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Historia 187550 — capítulo 42

−¿Whisky de fuego? −Pregunto el semi gigante tras ver la botella. −¿Para que la has traído?

−¿Para qué? −El merodeador le sonrió. −Para beber, ¿para qué sino? Sé que antes tomábamos te, cuando estábamos en hogwarts, pero ahora ya somos mayores de edad así que beberemos algo más fuerte.

−Son las 10 de la mañana.

−No pasa nada por un día, ¿Quién se lo va a decir a Dumbledore? −Y miro a Remus. −¿Se lo vas a decir tu?

−No. −Y miro a Hagrid. −Además se que Dumbledore tiene una botella en su despacho, seguro que se pone contento más veces que nosotros. −Y levantándose se acerco a unos vasos y tras lavarlos un poco los acerco a la mesa. −Ya tenemos donde beber. −Y acerco su vaso a su amigo. −Sirius un buen vaso.

−Ahora mismo. −Y llenándolo miro a Hagrid. −¿Quieres?

El semi gigante miro un momento a Remus que se estaba tomando su vaso y al final miro a Sirius. −Está bien, pero no se lo digáis al profesor.

−Hagrid por favor. −Sirius lo miro indignado. −Yo nunca digo nada, ya lo tendrías que saber. −Y sonriéndole le lleno el vaso y llenando el suyo, lo alzo. −Blindemos por los dragones, porque son las mejores mascotas del mundo. −Y tras chocar los vasos, se los llevaron a la boca.

−Mas. −Le dijo Remus y le acerco su vaso a su amigo. −Sirius mas.

−Ahora mismo. −Y llenándolo miro a Hagrid. −¿Mas?

−No creo que tenga que beber más.

−Solo es un día. −Le dijo Sirius. −Bueno si no quieres, entonces beberemos nosotros, tu nos puedes mirar. −Y vaciando su vaso lo volvió a llenar, cuando se lo termino miro a Hagrid. −¿Quieres o no?

−Está bien. −Les dijo Hagrid y acercando su vaso, espero a que se lo llenaran, cuando lo estuvo se lo llevo a la boca y se lo trago de un golpe. −Mas.

−Ahora mismo. −Y así nada mas vaciar los vasos, Sirius los volvía a llenar.

Unas horas más tarde, Sirius y Remus ya sabían todo lo que Hagrid sabía, el semi gigante nunca había sabido beber y ellos lo habían aprovechado.

Al día siguiente, Remus se despertaba con resaca, quejándose del dolor que sentía bajo a la cocina y vio a Sirius fresco como si el día anterior no hubiera bebido nada.

Hope dejando la taza de café delante suyo lo miro. −¿Tienes mucha resaca?

−Mucha, tengo la cabeza a punto de explotar, ¿una pastilla por favor?

−Ahora mismo, tomate el café así te ayudara.

−Sí. −Y miro a su amigo. −¿No te duele aunque sea un poquito?

−Nop. −Y sonriéndole siguió desayunando.

Cuando terminaron de desayunar, Sirius miro a Remus, que se había acostado en el sofá. −Yo voy a hablar con Lucius y Jack, tu descansa.

−Si gracias. −Y sonrió a su madre cuando esta le puso una manta para taparlo. −Gracias.

−De nada, no me gusta que bebas tanto, pero si ha servido de algo, entonces no digo nada.

−Sí que ha servido de mucho.

−Entonces como digo no pasa nada, ahora descansa yo abriré la librería.

−Gracias. −Y cerrando los ojos pronto estuvo dormido.

Unas semanas más tarde en hogwarts, en el gran comedor, Severus vio que Dumbledore no se presento a la cena.

Cuando terminaron de cenar, el profesor se acerco a la profesora McGonagall.

−Buenas noches, ¿y Dumbledore?

−El ha tenido que ir a Londres, por un asunto, hasta mañana no regresara. −Y lo miro. −¿Lo necesitabas para algo?

−Le quería comentar las notas de clase. −Dijo de pronto, no quería que sospechara que eso se lo había ocurrido de pronto.

−¿Pasa algo con las notas?

−Sí, algunas son realmente malas, no prestan atención en clase y la mitad de las veces los deberes están mal o sin terminar.

−A esos alumnos les tocara hacer repaso, o puedes poner un alumno que va bien con otro que va mal para que les ayuden.

−Lo pensare, pero no voy a permitir que alumnos que lo hacen bien bajen sus notas por unos cazurros, es culpa de ellos, me voy ya me has aclarado mis dudas.

−Buenas noches.

−Buenas noches. −Y se fue a su habitación, al llegar le envió un mensaje a Lucius, diciéndole que Dumbledore no pasaría la noche en hogwarts.

Un rato después, Sirius, Lucius, Jack y Remus llegaban a la escuela y Severus los recibía.

−Sea lo que sea que queréis hacer en hogwarts, esta noche es la indicada, Dumbledore no llegara hasta mañana.

Sirius lo miro. −Queremos destruir la piedra filosofal y saber quién es la persona que está bajo las ordenes de Voldemort.

−Pues vamos. −Y sin hacer ruido para que nadie los descubriera se fueron al tercer piso.

Unas horas más tarde, el grupo salía, habían terminado con el profesor Quirrell que era quien obedecía las ordenes de Voldemort y por fin tenían pruebas de que ese hombre estaba vivo aunque muy enfermo por eso se había estado alimentando de la sangre de los unicornios que Hagrid había encontrado muertos en el bosque prohibido.

−Severus, esto es un secreto. −Le dijo Lucius. −Es mejor así, no queremos que nadie se entere sobre todo Dumbledore, con lo cotilla y metomentodo que es, seguro que hablara más de la cuenta o aun peor intentara meter las narices en nuestros asuntos.

−Si, además creemos que espera que sea Harry quien se ocupe de todo, por eso le entrego la capa de invisibilidad que le perteneció a James. −Le dijo Remus.

−No diré nada, ese hombre no me cae bien.

−Gracias, creemos que ahora no pasara nada, pero si ocurriera algo no dudes en avisarnos.

−Lo hare, ahora iros, ya está a punto de amanecer y Dumbledore no tardara mucho en llegar.

−Sí, nos vemos. −Y despidiéndose se fueron.

Cuando Severus se quedo solo, se fue a su habitación y tras bañarse se metió en la cama para dormir.

Unas horas más tarde, a la hora del desayuno, Dumbledore ya había regresado y no vio a Quirrell en su sitio.

−Severus. −El director lo llamo. −¿Dónde está Quinius?

−No lo sé, puede que se haya quedado dormido.

−Puede ser. −Y miro en la dirección de Harry, el niño estaba riéndose de unas cosas que sus compañeros les estaban diciendo.

−¿Profesor algún problema con Potter? −Le pregunto McGonagall.

El director la miro. −Ninguno.

Minerva asintiendo siguió desayunando.

Unas horas más tarde, los alumnos sabían que el profesor de defensa había desaparecido y los rumores eran muchos y cada vez más disparatados.

−Dicen que el calamar gigante se ha comido al profesor Quirrell. −Les dijo Seamus a sus amigos.

Al escuchar eso, Harry y los demás se reían. −Creo que ese calamar no se come a profesores, yo he escuchado que el sauce boxeador le ha dado tal golpe que ha terminado sepultado en la tierra.

Ante eso, todos miraron al joven Potter. −Eso es casi imposible, ni que estuviéramos en el desierto.

−Ya por eso digo que se escuchan muchas cosas, como lo del calamar, yo creo que ese hombre se ha cansado de que el mono descerebrado no supiera hacer ni un solo hechizo de defensa bueno.

−Es lo más seguro. −Y ante eso todos se rieron. −Sea como sea nos hemos librado de defensa, espero que tarden una eternidad en encontrar un nuevo profesor.

−Sí. −Y contentos de tener una clase menos siguieron hablando de los rumores que hablaban de su profesor desaparecido.

Unos días más tarde, Lucius y Sirius iban a hogwarts y se reunían con el profesor Dumbledores.

−Buenos días, director. −Le saludaron los hombres.

−Buenos días. −El director miro a sus antiguos alumnos. −¿Todo bien?

−Eso nos lo tendría que decir usted, mi sobrino me ha enviado una carta, diciéndome que el calamar gigante se ha comido al profesor Quirrell. −Y le enseño la carta.

El profesor cogiendo la carta que Sirius le mostraba leyó lo que ponía.

−También dice, que el sauce boxeador le ha dado un golpe y no sé que mas disparates dice, sea como sea ese profesor ha desaparecido, ¿me tendría que preocupar? Espero que no desaparezca ningún otro profesor o peor aún, algún alumno.

−En eso Sirius tiene razón, mis compañeros en de la asociación de padres, están preocupados por sus hijos, y yo no me quedo atrás. −Le dijo Lucius y lo miro. −¿Nos tendríamos que preocupar?

Dumbledore terminando de leer la carta se la devolvió a Sirius. −El caso del profesor Quirrell es un caso aislado, la escuela sigue siendo tan segura como siempre.

−Eso espero, porque si veo que mi sobrino corre peligro, lo sacare de la escuela inmediatamente. −Le dijo Sirius y le sonrió. −Pero como ha dicho que todo está bien, que no hay nada de lo que preocuparse, me quedo tranquilo. −Y miro al marido de su prima. −Lucius creo que el profesor tiene que controlar a muchos alumnos ahora que ya falta poco para que termine el año escolar y nosotros tenemos que llevar un negocio.

−Tienes razón. −Y levantándose miro a Dumbledore. −¿Cómo están las notas de Draco?

−Muy bien, es un alumno muy aplicado.

−Estupendo. −Y despidiéndose se fueron.

En Londres, Lucius miraba a Sirius. −¿Crees que sospecha algo?

−No lo sé, pero creo que no, no hemos hecho nada fuera de lo normal, ahora vamos a trabajar, tenemos que terminar los papeles para la compra de los nuevos hoteles.

−Vamos. −Y así se fueron a trabajar.

Unas semanas más tarde, Dumbledore se daba por vencido no había descubierto nada sobre donde estaba Quirrell y encima la piedra filosofal había desaparecido y no sabía quien había sido, de lo que estaba seguro es que no había sido Harry, cosa que él había esperado cuando le devolvió la capa de invisibilidad.

Sin más problemas, las vacaciones de verano ya no tardaron mucho en llegar y los alumnos terminaban de hacer sus baúles para volver a Londres.

−¿Harry entonces puedo ir a tu casa? −Le pregunto Neville.

El chico asintió. −Claro que si Nev, mi familia nunca me ha prohibido que mis amigos vinieran a verme, solo te aviso que vivo entre muggles y la magia está totalmente prohibida.

−No me importa.

−Estupendo. −Y miro a los demás. −Dean tú ya sabes donde vivo así que pásate de vez en cuando, cerca de donde vivo hay un gran parque si te traes tu bicicleta podemos hacer carreras.

−Se lo diré a mi madre.

−Hazlo. −Y miro a Seamus. −Se que vives en Irlanda, pero con la red flu es rápido llegar. −Y le dio un papel. −Esta es mi dirección, no es difícil llegar, también te he puesto el bus que tienes que coger.

−Gracias. −Le dijo mientras se lo guardaba.

−De nada, también te he apuntado mi numero de teléfono, para que me avises así te esperare.

−Lo hare.

−Sí, igual os espero el 31 de julio es mi cumpleaños y siempre hacemos una gran fiesta en un parque. −Y sonriéndoles miro a su alrededor, sus cosas estaban aun esparcidas y pronto los llamarían para ir a buscar el tren. −Tengo que terminar de guardar mis cosas, sino las dejare aquí. −Y abriendo el baúl se puso a ordenar todo, por suerte lo termino antes de que le avisaran.