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Lily regresa de la muerte — capítulo 13

Capítulo 13: Los peores recuerdos

Lily estaba sola en su casa. Era más de medianoche y sus padres aún no habían regresado a casa. Habían salido a la tarde a tomar el té a casa de unos amigos. Le ofrecieron ir con ellos, pero la chica no quiso. Se quedó escribiendo la redacción que tenía para pociones. En una semana comenzaría su último año en Hogwarts. Sonó el timbre y Lily anunció que ya abría.

-Lo siento, he dejado la llave puesta. -Se excusó pensando que eran sus padres. Pero no lo eran. Cuando abrió, se encontró a un par de policías.

-¿Señorita Evans? -Le preguntó uno de los oficiales. Ella asintió con la cabeza. -Soy el agente Kellins, tengo el pesar de informarle que ha habido un accidente. Los señores Evans no sobrevivieron.

Una niebla blanca cubría todo y le impedía moverse. Estaban en el Callejón Diagon y había un ataque terrible de mortífagos. La gente corría y gritaba desesperada. Las familias se desesperaban por resguardar a sus hijos. Todo a su alrededor era un ir y venir de maleficios lanzados en todas direcciones. Lily corría en zigzag, esquivando rayos de luz provenientes de las varitas y James la seguía. Peter, Sirius y Remus estaban por ahí, también ayudando a defender a las personas, pero los habían perdido de vista. James sugirió un lugar para huir, pero cuando comenzaron a correr por ahí, se encontraron cara a cara con Lord Voldemort. Lily se giró para ir en sentido contrario, pero los seguían tres mortífagos, estaban rodeados. Entonces el dolor se extendió por cada centímetro de su cuerpo.

James Potter desaparecía entre la niebla. Y Lily sentía que la soledad la invadía. Luego James regresaba. El frío le helaba cada centímetro de su cuerpo. James le explicaba a su novia entre lágrimas lo sucedido con sus padres.

-Lily, no sabes, de repente estaban en la casa. Eran al menos cinco. Mi madre no tuvo mucho tiempo a hacer nada. Con mi padre y Canuto nos enfrentamos, pero entonces un Avada Kedavra le dio de lleno… Y nosotros salimos huyendo por poco…

La niebla y el frío se tragaban al muchacho. Sirius había llegado a la casita del Valle de Godric con malas noticias. Los mortífagos habían atacado a los Prewett. Fabian y Gideon estaban muertos. Lily lloraba desesperada, pero la niebla volvía a envolver todo. El frío y gritos. Gritos de Mary que estaba siendo torturada y ella no podía hacer nada para ayudarla. Nuevamente aparecía el rostro blanco y sin vida de Lord Voldemort, y de no haber sido por la ayuda de Alice Longbottom, no habría podido contar esa historia.

Y Lily corría entre la niebla que se tragaba el mundo entero. James estaba herido y ella tenía que encontrar una manera de escapar de ese horrible lugar. Con ayuda de la capa de James pudo recuperar su varita, pero Voldemort había herido a su marido y ella no sabía si él se recuperaría.

Dumbledore les aseguraba que Voldemort iba tras ellos, que debían esconderse. James proponía seguir dando batalla, no le gustaba esconderse, pero Dumbledore insistía en que el objetivo era la familia completa, que eso era muy arriesgado.

-Lily, toma a Harry y vete. Es él. Yo lo detendré…

Pero un rayo de luz verde invadía el living y Lily no escuchó más la voz de James, sino a Voldemort tras ella. Apilaba cajas contra la puerta de la habitación de su bebé, sabía que era en vano pero tenía que hacer hasta lo último y más desesperado para salvar a su niñito. Ella rogaba por la vida del bebé y Voldemort reía.

Lily observaba espantada su propia tumba, pero también la de James. James no podía estar muerto, no podía.

-No lo conseguí. -Le decía Sirius -Nunca maté a Colagusano. Él abrió una zanja en la calle, gritó que cómo pude traicionarlos a James y a ti, mató a los muggles que observaban, se cortó un dedo y se transformó. Entonces se escapó por las alcantarillas.

Y la niebla, como de costumbre, envolvía todo. En medio del frío y el espanto aparecía una barba blanca, seguida del rostro de Albus Dumbledore.

-Sí, si hubieras permitido que Voldemort matara a Harry, seguramente te hubiera dejado viva. Sobre por qué la necesidad de matarlo a él antes que a ti, Harry me ha preguntado lo mismo hace un año, tras enfrentarse a Voldemort, y he decidido no contárselo aún. Hoy te lo contaré a ti y ya decidirás en qué momento es el apropiado para decírselo a tu hijo. Poco antes del nacimiento de Harry, uno de los mortífagos escuchó una profecía, que decía lo siguiente: «El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso se acerca… Nacido de los que lo han desafiado tres veces, vendrá al mundo al concluir el séptimo mes… Y el Señor Tenebroso lo señalará como su igual, pero él tendrá un poder que el Señor Tenebroso no conoce… Y uno de los dos deberá morir a manos del otro, pues ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida… El único con poder para derrotar al Señor Tenebroso nacerá al concluir el séptimo mes…»

Lily estaba sola en su casa. Era más de medianoche y sus padres aún no habían regresado a casa. Habían salido a la tarde a tomar el té a casa de unos amigos. Le ofrecieron ir con ellos, pero la chica no quiso. Se quedó escribiendo la redacción que tenía para pociones. En una semana comenzaría su último año en Hogwarts. Sonó el timbre y Lily anunció que ya abría.

-Lo siento, he dejado la llave puesta. -Se excusó pensando que eran sus padres. Pero no lo eran. Cuando abrió, se encontró a un par de policías.

-¿Señorita Evans? -Le preguntó uno de los oficiales. Ella asintió con la cabeza. -Soy el agente Kellins, tengo el pesar de informarle que ha habido un accidente. Los señores Evans no sobrevivieron.

Una niebla blanca cubría todo y le impedía moverse. Estaban en el Callejón Diagon y había un ataque terrible de mortífagos…

El frío la hacía tiritar sin parar. Se abrazó al grueso edredón. Estaba recostada en una superficie demasiado cómoda. Y estaba abrigada. Abrió los ojos, pero los cerró inmediatamente porque una luz blanca la cegó. Además, se dio cuenta de que tenía el rostro empapado en lágrimas. Se enjugó las lágrimas con el dorso de la mano y trató de abrir los ojos nuevamente. La luz la cegó, pero un poco menos. Entonces pudo ver en dónde estaba. Reconoció el lugar de inmediato. Era una de las salas de San Mungo. Se preguntó cómo había pasado de Azkaban hasta allí. Temblando de frío aún, hizo un esfuerzo por incorporarse.

-No te sientes, mantente recostada, Lily. -Le dijo suavemente Annie, una de las enfermeras que trabajaba en San Mungo. -¿Cómo te sientes? -Le preguntó.

Lily pestañeó un par de veces, estaba un poco mareada y muerta de frío.

-Bien… congelada, pero bien. ¿Cómo he llegado aquí? -Preguntó.

-Te liberaron. Justo a tiempo yo diría, no sabemos cuántos días llevabas sin comer nada, pero al parecer demasiados. -Explicó Annie con seriedad - No te preocupes -añadió al ver el semblante serio de la pelirroja -Ya pasó todo. No volverás allí.

Pero no era eso lo que le preocupaba a Lily, sino el motivo por el cual la habían liberado. ¿Habrían atrapado a Sirius nuevamente? Se mordió el labio esperando que no.

-¡Annie, te pedí que me avisaras apenas despierte! -Exclamó Mary entrando a la sala y mirando a su amiga. Estaba extremadamente pálida y delgada, pero sabía que se pondría bien.

-¡Mary! -Exclamó aliviada Lily, a ella podría hacerle la pregunta que la atemorizaba -¿Qué ha pasado?

-Tráele una taza de chocolate caliente antes de que vuelva a desmayarse, pobre Lily. -Le pidió su amiga a Annie. La jovencita asintió y salió de la sala. -Tranquila, todo está bien.

Lily estiró el cuello para asegurarse de que Annie ya no las escuchaba.

-Dime que no han vuelto a atrapar a Sirius, por favor. -Le susurró a Mary.

-No, no ha pasado eso. En realidad sí, pero se volvió a escapar y entonces descubrieron que tú no tenías nada que ver. Yo no sé toda la historia, tendrás que preguntársela a Harry. -Explicó su amiga.

Annie volvió a entrar con la taza de chocolate caliente. Lily le dio un sorbo y comenzó a sentirse mucho mejor.

-¿Dónde está Harry? ¿En tu casa? -Inquirió.

-No, en Hogwarts. Sarah está en casa.

-¿Ya comenzó el curso? -Preguntó desorientada. Nunca había tenido una noción real del tiempo en Azkaban, ya que pasaba gran cantidad de tiempo inconsciente.

-Lily, el curso está a punto de terminar.

La mujer realmente se impresionó cuando unas horas más tarde, Helga le llevó a su hijita. Sarah ya tenía un año y medio. Entró a la sala caminando de la mano de la mujer y se soltó enseguida al ver a Lily y fue hacia ella murmurando "mamá".

Lily abrazó y cubrió de besos a esa niña mucho más grande de lo que la recordaba, de rizos azabache peinados en dos coletas con moños rojos.