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Albus, Rose y Scorpius — capítulo 12

Albus despertó. Tomó una gran bocanada de aire fresco, antes de sentarse. Estaba, por lo que reconocía, en la enfermería. Miró a su alrededor, pero solo había cortinas color blanco, separando la camilla del resto; aun así, le llegaba un pequeño rayo de sol mañanero. Recordó a Scorpius y Rose, y se quiso poner de pie. Quería saber que había pasado, dónde estaban sus amigos. Una voz, la de Pomfrey, pedía a gritos que las personas que cayaran. Eso hizo que se volviera a acostar, fingiendo que seguía inconciente.

— ¡¿Cómo planeas que me calme?!— preguntó una voz, escandalizada—. ¡¡Mi hijita fue atacada por un montón de arañas!!

— Señor Weasley, le pido que guarde el orden. Su hijita, junto con otros dos chicos, está descanzando del ataque.

— Ron, por favor, callate. Despertarás a Rosie— la voz de su tia Hermione tampoco se oía muy tranquila, pero al menos no gritaba tanto. El tio Ron ya no hablaba, pero Albus podía decir con seguridad que estaría de brazos cruzados y gruñendo debilmente, como siempre que se enojaba.

— ¿Qué ha pasado? ¡He venido lo más rápido que pude!— la voz de Ginny Potter hizo eco en toda la enfermería. Pomfrey la mandó a callar—. Harry viene en seguida— susurró, lentamente, para que la enfermera no la regañara. Si no estuviera fingiendo estar dormido, probablemente hubiera empezado a reír.

— ¡¡No puedo entender por qué ha pasado esto!!— volvió a estallar el tio Ron. Albus oyó un golpe sordo. De seguro la tia Hermione lo había golpeado para que se cayara—. La seguridad era mucho mejor cuando yo estaba en la escuela…

— ¡¡Claro que no!!— gritaron Ginny, Hermione y Pomfrey. Ron rió casi inaudible.

— ¿Cuándo podré ver a mi hija?— preguntó Ron.

— Cuando despierte— aseguró Pomfrey.

— Y eso será…

— Ron, Pomfrey nos ha salvado incontables veces. Deberías dejar de ser tan rudo con ella— Harry, su padre, había llegado a la habitación.

— ¡Oh, Harry! Atacaron a Albus— se lamentó su madre. Albus rodó los ojos al oír la voz de Ginny cargada de preocupación.

— No te preocupes, estoy seguro que no le ha pasado nada malo— la consoló Harry.

— Pues así es, señor Potter— le confirmó Pomfrey—. Lo único que pasó es que, al momento de recibir el encantamiento aturdidor, cayó muy fuerte, dandose un golpe en la cabeza. Tranquilizese, señora Potter, a su hijo no le ha pasado nada malo.

— ¿Y qué me dice de mi hija?— interrumpió Ron, impaciente.

— No puedo decirlo con claridad. Es como si… le hubieran lanzado un hechizo raro. No parece ser un Desmaius, pero tampoco nada que yo conozca.

— Pero ella está bien, ¿no?— preguntó Hermione, ya más preocupada.

— Ella está excelentemente.

De pronto, la cortina que dividía la cama de Albus con el resto se abrió, forzandolo a cerrar los ojos de golpe. Pronto sintió la mano cálida de su madre envolviendo la suya, transmitiendole calor y cariño. Sintió como le acariciaban el pelo. Oyó a su madre hablandole cariñosamente, antes de hablar.

— James se va a enterar— parecía más una amenza que un comentario.

— ¿Y eso por qué?— oyó a su tio Ron gritar, medio riendo.

— Él tendría que haber estado con su hermano cuando esto pasó…

— La situación es muy extraña. Nadie sabe qué fue lo que los atacó. No creo que valga la pena irse contra James— opinó Harry.

— Igual, a ti también te irá mal, pequeñín. ¿Por qué los Potter creen que romper reglas es buena idea?

Oh, rayos, pensó Albus. Su mamá, en cuanto revelara que estaba despierto, lo regañaría por lo que había hecho. A mi defensa, se preparó el azabache, estaba a cargo de Filch. Si, eso. Con lo mucho que odia a Filch…

Se oyó puerta abrirse, y la enfermería se quedó en silencio. Ya no se oía ni la voz del tio Ron quejandose que Rose seguía sin despertar. Se oyeron pasos resonando por la sala. La madre de Albus seguía sosteniendo la suya, pero ahora con un poco más de fuerza.

La enfermera Pomfrey empezó a hablar, explicandole a alguien otra vez lo que había sucedido la noche anterior.

— Un gusto, Potter— saludó alguien. La curiosidad obligó a Albus a abrir discretamente un ojo. Era como ver a Scorpius en el futuro, el hombre era igual a su amigo, el mismo cabello, la misma mirada gris. La unica diferencia era que las facciones no eran tan agulares, pero por el resto eran iguales. Ese debía de ser el padre de Scor, Draco Malfoy.

Al instante cerró los ojos, pues su madre volvió a acariciarle la mano, signo que ya había recuperado la atención de su pelirroja madre.

— Malfoy— respondió su padre, con la voz bastante cortante. Cuando decían que no se llevaban bien, es porque no se llevaban bien.

Sin que Albus lo observara, el señor Malfoy pasó por enfrente de la camilla de el azabache. No pudo evitar notar que el chico era exactamente como su padre, su enemigo declarado. Después de esa cama, se encontró con Weasley y Granger, que estaban practicamente sobre una pequeña de pelo alborotado y pelirrojo. Weasley ni siquiera le dirigió la mirada, y Granger lo saludó con la cabeza, casi imperceptible.

Luego llegó a la camilla donde su hijo estaba. Parecía abandonado, viendo como los padres de los otros dos niños estaban con ellos. El pelo rubio le tenía cubierta la frente. Scorpius, al igual que los otros dos niños, parecían haber tenido la peor experiencia de su vida. Cuando Astoria se enterara de eso…

Se sentó a un lado de su hijo, en una silla. Casi de inmediato, él despertó. Scorpius miró desconcertado a su padre durante de unos instantes, antes de preguntar:

— ¿Dónde están Albus y Rose?

Los otros padres estiraron el cuello, para ver al pequeño niño que había preguntado eso. Ron Weasley miró con resentimiento al rubio, aun no le parecía del todo bien que su hijita se hubiera hecho amiga de un Malfoy.

Albus abrió los ojos de golpe. Estaba seguro que ese había sido su amigo. Sus padres se sobresaltaron al verlo. Luego se pusieron completamente felices de que estuviera bien de salud.

— ¿Pero no sabes que lo hiciste está mal?— le gritó su madre cinco minutos después de haberle dado un enorme beso en el cachete.

— No lo creo, tia Ginny— murmuró una vocecita. Era Rose, quien recien despertaba.

— Oh, Rosie— su padre se abrazó a la niña, casi llorando. Rose le devolvió el brazo con impetú.

— Me alegra saber que los tres están bien— aseguró Pomfrey, con una sonrisa conforme, mientras quitaba las cortinas que los separaban, dejandolos ver unos a otros. Albus se sintió más tranquilo de ver a los dos igual que siempre—. Ahora, vengan aquí. Les daré unas revisiones y después irán a ver a McGonagall.

Las caras de los tres fue un poema. Los tres estaban seguros de que no solo los expulsarían, sino que les quitarían las varitas. McGonagall no estaba contenta la última vez que la vieron, esta vez estaría furica.

— Bueno, una buena aventura no es buena aventura si no se pasa por el despacho del director— le dijo Harry a su hijo, que rió ante la broma. Pero seguía preocupado por su visita próxima a la directora.

Los tres se pusieron de pie casi sin ningún problema. Rose hizo un gesto de dolor, pero no dijo nada, y Scorpius se mareó. Ron casi se río de eso. Los cinco adultos los miraron atentos, mientras salían de la enfermería. Y luego de eso empezó un silencio incómodo.

— Así que… nuestros hijos son amigos— Hermione parecía apunto de salir corriendo por la incomodidad.

— Así es— Draco asintió con la cabeza.

— Te lo advierto, Malfoy. Si tu hijo se intenta pasar de listo con cualquiera de ellos, tu serás el primero en lamentarlo.

Albus, Rose y Scorpius practicamente desfilaban por los pasillos, derecho al despacho de la directora. Habían despertado justo cuando todos los alumnos estaban vagando por el castillo. James y Fred estaban ahí, haciendo bromas. Al verlos se pararon, pero no les dijeron nada.

Luego encontraron la gárgola. Se abrió al verlos nuevamente. Subieron lentamente por las escaleras de caracol. Era un hecho, los expulsarían de Hogwarts. Habían metido la pata, y mucho.

En el despacho estaba McGonagall, escribiendo una carta. Los vio y con la mano los invitó a sentarse. Los tres, en silencio, tomaron asiento en las tres sillas que había frente a su escritorio. Sin embargo, no habló. Terminó de escribir la carta unos diez minutos después. Los tres amigos solo atinaban a tragar saliva, esperando la muerte definitiva.

Guardó la carta en un sobre con el sello de Hogwarts. Se levantó de su asiento, se diriguió a la ventana, donde aguardaba una hermosa lechuza que tenía un color cobrizo. Le ató la carta a la lechuza, y luego esta salió volando. McGonagall los miró atentamente, mientras los tres se acomodaban derechos.

— Hacía mucho, mucho tiempo que no conocía a un grupo de chiquillos que era capaz de meterse en tantos problemas, solo por curiosidad— su voz era estricta, y los miraba reprobatoriamente—. Hace mucho que no tenía que lidiar con la responsabilidad de los actos de unos niños. Parece una mentira que ustedes, ya habiendo sido regañados, hubieran intentado resolver las cosas por ustedes mismos.

— Pero estabamos en el castigo— susurró Rose, avergonzada.

— ¿Y no creen que deberían de haber avisado a un profesor, o al señor Filch?— preguntó la mujer, enojada.

— Pero profesora, no había tiempo de avisar a nadie— se defendió Scorpius—. Atacaron a Rose, y luego me intentaron atacar a mí. Tuvimos que salir corriendo para evitar que nos mataran.

— De eso estoy totalmente de acuerdo, señor Malfoy. Mi problema es ¿qué les hacía pensar que podrían derrotar a un ejercito de acromántulas ustedes solos?

— ¿Que hicieron qué?— preguntó Rose, espantada. Ella, recordó Albus, ya estaba desmayada cuando casi todo había pasado.

— Me gustaría saber que ha ocurrido la noche pasada— les pidió la directora.

— Pues… — murmuro Scor, trás minutos de silencio—, estabamos en el castigo con Filch. Él nos dejó solos para que buscaramos a alguien que no estuviera en sus salas comunes. Ví que alguien pasó muy rápido a mi lado, así que lo seguí. Unos minutos después de que le perdí la pista, oí a Rose gritar— la aludida se pusó roja—. La encontré desmayada y ví como alguien se alejaba de ella, así que me la lleve a un salón vacío. Ahí, llamé a gritos a Albus para que pudiera encotrarnos.

— Junto con quien los intentaba encontrar— le reprochó MacGonagall, pero lo dejó hablar.

— Entre en pánico— se sincerizó Scor—. Cuando Al llegó, también llegaron muchas acromántulas. Intentamos que no nos atacaran, con el hechizo, pero eran muchas.

— Y gritaban mucho— les informó la directora—. No tardamos en darnos cuenta que estaba pasando. Y, si señor Malfoy, eran muchas acromántulas. No había conocido hace mucho a un grupo de chicos que fueran capaces de todo lo que han hecho, en primer año— reconoció McGonagall. No han actuado con lógica, pero han hecho lo que es correcto.

A los tres chicos se les iluminó la mirada. Al menos, no parecía que los iba a expulsar. El rayito de esperanza estaba ahí. Aparentemente, pasarían a segundo mucho mejor.

— Y por su falta de lógica los llevara a perder otros cincuenta puntos a cada uno— los tres sintieron como si los hubiera golpeado. Era lo más probable, si no los iba a echar. Pero no esperaban eso otra vez. Habían perdido puntos para su casa, otra vez. La primera vez nadie sabía porque les habían quitado puntos, pero con esa vez deducerían que era por ellos. Iban a recibir bastantes miradas feas en lo que restaba de curso—. Sin embargo, cuando aun no era directora, era jefa de Gryffindor. Esa fue la última vez que me hice cargo de unos chicos tan irresponsables como ustedes. Y esos chicos hicieron cosas brillantes poco tiempo después. Eso fue en parte porque el director que había en ese tiempo, Albus Dumbledore, los apoyó mucho en sus decisiones. Así que, les daré cien puntos a cada uno.

Los tres se sintieron estallar de felicidad. Les habían regresado los puntos que habían perdido, lo que significaba que Slytherin, con 200 puntos más, iría a la cabeza junto con Gryffindor. Y Ravenclaw justo detrás.

Los tres le dieron las gracias a la directora. Y ella les dió permiso de retirarse del despacho. Iban a irse, cuando Albus recordó un punto un tanto misterioso sobre la noche pasada

— Profesora— le llamó, deteniendose. McGonagall lo miró, sorprendida de que siguiera hablando—. Creo que quien atacó a Rose se llama Craig Betcher, ¿quién es él?

McGonagall lo miró dublitativa, antes de ponerse otra vez firme, y hablar—. Ustedes tres ya se envolvieron demasiado en este asunto. Creo que es hora que se concentren en sus clases. Buenos días.

— Buenos días— dijeron los tres y salieron por la puerta.

— ¿Y eso cómo lo sabes?— le preguntó Rose, cuando la gárgola se volvió a interponer en la entrada del despacho.

— Lo ví en el Mapa del Merodeador.

— Lo mejor será olvidarnos un tiempo de esto— aseguró Scorpius—. ¿Creen que nuestros padres ya se habrán ido?

— Pues eso, o ya se están matando entre ellos— los tres rieron.

Ya sé, es muy aburrido, y de por si me tarde un poco. Pero ya no se me ocurrió que más hacer para su primer año. Lo lamento. Si no me llega inspiración, unos dos capítulos más y se acaba el primer años!! Yeih, aunque duro poco! Igual, gracias a los casi 60 favoritos! :) Espero que les haya gustado