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Tiempos oscuros — capítulo 11
Cuando Marlene y Lily llegaron al campo de quidditch, Sirius y James ya estaban allí.
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Vaya, creíamos que no vendríais. - Comentó el mayor de los Black con sorna, mirando a la rubia de arriba abajo. Llevaba unas mallas ajustadas, una camiseta de tirantes roja y el pelo recogido en una trenza lateral.
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Más quisieras. - Replicó. - Hemos traído un árbitro imparcial.
Nosotros también, qué casualidad. - James se cruzó de brazos y señaló con la cabeza a los otros tres miembros del equipo de quidditch.
Ni hablar. - Lily negó con la cabeza. - Son amigos vuestros, os beneficiarán.
Son jugadores de quidditch, conocen perfectamente las normas. - Replicó él. - ¿Estás un poco asustada o es impresión mía, Evans?
Más quisieras, Potter. - Negó con la cabeza. - Además, nuestro árbitro también es jugador.
¿Ah sí? ¿Y quién…? - La pregunta murió en los labios de Sirius al ver al chico que acababa de entrar al estadio. - Roth.
El mismo. - Marlene sonrió ampliamente.
Ese tío está loco por ti, no es imparcial.
Solo me ayuda en Encantamientos, no tenemos nada. - Replicó, consciente de que las palabras del chico eran verdad. Había que ser muy idiota para no darse cuenta de que Roth bebía los vientos por ella.
No lo aceptamos como árbitro.
Ni nosotras a nadie del equipo.
Entonces, ¿lo dejamos? - Preguntó la pelirroja, emocionada.
De eso nada, aquí hemos venido a callarle la boca a cierta señorita. - El mayor de los Black enarcó una ceja y la rubia bufó un poco. - ¿Quién puede ser imparcial?
¿Alguien que cojamos al azar en el pasillo? - Sugirió la chica.
O, quizás… - James desvió la mirada hacia Remus y los otros tres no tardaron en imitarlo.
¿Por qué me estáis mirando todos? - Preguntó el chico, un poco preocupado.
Tú eres amigo de los cuatro. - Comentó Marlene. - Quizás más amigo de estos dos matados, pero a Lils y a mí nos adoras.
No estáis hablando en serio, ¿verdad?
De tanto escucharnos y vernos jugar debes conocerte las normas de sobra. - Lo animó Sirius, acercándose a él. - Venga, te necesitamos.
¿Y no podéis escoger a otro?
Sabemos que serás justo. - Añadió James, sonriendo ampliamente y acercándose también. - ¡Está decidido! Tú serás nuestro árbitro.
De verdad creo que…
Que nada, Remus. - Lo cortó la mayor de los McKinnon. - Tú y punto, no queremos a nadie más.
Por Merlín, ¿por qué me metéis en estos líos?
Será divertido, ya verás. - Potter sonrió. - Y ahora, que comience el juego. Los demás podéis ir a las gradas para ver la paliza que vamos a darles a estas dos bocazas.
Pero si yo no he dicho nada. - Se lamentó Lily en voz baja.
Venga, vamos, podemos ganar. - La animó su amiga, apoyando una mano en su brazo. - Tú solo haz lo que te dije, quédate cerca de los aros e intenta parar el máximo número de tantos posible.
Esto es una pésima idea, Lene…
Venga, tranquila, al final saldrá bien. - Insistió. - Yo me encargaré de cerrarle la boca a Sirius.
La pelirroja finalmente asintió y se subió a la escoba. Marlene la imitó y ambas ascendieron lentamente, tratando de disimularla torpeza de Lily, aunque no pasó desapercibida para ninguno de los dos chicos que ya las esperaban en posición. Estaban acostumbrados a ver a mucha gente volando, sabían distinguir entre buenos y malos jugadores.
Remus cogió la quaffle mientras tanto y se colocó en el centro del campo. En menudo lío acababa de meterse aunque, desde luego, aquello iba a ser interesante.
Cuando cuente tres empieza el juego, gana el primero que llegue a, no sé, ¿150 puntos?
Perfecto. - El mayor de los Black sonrió. - ¿Listas para perder?
Cuando quieras te demostraremos lo que valemos. - Replicó la rubia.
¡Ya!
Lanzó la pelota y Sirius no tardó en atraparla. Marlene voló hacia él rápidamente, pero la esquivó con facilidad y no le costó luego avanzar hasta los aros y superar a Lily, que apenas fue capaz de moverse para parar el tanto. James lanzó un grito e hizo una pirueta chulesca.
¿Así de simple, Marlene? - La provocó. - Va a ser el partido más rápido de la historia.
Esto solo acaba de empezar, Black.
¿Vuelvo a ser Black?
Hasta que acabe el partido, sí.
Sí, tienes razón, a partir de ese momento tendrás que llamarme "señor".
No soy un maldito elfo doméstico.
Claro que no. Tú vas a vestir mucho mejor, de hecho, tendrás que ponerte lo que yo decida como, por ejemplo, un precioso vestido de doncella. - Se acercó más a ella y la agarró del brazo antes de empezar a murmurar su oído. - Y me gustan las faldas muy cortas, Marlene. Estoy seguro de que estarás muy sexy.
La rubia sintió una punzada extraña en el vientre y su cara arder y se separó rápidamente de él. Ahora más que nunca tenía que ganar ese partido.
Eres un cerdo. - Replicó. - Solo me verás así en tus mejores sueños así que deja de decir estupideces.
Ya apareces en ellos, tranquila. - Replicó él, sonriendo de medio lado.
Qué casualidad, tú también apareces en los míos. - Sonrió y todos supieron que lo mejor estaba por venir. - Generalmente encerrado, atado y amordazado.
No sabía que te iban esas cosas, Marlene, aunque puedo intentar hacer el esfuerzo si te hace especial ilusión que te aten.
No me van, pero a ti, según mis sueños, parece que sí.
Está bien, vamos a dejar esto aquí antes de que nos enteremos de algo que, definitivamente, no queremos saber. - Los cortó Remus, haciendo que los dos recordaran que no estaban solos en el aire. - Cuando diga "ya" se reanudará el juego. Vamos, en posición. - Los cuatro volvieron a colocarse y él lanzó la pelota al aire. - ¡Ya!
Sirius volvió a cogerla y no tardó en marcar otro tanto. Y otro más. Y otro más. Por mucho que Marlene intentaba hacer algo, él siempre lograba esquivarla y, siendo sinceros, Lily no presentaba demasiada resistencia. James se movía cada vez que veía que la rubia podía quitarle la pelota a su amigo, volaba rápidamente, se la intercambiaban sin que ella pudiera hacer nada y marcaba, aunque prácticamente permanecía quieto junto a los aros sin moverse.
Cuando el marcador iba 110-0, Marlene pidió un tiempo que Remus le concedió, consciente de que necesitaban un descanso. Los cuatro bajaron al suelo y fueron hacia lados opuestos del campo.
Nos están machacando. - Comentó Lily antes de suspirar. - Te dije que esto era una mala idea.
Ya, bueno, se me ocurre una cosa… - Sonrió de medio lado y la otra enarcó una ceja.
No sé lo que se te ha ocurrido, pero ni se te ocurra, Lene.
La rubia ignoró su comentario y, antes de que pudiera hacer nada, pegó un tirón a su camiseta y le arrancó los botones que cerraban la zona del escote, dejando su sujetador prácticamente al descubierto.
¡Marlene! - Protestó, tapándose con las manos y poniéndose completamente roja.
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Era mi camiseta favorita.
Y a partir de hoy la de Potter también. - Lanzó una carcajada. - A ver cómo se concentra a partir de ahora y, tranquila, te regalaré una nueva.
Esto es juego sucio.
No, solo son tácticas de distracción. - Replicó antes de apartarle las manos bruscamente. - Potter estará fuera de juego y yo me encargaré de Black. Podemos remontar esto, Lils.
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Si nos marcan cuatro goles más habremos perdido.
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No lo conseguirán, confía en mí. - La agarró del brazo y la llevó de nuevo al centro del campo, donde los dos chicos ya las esperaban. - Estamos listas.
James miró a la pelirroja de arriba abajo, abrió mucho la boca y los ojos y se quedó mudo mientras ella se ponía completamente roja. Sirius frunció el ceño y fulminó a Marlene con la mirada. Sabía que eso no se le había ocurrido precisamente a Evans.
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Eso no es justo. - Protestó. - Tiene que taparse, James no va a concentrarse así.
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Pues que controle sus impulsos, - Contestó ella. - Nadie dijo que tuviéramos que ir tapadas hasta el cuello.
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Lunático, eres el árbitro, dile que se tape. - Insistió, mirando ahora a su amigo.
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Yo creo que voy a dejarla jugar así. - El castaño sonrió y el otro apretó la mandíbula. - Por Merlín, esto va a ser hilarante.
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No es justo, qué alguien haga algo. - Se volvió hacia la grada. - Chicos…
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Nosotros preferimos no intervenir. - Contestó Anne por todos ellos, sonriendo. - Además, Lupin tiene razón, esto va a ser genial.
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¿Qué pasa, Black? ¿Te ha entrado miedo de repente? - Lo provocó Marlene, acercándose a él. Se puso de puntillas y acercó sus labios a su oído. - Todavía estás a tiempo de rendirte.
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No me hace falta James para ganarte. - Respondió él después de tragar saliva de forma un tanto nerviosa. Tuvo que contener el impulso de cogerla de la cintura y pegarla aún más a su cuerpo.
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Eso ya lo veremos. - Ella sonrió y siguió en la misma posición. - Cuando gane tendrás que llamarme señorita McKinnon, limpiarme los zapatos y llevarme a todas mis clases. Harás todo lo que yo diga y te haré ir sin camisa.
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¿Quién es ahora la que quiere ver más de lo que debe? - Intentó mostrar tranquilidad al contestar aquello, pero en seguida supo que su voz lo estaba delatando. Estaba acostumbrado a llevar la voz cantante con las chicas pero, en ese momento, había perdido por completo el control de la situación.
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No es nada que no haya visto ya antes, ¿no?
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Murmuró. - Aunque no me importa volver a verlo…
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Ni a mí.
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¿Enseñármelo o ver cosas que no has visto?
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Lo notó contener el aire unos instantes y no pudo evitar sonreír levemente. Qué sencillos podían llegar a ser los hombres.
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Deberíamos solucionar este asunto, ¿no te parece?
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Como ya te he dicho, en tus mejores sueños, Black. - Le mordió el lóbulo de la oreja antes de separarse de él con una amplia sonrisa. - Y ahora, vamos. Tenemos que terminar este partido.
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¿Qué?
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Claro, no creerías que iba a dejaros saliros con la vuestra, ¿no? - Sonrió de medio lado. - ¿Algún problema, Sirius?
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No puedo seguir jugando. - Murmuró. Sabía que no lograría concentrarse después de aquello, por Merlín, ¿por qué la había dejado hacerlo?
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Si os retiráis ellas ganarán, Canuto. - Intervino Remus.
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¡Pero si les hemos marcado 11 veces! - Protestó. - Si se suspende el partido, James y yo somos los justos ganadores.
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Pero es que no se está suspendiendo. - Argumentó la rubia. - Vosotros os estáis retirando.
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No vas a salirte con la tuya, McKinnon.
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Pues vamos a terminar esto.
Se montaron en las escobas y volvieron a jugar, pero la estrategia de Marlene había funcionado y, poco a poco, la rubia consiguió darle la vuelta al partido. James estaba demasiado ocupado con el escote de Lily y Sirius no era capaz de concentrarse en el juego después de lo que había sucedido entre él y Marlene. Cada vez que cogía la pelota, ella conseguía quitársela y, como el otro chico no reaccionaba, siempre conseguía marcar. Pronto consiguió empatar y fue justo entonces cuando Sirius decidió que tenía que hacer algo.
Remus lanzó la pelota y el mayor de los Black la atrapó. Voló rápidamente hacia una desprevenida Lily y, antes de que la rubia pudiera hacer nada, marcó. Pero no estaba dispuesta a darse por vencida con tanta facilidad. Aquellos fueron los puntos más emocionantes de toda la competición, ambos dieron lo mejor de sí mismos y pelearon cada punto hasta no poder más. Cuando iban empatados a 14 y la quaffle estaba a punto de ser lanzada una última vez, ambos se detuvieron en el centro del campo y se dedicaron miradas de desafío.
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¿De verdad creías que sería tan fácil? - Le preguntó él, que por fin había conseguido centrarse.
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Los últimos 14 puntos no me han costado demasiado. - Replicó ella.
-
¿Y si doblamos la apuesta?
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¿Qué quieres decir?
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Si al final ganáis, no solo tendréis que hacer todo lo que digamos. - Explicó. - Lily tendrá que ir a Hogsmeade un día con James y tú, bueno, ya se me ocurrirá algo.
-
Pero si nosotras ganamos, él la dejará en paz el máximo tiempo posible, mínimo 48 horas, y tú… - Sonrió levemente y apartó la mirada. - Supongo que podría pensar en algo.
-
¿Trato entonces?
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Por supuesto.
Se dedicaron una última mirada de desafío antes de que Remus lanzara de nuevo la pelota. El tiempo pareció ralentizarse y ambos volaron hacia ella. Sirius la atrapó el primero y no tardó en esquivar a la rubia, pero ella no estaba dispuesta a darse por vencida. Aceleró y, prácticamente, lo placó, pero no calculó bien y perdió el equilibrio.
- ¡Marlene!
No lo pensó. Soltó la quaffle y descendió en picado para cogerla antes de que tocara el suelo. La cogió con delicadeza y firmeza y la apoyó sobre sus piernas. Ella, pálida y un poco temblorosa, se aferró a él con todas sus fuerzas. Había faltado muy poco.
-
¿Estás bien? - Le preguntó en un murmullo. Ella asintió y enterró el rostro en su cuello y él le acarició el pelo con una dulzura impropia de alguien como él. - Tranquila, estás a salvo.
-
Gracias.
-
No podía dejar que te estamparas contra el suelo, me aburriría mucho sin ti. - Ambos sonrieron debido al comentario y ella se atrevió a levantar un poco la cabeza para poder mirarlo a los ojos.
-
Al final me has cogido cariño y todo.
Sirius negó levemente con la cabeza, pero no cambió el gesto. Ella no retiró los brazos de detrás de su cuello y volvió a pegarse a él, entendiendo por fin por qué había acabado liándose con él el año anterior. Sentía una inmensa calidez y una gran calma. No debería sentirse tan a salvo entre los brazos de un mujeriego como Sirius, pero así era exactamente como se sentía. Él, por su parte, también notaba una sensación extraña recorriendo su cuerpo. Sentía una inmensa serenidad y no quería apartarse de ella. Por Merlín, no podía enamorarse de ella, no podía dar rienda suelta a sus emociones. A él le gustaba ir de flor en flor, no quería hacerle daño ni hacérselo a él mismo.
- ¡Lily, vas a caerte!
Ese grito los sacó de su burbuja y se separaron un poco. La pelirroja, que agarraba la quaffle con una mano y se aferraba a la escoba con la otra, trataba de esquivar a James, que le cortaba el paso.
-
¡Déjame, pienso marcar ese tanto! - Se quejó ella. - No voy a ir contigo a Hogsmeade.
-
¿Prefieres caerte desde esta altura?
-
Mejor que aceptar esa cita…
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Por Merlín, Lily, no puedes ser tan cabezota. - Sonrió levemente. - Además, ¿de verdad crees que teniendo la oportunidad de ir contigo a Hogsmeade voy a dejarte marcar?
Intentó arrebatarle la pelota, pero ella la agarró con todas sus fuerzas.
-
¿Y si lo dejamos en empate antes de que se maten, Marlene? - Sugirió Sirius. Unos minutos antes no habría dejado aquello así por nada del mundo, pero teniéndola entre sus brazos no quería pensar en ninguna otra cosa. - Nadie gana, nadie pierde. Ya has demostrado que sabes jugar, aunque se te da mejor hacer trampas que seguir una estrategia.
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No dijimos que había que jugar limpio. - Contestó ella antes de morderse el labio. - Dejémoslo en empate, Sirius.
-
¡Chicos, parad ya! - Exclamó entonces él. - El partido ha terminado, hemos empatado y nadie tiene que hacer nada.
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¿Qué? - James frenó en seco. - ¡Venga ya, yo quería mi cita!
-
Y yo que me dejara tranquila. - Protestó Lily.
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Pues tendréis que apañároslas. - La rubia se encogió de hombros. - Esto acaba aquí.
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Aburridos… - El pelinegro tuvo que morderse la lengua. - Está bien, ¿quieres que te ayude a bajar, Evans?
-
Yo puedo sola.
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¿Estás segura? - Enarcó una ceja y ella se sonrojó.
-
Vale, quizás no.
-
Anda, vamos.
La agarró del brazo y bajaron juntos al suelo, casi al mismo tiempo que Sirius y Marlene. Se separaron lentamente, casi a regañadientes, y se bajaron de la escoba. El mayor de los Black rozó entonces la mano de la rubia, que lo miró con una pequeña sombra de duda en sus ojos.
- Marlene…
Quiso acercarse para besarla, pero ella, que se dio cuenta de sus intenciones, bajó la mirada y él se detuvo justo a tiempo. Aquello no habría estado bien. No podían jugar a ese juego porque ambos sabían que, si volvían a besarse, no podrían parar jamás.
-
¡Eh, parejita! - Exclamó Peter desde lejos, conteniendo la risa a duras penas. - ¿Venís o vais a pasaros toda la tarde ahí?
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Ya vamos. - Respondió su amigo, apartando la mirada de la chica. - Un segundo.
Los dos volvieron a mirarse unos instantes antes de empezar a andar hacia donde los demás los esperaban. Al final había sido una tarde bastante movidita.
Hola a todos :)
Aquí os dejo un nuevo capítulo que, espero, os guste. Al final lo han dejado en empate aunque las chicas no han jugado muy limpio que digamos xDD Maldita Marlene, solo a ella se le pueden ocurrir esas cosas jajajaja (Y la frase sobre James y la camiseta de Lily es de una amiga mía a la que se le ocurrió de forma espontánea al contarle la situación y a la que le agradezco que me la haya cedido jajajaja)
Dicho esto, pasad un buen fin de semana y nos leemos el martes ;)
Un beso grande,
María :)