← Lily regresa de la muerte · de
Lily regresa de la muerte — capítulo 16
Aquel año, Lily no tuvo vacaciones ya que recién se reincorporaba a su trabajo luego de su estadía en Azkaban. Afortunadamente para ella, nadie en la dirección de San Mungo creyó posible que la mujer ayudara a un asesino a escapar de la prisión, por lo que durante su ausencia nombraron a un suplente y le mantuvieron el puesto de trabajo. Por eso, durante el verano debía cubrir guardias y asistir a trabajar todos los días. Para el cumpleaños de Harry, había organizado una fiesta en su casa, a la que fueron Remus, Mary con su familia, los Weasleys, Hermione e incluso Petunia.
Vernon Dursley seguía teniendo la misma aversión de siempre hacia su sobrino, pero su esposa había cambiado la actitud. Incluso, ese cambio había ocasionado fuertes discusiones en la pareja, pero Petunia no dio el brazo a torcer. Ya había perdido una vez a su hermana, ya había sido un monstruo con su sobrino. No lo haría de nuevo. Y si a Vernon Dursley no le gustaba, podía irse de su casa, como le había dicho la mujer una noche. Pero él no se fue, soportó que su esposa viajara cada tanto a Cokeworth con obsequios para el sobrino que había detestado durante once años y la pequeña bruja engendrada de un muerto.
La fiesta duró desde el mediodía hasta la madrugada. Lily terminó de limpiar todo cerca de las cuatro de la mañana y al día siguiente debía levantarse temprano para ir a San Mungo. Durante las vacaciones ya no dejaba a Sarah con la familia de Mary, sino que la dejaba en casa, con su hermano mayor.
Unas semanas más tarde, Lily se despertó en mitad de la noche sintiendo un ruido. Solo eran pasos en la habitación de su hijo. Seguramente se había despertado para ir al baño. Miró su reloj despertador, eran las tres y cuarto. Se dio vuelta para seguir durmiendo. Pero los pasos seguían de una punta a la otra de la habitación de Harry y no había salido hacia el pasillo. Lily se incorporó y desde su cuarto vio la luz prendida en el de su hijo. Se levantó con curiosidad. Fue hacia allí y abrió la puerta suavemente.
Harry dio un respingo y ahogó un grito al sentir que se abría la puerta de su cuarto. Estaba en pijamas, con la varita en la mano y observando la calle a través de las cortinas de su dormitorio. Lily miró a su alrededor sorprendida.
-¿Qué pasa? -Le preguntó en un susurro, medio dormida aún.
-No… nada… -respondió el chico cerrando las cortinas -estaba viendo si había… alguien por ahí…
Lily miró extrañada a su hijo. Algo le pasaba, tenía el rostro pálido y perlado de sudor.
-¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Por qué agarraste la varita? -Inquirió su madre acercándose al muchacho.
Harry suspiró.
-Sí, estoy bien. Lo siento, solo que tuve un sueño muy raro y me desperté porque me dolía la cicatriz… -Explicó.
-¿Y te había dolido alguna vez antes? -Quiso saber su madre.
-Sí, una vez en primer año, Dumbledore dijo que era porque Voldemort estaba cerca.
Lily sintió como si le arrojaran un balde de agua helada. No podía ser, no era posible que Voldemort estuviera allí cerca, rondando por Cokeworth. Tenía que deberse a otro motivo.
Bajaron a la cocina, la mujer preparó un té y el chico le contó el sueño que había tenido. Mientras hablaban, comenzó lentamente a hacerse de día. Lily trató de tranquilizar a su hijo, pero ella misma no estaba nada tranquila y en cuanto terminaron de desayunar y subió a su dormitorio a cambiarse, le escribió apresuradamente a Albus Dumbledore contándole lo que le había dicho Harry. Terminó de ponerse su uniforme y escuchó a Harry que subía las escaleras apresuradamente llamándola.
-¿Qué pasa? -Preguntó alarmada, pero el chico estaba sonriendo y tenía una carta en la mano.
-¡El padre de Ron ha conseguido entradas para el mundial! ¡Me ha invitado a ver el Mundial de Quidditch! ¡Es la final, Irlanda contra Bulgaria! ¿Puedo ir? Es el lunes, ¡por favor!
Lily pestañeó aturdida. Hace un momento estaba preocupada por Voldemort y Colagusano, y ahora su hijo estaba desesperado por ir al Mundial de Quidditch. Si realmente existía esa reunión que el chico había soñado, no pensaba dejarlo alejarse un metro de ella. Pero el Mundial de Quidditch, estaría lleno de magos, no podría pasarle nada allí, ningún mortífago se atrevería a aparecer por allí.
-Sí, puedes. -Contestó sonriendo.
-¡Gracias! ¡Hedwig, ven aquí, tengo que responderle a Ron!