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Historia 187550 — capítulo 9
Al día siguiente, por la mañana se fueron a comprar al supermercado para llenar la nevera y después de comer, Jack les fue a buscar y se fueron al museo del transporte.
Allí Harry no fue el único que disfruto, los adultos también y tras horas mirando todo bien, se pasaron por la tienda y compraron unos coches y otras cosas.
El domingo se fueron al museo natural y como el día anterior a Harry le encanto, aunque apenas tenía cuatro años, esos museos eran para su edad, habían muchísimas cosas que ver y a él le gustaban mucho.
Habían dinosaurios y muchísimos animales que ver, al terminar, se fueron de nuevo a la tienda y le compraban animales de juguetes.
El fin de semana termino, y el lunes, mientras Remus y los demás se ponían a colocar los libros que las editoriales les habían llevado que eran más de 500, Jack de nuevo estaba en Azkaban para terminar de escuchar la historia de Sirius, cuando termino se fue a su despacho y después de pasarlo todo a limpio se fue a ver a Remus y al llegar no supo que cara poner, la librería estaba llena de cajas y libros por todos lados.
−¿Qué os han invadido los libros?
Al escuchar eso, sus amigos le fulminaron. −Que gracioso, llevamos más de cinco horas colocando libros, hay que mirar que estén en el albarán luego hay que ponerles los precios y por ultimo ya podemos colocarlos, en cinco horas que llevamos hemos colocado más de 300 y eso gracias a que hemos ido a otras tiendas y nos han prestado las maquinas para el precio, tu solo trajiste dos. −Le dijo Joseph.
−Claro, ¿Cuántas iba a traer? Ahora es cuando más las necesitamos, luego has tendremos muertas de asco, la mitad del tiempo, os ayudo, sino nunca terminaremos. −Le dijo Jack y quitándose el abrigo y dejando las cosas a un lado, se sentó en el suelo y se puso a ordenar libros.
A las dos y media Remus se lavaba las manos y se iba a buscar a Harry, después de estar tantas horas colocando libros la cabeza estaba por explotarle y necesitaba hacer otra cosa.
Como siempre, a las tres Harry salía y estaba vez no iba con las manos vacías.
−Tito mira. −Y le enseño lo que parecía un calendario.
Remus cogiéndolo vio que efectivamente era un calendario de mesa, había pintado los dibujos que había y habían puesto unas pegatinas, tras mirarlo miro a Harry. −¿Lo has hecho en clase?
−Si tito, lo he pintado y también lo he colocado.
El hombre le sonrió. −Está muy bien hecho, lo pondremos en tu habitación para que sepas en que día estas.
−Si tito.
−Ahora le diremos adiós a la profesora Megan y nos vamos para casa.
−Sí. −Y cogiéndole de la mano se fueron a despedir de la profesora hasta el día siguiente.
Como ese día, Harry empezaba música en el centro social, se fueron a su casa y cambiándole de ropa le dio de merendar y se fueron para allí.
El centro social no estaba muy lejos, y era un lugar muy grande estaba justo delante de una plaza y Remus vio que muchos niños entraban.
−¿Tito que es? −Le pregunto Harry.
El licántropo lo miro. −Se llama centro social, aquí dibujaras y estarás con tus amigos.
Entrando se acercaron a la recepcionista. −Buenas tardes.
−Buenas tardes, ¿tienen alguna actividad?
−Sí, música infantil cuatro años.
La recepcionista le sonrió. −Es en este piso, sala 4.
−Gracias.
−De nada.
Remus llevo a Harry a la sala y vio que habían muchos niños, todos de la edad de Harry.
−Oli. −Harry soltando a su tío se acerco a un niño de su edad.
El licántropo que había estado un poco preocupado sonrió al ver que no tendría que haberse preocupado de nada, Harry había encontrado ya un amigo de la escuela.
−Buenas tardes. −Le saludo una mujer.
−Buenas tardes, hoy es el primer día de mi sobrino, se llama Harry.
−Ya lo he visto, veo que conoce a Oliver.
−Sí, creo que es un compañero de la escuela, apenas llevamos una semana y no conozco a sus amigos.
−No se preocupe, es normal, ¿se quiere quedar?
Remus le sonrió. −No gracias, creo que Harry no me necesita, estaba un poco preocupado, pero veo que no lo tendría que haber hecho.
−Los niños son más fuertes de lo que nosotros creemos y cuando ven a alguien conocido se olvidan de sus preocupaciones.
−Ya lo he visto. −Y acercándose un momento a Harry para decirle que lo vería en un rato se fue.
Con Harry en el centro social, volvió a la librería y se puso a ordenar los libros que les faltaba.
Un rato después, ya habían terminado, se habían pasado más de siete horas colocando los libros, pero por suerte ya todo estaba ordenado y algunas cajas habían ido al almacén y otras a la basura.
−Esto ya está. −Le dijo Jack. −Mañana ya puedes abrir. −Y le dio unos cuadernos. −Estos son los libros que hay en las editoriales ahora mismo, solo los tienes que pedir y en menos de una semana los tendrás, aun te quedan espacios para llenar, sin contar los armarios de abajo y el almacen, igualmente el jueves y el viernes se pasaran los representantes de las editoriales para decirte que le iría bien a una librería como la tuya.
−Mejor, ¿Cómo envió mi pedido?
−Por fax. −Le dijo Jack y lo llevo a su despacho. −Es sencillo de usar, solo tienes que marcar el numero y enviar el papel. −Y se puso a enseñarle cómo funcionaba.
−Es sencillo. −Le dijo Remus un rato después. −Quiero terminar de llenar las estanterías.
−Lo es, con el pedido que tu envíes y con el que te cojera el representante la semana que viene ya tendrás toda la libreia llena.
−Mejor.
−Sí, ahora tengo que tomarte declaración, tengo que saber que paso con James y Sirius.
Remus asintió. −Sí. −Y miro a sus padres. −¿Vais a buscar a Harry?
−Claro, tú ves con Jack así cuanto antes terminéis antes podrá pedir fecha para el juicio de Sirius.
−Sí. −Y cerrando bien la tienda hasta el día siguiente, Remus y Jack subieron al piso mientras los Lupin iban a buscar a Harry.
Al llegar, vieron que habían mas adultos esperando a que terminaran de tocar la pieza que estaban tocando.
Harry estaba muy concentrado, tocando un xilófono, cuando terminaron la profesora les sonrió.
−Lo habéis hecho muy bien, por hoy ya hemos terminado, guardar los instrumentos en su sitios e iros con vuestras familias.
−Si profe. −Y levantándose cogieron las cosas y las guardaron donde le dijeron.
Harry guardando su xilófono se fue con sus abuelos.
−Abu. −Harry se acerco. −¿Esta bonita?
Hope le sonrió. −Está muy bonita la canción, despídete de tu profesora, que ya nos vamos.
−Sí. −Y diciéndole adiós a su nueva profesora se puso su abrigo que estaba colgado de la percha de pared con los abrigos de los otros alumnos y se fue con sus abuelos.
Al llegar, mientras Remus terminaba de hablar con Jack, Harry se ponía con los deberes y cuando termino ya se baño para cenar.
El testimonio de Remus llevo un poco más de tiempo, a eso de las ocho ya habían terminado y Jack le decía que ya mañana presentarían la documentación en el juzgado.
Al día siguiente, Jack antes de irse al juzgado para llevar los papeles para el juicio de Sirius, se pasaba por la librería justo a las nueve cuando Remus y Hope abrían.
−Buenos días.
−Buenos días. −Remus lo miro. −No sabía que vendrías.
−Os he traído algunas cosas. −Y abriendo su bolsa saco una caja de caudales. −Para que guardéis el dinero por la noche o los fines de semana.
−Gracias.
−De nada, hay más. −Y le dio una bolsa de banco. −Aquí teneis algo de dinero para que tengáis suelto. −Y también les dio un libro. −Es un libro de contabilidad para que vayáis apuntando los libros que vendéis así sabréis que libros se venden más.
−Gracias. −Dijo Hope.
−De nada, y por ultimo un regalo. −Y saco un reloj de pared redondo con libros en vez de números. −Es un regalo de todos.
−Gracias. −Remus cogiéndolo lo colgó en un lado. −¿Cómo queda?
−Estupendamente, ya me voy tengo que ir al juzgado, nos vemos.
−Sí. −Y despidiéndose, Jack se fue y Remus y su madre ordenaron las cosas que el abogado les había llevado y mientras esperaban a que entrara algún cliente, se pusieron a hacer un nuevo pedido para terminar de llenar las estanterías.
Unas horas después, Remus y Hope estaban muy contentos, en apenas cuatro horas habían vendido como 10 libros, según lo que les habían dicho los clientes, por esa zona no habían librerías y tenían que ir más allá del mercado que estaba como a 10 manzanas y no era tan grande.
Remus estaba terminando de cobrar, cuando la puerta se abrió y entro su padre con una gran sonrisa, luego le preguntaría ahora terminaría con su cliente.
−Gracias por todo, pásese cuando quiera.
−Lo hare, he visto que tienen muchos libros.
−Y pronto tendremos más.
−Entonces nos vemos. −Y despidiéndose se fue.
Cuando se quedaron solos, Remus y Hope miraron a Lyall. −Por esa sonrisa creo que han ido muy bien las cosas.
−Estupendo. −Les dijo el hombre. −Ya tengo trabajo, justo cuando salía de dejar mi curriculum una editorial que no está muy lejos, la recepcionista me ha ido a buscar su jefe me ha hecho una entrevista, parece ser que estaban buscando a alguien y me darán una oportunidad.
−Eso es estupendo. −Le dijo su mujer abrazándolo. −¿Y de que es el trabajo?
−Es en una revista, investigan sobre casas, y objetos antiguos, les he preguntado si hablaban de personas y cosas así, y me han dicho que no, que a sus lectores lo que les interesa son casas embrujadas y objetos malditos, así que será muy entretenido. −Y de su carpeta saco una revista. −Es esta.
Remus cogiéndola se puso a leerla por encima. −Vaya, da hasta miedo. −Dijo enseñándoles la foto de una casa embrujada.
−Será muy interesante.
El licántropo miro a su padre. −Me alegro papa, ¿y cuando empiezas?
−Mañana, ahora tengo que ir a hacerme una cuenta de banco, la única que tenemos es la de Harry, la de la librería y la de tu madre. −Como había estado trabajando toda su vida en el ministerio mágico nunca había tenido necesidad de hacerse una cuenta muggle hasta ahora.
−También tenemos la mía. −Le dijo Remus.
Lyall le sonrió. −Quiero tener una para mí solo.
−Vale. −Dijo el licántropo sonriendo. −Eres peor que Harry cuando quiere algo.
−Claro es la primera vez que tengo una así. −Y riéndose les dijo que no tardaba, el banco no estaba muy lejos.
−Me alegro por papa. −Le dijo Remus a su madre.
−Lo sé hijo, ahora que tu padre tiene un trabajo que le gusta y donde nadie le dirá nada, estará mejor.
−Sí. −Remus contento por su padre siguió trabajando, tenía que terminar de hacer la lista de los libros que pedirían.