Albus, Rose y Scorpius — capítulo 8
La navidad pasó sin muchas novedades. Solo unas pocas; por ejemplo, todos los primos se rieron en esa cena, cuando el tio Bill amenazó con mandar a Teddy a San Mungo si se atrevía a romperle el corazón a su hermosa hija. Teddy, muy asustado, le dijo que no pensaba hacer eso.
Andromeda, la abuela de Teddy, estuvo unos días en la Madriguera, conociendo a la novia de su nieto. Le cayó muy bien, y le dijo a Teddy que había hecho una excelente elección. Aparentemente, todos olvidaron que, antes de que ellos salieran, Teddy era como otro hijo de Harry y Ginny.
Harry, Ginny, Ron y Hermione estuvieron a casi nada de enterarse los problemas en los que sus hijos ya se habían metido en sus primeros meses en Hogwarts, debido a un comentario que Albus hizo en un desayuno. Rose lo pateó por debajo de la mesa, y él dijo que no había pasado nada. Como nadie más, excepto Scorpius y Hagrid, sabía de lo ocurrido, el resto de sus primos afirmaron que nada fuera de lo normal había pasado. Solo que si comentaron que una noche no se habían presentado a cenar, pero ambos dijeron que solo se habían quedado en sus salas comunes, y que solo había sido una coincidencia que ambos hubieran faltado.
Albus y Rose, en privado, les dijeron a sus padres que la clase de Historia de la Magia, en efecto, era muy aburrida.
Alice, a petición de Rose, visitó también la Madriguera. Bueno, todos los Longbottom. Ellas estuvieron encerradas en la habitación donde Rose dormía, hablando. Mientras que Frank hablaba con James y Fred, que eran un año menor que él. Neville y Hannah estuvieron platicando con los Weasley. Decían que todos los primos que asistían a su clase, eran muy buenos en Herbología, especialmente Rose. Hannah les platicaba divertidas historias sobre quienes entraban al Caldero Chorreante.
Y, antes de que se hubieran dado cuenta, llegó el momento de partir otra vez a Hogwarts. Teddy y Victoire se pasaron el último día de las vacaciones de ambos por el Londres muggle, pues Teddy tenía entrenamiento de auror desde hacía dos años atrás, después de terminar Hogwarts.
La mañana del seis de enero, Victoire, Dominique, James, Fred, Roxanne, Albus y Rose partieron rumbo a Kings Cross, en el carro de sus abuelos Weasley. Pues todos sus padre, otra vez, empezaron su terea laboral.
Frente al tren, los abuelos los despidieron a todos, pidiendoles que les mandaran más cartas a ellos. Querían saber más acerca de sus días en Hogwarts. Y todos se adentraron en el expresso. Una vez ahí, todos se separaron, buscando a su grupo de amigos habitual.
Albus y Rose entraron en un compartimiento vacío, y empezaron a hablar sobre lo que harían al regresar a clases.
— Hola— Scorpius abrió la puerta del compartimiento. Ambos se pararon para saludar a su amigo—. ¿Qué tal les fue en las vacaciones?
Llegaron de noche. Bajaron del tren y montaron en los carruajes, que los llevaron a Hogwarts. Los recibieron con una deliciosa cena. En las mesas ya estaban los alumnos que se habían quedado en el castillo en las navidades. McGonagall les dió la bienvenida y dijo que esperaba que hubieran tenido unas buenas vacaciones. Luego todos empezaron a comer, los elfos domésticos se habían esmerado en montar una excelente cena.
Pero, apenas terminaron de comer, Rose empezó a sentirse mareada. Estaba de camino a las mazmorras, para que Albus y Scorpius entraran, y luego ella se iría a la torre de Ravenclaw. Se tuvo que apoyar en sus amigos, para no caer al suelo.
— ¿Qué pasa, Rose?— preguntó Albus, ayudandola a sostenerse.
— No sé. Estoy mareada. No te preocupes, estaré bien— ella le sonrió, pero una arcada la recorrió entera, haciendola temblar.
— Pues no te ves bien— opinó Scor—. Vamos, hay que ir a la enfermería, seguro que Pomfrey te da algo.
— No, para mañana estaré perfectamente— ella negó con la cabeza, intentando enderesarse.
— Y mientras tanto te vomitas sobre nosotros, ¿no? Anda, no pasará nada si nos acostamos un poco después de lo normal.
Los tres caminaron rumbo a la enfermería. Rose les decía que no tenian porque acompañarla, pero ninguno quiso dejarla sola. Ya no había luces, por lo que dijeron Lumos, y sus varitas iluminaron sus pasos. Se encontraron en el camino a varias parejitas que habían estado separadas durante las vacaciones, teniendo una linda reconciliación. Pero mientras no se toparan con Filch, todo estaba bien.
Al llegar a la enfermería, se detuvieron porque había alguien charlando dentro de la enfermería. Oyeron varias voces, entre ellas la de Pomfrey.
— Ya estoy vieja para esto, Minerva. No puedo estar luchando por la vida de un alumno nuevo cada semana.
— Yo también estoy vieja, Poppy— respondió la directora—, pero no por eso voy a dejar de preocuparme por la seguridad del colegio. Además, este solo es el segundo.
— Esta clase de cosas no pasaban desde que Harry Potter estaba estudiando aquí— dijo Pomfrey, después de un momento.
Rose y Scorpius miraron a Albus, que funcía el ceño ante la mención de su padre. Fuera lo que estuviera pasando aquí adentro, ¿qué tenía que ver él con eso?
— No— admitió McGonagall—, pero tenemos a dos de sus hijos aquí.
— Por favor no me digas que esto va a ser así hasta que los tres salgan de Hogwarts— se lamentó Pomfrey.
— No tengo ni la menor idea, pero debemos tenerlos vigilados tanto como lo tuvimos a él— dijo la directora, decisiva.
— ¿Y qué va a pasar con los chicos, Minnie?— preguntó la voz de Slughorn, preocupada. — — Pues… ¿qué ha sido ese ruido?
Scorpius, accidentalmente, había pateado la puerta, donde los tres tenían pegada la oreja para oír mejor. Los tres cortaron su respiración, para no hacer ruido. Pero McGonagall ya los había oído.
— Homenum Revelio— susurró McGonagall, y momentos después la puerta se abrió, desvelando a la directora, frente a los tres alumnos, que inevitablemente miraron el interior de la enfermería.
En las dos camas continuas a la entrada estaban dos personas, un chico y una chica. El chico, según reconoció Albus, era un compañero de cuarto. La chica era una amiga y compañera de cuarto de Rose, en Ravenclaw. Los dos tenían unas horribles marcas de mordidas en los brazos.
— ¿Qué están haciendo ustedes aquí?— preguntó Pomfrey, detrás de McGonagall, impidiendoles la vista a los invalidos.
— Yo me siento mal. Mareada y con vómitos— dijo Rose, intentando ver detrás de las dos mujeres. Pomfrey entró a su despacho y salió con una pastilla y un vaso de agua. Se los dio a Rose para que se la tomara. Slughorn y Flitwick, los jefes de las dos casas, estaban a un lado de cada alumno.
— ¿Qué les ha pasado?— preguntó Scorpius, mientras su amiga se tomaba la pastilla.
— Nada, Malfoy. Haganme el favor de olvidar lo que han oído y largo a sus habitaciones— McGonagall sonó cortante y estricta, como no se movieron de su lugar, gritó—. ¡¡Ahora!!
Los tres salieron despavoridos, Rose aun con el vaso en la mano. Aun así, oyeron como la mujer suspiraba y decía:—. Dumbledore no habría dejado que esto pasara.
Los tres pasaron primero a la Torre de Ravenclaw, pues les quedaba más cerca que las mazmorras de Slytherin. Rose les dio las gracias por acompañarla, y antes de que se fueran ella habló. No a ellos especificamente. Pareció más como su pensara en voz alta—. Puede que me equivoqué, pero eso parecía una mordida de araña.
He aquí con un nuevo capítulo, yeih! :) Espero que les haya gustado, y gracias Zanne por volver a comentar. Los invitó a leer mi nueva historia "Aquella vieja canción de amor":