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Lily regresa de la muerte — capítulo 8

Un mes después, Lily había terminado de decorar y acomodar su casa en Cockeworth. Harry le había confirmado que iría junto con Ron y Hermione en Navidad. Además, en su carta, su hijo le comentaba algunas cosas que habían preocupado a Lily y se alegraba de tenerlo en casa unos días. Los últimos días, había habido nuevos casos de chicos petrificados por lo que fuera que salía de la Cámara de los Secretos y algunos estudiantes pensaban que era Harry quien soltaba el monstruo que provocaba eso. La sospecha era principalmente porque el chico hablaba parsel. Lily no podía entender cómo era posible que su hijo hablara parsel si nunca había escuchado esa lengua. Tampoco ella o James sabían hablar en el idioma de las serpientes, ¿de dónde lo conocía Harry?

La mañana del 15 de diciembre, bajo una intensa nevada, nació Sarah Lily Potter. Tras unas cuantas horas de trabajo de parto, Lily finalmente tuvo en sus brazos a la pequeña.

-¡Se ha dormido enseguida, es una santa esta niña! -Murmuró la enfermera de San Mungo que se la entregó luego de bañarla y controlar que estuviera todo en orden. Lily tomó a su niña en brazos y le dio un beso en la frente. La beba abrió los ojos, un par de hermosos ojitos avellana que la pelirroja creyó que no volvería a ver nunca más. Al igual que Harry al nacer, su hermanita tenía una finita mata de cabello oscuro. Un puño diminuto asomaba entre las mantas que la envolvían.

-Permiso, ¿puedo pasar? - La voz de su hermana tomó tan por sorpresa a Lily que dio un respingo.

-Me pidió que le avisara cuando naciera la niña, y le he dicho que si no querías verla debería marcharse de inmediato o la enviaría yo misma de regreso a su casa. -Explicó Mary, que venía detrás de Petunia.

-Claro que puedes pasar, Tuney. -Sonrió Lily. Suspiró lentamente. Lo que más necesitaba en ese momento, era una familia y Petunia era parte de ella quisiera o no. Podría darle la oportunidad de volver a empezar. -Sarah, dile hola a la tía Tuney. -Agregó, invitando a su hermana a tomar a la niña en brazos.

La pelirroja envió una lechuza a Hogwarts y Harry obtuvo permiso para viajar por la red flu y pasar la tarde en San Mungo con su madre y su hermanita recién nacida. El chico estaba fascinado con la llegada de Sarah, a quien colmó de besos y no quiso dejar en el moisés un segundo, sino que la tuvo en brazos todo el tiempo.

Remus apareció a la tarde a visitar a Lily y conocer a la pequeña, y en ese momento la pelirroja se dio cuenta de que jamás se lo había presentado a Harry. El mes desde su regreso hasta la partida de Harry al colegio, le había dedicado exclusividad a su hijo, por lo que casi no había visto a sus amigos. De hecho, Harry solamente conocía a Mary y no había visto a Emmeline o Hestia, sus otras amigas, ni una sola vez. Unas horas más tarde, ambas llegaron y el nacimiento de Sarah fue una gran oportunidad para que Harry conociera a los amigos de sus padres. Lily de veras lamentó cuando cerca de la hora de la cena, su hijo tuvo que regresar a Hogwarts.

-Nos veremos pronto -Le dijo al despedirlo con un beso. Por suerte, en unos días lo tendría de regreso en su casa.

Tras el nacimiento de la beba, Lily se instaló definitivamente en su casa en Cockeworth. Sarah demostró ser una pequeña absolutamente tranquila que desde la primera semana de vida comenzó a dormir toda la noche. Tenía su moisés en la pieza de su madre, pero la verdad era que no lo usaba nunca. En realidad, dormía con Lily todas las noches. Una semana después del nacimiento de la niña, Petunia visitó a la madre y la beba y le llevó de regalo unos peluches y algo de ropa.

Harry y Ron se instalaron en la habitación del primero y Hermione en la de Sarah. Lily había preparado un enorme árbol navideño en el living de la casa. La mañana de Navidad, se despertaron y encontraron una enorme pila de regalos alrededor del pino.

-¡Esta es mi madre y sus sweaters! -Dijo Ron al ver algunos de los obsequios. Hermione recibió una agenda y unas plumas de parte de sus padres. Lily le regaló a Harry un libro de las mejores jugadas y hazañas de Quidditch y un pijama, ya que había visto que el que tenía le quedaba un tanto corto.

Harry abrió el último paquete extrañado. Ya no sabía de quién más podía haber recibido algo.

-¡¿Otro más?! -Le preguntó sorprendido a su madre.

-Yo no he tenido nada que ver con ese regalo. -Dijo ella.

Adentro, había un buzo canguro con capucha nuevo y un sencillo mensaje que decía "Feliz Navidad. Tía Petunia". Harry pensó que a lo mejor, su tía se había golpeado la cabeza contra una piedra.

Para el almuerzo fueron Mary con su familia, Hestia, Emmeline y Remus. Se quedaron conversando hasta casi el anochecer. Al comenzar el día, Lily se había levantado triste. Era su primera Navidad sin James desde que tenía diecisiete años. No solo eso, era la primera Navidad de Sarah y la segunda que pasaba con Harry. Su hijo no podía recordar a su padre y la niña jamás lo conocería. Sin embargo, con el avance del día, llegó a sentirse verdaderamente feliz por tener a sus niños, a su familia y a sus amigos.

Era el último día antes del regreso de los chicos al colegio. Sarah se acababa de despertar de la siesta y su madre le estaba dando el pecho. Llamaron a la puerta.

-¡Harry! ¿Puedes atender? - Pidió Lily desde su cuarto.

-Voy. -Respondió él y la mujer oyó sus pasos bajando la escalera. Luego de unos minutos, lo escuchó volver a subir. -Mamá, es Snape. Dice que quiere hablar contigo.

-Hazlo pasar y dile que ahora voy. -Contestó ella.

-¡¿Que lo haga pasar?! -Se extrañó su hijo mirándola con cara de pocos amigos. -Que espere en la puerta, no voy a volver a bajar para hacer pasar a…

-Harry, hazlo pasar y dile que ya voy. -Insistió Lily con un tono más severo. Harry resopló y regresó escaleras abajo.