaba convencida de que los elfos domésticos la prepararían un copioso y suculento desayuno, pero por otro lado la apetecía ver a su familia y a sus amigos, aunque no sabía cómo iba a reaccionar cuando se encontrase cara a cara con Scorpius, ya que cuando estaba en la enfermería podía disfrutar de su visita sin complicaciones.
Después de disfrutar de la tranquilidad un rato más, se dirigió hacia el vestíbulo que daba paso a la entrada del Gran Comedor; al borde de la escalinata se encontró con el elegante fantasma de Helena Ravenclaw.
-Señorita Weasley - la saludó con un asentimiento de cabeza - es un placer volver a verla por el castillo.
-Buenos días Helena
- la chica pelirroja hizo una semi-reverencia - el placer es mío. Ya quería volver - esbozó una sonrisa.
-Me alegra mucho saber eso querida, la sala común ha estado muy solitaria sin ti… y todos te hemos echado de menos… - la joven traslucida se movía con elegancia a su lado - veamos si está en plena posesión de tus facultades - la miró un segundo y preguntó - Destruye barcos pero le teme al sol… ¿Qué podrá ser?
La chica se quedó meditando durante varios momentos, cuando rápidamente encontró la respuesta.
-El hielo
- la respondió con voz clara y muy satisfecha por su respuesta.
-Correcto - la joven hermosa la sonreía - Rose, veo que ya estás a pleno rendimiento y preparada para lo que venga.
-Muchas gracias, Helena - la chica se lo agradecía de verdad.
-A ti mi querida niña - Helena levantó un brazo y Rose sintió frío en su mejilla - me acabas de alegrar la mañana, y ahora te espera el desayuno.
Rose pudo contemplar como el fantasma se despedía con un gesto elegante y después se marchaba flotando con gracia hacia las escaleras, poco después, el fantasma del Barón Sanguinario iba tras ella. La chica entró en el comedor mucho más alegre y pudo distinguir en la mesa de las serpientes a Lyssander, que hablaba feliz junto con Alice, Scorpius y Albus.
En la mesa de Gryffindor pudo ver a James hablando con la cabeza muy junta a la de su compañera de Slytherin, Brianna, a Fred que mantenía una conversación con Lucy, Louis, Michael y John, que parecía más triste de lo normal.
En la mesa de Ravenclaw, pudieron distinguir a Lorcan, que estaba hablando animadamente con Lily y Hugo mientras que en la misma mesa, Dominique la cual tenía una expresión alicaída, hablaba con Roxanne. Sus compañeras de cuarto y amigas, Lianna y Julianne estaban conversando y cuando distinguieron a la pelirroja a las puertas, se levantaron corriendo para alcanzarla.
-¡Rose! - saludó Lianna, dándola un abrazo cariñoso - que alegría volver a tenerte, aquí con nosotras - la chica ese día irradiaba belleza con el cabello negro, suelto y apoyado con gracia sobre los hombros.
-Rosie - Julianne también la dio un abrazo - te hemos echado muchísimo de menos. Tanto en las clases como en el dormitorio, que por cierto, antes de bajar estaba lleno de rosas - Rose enrojeció al saber que las flores ya estaban allí.
-Ya… igual no debería haber hecho que me las subiesen - dijo la chica algo avergonzada.
-No para nada - Julianne le quitó importancia con la mano - ¡Nos encanta! El olor que hay en la habitación es maravilloso, y los jarrones son simplemente preciosos… ¿Quién te las ha mandado? Porque hay un montón de ramos.
-Ni idea - contestó rápidamente Rose - únicamente sé que cuando me dormía, a la mañana siguiente había un nuevo ramo.
-Ohhhh… - suspiró Lianna - ¡Que romántico! A mí también me gustaría que me enviasen ramos de rosas - Rose se rio del comentario.
-Tú no te puedes quejar - replicó Julianne - el otro día llegaste a la habitación con una peonia, la cual para que lo sepas Rose, ha metido en una urna de cristal.
-¡Ehhh! - protestó la chica morena - solamente es para no que no estropee.
-A mí me han contado, que te la ha regalado mi primo Freddie - respondió Rose con picardía. Automáticamente Lianna enrojeció.
-Yo bueno, eso… - balbuceó de forma incoherente la chica.
-No tienes que darnos explicaciones - dijo Julianne con una sonrisa, mientras se tocaba su larga trenza rubio ceniza - solo queremos que nos cuentes los detalles escabrosos.
Las tres chicas comenzaron a reírse mientras avanzaban por el pasillo del Gran Comedor; a medida que los alumnos se dieron cuenta de que Rose Weasley estaba otra vez en la estancia, los murmullos y cuchicheos empezaron a extenderse. Rose se disculpó con sus compañeras para ir a saludar a sus familiares y amigos de la casa Gryffindor. Todos estaban encantados con verla e incluso propusieron que todos se juntaran por la tarde debajo de uno de los grandes olmos en los terrenos del colegio, cosa que la chica aceptó encantada.
Después y con gran nerviosismo decidió que era el momento de acercarse a la mesa de Slytherin. Rápidamente, Lyssander la saludó.
-¡Rose! - todos los de alrededor se giraron para mirarla - que alegría volver a verte sin la bata de la enfermería.
-Muchas gracias Lyssander - respondió la chica con cierta ironía - imagino que ahora parezco una persona.
-Bueno… sigues estando bastante pálida - Rose le enseñó la lengua - es verdad. La única persona que te gana en ese sentido es Scorpius.
-¡Ehhh! - protestó el chico de ojos como el mercurio.
Rose al oírle, dirigió su mirada hacia él. Los dos se quedaron mirándose durante lo que pareció ser una eternidad. La chica pelirroja pudo distinguir en su cara vergüenza y arrepentimiento por todo lo que había pasado, mientras que Scorpius pudo ver en los ojos de la chica que seguía estando dolida y decepcionada con él… pero al menos no había repulsión en ellos. Albus notó como la tensión se palpaba en el ambiente y decidió hablar.
-Bien - dio una palmada que hizo que los dos adolescentes volvieran a la realidad - lo cierto amigo, es que sí que eres muy pálido.
-Muy gracioso Albus
- le contestó el chico, soltando un bufido.
-Estamos muy contentos de tenerte con nosotros amiga - dijo Alice mirándola con gran alegría
- te he echado de menos… no sabes lo que es aguantar a estos dos todo el día.
-En realidad Ali… sí que lo sé - la sonrió de medio lado - he pasado a solas con ellos muchísimo más tiempo que cualquiera.
-Cierto - coincidió con ella Alice - Al anda échate hacia un lado, para que Rosie se siente.
-La verdad Alice… - no quería decepcionar a su amiga pero no se veía preparada para estar tiempo con Scorpius - es que quería desayunar en mi mesa - la chica la miró sin comprender muy bien.
-Seguro que Weasley, quiere estar con su hermano Alice - Scorpius soltó la frase y Rose comprendió que era para cubrirla.
-Exacto Ali. Malfoy tiene razón - afirmó la chica - de todas formas, los chicos me han dicho que estar tarde podríamos reunirnos en los jardines. Os espero allí ¿no? - Scorpius desvió la mirada hacia su desayuno - a todos - puntualizó - en un rato nos vemos chicos.
Rose de dio media vuelta pero podría jurar que sentía la mirada metálica de Scorpius clavada en su espalda. Es cierto que estaba muy enfadada con él pero tampoco iba a permitir que el mejor amigo de Albus, lo pasase mal con el resto de la familia Weasley si se llegaban a enterar de lo que pasó.
Cuando llegó a la mesa de Ravenclaw, su hermano saltó del asiento y la dio un abrazo lleno de cariño. El chico era en la actualidad casi tan alto como su hermana pero permitió que le revolviese el pelo como cuando eran pequeños. Lily también se levantó y la abrazó; Rose quería mucho a su prima Lily y sabía que ambas compartían un secreto que no podía revelarse. Al menos no de momento.
Se sentó en la mesa y los compañeros de su casa la saludaron diciéndola que se alegraban de que estuviese de nuevo con ellos, en incluso Lorcan y sus primas se levantaron para abrazarla. Empezó a desayunar pero se dio cuenta de que realmente no tenía demasiada hambre, de la misma forma que Dominique tampoco parecía tenerla y no paraba de lanzar miradas asesinas a la mesa de Gryffindor. Aunque así, todos las animaban a comer, y lo mejor era que tenía a su querido hermano pequeño a su lado.
Tras el desayuno se marchó con sus compañeras de cuarto a dejar todas las pertenencias que tenía en el bolso, después de haber estado en la enfermería mientras que en la mesa de Slytherin, Scorpius tras ver salir a Rose del comedor, le dijo a Albus que quería hablar con él. Había tenido una idea… puede que no fuese la mejor pero haría que las cosas se calmasen por el momento.
Los dos chicos, tras disculparse con Alice que echó a correr detrás de Julianne, Lianna y Rose, las cuales la recibieron encantadas, se dirigieron a los jardines, cerca de los límites del Bosque Prohibido, ya que allí no solía haber nadie. Cuando llegaron al lugar, un silencio algo incómodo se instaló entre ellos.
-He estado pensando Al - prefería no mirarlo a la cara - después de lo que ha pasado en el Gran Comedor y… he decidido que igual sería bueno que el año que viene estudiase en Durmstrang.
-¡Noooo! - exclamó su mejor amigo con consternación - no puedes marcharte, no puedes hacerme esto. ¡Eres mi mejor amigo! No te puedes ir de la noche a la mañana.
-Albus escúchame ¿vale? - se tomó un momento para respirar - mira mi padre conoce al director de ese instituto, estuve a punto de estudiar en el al cumplir los once, me llegó la carta de asistencia - terminó confesando - pero no quiero que haya situaciones incomodas, sé que Rose sigue muy enfadada conmigo e igual si me marcho un año… a la vuelta podríamos volver a ser amigos de nuevo.
-No Scorpius - Albus podía llegar a ser muy cabezón - te quieres marchar y huir como una rata
- lo acusó mientras que su amigo bufó - ¿de verdad crees que vas a solucionar algo marchándote al otro lado del mundo?
-¡Exagerado! - exclamó el chico de cabellos rubios - está en Bulgaria no en Australia.
-Me da lo mismo - insistió el chico de forma tajante - no te puedes ir. No puedes dejarme solo.
-Pero Al - su amigo lo miraba severamente - es solo para darla tiempo. No quiero que este mal… la he observado mientras desayunaba y... no ha comido prácticamente nada.
-Le dijo la sartén al cazo, apártate que me tiznas - soltó el segundo hijo de los Potter con ironía - te recuerdo, amigo mío, que tú llevas sin comer de forma decente desde hace dos semanas.
-Es distinto - respondió rápidamente Scorpius - Rose está muy delgada, necesita recuperarse… ya escuchaste a las enfermeras.
-Mírame - Albus se plantó - tú no te vas a marchar a ningún lado. Y es cierto que puede que estéis distantes durante un tiempo pero… no puedes rendirte de esa forma amigo.
-No sé… - si lo meditaba realmente parecía que estaba huyendo del problema y él no era así - es solo que no soporto que estemos así.
-Piensa en una cosa
- el chico hizo un gesto como que le escuchaba - en la mesa os habéis cubierto el uno al otro, con lo de su hermano para que nadie de los de alrededor se diese cuenta… y ella no ha abierto la boca ya que su versión oficial es que se peleó con Andrei y se marchó para practicar, hasta quedarse agotada.
-Eso es cierto - reconoció Scorpius algo más alegre que antes - pero sigo pensando que igual es lo mejor.
-Mira amigo - Albus decidió desistir - no puedo prohibirte que no lo hagas, pero piénsalo detenidamente antes de tomar una decisión de la que te arrepientas ¿vale? - le puso una mano en el hombro y se giró mirando hacia el castillo - nos vemos en un rato.
Scorpius se quedó en ese lugar, observando como su amigo se alejaba mientras que él meditaba acerca del dilema planteado. Contempló los pros y los contras de ambas posibilidades, la de quedarse y la de marcharse, pero lo único que sacó en claro fueron más dudas que respuestas.