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Problemas, nuevamente. — capítulo 2

Harry se sentó en el viejo sillón que tantas veces había ocupado en su juventud, cuando el viejo director Albus Dumbledore le conversaba con él en su despacho. Alzó la vista, los retratos de Dumbledore y Snape dormían plácidamente, atentos a todo lo que sucediera en el despacho que les perteneció a las personas que representaban. La puerta se abrió y alguien entró, pero él no desvió la vista. Sabía quién era.

-Lo extrañas, ¿Verdad, Harry?- preguntó Mcgonagall- yo también lo extraño, no es lo mismo tener a un lienzo animado mágicamente en lugar de Dumbledore.

-Todos lo extrañamos- dijo Harry- me ha hecho falta los últimos días.

-No ha parado de hablar de ti los últimos días- dijo la profesora, cruzando el despacho y acercándose a su escritorio- te iba a mandar una carta pero después pasó lo de ayer y no pude hacerlo.

-Ayer fue terrible- afirmó Harry- Inferi por acá, inferí por allá, inferí por todas partes. Salían de las chimeneas, aparecían por traslador, eran cientos de miles. Fue un milagro que solo murieran cuatro. Es una pena, pero gracias a Merlín, Hermione estaba ahí e invocó el fuego de la vida, si no estaríamos todos muertos.

-Hannah y Padma, tus compañeras de curso- recordó tristemente la profesora- todavía no lo asimilo.

-Nadie lo hace- contestó Harry- Padma se iba a reunir con su hermana mañana, que se fue a India a un congreso. Y Hannah estaba completando unos papeles de la venta del Caldero Chorreante. Todo fue tan repentino, profesora.

Mientras hablaban, la puerta se abrió y entraron Ginny y un auror, junto con cuatro profesores. Harry esta vez sí se dio vuelta. La profesora Mcgonagall levantó la vista y todos los retratos abrieron los ojos.

-Los estudiantes ya partieron- dijo Ginny- No estoy segura de esto, Harry.

-Ni yo, señor- dijo el auror, Harry lo miró y él bajó la vista- si me permite decirlo.

-¿Seguros de qué?- preguntó Neville, con el rostro ensombrecido.

-De lo que está por pasar, Neville- contestó Harry- Es prácticamente una locura.

-¿Qué es prácticamente una locura?- preguntó uno de los profesores.

-Atacar al ejercito de inferí mientras un batallón de dementores se acerca a este mago oscuro y le absorben las almas que tiene- explicó Harry. Todos guardaron silencio.

-¿Es en cerio?- preguntó Octavius Octaviales, profesor de Astronomía y Jefe de la Casa - Introducir dementores en los terrenos de Hogwarts, junto con el Ejercito Mágico Ingles, realizar una ofensiva/defensiva como distracción mientras alguien intenta controlar a los dementores para que le succionen el alma a este sujeto y listo. ¿En cerio?

-¿Tienes un mejor plan?- preguntó Harry- ¿No han muerto suficientes? ¿Quieres dejarlo avanzar hasta Londres, que se robe las almas de todos, tanto magos como muggles? ¿Eso quieres?

-¿Y de qué le sirven las almas de los demás?- preguntó una profesora.

Ginny y Harry se miraron, sabían que no podrían ocultar ese detalle por mucho tiempo, alguien tarde o temprano les preguntaría, y ya había sucedido. Ginny contestó.

-No lo sabemos.

-¿No lo saben?- preguntó uno de los cuadros- ¡Cómo que no lo saben! ¡Si ese hombre se está robando las almas de personas inocentes deberían saber para qué las quiere!

-No es un hombre- dijo Harry, casi en un susurro.

-¿Qué?- preguntaron todos, pero la que siguió hablando fue Mcgonagall- si no es un hombre ¿Qué es?

-Un duende- dijo Ginny, después de un prolongado silencio- Secuestró a cincuenta fabricantes de varitas de diferentes nacionalidades para que le fabricaran una varita, la más poderosa y resistente de todos los tiempos.

-Dicen que la varita posee un núcleo de diez materiales distintos, la varita está tallada en sauco, tiene partes de ébano, ciprés, olivo y arce, además de una gema élfica en la base- continuó el auror.

-Y que después de que la terminaron, el condenado elfo mató a los fabricantes, les robó el alma y los convirtió en los primeros inferí de su ejército- concluyó Harry.

El silencio que le siguió a la explicación fue peor a cualquier silencio que hubieran vivido hasta ese momento. Todos miraban a Harry, él estaba sentado en el sillón del visitante del despacho, con la cabeza inclinada hacia adelante, mirándose los pies, con los ojos cerrados y las manos entrelazadas. Los profesores y el auror fueron saliendo del despacho lentamente. Neville se quedó. Los retratos lo observaban, esperando su reacción. Mcgonagall desvió su mirada preocupada para la ventana, que mostraba el ocaso del día, y Ginny miraba a Harry desde atrás, contemplaba su cabellera azabache con mechones plateados, pensando en qué pasaría por la mente del Ministro Potter en esos momentos.

Harry, en cambio, quería pensar en cualquier cosa menos en lo que estaba pensando. A pesar de que desde hacía más de veinte años que la cicatriz no le dolía, sabía que pronto le dolerían otras partes del cuerpo, que pronto volvería a sufrir lo que sufrió en su juventud, y que esta vez tenía mucho más que perder. Al final, Neville habló, su voz sonaba triste, devastada y cansada.

-Harry… ayer… ¿Hannah sufrió mucho?

Harry quedó en shock, no se lo esperaba. Se había olvidado por completo que Hannah y Neville estaban casados, algo en Neville había muerto junto con Hannah, se notaba ahora que comprendía la gravedad de la situación.

-No lo sé, Neville- contestó, pensando cada palabra- pero luchó hasta el final, eso te lo aseguro.

-Y… Sabes cómo murió- preguntó, sin alzar la voz.

-Los inferí la rodearon- esta vez fue Ginny la que contestó- Ella y Padma se encontraron en el medio del caos y se defendieron la una a la otra, pero cada vez había más y más. Cuando llegué a ella ya era tarde. Ni Hermione pudo hacer nada por ellas, lo siento Neville.

-Bueno… gracias- dijo Neville, tristemente- mejor voy a mi despacho, tengo cosas que hacer.

-Neville, espera… - empezó a decir Harry, pero ya se había ido. Ninguno de ellos habría podido prever eso.

Se quedaron en silencio. Los retratos volvieron a dormirse lentamente, mientras el sol terminaba de desaparecer detrás de las montañas. Harry y Ginny salieron del despacho de Mcgonagall con un sabor amargo en la boca por la conversación que habían tenido toda la tarde. Se les dio un viejo despacho que estaba desocupado desde los tiempos de la guerra contra Voldemort, los aurors harían guardias y dormirían en las habitaciones de los alumnos.

Harry se quedó sentado en un sillón del despacho que ocupaba con Ginny, iluminado solo por la chimenea. Ella se le acercó y se sentó junto a él, que la abrazó y ella se apoyó en él.

-Qué crees que pase si fracasamos en esa idea tuya de los dementores- preguntó Ginny, no quería hablar de la situación de Neville, era demasiado triste pensar en eso- ¿Qué haremos si fallamos aquí?

-No lo sé, Ginny- contestó Harry, como resignado- No lo sé.