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Historia 187438 — capítulo 28
A la mañana siguiente, antes de que comenzasen las clases, el primogénito de los Malfoy fue a hablar con el jefe de su casa Horace Slughorn, para hablarle acerca de la decisión que había tomado durante el verano y lo cierto es que el encuentro resultó bastante fructífero para Scorpius, y mientras avanzaba hacia el Gran Comedor, rememoraba el encuentro.
El chico avanzó por el pasillo hasta el despacho y antes de entrar, tal y como dictaban los modales, llamó tres veces y esperó hasta que se oyó una voz.
-Adelante
- dijo una voz algo ronca, seguida de una tos. Scorpius obedeció y cerró la puerta tras él.
-Buenos días, profesor Slughorn - saludó Scorpius esbozando su mejor sonrisa. Para hablar con el profesor, se había arreglado tal y como marcaban las normas del colegio.
-¡Ah!
- saludó el profesor que con el paso de los años se parecía cada vez más a una morsa - Scorpius, querido. No te quedes ahí, ven y siéntate en el sofá.
El despacho del profesor estaba dispuesto de tal forma que en el centro de la sala había un gran sofá de cuero muy cómodo separado de dos butacones orejero, por una mesita de café en madera de fresno y decorada con pequeñas formas ornamentadas. Scorpius con la elegancia que le caracterizaba, se sentó en el sofá y el profesor se sentó en uno de los butacones.
-¿Qué puedo hacer por ti? - preguntó el profesor con un poco de interés.
-Verá profesor, no sé si lo sabe pero… en realidad es una tontería y no creo que se puede hacer nada. Disculpe por hacerle perder el tiempo - hizo el amago de levantarse.
-No chico por favor, siéntate. Soy el jefe de la casa Slytherin, puede decirme lo que sea. - pidió el ya algo anciano profesor, con su característico tono de voz, y Scorpius al sentarse, sonrió en su interior - además no se lo digas a tus compañeros pero estoy seguro de que pronto te llegará una invitación muy especial.
-Eso es un auténtico honor señor - por supuesto que Scorpius sabía que el profesor se refería a las invitaciones para formar parte de 'El Club de la Eminencias' - Verá. Como sabrá, soy un alumno que me gusta dar lo mejor de mí mismo - explicó restándole un poco de importancia con la mano.
-Por supuesto, todos los profesores están encantados. Contigo y tus amigos, me refiero lógicamente al señor Albus Potter - sus ojos brillaron al decir el nombre de su mejor amigo - y por supuesto de la encantadora, Rose Weasley. Es extraordinaria - y tanto que lo es, pensó Scorpius, imaginándosela.
-Cierto, los dos son impresionantes - el profesor hizo un asentimiento con la cabeza, animándole a seguir - no sé si habrá visto mis notas del último año…
-Claro que las he visto, la mayoría Extraordinarios y un par de Supera las Expectativas. Son unas notas muy buenas - comentó Slughorn con cierto orgullo.
-Tengo un Aceptable - dijo el chico, entrecerrando los ojos para mirarlo.
-¿De verdad? - preguntó el profesor, y Scorpius asintió con fingido pesar - ya veo lo que te preocupa.
-Si…
- admitió Scorpius - lo cierto es que me preocupa. Es la asignatura de Aritmancia, sumamente complicada como sabrá.
-Por supuesto - contestó el profesor, compasivo - es una de las signaturas con menos alumnos desde que se imparte en el colegio, junto con Alquimia en séptimo.
-Me encantaría llegar a tener el nivel para poder optar a la asignatura de Alquimia
- dijo astutamente el chico, con entusiasmo, encandilando al profesor ya que esa asignatura la impartía Slughorn.
-Estoy convencido de que con esfuerzo, trabajo duro y tu inteligencia conseguirás pasar - comentó el profesor.
-Si… y por eso me gustaría pedir un favor… es poco usual pero creo que me ayudaría a alcanzar el nivel necesario para optar a la asignatura de Alquimia - explicó Scorpius, esbozando de nuevo su mejor sonrisa.
-¿Quiere clases particulares en la asignatura de Pociones? - preguntó el profesor - sabe que eso va en contra de las normas del colegio.
-¡No!
- exclamó Scorpius, negando con las manos - me ha malinterpretado.
-¡Ah!
- exclamó también el profesor algo aliviado - porque no me gustaría negarle cosas a uno de mis alumnos favoritos.
-Me va a hacer sonrojar profesor - comentó Scorpius con modestia - no obstante… me gustaría saber si sería posible cambiar una asignatura por otra.
-Vaya
- dijo el profesor frunciendo el entrecejo - e intuyo que la asignatura es Aritmancia.
-Efectivamente
- confirmó Scorpius - sé que seguramente no sea posible pero había pensado en cambiarla por una asignatura como Adivinación o Cuidado de Criaturas Mágicas.
-Déjame que lo medite unos minutos - el despacho se sumió en un profundo silencio, mientras que Slughorn observaba a Scorpius con sumo interés, al poco le preguntó - ¿Cuál de las dos asignaturas te gustaría elegir?
-Prioritariamente… me gustaría Cuidado de Criaturas Mágicas, pero me conformaría con cualquiera - dijo Scorpius con educación.
-Hablaré con Hagrid y veré lo que se puede hacer - Slughorn le estaba sonriendo.
-¡Muchísimas gracias profesor! - exclamó Scorpius, sin creerse que lo había conseguido - me esforzaré muchísimo en la nueva asignatura y por supuesto en Pociones, quiero cursar Alquimia en séptimo.
-Bueno, bueno, todavía no hay nada decidido, pero es muy posible que se pueda hacer algo - dijo el profesor, contento de que uno de sus mejores alumnos quisiese cursar Alquimia - y ahora váyase a desayunar con sus encantadores amigos y dales un saludó.
-Eso por descontado profesor - respondió Scorpius con una sonrisa verdadera y dirigiéndose hacia la salida del despacho.
-¡Cuando sepa algo, te busco muchacho! - exclamó Slughorn mientras el primogénito de los Malfoy salía por la puerta, haciendo un gesto de que le había entendido.
Volviendo al presente, Scorpius corría por los pasillos de las mazmorras, aflojándose la corbata, desabrochándose los primeros botones de la camisa y sacándose la misma por fuera. Estaba súper contento y no veía el momento de llegar al Gran Comedor y contárselo a sus amigos.
Al entrar en el comedor, rápidamente localizó en la mesa de Slytherin a Albus, quien estaba sentado al lado de Rose, y Alice hablaba con ellos en el banco de enfrente. Scorpius corrió hacia su mesa y se dejó caer al lado de Alice, pletórico.
-¿Por qué Malfoy tiene la misma cara que si le hubiese tocado la lotería? - le preguntó Rose a Albus, quien se encogió de hombros.
-No lo sé - respondió Albus mirándole con las cejas alzadas - da miedo verlo tan feliz.
-Aunque no os lo creáis - dijo el chico mirándolos con el ceño fruncido - puedo oíros… porque estoy delante - su tono estaba cargado de mordacidad.
-Jajajaja - se empezó a carcajear Alice, de forma risueña pero su risa se cortó con la mirada que le dirigió Scorpius.
-Perdón - se disculpó Alice, mirando su amigo rubio de reojo.
-No pasa nada - la dirigió una pequeña sonrisa - no voy a dejar que estos dos me arruinen lo que ha comenzado como una mañana fantástica.
-No han pasado ni dos horas desde que te has levantado - apuntó Albus señalándole con el tenedor, donde estaba pinchada media salchicha.
-Lo sé - respondió su amigo sonriente - y deja de apuntarme con la salchicha, que me manchas.
-Pobrecito - comentó con ironía Rose, haciendo un puchero.
-¿Sabes Weasley? Ni tu ironía va a estropearme el día - respondió Scorpius.
-¿Ah sí? - preguntó la chica sin dejar de sonreír.
-Hablado con Slughorn - una sonrisa se extendió por toda la cara del muchacho mientras que la sonrisa de Rose se borraba - vaya… eso te ha borrado la sonrisa de la cara.
-¿y bien? - preguntó Albus claramente interesado.
-Pues… - quería darle un poco de emoción al asunto - no me ha asegurado nada pero creo que… no sé si debería.
-Venga, Malfoy - dijo Alice perdiendo la paciencia - no te hagas de rogar.
-Jajajaja - se carcajeo el chico - que poca paciencia Ali. No dejas nada a la imaginación… no hay nada seguro pero es muy posible que lo hayas conseguido - su sonrisa era ahora brillante.
-¡Qué bien! - exclamaron Albus y Alice al mismo tiempo - así estaremos juntos en las clases. Te van a encantar - añadió su mejor amigo.
-No me puedo creer que Slughorn haya aceptado - comentó Rose, todavía sin poder creérselo - a saber que milonga le has contado para que haya accedido.
-Eso nunca lo sabrás, pecas - dijo el chico guiñándola el ojo izquierdo.
Rose pensó que se veía sumamente atractivo esa mañana con el aspecto desaliñado, después de haber llegado corriendo desde las mazmorras pero, al hacer Scorpius ese gesto, la chica no pudo evitar negar con la cabeza, rodando los ojos. En parte su respuesta vino a que en el fondo de su corazón esperaba que no pudiese abandonar la asignatura o lo que es lo mismo, abandonarla a ella.
Los cuatro amigos desayunaron de forma relativamente tranquila, ya que muchas miradas se dirigían hacia ellos, de forma poco discreta, y les llegaban los cuchicheos sobre los primeros cotilleos del año: la discusión de Brianna y James Potter, que Rose le había cruzado la cara a Joe McLaggen y la noticia más perturbadora… el rumor de que Scorpius Malfoy había comenzado a salir con Rose Weasley ya que se les había visto muy juntos en el expreso y según se comentaba, habían desaparecido durante varias horas.
-¿Cómo se han podido enterar de eso? - le preguntó Rose en voz baja a su primo, quien estaba sentado a su lado.
-Ni idea - susurró su primo algo alarmado también - ni siquiera entró nadie en nuestro compartimento preguntando por vosotros.
-Entonces alguien nos vio salir al balcón - dedujo su prima, mordiéndose el labio derecho y al mismo tiempo sintiendo que cierto nerviosismo se instalaba en su estómago.
-Es posible… - contestó Albus hablando en voz muy baja y algo preocupado también por Alice y por él.
Terminaron de desayunar rápido, antes de que les llegasen nuevos rumores, e iban caminando hacia la salida ya que la primera clase que tenían era Historia de la Magia, y les quedaba poco para que diese comienzo cuando una voz aguda y claramente femenina a sus espaldas los detuvo.
-¿Qué te ha pasado Weasley? - la voz aguda era de Gigi Parkinson - pareces el palo de una escoba - a su alrededor un par de Slytherin soltaron risitas maliciosas, incluida Amber Gilligan, su mejor amiga.
-¿Por qué no te callas, Parkinson? - preguntó con tono irritado Scorpius a espaldas de la chica, antes de que Rose contestase.
-¡Ah claro! - exclamó la chica dando una palmada y girando para enfrentarse a Scorpius - pero si tu sales con ella… un Malfoy con una traidora de la sangre. Debería darte vergüenza - el chico apretaba los puños y Alice a su lado le puso una mano sobre el hombro para que se calmase.
-Lo que Rose y yo seamos no es de tu incumbencia, ni de la de nadie - respondió el chico de ojos metalizados con la mandíbula apretada.
-Vámonos chicos, no merece la pena - dijo Albus emprendiendo de nuevo el camino hacia la salida del comedor.
-¡Eso! - exclamó Amber - mejor largaos de aquí. No entiendo como un Potter y un Malfoy traidor han acabado en la casa de las serpientes. Seguramente, Salazar Slytherin se estará revolviendo en su tumba - aquello ya fue demasiado, así que Rose se dio la vuelta.
-Esto ya es el colmo - susurró la hija de Ron entre dientes - con mi familia no se mete nadie. Ni con mis amigos - Scorpius pudo comprobar como los ojos de su amiga había vuelto a transformarse en fríos zafiros.
-Rose - la llamó Scorpius alarmado, temiendo que se volviese peor la situación - vámonos. Llegaremos tarde a clase.
-Haz caso al traidor de Malfoy - dijo Gigi con sorna y mostrando una sonrisa socarrona.
-¡¿Qué te he dicho?! - explotó Rose, notando como perdía el control - ¡Nadie se mete con mis amigos y menos con Scorpius! - varias personas a su alrededor se giraron a observar lo que pasaba pero todo sucedió demasiado rápido.
Tras la frase de Rose, un viento glaciar entró por las dobles puertas del comedor, haciendo que las miles de velas que flotaban, encendidas, en el aire se apagasen al paso del viento y a continuación, las copas y jarras de las diferentes mesas explotaron, emitiendo un potente sonido y derramando su contenido sobre los contrariados alumnos y profesores.
Teddy que había estado pendiente de Rose durante el desayuno, tras el suceso la localizó y se dio cuenta de que había sido ella quien, de forma inconsciente lo había provocado: su postura, mirada y semblante la delataban. Al lado de esta, Albus la cogía de la mano e intentaba hablar con ella, entre los gritos de sorpresa de algunos estudiantes y por otro lado, Alice y Scorpius intercambiaban miradas nerviosas entre ellos sin saber muy bien que decir, pero estaban seguros de que el suceso era obra de Rose.
-Alumnos, silencio - la directora Minerva McGonagall estaba de pie y al ver que nadie la había escuchado, susurró sonorus apuntando hacia su garganta - ¡SILENCIOOOOO! - absolutamente todo el comedor de calló, incluyendo los profesores - gracias. No sabemos lo que ha pasado pero pido calma por lo que la primera hora queda anulada hasta esclarecer lo que ha pasado hace un momento. A las diez, se retomaran las clases con el horario estipulado y ahora… marchaos.
De forma simultánea, los alumnos se levantaron dirigiéndose hacia la salida del Gran Comedor. Rápidamente, Teddy bajó de la tarima donde se situaba la mesa de los profesores y la profesora McGonagall lo siguió. Casi en las escaleras de vestíbulo, Teddy localizó a quienes buscaba e iba hablar pero alguien se adelantó a sus espaldas.
-Potter, Weasley, Malfoy y Longbottom - dijo la directora mirándolos de forma severa por encima de sus características gafas - deténganse - más alumnos se quedaron contemplando la escena.
-Ya lo han escuchado - Teddy intervino ante las miradas curiosas de los alumnos - el resto, largaos a hacer algo más productivo.
-Muchas gracias, profesor Lupin - la directora le miraba con cierta desconfianza - síganme hasta mi despacho - McGonagall subió por las escaleras hasta quedar por encima de ellos - usted también, Edward - Teddy asintió secamente.
El grupo emprendió la marcha hasta el despacho de la dirección y durante el trayecto ninguno habló, únicamente dirigiéndose miradas nerviosas entre sí, ya que no sabían cómo explicar lo que había ocurrido en el Gran Comedor. Al llegar a la gárgola de la entrada al despacho, McGonagall pronunció con voz clara:
-Piruletas con sabor a sangre - hizo un movimiento con ambas manos y automáticamente la gárgola se apartó generando unas escaleras de caracol talladas en piedra.
Todos subieron por las escaleras y los alumnos pensaban en las contraseñas que se utilizaban en el castillo… cada vez eran más y más espeluznantes. Al entrar en el despacho, la directora se colocó detrás del escritorio e hizo aparecer cuatro sillas al otro lado, indicando con la mano que se sentasen.
Scorpius, Rose y Albus, no pudieron evitar recordar el día de tercero que estuvieron en ese mismo despacho, el día que se saltaron la clase de Historia de la Magia. Teddy se quedó de pie, observando los retratos de los antiguos directores: Phineas Black miraba a los chicos frunciendo el ceño, Severus Snape se tocaba el mentón y un mechón negro le tapaba sus ojos oscuros y Albus Dumbledore mostraba una sonrisa encantadora y al sentir la mirada de Teddy, le guiñó un ojo.
-¿Y bien? - la pregunta de la directora les hizo salir a todos de sus pensamientos - sé que ustedes tienen algo que ver con lo que ha pasado en el Gran Comedor y no intenten engañarme - los chicos se miraron entre ellos, nerviosos.
-De verdad que no sabemos qué es lo que ha pasado, directora McGonagall - respondió Scorpius, evitando mirar a Rose.
-Es cierto - contestó Alice dulcemente - íbamos camino de las clases cuando ocurrió - la directora miró a la hija de Neville y vio que la pobre no tenía ni idea de lo que había pasado.
-Puede marcharse, señorita Longbottom - la chica la miraba sin dar crédito - ya me ha escuchado, puede marcharse.
Rápidamente, Alice se levantó dirigiéndose hacia la salida del despacho no sin antes, hacerle un gesto cariñoso en la mano a Albus, quien asintió con la cabeza. Teddy por su parte, seguía sin pronunciar palabra.
-Bien - hizo una pequeña pausa, donde se quitó las gafas para frotarse los ojos - señor Potter, señorita Weasley no han abierto la boca en todo este tiempo… ¿no tienen nada que decir? - preguntó de forma inquisitiva.
-No sabemos qué es lo que ha pasado, directora McGonagall - contestó Albus lo más calmado que pudo y mirándola directamente a los ojos. Estaba con Rose pasase lo que pasase.
-¿Y usted señorita Wesley? Siempre tiene algo que decir - por primera vez Rose levantó la cabeza a pesar de seguir retorciéndose las manos - el profesor Lupin no la ha quitado ojo en todo el desayuno.
-Minerva, por favor - Teddy por fin estaba hablando y la mujer le presto toda su atención - deja que los chicos se marchen, seguro que no tienen nada que ver.
-Está bien - dijo la directora McGonagall - señor Potter, señor Malfoy, pueden irse.
-¡Noooo! - exclamó Albus, cogiendo con fuerza de la mano a Rose de la misma forma que a su otro lado Scorpius la tomaba con delicadeza la mano derecha.
-No nos vamos a marchar, directora - Scorpius mantenía un tono de voz tranquilo y educado, tal y como le habían enseñado - con el debido respeto, sin Rose no nos vamos a ir.
-Iros - era la segunda vez que Rose hablaba
- estaré bien.
-Pero Rose… - su primo se giró para mirarla
- tú no has hecho nada malo - su prima le dirigió una media sonrisa y supo que no merecía la pena seguir intentándolo - te esperaremos en el pasillo.
La chica de cabellos pelirrojos asintió con la cabeza, y su primo la dio un beso en la mejilla antes de salir, gesto que enterneció a la directora y Scorpius por su parte, apretó la mano de la chica, para transmitirla que estaba con ella y cuando se estaban separando, los dedos de ambos rozaron sus palmas, sintiendo un reguero electrizante a su paso, mirándose a los ojos apenas un segundo, que se les hizo eterno. Este gesto, no pasó desapercibido para Teddy quien no pudo, hacer otra cosa que sorprenderse ante la delicadeza y complicidad que emitían con un simple contacto.
Acto seguido, los chicos salieron del despacho, cerrando la puerta envejecida tras de sí. La directora de la escuela, salió de detrás del despacho para sentarse en la silla que anteriormente había sido ocupada por Scorpius, y le hizo un gesto a Teddy para que se acercase a ellas.
-Que es lo que ha pasado - no era una pregunta, sino una 'orden', pero curiosamente Rose vio que la directora no parecía enfadada.
-No lo sé - respondió Rose con la voz tomada - estaba hablando con Gigi y - no la dio tiempo a continuar hablando.
-Gigi Parkinson, Minerva - dijo Teddy antes de que la directora preguntase - la vi hablando con ella desde la mesa y… no parecías exactamente contenta.
-Esa chica es horrible - comentó Rose para sí misma, aunque todos los oyeron - todo fue muy rápido, Teddy - estaba tratando de disculparse - ella estaba hablando mal de Albus y de Scorpius… y no pude, no sé qué paso.
-La atacó con la varita - dedujo la directora McGonagall - ¡Eso es una falta muy grave! ¡Debería expulsarla por ello!
-Con todos mis respetos, se está equivocando directora - dijo Teddy, defendiendo a su 'prima'.
-Entiendo que sean familia pero le hago la siguiente pregunta - la directo miró a Teddy con los ojos entre cerrados - ¿el año pasado también me equivoque, profesor Lupin? - preguntó con escepticismo.
-Déjame enseñárselo - pidió Rose mirando a Teddy y sin hacer caso a la directora.
-No, Rose. Se lo prometí a tu madre y me dijo que debía cuidar de ti - respondió el chico cuyos cabellos ahora eran de color negro debido a la tensión del momento y con voz endurecida - ayudarte, sin implicar a gente.
-Teddy, por favor - dijo Rose de forma suplicante - sé que a mi madre no la importará.
-¿De qué están hablando? - preguntó la directora más curiosa que enfadada en esos momentos.
-Muéstraselo si te sientes segura - respondió Teddy con abatimiento pero dirigiendo a Rose una pequeña sonrisa.
Rose se levantó hasta Teddy y le dijo algo al oído ante la mirada incrédula de la directora y el chico asintió antes de darla un beso en la frente con cariño. El veinteañero, se dirigió hacia la salida pero se giró parándose en seco y mirándola sin llegar a salir del despacho.
-Lo siento - dijo Rose, con una pequeña sonrisa.
-No te preocupes, hazlo - el pelo de Teddy cambió a su habitual tono azul eléctrico.
La chica respiró hondo, de la misma forma que su madre la había enseñado de pequeña aunque se encontraba algo nerviosa a decir verdad porque notaba la mirada de la directora McGonagall, clavada en su cabellera pelirroja. Contó hasta tres, soltó aire y estiró hacia el frente la mano derecha juntando los dedos corazón e índice y a continuación, hizo un movimiento hacia la derecha, concentrándose en Teddy. Automáticamente, el chico salió despedido hacia los libros de la estantería que estaban en esa dirección.
La directora se quedó atónita ante lo que estaba viendo porque la varita de Rose al igual que el bolso que siempre la acompañaba, descansaban sobre la silla en la que había estado sentada minutos antes. Rose volvió a repetir la operación, esta vez enviando a Teddy hacia el lado izquierdo de la estancia y cuando lo devolvió al centro de la estancia, posiciono ambas manos haciendo un delicado movimiento primero hacia abajo y luego hacia arriba dando como resultado la levitación de Teddy, que parecía estar pasándoselo genial. Para terminar, dio un chasquido con una de sus manos y movió una de las sillas conjuradas por la directora, posicionándola en el punto exacto para que Teddy acabase sentado sobre ella.
Cuando terminó, soltó todo el aire contenido en el momento y se giró para mirar a la directora del colegio. Minerva la miraba de una forma que no lograba descifrar pero que bien podría representar: sorpresa, admiración y… cautela. El silencio estaba instaurado en la sala durante segundos hasta que el retrato de Albus Dumbledore empezó a aplaudir con entusiasmo, seguido del de Severus Snape, Armando Dippet, Newt Scamander y otros tantos.
-Gracias - musitó Rose, tímidamente.
-No es para menos Rosie - dijo Teddy que se había levantado y la había colocado un brazo alrededor de sus hombros - lo que puedes hacer es impresionante.
-No se… - contestó la chica en voz muy baja.
-Yo sí que no sé qué decir, señorita Weasley - por un momento tanto Teddy como Rose se habían olvidado de la directora
- ha perdido el control en el Gran Comedor ¿cierto?
-Si… - reconoció Rose, con voz tomada - yo no sé qué me paso. Nos dirigíamos hacia las clases y nos interrumpió Gigi, con sus amigos y el resto ya lo ha visto. Hubo un momento en el que perdí el control, yo no quería provocar eso. No esperaba algo así y sé que he podido hacer daño a algún alumno sin querer. Entiendo que quiera expulsarme - la chica agachó la cabeza.
-No voy a expulsarla, Rose - Minerva McGonagall puso una mano debajo de la barbilla de la chica para que esta levantase la cabeza y Rose comprobó que la mujer tenía un pequeña sonrisa - ha sido un accidente. Usted no quería provocar algo así pero tiene que aprender a controlarlo.
-De eso me voy a encargar yo - respondió Teddy, apretando ligeramente la mano derecha de su 'prima' - si me lo permite directora.
-Claro que sí - dijo McGonagall - de hecho… creo que ese será su castigo, señorita Weasley - Rose la miraba sin poder creérselo - empezará hoy mismo, después de las clases.
-Muchas gracias directora McGonagall - contestó la chica de cabellos pelirrojos - le prometo que intentaré que no vuelva a pasar.
-Eso espero, aunque tendré que poner en aviso a los profesores para que no le quiten ojo - la advirtió y Rose asintió lentamente - bien, ya puede marcharse. Estoy convencida de que el señor Potter y el señor Malfoy la estarán esperando.
-Vamos Rosie - Teddy se hizo a un lado para dejarla pasar y la chica salió por la puerta - directora, nos vemos a la hora de la comida.
Acto seguido, Teddy salió del despacho. El silencio se hizo en la sala y la directora se sentó con pesadez en el sillón, dejando las gafas y el sobrero de punta verde escarlata sobre el escritorio y frotándose los ojos.
-Entiendo que la preocupe Minerva - la voz venía del retrato de Albus Dumbledore - la chica Weasley es una joven extraordinaria.
-Lo es - coincidió la mujer- pero no ha estado en el comedor, Albus. Es peligrosa, para sus compañeros y para ella misma - respondió McGonagall.
-Coincido con Minerva, Dumbledore - respondió el retrato de Severus Snape - es cierto que siendo hija de Weasley y Granger, no dudo que sea extraordinaria y parece controlarlo, los hemos visto pero... - hizo un gesto hacia un lado con la cabeza.
-Esperemos que el joven Lupin la ayude - comentó la directora del colegio - sino deberíamos prepararnos para las posibles graves consecuencias.
-Mi querida McGonagall, tenga fe en Rose Weasley - dijo el retrato de Dumbledore mientras se colocaba las gafas - tal y como decía nuestra querida fundadora Rowena Ravenclaw 'una inteligencia sin límites es el mayor tesoro de los hombres'. La joven Weasley es sumamente inteligente y la han inculcado buenos valores… únicamente necesita conocerse a sí misma y eso, solo el tiempo nos lo revelará.
La directora McGonagall se quedó pensando en las palabras de su mentor y amigo, deseando que lo que decía se hiciese realidad.