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Albus, Rose y Scorpius — capítulo 11

Durante las primeras clases estuvieron evitando ir al despacho, pero finalmente Rose dijo que sería peor si no se presentaban frente a McGonagall. Así que, después de Herbología a la tercera hora, se diriguieron a la Torre del Director, donde estaba la gárgola. La estatua, al verlos, los dejó pasar, sin necesidad de decir una contraseña. Eso significaba que McGonagall quería hablar con ellos lo más rápido posible.

Subieron las escaleras en caracol que había dentro. Al final de estas estaba una puerta, a la cual tocaron debilmente. Alguien les dijo un seco "pase". Dentro solo había tres personas: la directora y los jefes de las casas de los chicos. Era obvio que ya los estaban esperando, pues los tres tenían expresiones duras.

— Un gusto, muchachos— los saludó McGonagall—. Vengan, sientense.

— Tenemos algo de lo que hablar— les dijo Flitwick, poniendose al lado de Rose, que bajó la cabeza.

— Ahora, ¿alguno me puede decir cómo se enteraron de las acromántulas?— la voz de McGonagall sonaba entre curiosa y enojada. Los tres les contaron todo lo que había sucedido, aquella visita a Hagrid.

— Cuando salimos de la cabaña— relató Scorpius—, vimos algo en el límite del bosque. Nos acercamos para ver mejor y nos encontramos con una acromántula. Nos intentó atacar, pero fuimos más rápidos y logramos escapar.

— ¿Y cómo han escapado?— preguntó Flitwick—. Es imposible que un trio de chiquillos haya podido escapar de una acromántula.

— Con el hechizo Arania Exumai— respondió Rose, intentando permanecer calmada.

— ¿Saben hacer ese hechizo?— preguntó Slughorn, impresionado—. ¿Dónde han aprendido a hacerlo?

— Yo lo sé, porque mi padre lo hace todo el tiempo— respondió Rose, al instante. Sus nervios parecían a punto de traicionarla.

— ¿Ron Weasley te ha enseñado a hacer un hechizo, antes de entrar al colegio?— McGonagall arrugó la nariz. Ese chico debía de ser bastante idiota, para enseñarle a una niña a hacer un hechizo.

— No, a él le dan miedo las arañas, así que siempre lo hace cuando ve una araña— Scorpius soltó una carcajada, antes de poder contenerse. Una araña, a un heroe de guerra le daban miedo unos insectitos tan pequeño. Rose se sonrojó al oírlo reír.

— Y al ver una araña gigante pensó que serviría— había cierta burla en la voz de Flitwick.

— Pero funcionó. No nos comió esa cosa— le peleó Rose, a la defensiva.

— No lo niego— interrumpió McGonagall—. Pero ¿por qué no han dicho nada?

— Porque queríamos olvidarlo. No pensamos que fuera nada trasendental— dijo Albus, con voz queda.

— Hasta que Rose oyó en clase de historia que ya no debería de haber acromántulas— continuó contando Scorpius.

— Luego empezaron las vacaciones, y cuando regresamos y vimos a los heridos… No queríamos que nada de esto pasara— terminó Albus.

— Lo que han hecho… ocultar información, entrar al bosque… debería expulsarlos— afirmó duramente McGonagall. Los tres soltaron respingos, ni siquiera habían terminado su primer año y ya los habían expulsado.

— Pero, Minnie— interrumpió Slughorn—. ¿No te das cuenta del talento que tienen?

— Disculpame Horace, pero creo que no te entiendo.

— Han salido de Hogwarts sin ser detectados…

— No creo que eso sea un merito— interrumpió Flitwick, que trataba de controlarse. A él también se le hacía increible la destreza que habían mostrado esos niños…

— No— reconoció Slughorn—. Pero, vamos Flilius. Derrotaron a una acromántula. ¿Cuándo has visto eso en unos niñitos de once años? Además, ni siquiera nos habríamos enterado que estaban en la misma habitación que nosotros anoche, si ellos no hubieran hablado.

— Lo que han hecho está mal— habló McGonagall enojada—. Y eso lo deben de pagar con un castigo.

— No niego que deben de tener un castigo— aseguró Slughorn—, pero no creo que se merezcan la expulsión.

McGonagall se quedó un momento en silencio, como todos. Pensó y pensó y pensó. Hasta que finalmente tomó la decisión que tal vez Dumbledore hubiera tomado.

— No serán expulsados— dijo la directora. Los tres amigos suspiraron, al menos ya no serían expulsados de Hogwarts—. Pero los cuatro pasaremos un tiempo juntos en las proximas tres semanas.

Slughorn, desde esa vez, se veía mucho más complice al trio, pero casi no tenían tiempo para hablar. McGonagall ocupaba todos sus espacios libres con castigos, no solo con ella sino ayudando a otros profesores que lo necesitaran, por ejemplo, conocieron a Trelawney, que enseñaba Adivinación. Los tres la tacharon de loca y decidieron no apuntarse en su clase para tercer año. Y también, durante las noches de viernes y sabados, ayudaban a Filch a cuidar los pasillos.

Tan poco tiempo libre tenían que aún no le había devuelto la Capa y el Mapa a James. De vez en cuando, si Filch no estaba cerca, sacaban el Mapa para saber donde estaban las personas. Habían descubierto que, si atrapabas a una o dos personas una noche, él te dejaba ir más temprano a la siguiente.

No hubo más ataques durante el tiempo que ellos estuvieron cumpliendo los castigos. Pero a los que habían sido mordidos se los llevaron a San Mungo, pues no parecían mejorar. McGonagall, gracias a Merlín, no había dicho al resto de Hogwarts que había pasado. Y ellos no lo dijeron a nadie. De hecho, todos los primos Weasley ( y Theo Nott) se preguntaban porque los habían castigado.

Claro, sabían que había sido por algo, porque les habían quitado 50 puntos a cada uno, lo que significaba que Slytherin iba perdiendo en la Copa de las Casas, pues habían perdido 100 puntos, y Ravenclaw también iba atrás de Hufflepuff y Gryffindor.

El último día que tendrían castigo con Flich sería un sabado por la noche. Así que estuvieron enfrente de la puerta de su despacho a las nueve y media en punto. El ya muy viejo squib salió del despacho, con la lampara en mano. Su gata, la señora Norris, tampoco había mejorado de la mordida, por lo que era todavía más desagradable de lo normal.

— Me alegra que sea la última vez que los tenga aquí, no puedo evitar querer colgarlos… — sus comentarios tan agradables como siempre. Se separaron buscando a alguien que aun no se hubiera acostado. Albus se alejó lo suficiente para poder sacar el Mapa del Merodeador.

Al hacerlo, se percató que Rose estaba a nada de capturar a alguien llamado Craig Betcher, que estaba al otro lado del pasillo donde su prima favorita estaba. Sonrió, ella se iría primero. Rose sin duda era la que menos se merecía el castigo, porque fue quien los trató de convencer de decir lo de las acromántulas. Normalmente ella siempre era así, y apreciaba mucho que se preocupara así por la gente. La quería mucho, si lo pensaba.

Así que su grito le heló la sangre.

Se dió cuenta, por el mapa, que el tal Craig avanzó y arrebazó a Rose, que se quedó en su lugar. Estaba algo lejos de ella, quien estaba cerca era Scorpius. Vio como la gotitas de tinta que tenían su nombre se acercaban con rapidez a donde estaba su prima. Se dio media vuelta, para poder ir donde estaban. La luz de su varita iluminó una acromántula.

La bestia se lanzó encima de Albus, que cayó al suelo. Gracias a todo lo bueno, al caer la acromántula salió volando por otro lado. Lo malo es que la varita también voló con la araña gigante. Como el hechizo Lumos seguía funcionando, no le fue difícil identificar su ubicación en medio de la obscuridad. Pero la acromántula estaba a un lado de la varita. Albus como pudó, pasó a un lado de la araña y tomó la varita, y la acromántula lo atacó por la espalda. Literal.

Se tiró nuevamente sobre el niño, pero esta vez ni cayó, sino que chocó contra la pared. Sintió como la acromántula estaba apunto de morderlo, e hizo lo primero que se le vino a la mente, sacudirse. Se movía freneticamente, y finalmente la bestia patuda lo soltó, sin poder atinar a darle un bocado.

Al voltearse, de dio cuenta de la acromántula seguía ahí, detrás de él. El hechizo se le vino a la mente como un flash. Apuntó con su varita a la acromántula y gritó:—. ¡Arania exumai!

La acromántul salió volando por otro lado, siendo repelida. Se estrelló contra la pared y se quedó inmóvil. El golpe la había matado. Albus, sudoroso y nervioso, se diriguió a donde había dejado caer el mapa del merodeador. Ya no estaba, buscara por donde buscara.

Oyó un gruñido detrás de él. Era otra acromántula.

Está vez solo le vastó con hacer el hechizo arania exumai, la araña salió volando fuera del pasillo, pero volvió, acompañada de otras dos compañeras. Les lanzó el hechizo tantas veces como pudo, pero siempre regresaban con más.

Llegó un punto que no podía lanzarles el hechizo a todas, y en un ataque de pánico, echó a correr. Corrió como pudo, alejandose del pasillo pero, claro, las acromántulas lo siguieron. Intentó perderlas, pasando por varios pasillos varias veces, pero eran listas, y no le perdían la vista.

— ¡¡Al, Al!!— oyó un grito de alguien llamandoló. La voz, siguiendola, salía de un salón de clases. Entró de inmediato en él. Dentro estaba Scorpius, que cargaba con una Rose inconciente—. ¿Qué pasó, Al? La encontré así y… ví a alguien, ví a alguien atacandola. ¿Qué pasa?

— No lo sé— susurró el azabache—. Afuera hay acromántulas.

— ¿Acromántulas? ¿Nos están atacando? ¿Te mordieron?

— No lo lograron.

— ¿Y ahora qué hacemos?— preguntó el rubio, desesperado. Sus ojos estaban abiertos de miedo, y Albus lo comprendía. Nunca se habían visto en esa situación, no sabían que hacer no como reaccionar. Tenían miedo, eso era seguro.

— ¿Sabes cómo hacer que… que despierte?— le preguntó Albus a Scorpius, que negó con la cabeza. De lujo, Rose era la que pensaba, el cerebrito del grupo. Ella sabía todo lo que ellos no aprenderían hasta último curso… Bueno, si llevaban a último curso.

— ¿Entonces qué hacemos?— volvió a preguntar Scorp.

Albus miró a su alrededor. Estaban en… en el salón de Hechizos. ¡Ahí debía de haber algún libro para deshacerse de tantas araña!

— ¡Ya sé! ¡Petrificus totalus!— exclamó Scor—. ¡Hay que lanzarles el hechizo!

— ¡Alohomora!— alguien desde afuera abrió la puerta, pero entraron todas las arañas, y ya no había nadie en la entrada. Ambos chicos soltaron varios gritos, antes de poner en práctica la idea de Scorpius.

— ¡Petrificus totalus, petrificus totalus, petrificus totalus!— gritó Scor, dando en el blanco las tres veces. Albus imitó a su amigo. Pero eran muchas, muchas más de las que eran cuando Albus estaba en el pasillo. Habían llegado más, y eso no era en lo absoluto bueno.

Una acromántula decidió no atacar a Albus ni Scorpius, sino a la desmayada Rose. El primero que se dió cuenta de eso fue Scorpius, que le lanzó una arania exumai a la acromántula. Salió volando por otro lado.

Luego el rubio se pusó enfrente de Rose, evitando que otra intentara morder a la pelirroja. Desde ahí, detrás de una banca, lanzaba los hechizos.

Pero luedo de un tiempo resultó inutil, por cada acromántula que derrotaban, llegaban otras cinco. Alguien, ese tal Craig tal vez, las estaba enviando. Al poco rato, ambos chicos habían empezado a cansarse, y solo llegaban más y más.

Ambos no habían tenido un buen dormir, y ya no estaban dando en el blanco tan rápido. Por la puerta, entró un rayo de luz. Alguien había ido a ver que sucedía. De pronto se oían gritos, gritos de horror—. ¡¿Qué crees que estás haciendo?! ¡Dejalos!

Pero alguien entró en la habitación. De su varita salió un chorro de luz roja, y todo se obscureció para Albus y Scorpius.

Je, he decidido que lo dejare aquí, solo para hacerlo más cruel!!! JAJAJA Pero recuerden, CRUEL es bueno!! :P Okno. Espero que les haya gustado el capitulo. Me mate para lograr hacerlo :O Gracias a Zoekai por haber comentado!! Un saludo