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Problemas, nuevamente. — capítulo 6

-Hermion, esto es una locura- le espetó Harry.

-No, la locura fue no hacerlo antes- respondió Hermine.

-¿Sabes cuál es la situación?- le preguntó Harry, cada vez más enojado.

-Creo que mucho mejor que tú, Harry- contestó ella, seriamente.

-Entonces deberías entender que eso no es posible- Harry movía enérgicamente los brazos con cada palabra, y caminaba de un lado a otro, viendo a los miembros del Wizengamot de uno en uno- Le estaríamos dando justo lo que quiere que le demos.

-Es la mejor opción que tenemos- aseguró Hermione.

-¡Sabes perfectamente que eso no es cierto!- le gritó Harry.

Los concejales empezaron a murmurar y discutir. Harry y Hermione se miraron directo a los ojos, ambos con el seño fruncido, pero él con una mirada asesina y ella con gesto altivo y solemne. Ginny notó la tensión, al igual que todos los demás.

-Lo que el Ministro trata de decir- empezó Ginny- es que si le damos lo que quiere, estaríamos cometiendo un gran error, al demostrar cobardía e inferioridad. Además de que los duendes, probablemente, tomen represalias contra algunos magos y, posiblemente, contra el Ministerio mismo.

-Posiblemente no, es un hecho- la corrigió Harry- En repetidas ocasiones, el personal de Gringotts ha asegurado que, de no ser por la desventaja de no tener varita, atacarían a los magos por someterlos a esa "cruel tortura". Y quiero recordarles que esa "cruel tortura" se la impusieron ellos mismos al ofrecerle al Consejo de Magos fundar un banco.

-Fue un error negarles poder usar una varita, y ahora ese error está cobrando vidas- afirmó Hermione.

-No es cierto, señora Weasley- la contradijo uno de los más viejos miembros del Wizengamot- en el año 1420, durante las negociaciones con los duendes, ellos asaltaron a un fabricante de varitas y le robaron todo su inventario. Aprendieron a usarlas en menos de un mes y atacaron el Ministerio, al cabo de tres días los magos lograron controlar la situación y neutralizar a los duendes, pero hubo muchas bajas. Por ese motivo se decretó cese de negociaciones y se les prohibió la utilización de varitas a los duendes.

-Gracias, Alec- dijo Hermione, como cansada.

-Hermione, entiende- le pidió Harry- este duende ha desafiado las leyes vigentes, secuestró y mató a cincuenta fabricantes de varitas, está utilizando una varita y lo que es peor, la utiliza con fines perversos, como matar y crear inferis. No podemos darle lo que quiere como si no hubiera pasado nada.

Los concejales volvieron a llenar de discusiones el Gran Comedor. Harry pasó la mirada por todos ellos. Hermione ya no lo miraba, discutía con la bruja que tenía a su izquierda. Él miró a su derecha y cruzó miradas con su esposa, ambos estaban consternados. Ella se le acercó.

-¿Qué piensas?- le preguntó en un susurro.

-Que a veces, para ser muy inteligente, Hermione puede ser muy estúpida- contestó él, más bajo todavía.

-Desgraciadamente- accedió Ginny, justo cuando Hermione pedía silencio- tienes razón.

-Brujas y Magos del Wizengamot- empezó Hemione cuando hubo silencio- debemos votar. Los que estén a favor de permitirle a los duendes el uso de varitas…- nadie levantó la mano- Los que estén en contra… -todos levantaron la mano, incluso ella- La ley de varitas y duendes sigue vigente, se levanta la sesión.

Un martillazo resonó en el salón y los concejales comenzaron a levantarse y a retirarse. Harry le hiso un gesto a Hermione y esta asintió. Después de un rato, los tres de reunieron en el vestíbulo.

Hermione ya no tenía la túnica negra del Wizengamot, sino un traje formal, pantalón, camisa y saco, además de unos zapatos de taco bajo.

-Buenas tardes, señora Jefa del Wizengamot- la saludó Harry, con una reverencia.

-Ministro, Jefa de Aurors- los saludó Hermione.

-Hay veces, Hermione, que quiero matarte- le dijo Ginny- pero me reprimo porque eres la esposa de mi hermano y madre de mis sobrinos, pero sino…

-Tranquila, Ginny- le dijo Hermione- Hay veces que también quiero matarte, pero eres la hermana de mi marido, madre de mis sobrinos y esposa del Ministro, así que se me pasa.

Todos se rieron a carcajadas, volviendo un poco a la normalidad. Harry y Ginny invitaron a Hermione tomar una taza de té, y ella accedió. Subieron a los aposentos de la pareja y se sentaron en una gran mesa.

-Hermione- le dijo Harry- ya sé que quieres la igualdad mágica y todo eso, pero no podrías haber escogido peor momento y peor propuesta.

-Tengo que reconocer, Harry- le contestó Hermione, dejando la taza en la mesa- que a veces, muy rara vez, y puede que no se repita dentro de un par de años, pero a veces me equivoco.

-Lamento decirte, amiga mía- le comentó Ginny- que esa modificación de la Ley de Varitas y Duendes nunca será aprobada. Ni por Harry, ni por sus sucesores, y el mismo Wizengamot se resistirá a aprobarla, sobre todo después de lo que está pasando actualmente.

-Sobre eso…- empezó Hermione- ¿Alguna novedad?

-Como sabrás, hace unos días alguien entró al castillo y atacó a la profesora McGonagall- le comentó Harry- Lo bueno de esto es que la profesora logró desarmar a su atacante, el inspector auror de varitas estudió la vara que McGonagall le arrebató al que intentó matarla y descubrió que, antes de que su lealtad sea hacia la profesora, era de Willphock.

-¿El duende?- se sorprendió Hermione.

-El mismo- asintió Harry.

-Entonces… ¿Aunque tuvieras el mapa, el castillo lleno de aurors y todas las entradas vigiladas, el duende consiguió entrar y atacar a Minerva McGonagal? -preguntó Hemione, desconcertada.

-Así como lo escuchas- le dijo Ginny- todavía no nos lo explicamos.

-Habrá entrado por uno de los pasadizos- aventuró Hermione.

-Hay guardias en todas las entradas, incluyendo pasadizos, puertas secretas y la caverna por donde ingresan los de primero- le explicó Ginny.

-¿Volando?

-Aunque no lo creas, nadie puede entrar volando a los terrenos, además de que se patrulla el cielo cada hora, si hubiera venido volando, lo sabríamos- le espetó Harry.

-¿Red flu?

-Solo magos y brujas pueden usar la red de chimeneas.

-Habrá sobornado a algún auror.

-Los duendes no se atreven a rebajarse tanto como para pagar sobornos, pero si para recibirlos.- Ginny recordaba bien un incidente en el banco Gringotts, cuando un duende accedió a dejar entrar un batallón de diez ladrones a cambio de todas las joyas fabricadas por duendes que hubiera en las bóvedas que quisieran robar.- Aun así, ningún auror bajo mi jurisdicción se atrevería siquiera a pensar en aceptar un soborno, ya hubo un pequeño problema con ese asunto y se demostró que puedo ser implacable.

-Lo recuerdo muy bien- sonrió Hermione, y Harry también- ¿Malfoy sigue en Azkaban?

-Sabes perfectamente que sí. Ya no tenía remedio ni salvación, Draco ni siquiera me propuso pagar una fianza generosa por su padre. Apenas terminó el juicio, él, su esposa y su madre abandonaron el ministerio sin mirar atrás. -Le recordó Ginny- Se habrá salvado de Azkaban dando nombres, pero intentar sobornar a un auror para sacar objetos que lo comprometían del Ministerio fue cavar su propia tumba.

-¿Cómo sigue Ron?- le preguntó Harry, cambiando de tema.

-Como siempre- le respondió Hermione, sonriente- su pierna le duele, pero puede caminar, y eso no le impide comer como un oso en temporada hibernal.

Los tres estallaron en carcajadas. Siguieron hablando de cosas sin importancia, hasta que se hiso de noche, cuando Harry y Ginny despidieron a Hermione, que volvía a Grimmuald Place, donde vivía con Ron, sus hijos y cuidaba a sus sobrinos.

Harry se quedó mirando por la ventana, como antes de la sesión con el Wizengamot. Ginny se le acercó y lo abrazó, contemplando los oscuros terrenos. Al cabo un rato él le preguntó algo.

-¿Cómo crees que haya entrado?

-No lo sé- le contestó la pelirroja- pero debemos averiguarlo.

-Y cuanto antes, mejor- continuó Harry. Tanto él como Ginny tenían la misma sensación: si ese duende pudo entrar, su ejército de inferi también.