Albus, Rose y Scorpius — capítulo 2
El rumor de que Rose había echado un confundus a un chico de séptimo se corrió como pólvora por todo el castillo. Pero, claro, nadie sabía muy bien porque lo había hecho. Casi en ninguna versión de los hechos se mencionaba a Scorpius, únicamente a Albus. Y el rubio daba las gracias por ello.
Ya hacían dos días desde que Rose le había salvado de una pelea más. Pero no se atrevía a volver a hablarle; siempre terminaba pensando que no lo había hecho por él, sino por su primo. Y, aunque no lo iba a admitir nunca, no quería saber si así era.
Scorpius había sido muy maltratado por los alumnos de grados más grandes, durante las primeras semanas de clases. Muchas personas más lo habían oído quejarse, lo habían visto siendo víctima de la magia de alguien más. Pero nadie había dado la alarma. Nadie le avisó a la directora McGonagall de lo que había visto. Y Malfoy había sentido un vuelco al corazón cuando vio que alguien, por primera vez, había dado señas de preocupación por él.
Y eso lo había conmovido.
No quería enterarse por quién lo había hecho, si por su primo o por él; no sabía la verdad, pero quería pensar en la chica de rizos pelirrojos como alguien que lo había protegido, como alguien, además de su familia, que se tomara la molestia en pensar en él como un ser humano normal, no como un mortífago.
Claro que volvieron a aparecer esos chicos que lo intentaron atacar. Pensaron que quien había echado el conjuro fue él, para protegerse. Y le dieron una paliza a lo muggle.
Albus no intentaba hacerle mucha platica, pero le insistía que le dijera si alguien lo había molestado durante el día. Y le dijo lo de la golpiza. Albus, preocupado, se lo dijo a McGonagall. Durante esa semana que había transcurrido y por el resto del año, a palabras de la directora, estarían ayudando al celador Flich, en vez de golpear a chicos de primero.
Pero, aun así, nadie relacionaba ese regaño que McGonagall le dio a los chicos de Gryffindor con el incidente de Rose.
No es que estuviera deseando poder decirlo a voz alta, pero no podía comprender como no unían los puntos.
Rose Weasley apenas le hablaba, pero cuando se encontraban frente a frente, ella le dedicaba una tierna sonrisa, y luego continuaba su camino, con Alice Longbottom a su lado. Albus, cuando lograban entablar una conversación normal, le decía que Rose tenía una mente brillante (¡por algo fue sorteada en Ravenclaw!) y que estaba muy concentrada en sus estudios. Y que había sacado el cerebro de su madre, Hermione Granger, o, bueno, Weasley.
Scorpius recordaba uno que otro relato acerca de la mujer hija de muggles que fue compañera de su padre. Draco Malfoy admitía una y otra vez que nunca fue muy caballeroso especificamente con la mujer (en su momento, chica); y, con ese relato, Draco esperaba enseñarle a Scorpius que los hijos de muggles no eran menos que los sangre pura, como su familia.
Y la verdad se hacía la idea del cerebro de la pelirroja. Casi cada día, a Ravenclaw le daban diez puntos por todas las respuestas correctas que ella daba a los profesores. Slytherin no compartía clases con Ravenclaw, solo la de Defensa Contra las Artes Oscuras. Y ahí siempre se lucía.
Ella siempre era quien lograba hacer un encantamiento o maldición primero. Y se sabía la teoría de pies a cabeza. Pero ellos apenas se hablaban.
Albus y Scorpius se hablaban pocas veces, pero se hablaban. Para ambos, era casi como tener un amigo. Solo que… pues, no lo eran del todo. Y Scorpius tenía un lindo recuerdo de la pelirroja, pero nada más.
Pero eso cambió casi un mes después del incidente de la biblioteca.
Iba saliendo de Defensa Contra las Artes Oscuras, después de que el profesor no les dejara tarea, lo que lo hizo salir con la guardia baja.
En la mañana, alguien puso unas pastillas vomitivas en el desayuno de James Sirius Potter, el hermano mayor de Albus. Y, sin poder evitarlo, Scorpius había reido un poco, al ver al chico vomitando sin parar. Pero él no había puesto esa pastilla ahí. No se atrevería.
Pues resultó que alguien que lo había visto reír, había extendido el rumor de que él había sido el autor de la broma. Y, al salir del aula, James estaba ahí, esperandolo.
— ¿Se te hace muy divertido ver a alguien vomitar, Malfoy?— preguntó con sorna el azabache.
— N-no— respondió el rubio, temblando.
— ¿No? ¿Entonces por qué lo has hecho?— la cara del chico estaba roja del enojo, no muy buena señal.
— Yo no fui. No sé quien fue— aclaró Scorpius rápidamente. James lo tenía bien agarrado del cuello y acorralado contra la pared.
— ¡Ja! ¡Claro que fuiste tú, maldito…!
— ¡¡Ya te ha dicho que no fue él!!— gritó alguien. Ambos chicos voltearon a ver de donde venía la voz.
Albus esta cruzado de brazos a escasos metros de ellos, y Rose a su lado, que no se veía nada contenta. Alice veía la escena a lo lejos, atónita.
— ¿Qué hacen aquí?— preguntó James, con voz mucho más calmada, que no encajaba lo más mínimo con la situación.
— También tomamos la clase— dijo Rose, que sonaba contenida.
Scorpius sintió como las manos de James se aferraban con fuerza a su camisa, y temió que le fuera a dar un puñetazo. Pego la cabeza a la pared. Entonces llegó el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Observó la escena contrariado. James Potter tenía contra la pared a Scorpius Malfoy, mientras que Albus Potter y Rose Weasley estaban a un lado, de brazos cruzados, y el resto de los alumnos alrededor de ellos.
— ¿Potter, qué haces? ¡Sueltalo inmediatamente!
Pero James, conmocionado, no lo soltó. En su rabia, no había pensado en el hecho de que el profesor seguría cerca. Y se sentía decepcionado.
— ¿No has oido? ¡Sueltalo, James!— Rose, enojada, empujó a James que, desprevenido, casi cae al suelo, soltando a Scorpius. Albus corrió a su lado, preguntandole si estaba bien, que si su hermano mayor no le había hecho nada. Y Rose también se mostró preocupada.
Eso resultó en una reacción en cadena de sorpresas. Y los más sorprendidos eran Scorpius y James.
El primero había pensado que si ambos chicos estaban ahí era para apoyar a James, cosa que el susodicho también pensaba. Pero lo que más había sorprendido al azabache era el empujón que la pelirroja le había dado. Junto con Fred, Rose era su prima favorita. El siempre había sido muy unido a la pelirroja de pelo rizado y llena de pecas. Nunca se le pasó por la cabeza que Rose hubiera sido capaz de gritarle así, y menos de empujarlo.
James, viendo a su hermano, que sentía que había perdido desde el primer día, y a su prima con Malfoy, sintió otra vez ese miedo. Y salió corriendo.
— ¿Qué ha sido eso?— preguntó Scorpius a los chicos.
— Yo le he puesto la pastilla vomitiva— reveló Albus—. Y no quería que se fuera contra tí. De por si tu tienes bastantes problemas.
— Es un tonto— dijo Rose, todavía enfadada—. Aunque hubiera sido Scorp, ¿por qué venir a golpearlo?
Sintió otra vez ese sentimiento tan bonito. Scorp. Rose le había puesto un apodo. Sintió ganas de abrazarla. Se sentía… "Scorp" se sentía especial, alguien a quien tomar en cuenta.
Albus sonrió, de acuerdo con su prima. Y el profesor les dijo a los alumnos que fueran a sus siguientes clases, prometiendole a Scorpius que hablaría de eso con McGonagall y Longbottom, el jefe de casa de James.
A la hora de la cena, todo el mundo se había enterado del episodio de James contra Scorpius. Y Albus se sentó a su lado en la mesa de Slytherin. Y, aunque Rose se sentó en la mesa de Ravenclaw. Se les acercó a la hora de irse a los dormitorios para despedirse, y decirles que se verían mañana.
Scorpius tenía amigos.