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Historia 187438 — capítulo 22
Durante el resto de las vacaciones, Rose siguió con sus planes de marcharse a Beauxbatons y su padre a medida que fueron pasando los días se fue haciendo a la idea de que su pequeña princesita se iba un año fuera. Su madre, Hermione, se encargó de todo el papeleo y a mediados de agosto estaba todo dispuesto para su ingreso en la prestigiosa academia. Por otro lado, durante ese tiempo, Hugo estaba constantemente con su hermana ya que los días pasaban y ambos querían disfrutar del tiempo que les quedaba juntos.
Alice llegó el 15 de agosto a la casa de los Weasley-Granger para pasar con su mejor amiga las últimas dos semanas de verano. La chica Longbottom durante el verano había crecido varios centímetros, su cuerpo se había desarrollado ligeramente, su melena castaña estaba cortada con un largo bob y ondas desechas mientras que sus ojos resplandecían más que nunca.
Los padres de Rose, estaban encantados con tener a Alice en la casa y desde que Albus se enteró de que la chica estaba allí, sus visitas a la casa de sus tíos eran constantes, cosa que divertía mucho a Hugo ya que se burlaba de su primo mayor diciéndole entre susurros:tu futura mujer está en el jardín o tu adorada Alice está en el servicio, todo ello siempre acompañado por el rubor en las mejillas de Albus y la risotada final por parte de su primo pequeño.
Habían pasado seis días desde que Alice llegase a la casa ubicada en el Valle de Godric cuando durante la noche, mientras las chicas ya estaban en el dormitorio, Silver, la lechuza de Scorpius, entró por la ventana del dormitorio de Rose para posarse delante de ella.
La chica muy sorprendida de ver a Silver allí, la hizo un gesto cariñoso y Alice se acercó a la habitación de su hermano para pedirle una chucherías lechuciles mientras que Rose se acerca a baño para coger un poco de agua fría. La lechuza parecía encantada con las atenciones recibidas ya que Alice no paraba de hacerle carantoñas y por su parte Rose, cogió de la pata de la lechuza la carta que llevaba.
Como siempre, distinguió su nombre en el dorso del sobre y contempló la característica caligrafía del chico, lo que la hizo sonreír pero también la preocupó ya que aunque se habían carteado un par de veces durante el verano, no esperaba que la mandase otra carta. Abrió la solapa del sobre lentamente y extrajo el pedazo de pergamino nuevo en el que percibió un ligero olor a menta fresca:
Rose:
Sé que durante estos últimos meses nuestra relación ha sufrido muchos altibajos pero últimamente ha mejorado bastante… y por otro lado quiero decirte que me ha parecido bien que no nos veamos durante el verano para calmar más las cosas pero… me gustaría pedirte un favor.
El 1 de Septiembre volvemos a Hogwarts… ¿Podríamos vernos a solas durante el camino al colegio, para hablar sobre la situación? Necesito que aclaremos ciertas cosas, ya que durante el verano he tenido mucho tiempo para pensar.
Nos vemos dentro de diez días. Con mucho cariño,
S. H. M
PD. Te echo de menos y Silver no se va a marchar hasta que obtenga una respuesta.
Rose se quedó contemplado el contenido de la carta con los ojos anegados y las manos temblorosas. Alice se acercó a ella preocupada y su amiga le pasó la carta sin mediar palabra. La chica castaña leyó velozmente el pergamino y miró a su amiga con los ojos muy abiertos. Se quedaron en silencio durante varios minutos y Alice se sentó con ella para abrazarla.
-¿Qué voy a hacer Alice?
- rose habló por primera vez en minutos.
-No lo sé… - murmuró la chica - tienes que darle una respuesta, eso está claro.
-Pero no puedo contestarle con un sí, si luego… si luego no voy a aparecer - Rose cada vez tenía más dudas de la decisión que había tomado.
-Ya, no me gustaría estar en tu lugar amiga - a Alice no se la ocurría que más decir pero su amiga soltó una carcajada continuada.
-¿De qué te ríes tanto? - la castaña estaba desconcertada al ver que la su amiga seguía riéndose.
-Nada - dijo Rose entre risas pero segundos después se calmó - es solo que si no me rio… terminaré llorando y además, tu situación tampoco está mejor que la mía - la pelirroja miraba a Alice con una ceja levantada.
-No sé de qué me hablas - contestó pero el rubor en sus mejillas la delataba.
-¿Segura? - insistió Rose con una sonrisa pícara - porque yo creo… que tiene que ver con Albus - Alice para ese momento estaba completamente roja.
-Rose - musitó la chica con pesar.
-¡Oh venga Ali! - su amiga seguía sin hablar así que Rose exclamó - ¡Argggg! ¡Por Merlín y Morgana, Alice! A los dos se os nota lo mucho que os gustáis, no entiendo a qué estáis jugando.
-Eso me los dices tú, ¿no? - a eso también podía jugar Alice.
-¡Oh, cállate! - la pelirroja hizo un gesto con la mano - lo mío es distinto pero vosotros… si hasta Hugo lo sabe - Alice compuso una expresión horrorizada y se llevó ambas manos a la boca - no pongas esa cara, tendrías que ver lo bien que se lo está pasando estos días a costa de Albus.
-Bueno vale… ya para de reírte de tu mejor amiga - a Alice la costaba mucho hablar de sus sentimientos - está bien me gusta muchísimo Albus - Rose se levantó dando pequeños saltitos de alegría - pero no se… somos demasiado pequeños todavía.
-Es solo cuestión de tiempo amiga - Rose no se imaginaba que una frase muy parecida había dicho Scorpius a su mejor amigo meses antes.
-Eso espero - las dos amigas se miraban con cariño.
Tras ese momento, cogieron las almohadas y comenzaron una guerra que terminó con todas las plumas por su alrededor y cuando pararon Rose se encontró en el suelo con la carta de Scorpius, la cual cogió con mucha delicadeza.
-Necesito pensar un par de días Alice - la chica la miraba sin comprender - sobre la respuesta a la carta - zarandeó el pergamino delante de ella.
-Ya… ¿Puedo decirte algo? - Alice la miraba como si pudiese ver a través de ella.
-Sabes que sí - contestó
-Tengo la impresión de que no te quieres ir - Rose la miró con los ojos entrecerrados - corrígeme si me equivoco.
-Lo cierto es que tengo muchas dudas últimamente - ahora la chica caminaba por la habitación hasta alcanzar la ventana por la que entraba una agradable brisa veraniega - no sé si estoy haciendo lo correcto.
-Quieres decir que no sabes si quieres dejar a Scorpius solo - puntualizó su amiga.
-Que bien resumes Alice - la aludida soltó una carcajada armoniosa - pero si… ya no estoy tan enfadada. No realmente, sigo un poco decepcionada pero el enfado ha disminuido y esta carta… - volvió a mirar el pergamino que tenía entre las manos - no sé si quiero separarme de esto.
Alice se acercó hacia ella lentamente, apoyándose cuando llegó en el marco de la ventana mientras que de perfil observaba como su amiga mantenía los ojos cerrados.
-Es una decisión muy difícil - Alice en parte la comprendía bastante bien - pero si tienes tantas dudas igual deberías de replantearte las cosas… ¿no crees?
-Puede ser - admitió Rose con la voz tomada - es solo que no quiero tampoco decepcionar a Roxanne y Dominique. Las convencí a ambas para que se viniesen conmigo y ahora me estoy planteando dejarlas solas.
-No están solas - dijo la castaña, negando con la cabeza - ellas se tienen la una a la otra. Se marchan con su mejor amiga, van a estar en el mismo curso, no es como tu situación Rose.
-Déjame que me lo pienso Ali - contestó la chica pelirroja con voz suplicante.
Después de esa conversación, las chicas se fueron a la cama, cada una sumida en sus propios pensamientos, pero cuando Alice se levantó pudo comprobar que Rose se había quedado dormida con la carta de Scorpius en la mano.
Dos días después de recibir la carta, Rose se encontraba en su habitación preparándose para ir a la reunión familiar que se celebraría en la Madriguera por la despedida de Dominique y Roxanne, donde además tendría que decirle a sus tíos que ella también se marchaba con ellas. Desde que llegó Silver a casa, la chica se había mostrado esquiva con todo el mundo, estando sumida en sus propios pensamientos constantemente.
Se paró delante del espejo de pared que había en la habitación para contemplarse y se fijó en que durante el verano prácticamente no había crecido nada, por lo que su estatura era inferior a 1.60m aunque sí que durante los últimos meses había perdido varios kilos.
Por otro lado, contemplo su rostro… nadie podría negar que no fuese guapa, sus ojos oceánicos relucían como zafiros decorados con largas pestañas pelirrojas, tez pálida de porcelana donde se podían contar perfectamente las pecas de su rostro y el pelo… su pelirroja melena estaba perfectamente recogida en una trenza decorada con una goma azul. Miró la goma, la tocó con una mano y un recuerdo acudió a su mente, el recuerdo que había estado evitando durante meses.
Estuvieron sentados los dos juntos en silencio de nuevo durante varios minutos cada uno mirando al frente, sumidos en sus propios pensamientos hasta que Scorpius se giró hacia ella mirándola y levantó la mano derecha para colocarla detrás de la oreja un mechón que se la había soltado de la trenza de espiga que llevaba hecha, y después la acarició con el dedo índice la mejilla sin poder contenerse. Scorpius al colocárselo, pudo sentir el olor a rosas y frescor que desprendía la chica al tiempo que notaba un ligero picor debajo de su dedo, al igual que Rose recibió el olor a menta fresca que desprendía el chico.
-Muchas gracias Scorpius - susurró Rose de forma casi inaudible.
-De nada Rose - respondió el de la misma forma - ¿por qué nunca llevas el pelo suelto?
-Te vas a reír cuando te lo diga - estaban hablando en susurros - aparte de porque me resulta práctico cuando estudio... ¿te acuerdas del día que lo llevé suelto en primero? - el chico asintió, ese día estaba preciosa - la hija de Parkinson, Gigi se rio de mi pelo ese día y desde entonces, salvo en vacaciones, lo llevo recogido.
-A mí me gustas más con el pelo suelto - se iba aproximando a ella poco a poco - deja que haga una cosa.
Rose se quedó estática mientras él le quitaba la goma azul que llevaba al final de la trenza, y pasada delicadamente sus largos dedos por el pelo.
-Ves, así estas mucho mejor - Scorpius la miraba con muchísima intensidad y dulzura, al mismo tiempo que sus ojos metálicos viajaban desde la boca de la chica pelirroja hasta los dos océanos que tenía por ojos - es como si estuvieses en llamas...igual que el día que nos conocimos - hizo una pausa y continuó hablando - ¿recuerdas ese día? Yo me acuerdo perfectamente de él desde que supe que eras la niña del callejón Diagon.
-Sí que me acuerdo… - afirmó, mordiéndose el labio y al mismo tiempo sintiendo un escalofrío - Y no sé qué significa eso Scorpius… - musitó Rose agachando ligeramente la mirada.
En ese momento la chica pelirroja estaba aturdida y no sabía lo que estaba pasando, poco a poco se habían ido aproximando; querían dejar de ser un Malfoy y una Weasley, únicamente ser Rose y Scorpius por una vez, dejarse llevar… Scorpius colocó la mano izquierda delicadamente debajo de la barbilla de la chica para que le mirase, sus labios estaban a escasos centímetros y prácticamente sus narices se estaban rozando …
Rose sonrió por primera vez de verdad al recordar ese momento, y sin darse cuenta prácticamente de lo que estaba haciendo, tiró de la goma azul que sujetaba su perfecta trenza y de la misma forma que Scorpius había hecho ese día, se pasó la mano por el pelo para deshacerse el peinado, para después mover la cabeza hacia los lados y dejando que las ondas de su pelo tomasen forma propia.
Cuando volvió a mirarse al espejo, por primera vez, comprendió lo que Scorpius la quiso decir ese día, la chica que la devolvía la mirada tenía una belleza salvaje que se podría apreciar en las llamas, destilando fuerza. Decidida se aproximó hacia la cómoda de su dormitorio sobre la que reposaba una caja de madera, y de ella, sacó dos cosas: la carta que le había mandado Scorpius y el colgante de oro blanco y cristales en tonos púrpura y azul que el chico le había mandado por su cumpleaños.
Releyó la carta mientras se acercaba al espejo y con una sonrisa de medio lado, se guardó el pergamino en el bolsillo de sus shorts vaqueros para colocarse sobre su delicado cuello el colgante. Con la gargantilla puesta, en ese momento, se sentía completa y valiente después de mucho tiempo y la mirada que le devolvía el espejo no dejaba lugar a dudas.
Con fuerzas renovadas, se terminó de arreglar y bajó las escaleras hasta el salón donde su familia y su mejor amiga la esperaban. Las reacciones entre los presentes no se hicieron esperar cuando la chica puso un pie en el salón y el primero en hablar fue su padre.
-Rose, ¿estás bien? llevas el pelo suelto… - preguntó su padre con el gesto interrogante - ¿y ese colgante? ¿no es el que te regaló el hijo de Malfoy? Pensé que nunca te lo ibas a poner - su padre chirrió los dientes como siempre que mencionaba el apellido Malfoy.
-Pues yo creo que estás guapísima Rosie - dijo su hermano Hugo con una sonrisa y aproximándose - te sienta bien el pelo así.
-Gracias Hugo - contestó su hermana con una sonrisa y fulminando a su padre con la mirada - no como otros, no quiero mencionar a nadie papá.
-Muy graciosa Rose
- ironizó su padre para después soltar un bufido.
-No se lo tengas en cuenta hija, tu padre siempre ha tenido la sensibilidad de un ladrillo - Hugo se rio del comentario de su madre.
-A nosotras también nos lo parece, ¿a que sí señora Weasley? - comentó Alice de pasada.
-Ya te he dicho muchas veces que me llames Hermione, cielo - la mujer sonrió a la mejor amiga de su hija - y sí, desde luego estas preciosa.
-Gracias a las dos
- las dirigió una sonrisa amable - bien, nos vamos ya ¿no?
-Si - contestó su padre - viajaremos con polvos Flu hasta la Madriguera ya que el viaje en coche es demasiado largo.
-Bien - Hermione dio una palmada y señaló la chimenea - chicos ya sabéis como va, así que… ¿quién quiere hacer los honores?
-¡Yo! - exclamó Hugo claramente emocionado y todos sabían que era porque estaba deseando volver a ver a su mejor amiga, Lily, además de la ya no tan pequeña Lucy y a su amigo y al mismo tiempo primo, Louis.
Rápidamente, el chico se aproximó hacia la chimenea, cogió un puñado de cenizas que había en un cuenco de cerámica y se metió en el hueco de la chimenea. El chico se aclaró la garganta y pronunció:
-¡A la Madriguera!
- en cuanto soltó el puñado de ceniza, unas grandes lenguas verdes le absorbieron.
Repitieron la misma operación, Alice seguida de Ron Weasley, ya que Hermione quería hablar unos segundos con su hija, la cual estaba yendo hacia la chimenea.
-Rose - la chica se giró para mirar a su madre - estas cambiada y no lo digo solo por el pelo, hay algo en tu mirada… - un ligero rubor tiñó las mejillas de su hija.
-Lo cierto mamá, es que mi siento distinta - admitió su hija.
-Pero… ¿estás bien?
- su madre mantenía una expresión preocupada.
-Me siento mejor que nunca - Rose la sonrió a su madre y Hermione pudo comprobar que por primera vez durante el verano su sonrisa era sincera - además he tomado una decisión - anunció.
-¿Cuál? - aunque Hermione la conocía y creía saber cuál era en cuanto su hija se llevó la mano izquierda al colgante que reposaba sobre sus hombros con gracia.
-Me quedó. Me quedó en Hogwarts - la sonrisa de su hija era cada vez mayor y Hermione no pudo hacer otra cosa que darla un abrazo.
-Me acabas de hacer muy feliz, hija, ya verás cuando lo sepa tu padre o mejor tu hermano - pronunció Hermione emocionada cuando se separaron aunque seguían cogidas de la mano.
-Ya me lo imagino, aunque tendré que hablar con Dominique y Roxanne luego… - esa iba a ser la parte más dura - pero creo que puedo enfrentarme a esto.
-Claro que puedes - su madre se sentía orgullosa de ella - aunque deberás aprender a controlarte y creo que tengo a quien te puede ayudar en el colegio.
-¿Quién? - quiso saber su hija.
-Teddy - contestó Hermione con una sonrisa - luego hablaré con él de ello, pero creo que es el indicado.
-¿Por qué aprendió a controlar su metamorfomagia? - preguntó Rose con una ceja levantada.
-Exacto - admitió su madre - ven aquí cielo - volvió a abrazarla fuertemente - estoy tan feliz de que te quedes… no sé qué te habrá hecho cambiar de opinión pero me alegro muchísimo.
-La memoria mamá - contestó Rose con un deje de misterio en su voz - eso es lo que me ha hecho cambiar de opinión y ahora - miró su reloj de pulsera ubicado en su muñeca izquierda - es mejor que nos vayamos.
-¿Juntas? - preguntó su madre acercándose hacia la chimenea y cogiendo un puñado de cenizas.
-Juntas - coincidió la chica pelirroja.
Ambas se dieron la mano, mientras que tenían un puñado de ceniza en la mano libre. Juntas se introdujeron en la chimenea y con voz clara, exclamaron:
-¡A la Madriguera!
Segundos después, las llamas verdes iluminaron el salón de la casa Weasley-Granger dándole un aspecto fantasmagórico y cautivador para después volver a sumir el espacio en la oscuridad de la noche.