La niña que sobrevivió — capítulo 11
Perdón por el retraso, pero aquí está...
En años venideros, Harly nunca pudo recordar cómo se las había arreglado para hacer sus exámenes, cuando una parte de ella esperaba que Voldemort entrara por la puerta en cualquier momento. Sin embargo, los días pasaban y no había dudas de que Fluffy, para felicidad de Hydra,seguía bien y con vida, detrás de la puerta cerrada.
Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde se examinaban por escrito.
Les habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento anti trampa.
También tenían exámenes prácticos. El profesor Flitwick los llamó uno a uno al aula, para ver si podían hacer que una piña bailara claqué encima del escritorio. La profesora McGonagall los observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé.
Ganaban puntos las cajas más bonitas, pero los perdían si tenían bigotes. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre sus nucas mientras trataban de recordar cómo hacer una poción para olvidar.
Harly lo hizo todo lo mejor que pudo, tratando de hacer caso omiso de las punzadas que sentía en la frente, un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque.
Parvati pensaba que Harly e Hydra eran un caso grave de nerviosismo, porque no podían dormir por las noches y les ofreció un poco de poción para dormir, que ellas, amablemente, rechazaron. Pero la verdad era que las chicas se despertaban gritando por culpa de sus viejas pesadillas, que se había vuelto peor.
Tal vez porque ellos no habían visto lo que Harly e Hydra vieron en el bosque, Ron y Hermione no parecían tan preocupados por la Piedra como ellas dos. La idea de Voldemort los atemorizaba, desde luego, pero no los visitaba en sueños y estaban tan ocupados repasando que no les quedaba tiempo para inquietarse por lo que Snape o algún otro estuvieran tramando. Cuando Harly mencionó que ella era la más preocupada porque todo el tiempo le quemaba una cicatriz en la frente, Hydra se arremango la túnica. En su muñeca derecha, escondida habitualmente por pulseras o la manga de una túnica, estaba una cicatriz igual a la que Harly tenía en la frente
—No tengo idea de porque la tengo o como me la hice, pero a mí también me duele desde que fuimos al bosque y me preocupa mucho. Así que, por favor, deja de decir que eres la única preocupada.
El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estarían libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibieran los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns les dijo que dejaran sus plumas y enrollaran sus pergaminos, Harly no pudo dejar de alegrarse con el resto.
—Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando se reunieron con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el**Vehemente.
A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que se fueron hacia el lago y se dejaron caer bajo un árbol. Los gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.
—Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Pueden alegrarse un poco, chicas, últimamente siempre tienen una cara horrible —dijo refiriéndose a Harly e Hydra—, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.
Las dos se frotaban sendas cicatrices.
—¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló Harly enfadada—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora.
—Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione.
—No está enferma ¡ni yo lo estoy! —dijo Hydra—. Creo que es un aviso... significa que se acerca el peligro...
Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor.
—Harly, Hydra, relájense, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la forma de burlar a Fluffy. Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al quidditchen el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dumbledore.
Harly asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo:
—Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen.
Pero Harly estaba segura de que aquella sensación inquietante nada tenía que ver con los exámenes. Vio una lechuza que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado una carta. Hagrid nunca traicionaría a Dumbledore. Hagrid nunca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy... nunca... Pero...
Harly e Hydra, súbitamente, se pusieron de pie de un salto.
Las dos amigas se voltearon a ver y entendieron que las dos habían seguido el mismo camino en sus pensamientos
—¿Adónde van? —preguntó Ron con aire soñoliento.
—Acabo de pensar en algo —dijo Hydra. Se había puesto más pálida de lo que ya era de por sí —. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora.
—¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose.
—¿No os parece un poco raro —dijo Harly, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se nos ocurrió antes?
—¿En qué están pensando? —preguntó Ron, pero ninguna le contestó ya que habían echado a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, Hydra, como siempre, por delante.
Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.
—Hola —dijo sonriente—. ¿Habéis terminado los exámenes? ¿Tenéis tiempo para beber algo?
—Sí, por favor —dijo Ron, pero Harly lo interrumpió.
—No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas?
—No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa.
Vio que los cuatro chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas.
—No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.
Hydra se dejó caer acariciando a Fang cerca del recipiente de los guisantes.
—¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts?
—Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy, un dragón era algo fácil.
—¿Y él... pareció interesado en Fluffy? —preguntó Harly, tratando de conservar la calma.
—Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffyera buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...
De pronto Hagrid pareció horrorizado.
—¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olvidad que lo dije! Eh... ¿adónde vais?
Harly, Hydra, Hermione y Ron no se hablaron hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.
—Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Harly—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy, y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?
Miraron alrededor, como si esperaran que alguna señal se lo indicara. Nunca les habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocían a nadie a quien hubieran enviado a verlo.
—Tendremos que... —empezó a decir Hydra pero súbitamente una voz cruzó el vestíbulo.
—¿Qué estáis haciendo los cuatro aquí dentro?
Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros.
—Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermione con valentía, según les pareció a Ron, Hydra y Harly.
—¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué?
Harly tragó: «¿Y ahora qué?».
—Es algo secreto —dijo Ron, pero de inmediato deseó no haberlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó.
—El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato.
—¿Se fue? —preguntó Harly con aire desesperado—. ¿Ahora?
—El profesor Dumbledore es un gran mago, señorita Potter, y tiene muchos compromisos...
—Pero esto es importante.
—¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter?
—Mire —interrumpió Hydra dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...
Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos.
—¿Cómo es que saben...? —farfulló.
—Profesora, creemos... sabemos... que alguien va a tratar de robar la Piedra. Tenemos que hablar con el profesor Dumbledore.
La profesora los miró entre impresionada y suspicaz.
—El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo finalmente—. No sé cómo habéis descubierto lo de la Piedra, pero quedaos tranquilos. Nadie puede robarla, está demasiado bien protegida.
—Pero profesora...
—Harly, sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cortante. Se inclinó y recogió sus libros—. Os sugiero que salgáis y disfrutéis del sol.
Pero no lo hicieron.
—Será esta noche —dijo Harly una vez que se aseguraron de que la profesora McGonagall no podía oírlos—. Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en medio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore.
—Pero ¿qué podemos...?
Hermione tosió. Harly, Hydra y Ron se volvieron.
Snape estaba allí.
—Buenas tardes —dijo amablemente. Lo miraron sin decir nada.
—No deberíais estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.
—Nosotros... —comenzó Harly, sin idea de lo que diría.
—Debéis ser más cuidadosos —dijo Snape—. Si os ven andando por aquí, pueden pensar que vais a hacer alguna cosa mala. Y Gryffindor no puede perder más puntos, ¿no es cierto?
Harly se ruborizó. Se dieron media vuelta para irse, pero Snape los llamó.
—Tengan cuidado, Potter, Black, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que las expulsen, señoritas. Que pasen un buen día.
Se alejó en dirección a la sala de profesores.
Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harly se volvió hacia sus amigos.
—Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Dos de nosotros tienen que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú, Ron, ¿la puedes acompañar?
—¿Por qué yo?
—Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...» y claro, yo la acompaño.
—Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape.
—Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Harly a Hydra—.Vamos.
Pero aquella parte del plan no funcionó. Tan pronto como llegaron a la puerta que separaba a Fluffydel resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había perdido la paciencia.
—Supongo que creeréis que sois los mejores para vencer todos los encantamientos—dijo con rabia—. ¡Ya son suficientes tonterías! Si me entero de que habéis vuelto por aquí, os quitaré otros cincuenta puntos para Gryffindor. ¡Sí, Black, de mi propia casa!
Harly e Hydra regresaron a la sala común.
Hydra estaba tan nerviosa que empezó a tararear una canción.
Cuando Harly se dio cuenta de que canción era, grito sorprendida
—¡No puedo creer que te guste The Beatles! ¡Ni siquiera sabía que los conocías!
—¡Por supuesto que los conozco! Mi primer nombre es el título de la canción…
—¿Te llamas Penny?
—En realidad, mi nombre completo en Penny Lane Hydra Black
—¿En serio? ¡Es genial! ¡Me encantan los Beatles y tú llevas un poco de ellos contigo!
Estuvieron charlando un rato más y justo cuando llegaron al tema de cómo les estaría yendo a Hermione y Ron, el retrato de la Dama Gorda se abrió y aparecieron sus dos amigos.
—¡Lo siento mucho chicas! —se quejó Hermione—. Snape apareció y nos preguntó qué estábamos haciendo, así que le dije que esperaba al profesor Flitwick y que Ron simplemente me acompañaba. Snape fue a buscarlo, nosotros tuvimos que irnos y no sabemos adónde habrá ido Snape.
Cuando terminó de hablar, Harly e Hydra intercambiaron una mirada y dijeron a coro:
—Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad?
Los otros dos las miraron asombrados. Estaban pálidas (Hydra parecía translúcida) y los ojos les brillaban.
Al ver que no entendían, Hydra les explicó
—Las dos iremos esta noche y trataremos de llegar antes y conseguir la Piedra.
—¡Están locas! —dijo Ron.
—¡No pueden! —dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Las van a expulsar!
—¿Y qué? —gritó Harly desesperada—. ¿No comprendéis? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No habéis oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscuras! ¿No os dais cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creéis que él dejará que vosotros y vuestras familias estéis tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa? Si nos atrapan antes de que consigamos la Piedra, bueno, yo tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí e Hydra estará bien en su casa con su familia. Para mi será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tenebroso. Vamos a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digáis nos detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recordáis?
Los miró con furia.
—Tienes razón, Harly —dijo Hermione, casi sin voz.
—Voy a llevar la capa invisible —dijo Harly—. Es una suerte haberla recuperado.
—Pero ¿nos cubrirá a los cuatro? —preguntó Ron.
Hydra estaba sorprendida de que se hubieran añadido
—¿A... nosotros cuatro?
—Oh, vamos, ¿no pensarán que las vamos a dejar ir solas?
—Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo creen que van a conseguir la Piedra sin nosotros? Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva...
—Pero si nos atrapan, también os expulsarán a vosotros.
—No, si Hydra y yo podemos evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tenemos ciento doce sobre cien. No nos van a expulsar después de eso.
Tras la cena, los cuatro se sentaron en la sala común, lejos de todos. Nadie los molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor hablaba con Harly, ni con Hydra, pero ésa fue la primera noche que no le importó. Hermione revisaba sus apuntes, confiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar. Hydra tarareaba canciones, como cada que estaba nerviosa. Harly y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían. Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.
—Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose.
Harly corrió por las escaleras hasta su dormitorio oscuro. Sacó la capa y entonces su mirada se fijó en la flauta que Hagrid le había regalado para Navidad. La guardó para utilizarla con Fluffy: no tenía muchas ganas de cantar, aunque Hydra podría ayudar un poco en eso...
Regresó a la sala común.
—Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos aseguremos de que nos cubra a los cuatro... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí...
—¿Qué vais a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Neville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad.
—Nada, Neville, nada —dijo Harly, escondiendo la capa detrás de la espalda.
Neville observó sus caras de culpabilidad.
—Vais a salir de nuevo —dijo.
—No, no, no —aseguró Hermione—. No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?
Hydra miró al reloj de pie que había al lado de la puerta. No podían perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy.
—No podéis iros —insistió Neville—. Os volverán a atrapar. Gryffindor tendrá más problemas.
—Tú no lo entiendes —dijo Harly—. Esto es importante.
Pero era evidente que Neville haría algo desesperado.
—No dejaré que lo hagáis —dijo, corriendo a ponerse frente al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con vosotros!
—¡Neville! —estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota!
—¡No me llames idiota! —dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigáis faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente!
—Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron—. Neville, no sabes lo que estás haciendo.
Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer al sapo Trevor, que desapareció de la vista.
—¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levantando los puños—. ¡Estoy listo!
Harly se volvió hacia Hydra y Hermione.
—Hagan algo —dijo desesperada. Las dos se miraron y dieron un paso adelante.
—Neville —dijeron al mismo tiempo—, de verdad, siento mucho, mucho, esto.
Levantaron la varita.
—¡Petrificus totalus!—gritaron, señalando a Neville.
Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus piernas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco.
Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la mandíbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mirándolos horrorizado.
—¿Qué le han hecho? —susurró Harly.
—Es la Inmovilización Total —dijo Hydra angustiada—. Oh, Neville, lo siento tanto...
—Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mientras se alejaban para cubrirse con la capa invisible.
Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua les parecía que era Filch, y cada silbido lejano del viento les parecía Peeves que los perseguía.
Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.
—Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez —murmuró Ron en el oído de Harly, que negó con la cabeza. Mientras pasaban con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no los vio.
No se encontraron con nadie más, hasta que llegaron a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.
—¿Quién anda por ahí? —dijo súbitamente, mientras subían hacia él. Entornó sus malignos ojos negros—. Sé que estáis aquí, aunque no pueda veros. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables?
Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo.
—Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible.
Harly tuvo súbitamente una idea.
—Peeves —dijo en un ronco susurró—, el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible.
Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.
—Lo siento mucho, sanguinaria señoría —dijo en tono meloso—. Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor.
—Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harly imitando la voz del fantasma—. Mantente lejos de este lugar esta noche.
—Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire—. Espero que los asuntos del señor barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré.
Y desapareció.
—¡Genial, Harly! —susurró Ron.
Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta.
—Bueno, ya lo veis —dijo Harly con calma—. Snape ya ha pasado ante Fluffy.
Ver la puerta abierta les hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que tenían que enfrentarse. Por debajo de la capa, Harly e Hydra se volvieron hacia los otros dos.
—Si queréis regresar, no os lo reprocharemos —dijo—. Podéis llevaros la capa, no la vamos a necesitar.
—No sean tontas —dijo Ron.
—¡Vamos con ustedes! —dijo Hermione.
Harly empujó la puerta.
Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.
—¿Qué tiene en los pies? —susurró Hermione.
—Parece un arpa —dijo Ron—. Snape debe de haberla dejado ahí.
—Debe despertarse en el momento en que se deja de tocar —dijo Harly—. Bueno, empecemos...
Se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló. No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harly casi ni respiraba. Hydra comenzó a cantar la primera canción que se le vino a la mente.
—Penny Lane there is a barber showing photographs of every head he's had the pleasure to know And all the people that come and go stop to say hello On the corner is a banker with a motor car the little children laugh at him behind his back And the banker never wears a "mac" in the pouring rain Very strange
Hydra continuó cantando mientras Harly cambiaba el ritmo de su melodía para ir a la par de su canción
« Penny Lane is in my ears and in my eyes Here beneath the blue suburban skies I sit and meanwhile back in»
« Penny Lane there is a fireman with an hourglass And in his pocket is a portrait of the Queen He likes to keep his fire engine clean»
«It's clean machine»
«Penny Lane is in my ears and in my ears Full of fish and finger pies in summer meanwhile back»
«Behind the shelter in the middle of the roundabout A pretty nurse is selling poppies from a tray And though she feels as if she's in a play She is anyway»
«Penny Lane, the barber shaves another customer We see the banker sitting waiting for a trim And then the fireman rushes in from the pouring rain very strange»
«Penny Lane is in my ears and in my eyes Here beneath the blue suburban skies I sit and meanwhile back»
«Penny Lane is in my ears and in my eyes There beneath the blue suburban skies Penny Lane»
No era precisamente lo que Harly llamaría una canción de cuna, pero surgía efecto. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, Fluffy se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.
—Sigan así —advirtió Ron a Hydra y Harly, mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproximaba a las gigantescas cabezas.
—Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, espiando por encima del lomo del perro—. ¿Quieres ir delante, Hermione?
—¡No, no quiero!
—Muy bien. —Ron apretó los dientes y anduvo con cuidado sobre las patas del perro. Se inclinó y tiró de la argolla de la trampilla, que se levantó y abrió.
—¿Qué puedes ver? —preguntó Hermione con ansiedad.
—Nada... sólo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer.
Harly, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención de Ron y se señaló a sí misma y a Hydra.
—¿Quieres que vayan primero? ¿Estás segura? —dijo Ron—. No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que ella pueda seguir haciéndolo dormir.
Harly le entregó la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo.
Harly se acercó y miró hacia abajo. No se veía el fondo. Sin más, se dejó caer.
Hydra se descolgó por la abertura y quedó suspendida de los dedos. Miró a Ron y dijo:
—Si algo nos sucede, no sigáis. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwiga Dumbledore. ¿De acuerdo?
—Ni creas que las voy a dejar ir so…
—¿¡De acuerdo!? —insistió Hydra
—De acuerdo —respondió Ron a regañadientes.
—Nos veremos en un minuto, espero...
E Hydra se dejó caer. Frío, aire húmedo mientras caía, caía, caía y...
¡PAF! Aterrizó en algo mullido, con un ruido suave y extraño. Harly estaba a su lado, la ayudo a incorporarse y miraron alrededor, con ojos desacostumbrados a la penumbra. Parecía que estaban sentadas sobre una especie de planta.
—¡Todo bien! —gritó Harly al cuadradito de luz del tamaño de un sello, que era la abertura de la trampilla—. ¡Fue un aterrizaje suave, puedes saltar!
Ron las siguió de inmediato. Aterrizó al lado de Harly
—¿Qué es esta cosa? —fueron sus primeras palabras.
Hydra fue quien respondió
—No sé, alguna clase de planta. Supongo que está aquí para detener la caída. ¡Vamos, Hermione!
La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado. Cayó al otro lado de Hydra.
—Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio —dijo la niña.
—Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron.
—¿Te alegras? —gritó Hermione—. ¡Miraos!
Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar porque, en el momento en que cayó, la planta comenzó a extenderse como una serpiente para sujetarle los tobillos. Harly, Hydra y Ron, mientras tanto, ya tenían las piernas totalmente cubiertas, sin que se hubieran dado cuenta.
Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atrapara. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse la planta de encima, pero mientras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.
—¡Dejad de moveros! —ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo!
—Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda —gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello.
—¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione.
—¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harly, mientras la planta le oprimía el pecho.
—Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo el profesor Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad...
—¡Entonces enciende un fuego! —dijo Hydra.
—Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos.
—¿TE HAS VUELTO LOCA? —preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO?
—¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione.
Agitó su varita, murmuró algo y envió a la planta unas llamas azules como las que había utilizado con Snape. En segundos, los dos muchachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndose y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y pudieron moverse.
—Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Harly, mientras se acercaba a la pared, secándose el sudor de la cara.
—Sí —dijo Ron—, y yo me alegro de que ni Harly ni Hydra pierdan la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente...
—Por aquí —dijo Harly, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino.
Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el goteo del agua en las paredes.
El pasadizo bajaba oblicuamente y Harly se acordó de Gringotts. Con un desagradable sobresalto, recordó a los dragones que decían que custodiaban las cámaras, en el banco de los magos. Si encontraban un dragón, un dragón más grande... Con Norbertoya habían tenido suficiente...
—¿Oyen algo? —susurró Ron.
Harly escuchó. Un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante.
—¿Crees que será un fantasma?
—No lo sé... a mí me parecen alas.
Llegaron hasta el final del pasillo y vieron ante ellos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre ellos. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.
—¿Creen que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron.
—Es probable —contestó Hydra—. No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... solo no se asusten por lo que están a punto de ver ¿si?... prometo después explicarles... voy a correr.
Respiró profundamente, lentamente, su cuerpo fue cambiando al de una loba albina, dejando a Hermione y a Ron bastante impresionados, Harly, en cambio, ataba cabos en su mente, recordando todas las veces que había pensado que la cara de su amiga se veía distinta, recordando que los centauros habían dicho «una criatura y una humana» refiriéndose a ellas y entonces lo comprendió.
En los que pareció una milésima de segundo, Hydra cruzó corriendo la habitación. Esperaba sentir picos agudos y garras desgarrando su cuerpo, pero no sucedió nada. Alcanzó la puerta sin que la tocaran. Se transformó en humana y movió la manija, pero estaba cerrada con llave.
Los otros tres la imitaron.
—¿Cómo es qu… —empezó a decir Harly
—Después —le contestó Hydra si dejarla terminar su pregunta mientras intentaban abrir la puerta.
Tiraron y empujaron, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.
—¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron.
—Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione.
Observaron los pájaros, que volaban sobre sus cabezas, brillando... ¿Brillando?
—¡No son pájaros! —dijo de pronto Harly—. ¡Son llaves! Llaves aladas, mirad bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los otros observaban la bandada de llaves—. Sí... mirad ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!
—¡Pero hay cientos de llaves!
Ron examinó la cerradura de la puerta.
—Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata, probablemente, como la manija.
Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvieron en el aire, remontándose entre la nube de llaves. Trataban de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas.
Pero no por nada Harly era la más joven buscadora del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.
—¡Es ésa! —gritó a los otros—. Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.
Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.
—¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harly, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Ron, ven desde arriba, Hermione, quédate abajo y no la dejes descender, Hydra, tú no la dejes ir hacia el pasillo. Yo trataré de atraparla. Bien: ¡AHORA!
Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, Hydra fue recto, la llave los esquivó a los tres, y Harly se lanzó tras ella. Iban a toda velocidad hacia la pared contraria a Hydra, Harly se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano. Los vivas de Hydra, Hermione y Ron retumbaron por la habitación.
Aterrizaron rápidamente y Harly corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.
—¿Listos? —preguntaron Harly e Hydra a los otros dos, con la mano en la manija de la puerta.
Asintieron. Harly abrió la puerta.
La habitación siguiente estaba tan oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.
Estaban en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como ellos y construidas en lo que parecía piedra. Frente a ellos, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas. Harly, Hydra, Hermione y Ron se estremecieron: las piezas blancas no tenían rostros.
—¿Ahora qué hacemos? —susurró Hydra
—Está claro, ¿no? —dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.
Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.
—¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo.
—Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas.
Se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron.
—¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?
El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a los otros dos.
—Esto hay que pensarlo... —dijo—. Supongo que tenemos que ocupar el lugar de tres piezas negras.
Harly, Hydra y Hermione esperaron en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin dijo:
—Bueno, no os ofendáis, pero ninguna de vosotras es muy buena en ajedrez...
—No nos ofendemos —dijo rápidamente Harly—. Simplemente dinos qué tenemos que hacer.
—Bueno, Hydra, tú ocupa el lugar de ese alfil, tú, Hermione, ponte en lugar de esa torre, al lado de Hydra, y tú, Harly, tú serás la reina.
—¿Y qué pasa contigo?
—Yo seré un caballo.
Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras, un caballo, un alfil, una torre y la reina dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres cuatro cuadrados que Harly, Hydra, Hermione y Ron ocuparon.
—Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero—. Sí... mirad.
Un peón blanco se movió hacia delante.
Ron comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba. A Harly le temblaban las rodillas. ¿Y si perdían?
—Hydra... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha.
La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo.
—Tuve que dejar que sucediera —dijo Ron, conmovido—. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione.
Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a sus tres amigas del peligro. Él mismo jugó por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.
—Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Dejadme pensar... dejadme pensar. La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.
—Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me cojan.
—¡NO! —gritaron Harly, Hydra y Hermione.
—¡Esto es ajedrez! —dijo enfadado Ron—. ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harly.
—Pero...
—¿Quieres detener a Snape o no?
—Ron...
—¡Si no os dais prisa va a conseguir la Piedra!
No había nada que hacer.
—¿Lista? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido—. Allá voy, y no os quedéis una vez que hayáis ganado.
Se movió hacia delante y la reina blanca saltó. Golpeó a Ron con fuerza en la cabeza con su brazo de piedra y el chico se derrumbó en el suelo. Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado. Parecía desmayado.
Muy conmovida, Harly se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harly. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harly, Hydra y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.
Hermione parecía muy afectada cuando preguntó
—¿Y si él está...?
—Él estará bien —dijo Hydra, tratando de convencerse a sí misma—. ¿Qué creen que nos queda?
Harly hizo cuentas
—Tuvimos a Sprout en el Lazo del Diablo, Flitwick debe de haber hechizado las llaves, y McGonagall transformó a las piezas de ajedrez. Eso nos deja el hechizo de Quirrell y el de Snape...
Habían llegado a otra puerta.
—¿Todo bien? —susurró Harly.
—Espera un momento…
Hydra volvió a transformarse en una loba. Harly se prometió que luego tendría una larga charla con su amiga.
—Adelante —dijo Hermione
Harly empujó y abrió.
Un tufo desagradable las invadió, haciendo que se taparan la nariz con la túnica y que Hydra gruñera.
Con ojos que lagrimeaban debido al olor, vieron, aplastado en el suelo frente a ellos, un trol más grande que el que habían derribado, inconsciente y con un bulto sangrante en la cabeza.
—Me alegro de que no tengamos que pelear con éste —susurró Harly, mientras pasaban con cuidado sobre una de las enormes piernas—. Vamos, no puedo respirar.
Abrió la próxima puerta, las tres casi sin atreverse a ver lo que seguía... Pero no había nada terrorífico allí, Sólo una mesa con siete botellas de diferente tamaño puestas en fila.
—Snape —dijo Hydra con su forma humana de nuevo—. ¿Qué tenemos que hacer?
Pasaron el umbral y de inmediato un fuego se encendió detrás de ellas. No era un fuego común, era púrpura. Al mismo tiempo, llamas negras se encendieron delante.
Estaban atrapadas.
—¡Miren! —Hermione cogió un rollo de papel, que estaba cerca de las botellas.
Harly miró por encima de su hombro para leerlo:
El peligro yace ante ti, mientras la seguridad está detrás,
dos queremos ayudarte, cualquiera que encuentres,
una entre nosotras siete te dejará adelantarte,
otra llevará al que lo beba para atrás,
dos contienen sólo vino de ortiga,
tres son mortales, esperando escondidos en la fila.
Elige, a menos que quieras quedarte para siempre,
para ayudarte en tu elección, te damos cuatro claves:
Primera, por más astucia que tenga el veneno para ocultarse siempre
encontrarás alguno al lado izquierdo del vino de ortiga;
Segunda, son diferentes las que están en los extremos, pero si quieres moverte
hacia delante, ninguna es tu amiga;
Tercera, como claramente ves, todas tenemos tamaños diferentes: Ni el enano
ni el gigante guardan la muerte en su interior;
Cuarta, la segunda a la izquierda y la segunda a la derecha son gemelas una
vez que las pruebes, aunque a primera vista sean diferentes.
Hermione dejó escapar un gran suspiro y sus dos amigas, sorprendidas, vieron que sonreía, lo último que habían esperado que hiciera.
—Muy bueno —dijo Hermione—. Esto no es magia... es lógica... es un acertijo. Muchos de los más grandes magos no han tenido una gota de lógica y se quedarían aquí para siempre.
Esto desmoralizo a Harly
—Pero nosotras también, ¿no?
—Por supuesto que no —dijo Hermione—. Lo único que necesitamos está en este papel. Siete botellas: tres con veneno, dos con vino, una nos llevará a salvo a través del fuego negro y la otra hacia atrás, por el fuego púrpura.
—Pero ¿cómo sabremos cuál beber? —preguntó Hydra
—Denme un minuto.
Hermione leyó el papel varias veces. Luego paseó de un lado al otro de la fila de botellas, murmurando y señalándolas. Al fin, se golpeó las manos.
—Lo tengo —dijo—. La más pequeña nos llevará por el fuego negro, hacia la Piedra.
Harly miró a la diminuta botella.
—Aquí hay sólo para dos de nosotras —dijo—. No hay más que dos tragos o algo así.
Se miraron.
—¿Cuál nos hará volver por entre las llamas púrpura?
Hermione señaló una botella redonda del extremo derecho de la fila.
—Tú bebe de ésa —dijo Hydra—. No: vuelve, busca a Ron y coge las escobas del cuarto de las llaves voladoras. Con ellas podréis salir por la trampilla sin que os vea Fluffy. Id directamente a la lechucería y enviad a Hedwiga Dumbledore, lo necesitamos. Puede ser que nosotras detengamos un poco a Snape, pero la verdad es que no podemos igualarlo.
—Pero chicas... ¿y si Quien-tú-sabes está con él?
—Bueno, ya tuve suerte una vez, ¿no? —dijo Harly, señalando su cicatriz—. Puede ser que la tenga de nuevo y que Hydra también.
Los labios de Hermione temblaron, y de pronto se lanzó sobre sus dos amigas y las abrazó.
—¡Hermione!
—Harly... Hydra… Las dos son grandes brujas, ya lo saben.
—Ninguna es tan buena como tú, Hermi —contestó Harly, mientras ella las soltaba.
—¡Yo! —exclamó Hermione—. ¡Libros! ¡Inteligencia! Hay cosas mucho más importantes, amistad y valentía y... ¡Oh, chicas, tengan cuidado!
—Bebe primero —dijo Hydra—. Estás segura de cuál es cuál, ¿no?
—Totalmente —dijo Hermione. Se tomó de un trago el contenido de la botellita redondeada y se estremeció.
—No es veneno, ¿verdad? —dijo Harly con voz anhelante.
—No... pero parece hielo.
Hydra volteo a ver las llamas violetas
—Rápido, vete, antes de que se termine el efecto.
—Buena suerte... tengan cuidado...
—¡VETE! —dijeron Harly e Hydra a coro
Hermione giró en redondo y pasó directamente a través del fuego púrpura.
Harly respiró profundamente y cogió la más pequeña de las botellas. Se enfrentó a las llamas negras.
—Allá vamos, amiga —dijo, y se bebió un trago, luego se la pasó a Hydra para que ella también bebiera.
Era realmente como si tragaran hielo. Hydra dejó la botella y tomando la mano de Harly fueron hacia delante. Harly se dio ánimo al ver que las llamas negras lamían su cuerpo pero no la quemaban. Durante un momento ninguna pudo ver más que fuego oscuro. Luego se encontraron al otro lado, en la última habitación.
Ya había alguien allí. Pero no era Snape. Y tampoco era Voldemort.