Albus, Rose y Scorpius — capítulo 6
Hacía un par de semanas que esos tres chicos casi fueron atacados por una acromántula. Y ninguno había comentado nada a nadie, porque de no ser así ya hubieran sido castigados por haber estado tan tarde fuera del castillo. Hagrid les había hecho el favor de no haberlos acusado con McGonagall. Y pretendían seguir manteniendolo en secreto.
Los Ravenclaw de primer curso compartían Historia de la Magia con Hufflepuff y Gryffindor. Por lo que estaba sentada con Alice Longbottom, la hija del profesor de Herbología, y con Kate Macmillan, la hija del profesor de Transformaciones.
El profesor Binns era tan aburrido que hasta Rose, la mejor alumna, se aburría con sus largas lecturas sobre la historia de Hogwarts. Aunque fuera el tema más interesante de todos, Binns se las apañaba para hacerlo aburrido, opinión que su padre y su tio Harry le inculcaron antes siquiera de ser admitida en el colegio.
Ahora que habían terminado el primer trimestre, la pelirroja se había dado cuenta que era mucho mejor si buscaba los temas por sí misma que si dejaba que Binns se los explicara. Así que lo único que hacía era escribir el nombre del tema que estudiarían y luego buscar algún libro que hable de eso en la biblioteca.
El título "La Batalla de Hogwarts" estaba en lo alto del pergamino de Rose, para luego buscarlo en un libro, aunque ella ya se supiera esa historia, pues se la contaban desde que era una niña de cinco años.
Lo buscaría en un libro para sonar más… objetiva.
— Y, por otro lado, las acromántulas que habitaban el Bosque Prohibído se pusieron de parte de los Mortífagos. Tiempo después del término de la caída de Quien-no-debe-ser-nombrado, un grupo de aurores eliminó a la colonia que estaba aquí.
El tono del profesor fantasma, como siempre, era tan monótono que aburría, pero aun así, eso le llamó la atención de Rose, que rápidamente alzó la mano. Binns interrumpió la lectura, para mirar a Rose—. ¿Si, señorita Weasley?
— ¿Dice que mataron a todas las acromantulas?— preguntó la chica.
— Pues si, señorita. No ibamos a dejar que criaturas que apoyaban a Lord Voldemort estuvieran tan cerca de los alumnos. Sería como dejar a los Dementores a cargo de Azkaban— un grupo de chicas, las que siempre se burlaban de su pelo, rieron de forma cruel, y sintió como se sonrojaba ligeramente.
— Pero, profesor, ¿a todas? ¿No quedó ni una viva?
— Bueno, lo más probable es que una que otra haya huido. Las más inteligentes, de seguro. Pero deben de estar ya muy lejos de aquí, o muertas.
Rose se quedó en silencio, pensando una verdadera razón para que una acromántula, viva y coleando, estuviera cerca de Hogwarts, atacando a un animal propiedad del colegio. Y se preocupó al no encontrar nada razonable. Tendría que hablar de eso con Albus y Scorpius.
— ¿Todo bien, Rose?— preguntó Alice en un susurro.
— Si, si. Todo bien— contestó y, a opinión de Alice, sonaba ida.
Había citado a ambos chicos en la biblioteca, después de acabadas las clases. Albus y Scor se sentaron en una mesa, aprovechando para empezar sus tareas, mientras la esperaban. Pero Rose no llegó hasta cerca de media hora después de lo acordado
— ¿Dónde has estado? Tenemos treinta minutos esperandote— se quejó Scorpius, que decidió mantener un poco las distancias con la chica.
— Buscando libros. Esto es muy importante— dijo ella, esparciendo en la mesa los libros que había pensado que podrían ser de utilidad.
— ¿Libros? Prima, no es por ofender, pero tenemos cosas más importantes que hacer.
Ella fulminó con la mirada a Albus, y le tendió un libro para que lo leyera. También le dió un a Scorpius, que parecía menos interesado que el azabache.
— ¿Qué tenemos que buscar?— preguntó el azabache, abriendo finalmente el libro. Con sus once años, sabía que que era inutil luchar contra las mujeres de su familia, especialmente con la tia Hermione y con Rose.
— Solo avisenme cuando lean la palabra Acromántula— y se metió de lleno en el libro que tenía en las manos.
— ¿Es por eso? Rose, olvidalo. Solo ha sido un acciden…
— ¡Bingo!— dijo Scor, dejando el libro y volviendo a su ensayo de Astronomía.
— ¿Qué? ¿Dónde?— Rose saltó, dejando su libro a un lado.
— El título tiene la palabra acromántula. ¿Puedo seguir haciendo mi tarea?
Pero Rose no le respondió. Empezó a hojear el libro, buscando algo aparentemente. Fruncía ligeramente el ceño, concentrada en lo que hacía. El libro tenía como título: "Acromántulas: el pasado de la bestia". Albus, después de un par de segundos, también retomó su escrito.
Pasaron horas, y la niña no quitaba los ojos de encima al libro. De vez en cuando, uno de los chicos alzaba la mirada, preguntandose que le habría causado de repente esa curiosidad por la criatura que los iba a atacar, y luego recordaban su tarea a medio hacer.
— Las acromántulas fueron creadas de forma experimental— habló Rose por primera vez en varias horas, lo que hizo que tuviera que aclararse la garganta.
— ¿No lo sabías?— la voz de Scorpius tenía un toque de arrogancia.
— Si, si lo sabía— habló ella, con tono retador—. Lo que pasa es que no hay mucho que tenga que ver con ellas.
— ¿Y por qué te interesa tanto?— preguntó Albus.
— Porque hoy, en clase de Historia de la Magia, Binns dijo que las que estaban en el Bosque Prohibído apoyaron a Voldemort en la guerra.
Ambos se quedaron estaticos de la sorpresa, porque eso ninguno de los dos lo sabía. Scorpius se sintió mal, como siempre que hablaban de la Batalla de Hogwarts. Se quedaron unos minutos en silencio, pensando en eso.
— Sigo sin entender tu interes— Scor fue el primero en volver en sí.
— Que el libro dice que la colonia fue asesinada por aurores. ¿Por qué aun hay una aquí?
Ambos, rubio y azabache, cayeron en cuenta a que se refería la pelirroja. No debería de haberlos atacado una acromántula, porque no debería de haber acromántulas para atacarlos.
— Hagrid sabe aun hay— dijo Albus, inclinandose sobre la mesa, para susurrarselo a sus amigos, pues la señora Pince estaba cerca—. No le sorprendió ver a la araña. Debe de saber que siguen unas en el bosque.
— Hay que ir a preguntarle— dijo Scor, tomando el interes.
Aun faltaban dos horas para la cena, así que los tres salieron del castillo a la casa del guardabosque. Rose traía el libro con ella, por si acaso.
— Debe de saberlo porque vió una vigilando el bosque— teorizó Rose.
— ¿Pero por qué no avisó, si son peligrosas?— preguntó Scor, y para eso ella no tuvo respuesta.
Al llegar a la cabaña, Albus tocó la puerta. Fang Jr. ladró fuertemente. Cuando Hagrid abrió, Fang saltó sobre Al, y le lamió toda la cara, haciendo reír a sus dos amigos. El semi gigante se alegró de verlos, y los invitó a pasar.
— ¡Que bien verlos!— se alegró el gran hombre—. Estaba preparando té, ¿no quieren un poco?
— De hecho, Hagrid, venimos por otra cosa…
— ¡Ya sé, galletas! He mejorado un poco la receta que probaron la última vez, le he puesto un poco más de mantequilla y una pizca menos de esas hierbas que encontré en el bosque…
A los tres chicos se les revolvió el estómago de recordar el sabor que esas galletas tenían, y tener que comerselas todas para engañar al pobre hombre… Que asco.
— Eh, eso, tenemos que hablarte del bosque— dijo Rose.
Hagrid paró sus actividades para ver a la chica. El viento le había desacomodado más que de costubre, por lo que tenía el aspecto de ser un poco incivilizada. Pero y sabía él que no era así.
— ¿Es para la tarea?— preguntó finalmente. La pregunta deslocó un poco al trío de amigos, pero aún así asintieron fingiendo seguridad—. Pensé que no compartían clases.
— Y no lo hacemos— afirmó Scorpius—. Pero nos dimos cuenta de que nos dejaron la misma tarea.
— ¿Y cuál es esa tarea?
— Es sobre acromántulas— dijo Rose, sacando el libro.
Hagrid no dijo nada durante un par de minutos, lo que espantó a los tres chicos. Los tres se veían entre sí, pensando que tal vez no cooperaría su amigo semi gigante.
— Esto no tiene nada que ver con lo de hace unas semanas, ¿verdad?
— ¿Qué pasó hace unas semanas? ¡Ah, sí! El ataque. No, ¡claro que no tiene que ver con eso. Ya ni nos acordábamos, ¿o no, chicos?— Scorpius y Rose negaron a las últimas palabras de Albus.
— Para mi que ustedes están mintiendome— Hagrid bufó—. No pensé que fueran a intentar convencerme de que les dijera algo.
— Hagrid, se supone que esas cosas no deberían de estar aquí— le dijo Rose, dejando de lado la actuación.
— ¿Y cómo sabes eso?— preguntó receloso él.
— Lo leí aquí— Rose le enseñó el libro.
— Te pareces a tu madre.
— Deja eso para luego. ¿Por qué aun hay acromántulas en el bosque?— preguntó Albus.
— No lo sé. No me enteré de eso hasta esa noche.
— No parecías muy sorprendido— debatió Scorpius—. Ya lo sabías, ¿no?
— ¿Cómo te atreves, Malfoy, a decir eso?— Hagrid parecía indignado.
— Bueno, ¿entonces por qué no le has dicho a McGonagall sobre las arañas gigante?— volvió a hablar Albus.
— Para ustedes es profesora McGonagall— los regañó.
— Como sea, ¿desde cuándo lo sabes?— Scorpius parecía ansioso.
Hagrid dejó de responderles a las preguntas, aunque ellos seguían haciendolas. El semi gigante empezó a caminar de un lado a otro de su cabaña, negandose a hablarles o verlos. Llegaron a un punto que los tres pensaron seriamente en irse a terminar sus tareas.
Cuando estaban apunto de levantarse, Hagrid por fin habló:
— Hace unos nueve años.
— ¿Qué?— preguntaron al mismo tiempo.
— Un pequeño grupo de acromántulas regresó al bosque hace unos nueve años. Me pidieron que los dejara quedarse— él no parecía muy orgulloso de lo que había hecho.
— Oh, Hagrid. ¿En qué estabas pensando?— dijo Rose, poniendo su mano en su brazo.
— En Aragog— susurró, con lagrimitas.
— ¿En quién?— preguntaron Albus y Scorpius, pero Rose abrió mucho los ojos, y abrió el libro por la mitad, buscando una página.
— Aquí dice que, según alguien que se dejó entrevistar por el autor, Aragog era el líder de la colonia que estaba aquí. Y que murió en 1996.
— Si, debe de ser Slughorn. Es el único, aparte de Harry, que asistió al funeral.
— ¿Mi papá fue al funeral de una acromántula?— preguntó Albus, extrañado.
— ¿Le hiciste un funeral a una acromántula?— preguntó Scorpius, al mismo tiempo que Albus.
— Si, fue mi primera mascota— dijo Hagrid, enjuagandose las lagrimas.
— ¿Mascota?
— Si, me expulsaron de Hogwarts por creer que él era el Monstruo de la Cámara de los Secretos.
— Lamento eso, Hagrid— dijo Rose, con voz tranquilizante.
— No importa. Al fin y al cabo, él murió hace mucho ya.
— Y ¿ese grupo que regresó son hijos de Ara… — la puerta sonó. Y los tres, al mirar por la ventana, vieron que ya era de noche.
— Salgan por atrás, salgan por atrás. Y quedense ahí— le susurró Hagrid, y esperó hasta que cerraron la puerta trasera antes de abrir la principal—. Oh, hola profesora McGonagall.
Albus, Rose y Scorpius, pegados a la pared, escucharon la conversación.
— Buenas noches, Hagrid. Espero no incomodarte, pero ¿no has visto hoy a los señores Potter y Malfoy y a la señorita Weasley?
— Si, hace un par de horas. Luego se fueron a hacer su tarea— dijo Hagrid, funciendo el ceño—. ¿Por qué? ¿Algo les ha pasado?— su voz parecía realmente preocupada.
— Eso quisiera saber yo también, Hagrid—suspiró McGonagall—. No han aparecido en la cena. Los primos Weasley y el señor Nott están preocupados por ellos.
— Si veo algo raro, le avisaré de inmediato, profesora.
— Muchas gracias, Hagrid… Disculpa pero ¿no crees que han entrado al Bosque Prohibido?
— ¿Por qué cree eso, profesora?— preguntó Hagrid, extrañado.
— No sé, en realidad. Me recuerdan mucho a otros tres alumnos.
— A mi también. Y no se preocupe, profesora. De ser necesario, entrare yo mismo a buscarlos.
— Gracias Hagrid. Ten linda noche.
— Igual, profesora— se oyó como cerraban la puerta, y los tres pudieron respirar otra vez. La puerta tracera se abrió, y antes de poder decir algo, habló el semi gigante—. Si, son hijos de Aragog, por eso los deje quedarse. Ahora vayanse. Y no quiero volver a decircelos en el mismo mes, por favor.
Este me salió muy largo :) espero que la historia les este gustando. Gracias a Zanne por comentar el capitulo anterior!