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Albus, Rose y Scorpius — capítulo 4

Ese mismo día, Albus y Rose decidieron escribirles cartas a sus padre también. Si el padre de Scor lo había aceptado, ¿por qué ellos no?

Harry Potter no intentó ocultar su sorpresa, incluso en la carta. Pero dijo que, si Al pensaba que el rubio era digno de confiar, estaba bien. El señor Weasley fue otra cosa.

El pelirrojo le envió a su hija un vociferador, donde se descargaba de toda su furia acerca del tema.

— ¡Por Merlín, Rosie! ¡¿Cómo caramba es que eres amiga de… de… ese muchacho?! ¿En qué estabas pensando cuando lo ayudase? ¡¡ES UN MALFOY!! Una chica tan noble como tu no puede ser amiga de esa clase de personas. ¡Rose, date cuenta! ¡¡Él es perfectamente capaz de atacarte por la espalda sin ningún resentimiento!! QUIERO QUE CORTES ESA AMISTAD CON ÉL.

Scorpius, que, junto con todo Hogwarts, estaba oyendo el mensaje, palideceó. Ya tenía una idea de lo impulsivo que Rose alegaba que era. Después de que el vociferador se callara, nadie habló. Todo el comedor quedó en silencio, algo casi imposible. Hasta los profesores se quedaron callados. Las miradas iba de Rose a Scorpius, e incluso a Al, que tenía medio pan en la boca.

Y, luego de unos diez minutos de tranquilidad, Rose salió corriendo. Victoire, que había observado toda la escena desde la mesa de Gryffindor, fue tras ella. Y Roxanne, poco después también. Dominique también salió del Gran Comedor.

Fred y James se miraron uno a otro. El azabache todavía sentía cierto rencor hacia el, ahora llamado en Gryffindor, rubio oxigenado. Pero era obvio que el tio Ron se había excedido. Fred, que lo único que hacía era molestar a Rose, sintió una pena enorme hacía la niña, y también se levantó de su asiento, siguiendo a sus primas y hermana.

— Pobre Rosie— se lamentó Albus, al lado de Scor—. Su padre siempre ha sido así.

— ¿Su padre hablaba mal del mío?— preguntó Scorpius con cierta tristeza.

— Mal, mal no. Es cierto que tu padre nunca fue el mejor amigo de mi tio Ron… y, bueno, si hablaba mal de los Malfoy. Perdón— el chico se puso rojo de vergüenza.

— ¿Y por qué entonces Rose es mi amiga?

— Porque… porque… diablos, parece que no sé nada sobre ella. No lo sé.

Eso dejó a Scorpius bastante confundido. Si Rose creció con su padre hablando mal de su familia, ¿por qué ella era su amiga?

— Deberíamos ir a verla— dijo Albus—. Pero no ahora. Mis primas ya están con ella.

Rose estaba escondida en el baño de chicas del segundo piso. Ella solo quiso alejarse todo lo que pudo del Gran Comedor. Su padre se había pasado, era lo único que tenía en claro. Sabía que a su padre no le agradaban muchos los Malfoy, pero no se esperaba que le fuera a gritar así.

Y ni siquiera estaban cara a cara.

La pelirroja estaba llorando en uno de los retretes. Sus sollozos eran incontrolables, fácilmente la iban a encontrar si continuaba así. Pero no pudo parar las lágrimas. Ron Weasley nunca le había gritado así a su hija, él normalmente era incapaz de verla llorar, ni cuando era una bebé. Y ella nunca hubiera pensado que llegaría a tanto.

— ¿Quién está llorando?— una voz desconocida habló, y su voz hizo eco por las paredes. Rose puso todo su esfuerzo y acalló su llanto—. ¿Hola? ¿Quién anda ahí?

Y, por encima de la puerta, apareció una cara fantasmal de una chica. Rose soltó un grito de miedo.

— ¿Quién eres? ¿Qué eres? ¡Largo de aquí!— chilló Rose, asustada.

— Soy Myrtle— respondió, con aire ofendido—. Y, por si no te has dado cuenta, este es mi baño, aquí la que se debe de ir eres tú.

— ¿Eres… eres un… un— la asustadiza niña no podía acompletar la frase.

— Un fanstama, sí— el fantasma de la chica rió—. Veo que eres de Ravenclaw. Yo también iba ahí, hasta que me asesinaron.

La sangre de la pelirroja se heló al oír la naturalidad con la que Myrtle lo decía—. Fue, por lo que he oído, un basilisco, que vivía aquí en Hogwarts. Estaba en ese retrete, llorando— señaló al retrete de al lado del de Rose—. Le ví los ojos y… estaba muerta.

— Los basiliscos matan con la mirada— susurró Rose, todavía llorando.

— Siempre he estado muy sola… me alegro de tener compañía…

— ¡Myrtle, largo del baño!— Victoire llegó al baño con la cabeza en lo alto, enojada.

— Oh, miren. La señorita perfecta está aquí.

— ¡¡Que te vayas!!— gritó Dominique. Y Myrtle, ofendida, se fue flotando.

— Rosie, ven— llamó Victoire, y ella se apretó contra la pared del baño—. Ya sé que tu padre fue un… bueno, todavía tengo que tenerle respeto.

— Vayanse— pidió Rose, con la voz temblandole.

— Ni loca, vamos, Rose. Tenemos que hablar— dijo Roxanne, con dulzura, y la pelirroja volvió a sollozar.

— Prima— dijo Dominique—, sé que duele. Lo sé. No hay peor que un padre criticandote.

— Mamá no te critica— saltó Victoire.

La puerta del retrete se abrió, y enfrente tenía a Dominique, que le tendía la mano a la otra pelirroja. Al principio, Rose no quería, pero luego le tomó de la mano. Salió del baño y ahí estaban Roxanne, Victoire y hasta Fred, que parecía recién llegado.

— Está bien que seas amiga de Scorpius— dijo Vic, rodeandola con un brazo—. Yo lo conozco, lo conocí cuando Teddy me presentó a su familia. Es un buen chico. No tienes que hacerle mucho caso a tu padre.

Pero ahí radicaba el problema. Rose nunca contradecía a Ron. Nunca tenía el sentimiento de que su padre estuviera equivocado, aunque no fuera del todo listo. Eran tan unidos que le afectó oír que no quería a su nuevo amigo. Que no estuvieran de acuerdo en algo, era muy raro.

— Es como ese chico, Nott— habló Fred—. Va a nuestro curso, y es un gran chico. Por más que papá diga lo contrario.

— Eso— habló Roxanne—. No todo lo que los adultos digan es verdad. ¿O Scor es tan malo como tu papá dice?— Rose negó con la cabeza—. Ahí lo tienes.

— No tires por la borda tu amistad con ese chico— la animó Victoire—. Estoy segura de que será un gran amigo.

— ¿Hay alguien aguí?— Albus asomó la cabeza por la puerta y al ver la reunión, sonrió. Volteó para atrás y dijo—. Aquí está, Scor.

Momentos después, Scorpius también asomó la cabeza, con miedo. Al ver a Rose le dio una sonrisa algo timida, como aquella que la pelirroja le había dado a él, cuando recién lo había salvado de una golpiza.

— Perdón— susurró, sonrojado.

No, Scorpius no era como su padre había descrito a los Malfoy. Y, por ende, tampoco sus padres. Él era amable y gracioso, al menos ella lo había visto de esa manera. Y no, no era tan malo.

— No tienes porque— susurró ella de regreso. Y se separó del brazo de Vic, se acercó y lo abrazó. No tan malo.

Y aquí va mas o menos comenzando el Scorose (es mi pareja favorita <3). Aunque no va a ser hasta dentro de mucho tiempo. Están solo en primero. Espero que les este gustando la historia