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La niña que sobrevivió — capítulo 12

Era Quirrell.

—¿Usted? —exclamó Harly.

—¡Lo sabía! —exclamó a su vez Hydra

Quirrell sonrió. Su rostro no tenía ni sombra del tic.

—Yo —dijo con calma— me preguntaba si me iba a encontrar contigo aquí, Potter, pero he de admitir que verte con ella es una sorpresa, Black.

Harly estaba bastante confundida

—Pero yo pensé... Snape...

—¿Severus? —Quirrell rió, y no fue con su habitual sonido tembloroso y entrecortado, sino con una risa fría y aguda—. Sí, Severus parecía ser el indicado, ¿no? Fue muy útil tenerlo dando vueltas como un murciélago enorme. Al lado de él ¿quién iba a sospechar del po-pobre tar-tamudo p-profesor Quirrell?

Hydra no podía aceptarlo. Todo ese tiempo había creído que Quirrell trabajaba con Snape y ahí estaba él, completamente sólo.

—¡Pero Snape trató de matarla!

—No, no, no. Yo traté de matarla. Su amiga, la señorita Granger, accidentalmente me atropelló cuando corría a prenderle fuego a Snape, en ese partido de quidditch. Y rompió el contacto visual que yo tenía Harly. Unos segundos más y la habría hecho caer de esa escoba. Y ya lo habría conseguido, si Snape no hubiera estado murmurando un contramaleficio, tratando de salvarla.

Harly se quedó boquiabierta

—¿Snape trataba de salvarme a mí?

—Por supuesto —dijo fríamente Quirrell—. ¿Por qué crees que quiso ser árbitro en el siguiente partido? Estaba tratando de asegurarse de que yo no pudiera hacerlo otra vez. Gracioso, en realidad... no necesitaba molestarse. No podía hacer nada con Dumbledore mirando. Todos los otros profesores creyeron que Snape trataba de impedir que Gryffindor ganase, se ha hecho muy impopular... Y qué pérdida de tiempo cuando, después de todo eso, voy a matarte esta noche.

Quirrell chasqueó los dedos. Unas sogas cayeron del aire y se enroscaron en los cuerpos de Harly e Hydra, uniéndolas por la espalda con fuerza.

—Las dos son demasiado molestas para vivir, señoritas. Deslizándose por el colegio, como en Halloween, porque vencieron al mounstro que yo había traído como distracción.

Aunque sabía que no era el momento, Hydra estaba que cantaba, ¡había tenido razón desde el principio!

Harly, sin embargo, seguía sin poder creer lo que pasaba

—¿Usted fue el que dejó entrar al trol?

—Claro. Yo tengo un don especial con esos monstruos. ¿No vieron lo que le hice al que estaba en la otra habitación? Desgraciadamente, cuando todos andaban corriendo por ahí para buscarlas, Snape, que ya sospechaba de mí, fue directamente al tercer piso para ganarme de mano, y no sólo hizo que mi monstruo no pudiera matar a ninguna, sino que ese perro de tres cabezas no mordió la pierna de Snape de la manera en que debería haberlo hecho...

Hizo una pausa:

—Ahora, esperen tranquilas, niñas. Necesito examinar este interesante espejo.

De pronto, Harly vio lo que estaba detrás de Quirrell. Era el espejo de Oesed.

—Este espejo es la llave para poder encontrar la Piedra —murmuró Quirrell, dando golpecitos alrededor del marco—. Era de esperar que Dumbledore hiciera algo así... pero él está en Londres... Cuando pueda volver, yo ya estaré muy lejos.

Lo único que se le ocurrió a Hydra fue tratar de que Quirrell siguiera hablando y dejara de concentrarse en el espejo.

—Entonces, lo que vimos en el bosque, cuando usted estaba con Snape... —dijo de golpe.

—Sí —dijo Quirrell, sin darle importancia, paseando alrededor del espejo para ver la parte posterior—. Me estaba siguiendo, tratando de averiguar hasta dónde había llegado. Siempre había sospechado de mí. Trató de asustarme... Como si pudiera, cuando yo tengo a lord Voldemort de mi lado...

Quirrell salió de detrás del espejo y se miró en él con enfado.

—Veo la Piedra... se la presento a mi maestro... pero ¿dónde está?

Las dos amigas lucharon con las sogas qué las ataban, pero no se aflojaron. Tenían que evitar que Quirrell centrara toda su atención en el espejo.

De pronto, Harly dijo

—Pero Snape siempre pareció odiarnos mucho.

—Oh, sí—dijo Quirrell, con aire casual— claro que sí. Estaba en Hogwarts con sus padres, ¿no lo sabían? Se detestaban. Pero nunca quiso que estuvieras muerta.

—Pero hace unos días lo oímos a usted, llorando... Nosotras creímos que Snape lo estaba amenazando... —Hydra continuó la conversación.

Por primera vez, un espasmo de miedo cruzó el rostro de Quirrell.

—Algunas veces —dijo— me resulta difícil seguir las instrucciones de mi maestro... Él es un gran mago y yo soy débil...

—¿Quiere decir que él estaba en el aula con usted? —preguntó Harly

—Él está conmigo dondequiera que vaya —dijo con calma Quirrell—. Lo conocí cuando viajaba por el mundo. Yo era un joven tonto, lleno de ridículas ideas sobre el mal y el bien. Lord Voldemort me demostró lo equivocado que estaba. No hay ni mal ni bien, sólo hay poder y personas demasiado débiles para buscarlo... Desde entonces le he servido fielmente, aunque muchas veces le he fallado. Tuvo que ser muy severo conmigo—Quirrell se estremeció súbitamente—. No perdona fácilmente los errores. Cuando fracasé en robar esa Piedra de Gringotts, se disgustó mucho. Me castigó... decidió que tenía que vigilarme muy de cerca...

La voz de Quirrell se apagó. Harly recordó su viaje al callejón Diagon... ¿Cómo había podido ser tan tonta y tirar a la basura las teorías de Hydra? Había visto a Quirrell aquel mismo día y se habían estrechado las manos en el Caldero Chorreante.

Quirrell maldijo entre dientes.

—No comprendo... ¿La Piedra está dentro del espejo? ¿Tengo que romperlo?

La mente de Harly funcionaba a toda máquina.

«Lo que más deseo en el mundo en este momento —pensó— es encontrar la Piedra antes de que lo haga Quirrell. Entonces, si miro en el espejo, podría verme encontrándola... ¡Lo que quiere decir que veré dónde está escondida! Pero ¿cómo puedo mirar sin que Quirrell se dé cuenta de lo que quiero hacer?»

Volteó a ver a Hydra, diciéndole con la mirada lo que intentaba. Ella asintió y al mismo tiempo, trataron de torcerse hacia la izquierda, para que Harly pudiera ponerse frente al espejo sin que Quirrell lo notara, pero las sogas que tenían alrededor de los tobillos estaban tan tensas que las hicieron caer. Quirrell no les prestó atención. Seguía hablando para sí mismo.

—¿Qué hace este espejo? ¿Cómo funciona? ¡Ayúdame, Maestro!

Y para el horror de las dos niñas, una voz le respondió, una voz que parecía salir del mismo Quirrell.

—Utiliza a las niñas... Utiliza a las niñas...

Quirrell se volvió hacia ellas.

—Sí... Potter, tú primero... ven aquí.

Hizo sonar las manos una vez y las sogas cayeron. Harly se puso lentamente de pie.

—Ven aquí —repitió Quirrell—. Mira en el espejo y dime lo que ves.

Harly se aproximó.

«Tengo que mentir —pensó, desesperada—, tengo que mirar y mentir sobre lo que veo, eso es todo.»

Quirrell se le acercó por detrás. Harly respiró el extraño olor que parecía salir del turbante de Quirrell. Cerró los ojos, se detuvo frente al espejo y los volvió a abrir.

Se vio reflejada, a ella y a Hydra, muy pálidas y con cara de asustadas. Pero un momento más tarde, sus reflejos le sonrieron. La Harly del espejo puso la mano en el bolsillo y sacó una piedra de color sangre. El reflejo de Hydra le guiñó un ojo y guardo la Piedra en el bolsillo y de la Harly del reflejo, cuando lo hacía, Harly sintió que algo pesado caía en su bolsillo real. De alguna manera (era algo increíble) había conseguido la Piedra.

—¿Bien? —dijo Quirrell con impaciencia—. ¿Qué es lo que ves?

Harly, haciendo de tripas corazón, contestó:

—Me veo con Dumbledore, estrechándonos las manos —inventó—. Yo... he ganado la copa de la casa para Gryffindor y ahí están mis amigos conmigo...

Quirrell maldijo otra vez.

—Quítate de ahí —dijo, poniendo a Hydra frente al espejo.

Cuando Harly se hizo a un lado, sintió la Piedra Filosofal contra su pierna. ¿Podrían Hydra y ella escapar?

—¿Y bien, tú que ves, Black?

—Veo a mis tíos… Si, y a mi prima saludándome…

Pero no había dicho más de dos frases cuando una voz aguda habló, aunque Quirrell no movía los labios.

—Ellas mienten... ellas miente...

—¡Potter, vuelve aquí! —gritó Quirrell, poniendo a las dos niñas frente al espejo—. ¡Digan la verdad! ¿Qué es lo que han visto?

La voz aguda se oyó otra vez.

—Déjame hablar con ellas... cara a cara...

—¡Maestro, no está lo bastante fuerte todavía!

—Tengo fuerza suficiente... para esto.

Harly sintió como si el Lazo del Diablo la hubiera clavado en el suelo. No podía mover ni un músculo. Petrificadas, Harly e Hydra observaron a Quirrell, que empezaba a desenvolver su turbante. ¿Qué iba a suceder? El turbante cayó. La cabeza de Quirrell parecía extrañamente pequeña sin él. Entonces, Quirrell se dio la vuelta lentamente.

Las dos hubieran querido gritar, pero no podían dejar salir ningún sonido.

Donde tendría que haber estado la nuca de Quirrell, había un rostro, la cara más terrible que Harly hubiera visto en su vida. Era de color blanco tiza, con brillantes ojos rojos y ranuras en vez de fosas nasales, como las serpientes.

—Harly Potter... Hydra… —susurró.

Harly trató de jalar a Hydra y retroceder, pero sus piernas no le respondían.

—¿Ven en lo que me he convertido? —dijo la cara—. No más que en sombra y quimera... Tengo forma sólo cuando puedo compartir el cuerpo de otro... Pero siempre ha habido seres deseosos de dejarme entrar en sus corazones y en sus mentes... La sangre de unicornio me ha dado fuerza en estas semanas pasadas... las dos vieron al leal Quirrell bebiéndola para mí en el bosque... y una vez que tenga el Elixir de la Vida seré capaz de crear un cuerpo para mí... Ahora, Harly... ¿por qué no me entregas la Piedra que tienes en el bolsillo?

Entonces él lo sabía. La idea hizo que de pronto las piernas de Harly se tambalearan, pero la piedra ya no estaba en su bolsillo, por el espejo pudo ver que su reflejo se la pasaba al de Hydra, entonces, seguramente, Hydra la tenía

—No sean tontas —se burló el rostro—. Mejor que salven su propia vida y se unas a mí... o tendrán el mismo final que tus padres, Harly... Murieron pidiéndome misericordia...

—¡MENTIRA! —gritaron de pronto Harly e Hydra.

Quirrell andaba hacia atrás, para que Voldemort pudiera mirarlas. La cara maligna sonreía.

—Qué conmovedor —dijo—. Siempre consideré la valentía... Sí, niñas, los padres de Harly eran valientes... Maté primero a su padre y luchó con valor... Pero tu madre no tenía que morir... ella trataba de protegerlas, aunque nunca me imaginé que aquella noche estarías en esa cuna, Hydra, créanme cuando les digo que no quise unir sus destinos... Ahora, Harly, dame esa Piedra, a menos que quieras que tu madre haya muerto en vano.

—¡NUNCA! —gritaron las dos a coro

Las dos amigas se movieron hacia la puerta en llamas, pero Voldemort gritó: ¡ATRÁPALAS! y, al momento siguiente, Harly sintió la mano de Quirrell sujetando su muñeca y vio que también había agarrado a Hydra. De inmediato, un dolor agudo atravesó sus cicatrices y Harly sintió como si la cabeza fuera a partírsele en dos. Gritaron, luchando con todas sus fuerzas y, para su sorpresa, Quirrell las soltó. El dolor en la cabeza amainó...

Hydra miró alrededor para ver dónde estaba Quirrell y lo vio doblado de dolor, mirándose los dedos, que se ampollaban ante sus ojos.

—¡ATRÁPALAS! ¡Atrápalas! —rugía otra vez Voldemort, y Quirrell arremetió contra ellas, haciéndolas caer al suelo y apretándoles el cuello a cada una con una mano...

La cicatriz que Harly e Hydra compartían casi las enceguecía de dolor y, sin embargo, pudieron ver a Quirrell chillando desesperado.

—Maestro, no puedo sujetarlas... ¡Mis manos... mis manos!

Y Quirrell, aunque mantenía sujetas a las dos aplastándolas con las rodillas, les soltó el cuello y contempló, aterrorizado, sus manos. Harly vio que estaban quemadas, en carne viva, con ampollas rojas y brillantes.

—¡Entonces mátalas, idiota, y termina de una vez! —exclamó Voldemort.

Quirrell levantó la mano para lanzar un maleficio mortal, pero Harly, seguida de Hydra, instintivamente, se incorporó y se aferró a la cara de Quirrell.

—¡AAAAAAH!

Quirrell se apartó, con el rostro también quemado, y entonces Harly se dio cuenta:

Quirrell no podía tocarlas sin sufrir un dolor terrible. Su única oportunidad era sujetar a Quirrell, que sintiera tanto dolor como para impedir que hiciera el maleficio...

Hydra parecía haber pensado lo mismo, pues se puso de pie de un salto al mismo tiempo que Harly, cada una cogió a Quirrell de un brazo y lo apretó con fuerza. Quirrell gritó y trató de empujarlas. El dolor de cabeza de éstas aumentaba y las muchachas no podían ver, solamente podía oír los terribles gemidos de Quirrell y los aullidos de Voldemort: ¡MÁTALAS! ¡MÁTALAS!, y otras voces, tal vez sólo en sus cabeza, gritando: «¡Harly! ¡Hydra!».

Harly sintió que el brazo de Quirrell se iba soltando, supo que estaban perdidas, sintió que todo se oscurecía y que caía... caía... caía...

Algo dorado brillaba justo encima de ella. ¡La snitchde su collar! Trató de tomarla, pero sus brazos eran muy pesados.

Pestañeó. No era su collar. Eran un par de gafas. Qué raro.

Pestañeó otra vez. El rostro sonriente de Albus Dumbledore se agitaba ante ella. El director estaba en medio de las niñas.

—Buenas tardes, niñas —dijo Dumbledore.

Harly lo miró asombrada, luego volteó y vio a Hydra en la cama de al lado. Entonces recordó.

—¡Señor! ¡La Piedra! ¡Era Quirrell! ¡Él tiene la Piedra! Señor, rápido...

—Cálmate, querida muchacha, las dos están un poco atrasadas —dijo Dumbledore—. Quirrell no tiene la Piedra.

Harly e Hydra hablaron a la vez

—¿Entonces quién la tiene? Señor, nosotras...

—Harly, Hydra, por favor, cálmense, o la señora Pomfrey me echará de aquí.

Harly tragó y miró alrededor. Se dio cuenta de que debían de estar en la enfermería.

Estaba acostada en una cama, con sábanas blancas de hilo, y cerca había una mesa, con una enorme cantidad de paquetes, que parecían la mitad de la tienda de golosinas

—Regalos de sus amigos y admiradores —dijo Dumbledore, radiante—. Lo que sucedió en las mazmorras entre ustedes y el profesor Quirrell es completamente secreto, así que, naturalmente, todo el colegio lo sabe. Creo que sus amigos, los señores Fred y George Weasley, son responsables de tratar de enviarte un inodoro, Hydra. No dudo que pensaron que eso te divertiría. Sin embargo, la señora Pomfrey consideró que no era muy higiénico y lo confiscó.

—¿Cuánto tiempo hace que estamos aquí? —preguntó Harly

—Tres días. El señor Ronald Weasley y la señorita Granger estarán muy aliviados al saber que han recuperado el conocimiento. Han estado sumamente preocupados.

—Pero señor, la Piedra... —volvieron a decir Harly e Hydra

—Veo que no quieres que te distraiga. Muy bien, la Piedra. El profesor Quirrell no se las pudo quitar. Yo llegué a tiempo para evitarlo, aunque debo decir que lo estaban haciendo muy bien, me impresionaron.

—¿Usted llegó? ¿Recibió la lechuza que envió Hermione? —dijo Hydra de corrido y sin respirar

—Nos debimos cruzar en el aire. En cuanto llegué a Londres, me di cuenta de que el lugar en donde debía estar era el que había dejado. Llegué justo a tiempo para quitarles a Quirrell de encima...

—¡Fue usted! —exclamó Harly

—Tuve miedo de haber llegado demasiado tarde.

—Casi fue así, no habríamos podido aguantar mucho más sin que nos quitara la Piedra, ¿verdad, Harly?

—No por la Piedra, muchacha, por ustedes... El esfuerzo casi las mata. Durante un terrible momento tuve miedo de que fuera así. En lo que se refiere a la Piedra, fue destruida.

—¿Destruida? —dijeron Harly e Hydra sin entender—. Pero su amigo... Nicolás Flamel...

—¡Oh, saben lo de Nicolás! —dijo contento Dumbledore—. Hicieron bien los deberes, ¿no es cierto? Bien, Nicolás y yo tuvimos una pequeña charla y estuvimos de acuerdo en que era lo mejor.

—Pero eso significa que él y su mujer van a morir, ¿no? —preguntó Harly

—Tienen suficiente Elixir guardado para poner sus asuntos en orden y luego, sí, van a morir.

Dumbledore sonrió ante la expresión de desconcierto que se veía en el rostro de las dos niñas.

—Para alguien tan joven como ustedes, estoy seguro de que parecerá increíble, pero para Nicolás y Perenela será realmente como irse a la cama, después de un día muy, muy largo. Después de todo, para una mente bien organizada, la muerte no es más que la siguiente gran aventura. Saben, la Piedra no era realmente algo tan maravilloso. ¡Todo el dinero y la vida que uno pueda desear! Las dos cosas que la mayor parte de los seres humanos elegirían... El problema es que los humanos tienen el don de elegir precisamente las cosas que son peores para ellos.

Harly yacía allí, sin saber qué decir. Dumbledore canturreó durante un minuto y después sonrió hacia el techo.

—¿Señor? —dijo Harly—. Estuve pensando... Señor, aunque la Piedra ya no esté, Vol... quiero decir Quién-usted-sabe...

—Llámenlo Voldemort, niñas. Utilicen siempre el nombre correcto de las cosas. El miedo a un nombre aumenta el miedo a la cosa que se nombra, recuérdenlo.

Hydra pensó seriamente en lo que iba a decir antes de hablar nuevamente

—Sí, señor. Bien, Voldemort intentará volver de nuevo, ¿no? Quiero decir... No se ha ido, ¿verdad?

—No, Hydra, no se ha ido. Está por ahí, en algún lugar, tal vez buscando otro cuerpo para compartir... Como no está realmente vivo, no se le puede matar. Él dejó morir a Quirrell, muestra tan poca misericordia con sus seguidores como con sus enemigos. De todos modos, niñas, ustedes tal vez has retrasado su regreso al poder. La próxima vez hará falta algún otro preparado para luchar y, si lo detienen otra vez y otra vez, bueno, puede ser que nunca vuelva al poder.

Harly e Hydra asintieron, pero las dos se detuvieron rápidamente, porque eso hacía que les doliera más la cabeza. Luego, Harly dijo:

—Señor, hay algunas cosas más que me gustaría saber, y estoy segura que Hydra también quiere, si nos las puede decir... cosas sobre las que quiero saber la verdad...

—La verdad —Dumbledore suspiró—. Es una cosa terrible y hermosa, y por lo tanto debe ser tratada con gran cuidado. Sin embargo, contestaré sus preguntas a menos que tenga una muy buena razón para no hacerlo. Y en ese caso les pido que me perdonen. Por supuesto, no voy a mentirles.

—Bien... Voldemort dijo que sólo mató a mi madre porque ella trató de evitar que me matara. Pero ¿por qué iba a querer matarme a mí en primer lugar? —inició Harly

Aquella vez, Dumbledore suspiró profundamente.

—Vaya, la primera cosa que me preguntas y no puedo contestarte. No hoy. No ahora. Lo sabrás, un día... Quítatelo de la cabeza por ahora, Harly. Cuando seas mayor... ya sé que eso es odioso... bueno, cuando estés lista, lo sabrás.

Y Harly supo que no sería bueno discutir.

—Voldemort dijo que él no quería unir nuestros destinos de la forma en que lo hizo… ¿Nos podría decir a que se refería? —preguntó Hydra.

Dumbledore se quedó pensando antes de contestar

—Vaya… la segunda pregunta y no se las puedo contestar, lo siento mucho, Hydra… Me temo que tendrás que esperar a ser mayor para tener una respuesta…

—¿Y por qué Quirrell no podía tocarnos? —preguntó Harly esperando que el director se los pudiera responder

—Tu madre murió para salvarlas. Si hay algo que Voldemort no puede entender es el amor. No se dio cuenta de que un amor tan poderoso como el de tu madre hacia ustedes deja marcas poderosas. No una cicatriz, no un signo visible... Haber sido amado tan profundamente, aunque esa persona que nos amó no esté, nos deja para siempre una protección. Eso está en su piel. Quirrell, lleno de odio, codicia y ambición, compartiendo su alma con Voldemort, no podía tocarlas por esa razón. Era una agonía el tocar a una persona marcada por algo tan bueno, ni se diga a dos.

Entonces Dumbledore se mostró muy interesado en un pájaro que estaba cerca de la cortina, lo que le dio tiempo a Harly e Hydra para secarse los ojos con las sábanas. Cuando pudo hablar de nuevo, Harly dijo:

—¿Y la capa invisible y el collar con las fotos... sabe quién me los mandó?

—Ah... Resulta que tu padre me había dejado la capa y pensé que te gustaría tenerla. —Los ojos de Dumbledore brillaron—. Cosas útiles... Tu padre la utilizaba sobre todo para robar comida en la cocina, cuando estaba aquí, del collar, no puedo ayudarte.

—Y hay algo más...

—Dispara, Hydra.

—Quirrell dijo que Snape...

—El profesor Snape, Hydra

—Sí, él... Quirrell dijo que nos odia, porque odiaba a nuestros padres. ¿Es verdad?

—Bueno, ellos se detestaban los unos al otro. Como ustedes y la señorita Parkinson, o el señor Malfoy. Y entonces, sus padres, hicieron algo que Snape nunca pudo perdonarles.

—¿Qué?

—Le salvaron la vida.

—¿Qué?

—Sí... —dijo Dumbledore, con aire soñador—. Es curiosa la forma en que funciona la mente de la gente, ¿no es cierto? El profesor Snape no podía soportar estar en deuda con tu padre, Harly... Creo que se esforzó tanto para protegerte este año porque sentía que así estaría en paz con él. Así podría seguir odiando la memoria de tu padre, en paz...

Harly trató de entenderlo, pero le hacía doler la cabeza, así que lo dejó.

**—**Y señor, hay una cosa más...

—¿Sólo una?

—¿Cómo pude hacer que la Piedra saliera del espejo y luego que Hydra la tuviera?

—Ah, bueno, me alegro de que me preguntes eso. Fue una de mis más brillantes ideas y, entre ustedes y yo, eso es decir mucho. Saben, sólo alguien que quisiera encontrar la Piedra, encontrarla, pero no utilizarla, sería capaz de conseguirla. De otra forma, se verían haciendo oro o bebiendo el Elixir de la Vida. Mi mente me sorprende hasta a mí mismo... Bueno, suficientes preguntas. Les sugiero que comiencen a comer esas golosinas. Ah, las grageas de todos los sabores. En mi juventud tuve la mala suerte de encontrar una con gusto a vómito y, desde entonces, me temo que dejaron de gustarme. Pero creo que no tendré problema con esta bonita gragea, ¿no les parece?

Sonrió y se metió en la boca una gragea de color dorado. Luego se atragantó y dijo:

—¡Ay de mí! ¡Cera del oído!

La señora Pomfrey era una mujer buena, pero muy estricta.

—Sólo cinco minutos —suplicaron Harly e Hydra

—Ni hablar.

—Usted dejó entrar al profesor Dumbledore...

—Bueno, por supuesto, es el director, es muy diferente. Necesitan descansar.

—¡Por favor, señora Pomfrey!

—Estamos descansadas, mire, acostadas y todo lo demás. Oh, vamos, señora Pomfrey...

—Oh, está bien —dijo—. Pero sólo cinco minutos.

Y dejó entrar a Ron y Hermione.

—¡Harly! ¡Hydra!

Hermione parecía lista para lanzarse en sus brazos, pero a Harly le alegró que se contuviera, porque le dolía la cabeza.

—Oh, chicas; estábamos seguros de que les... Dumbledore estaba tan preocupado...

—Todo el colegio habla de ello —dijo Ron—. ¿Qué es lo que realmente pasó?

Fue una de esas raras ocasiones en que la verdadera historia era aún más extraña y apasionante que los más extraños rumores. Harly e Hydra les contaron todo: Quirrell, el espejo, la Piedra y Voldemort.

Ron y Hermione eran muy buen público, jadeaban en los momentos apropiados y, cuando  les dijeron lo que había debajo del turbante de Quirrell, Hermione gritó muy fuerte.

—¿Entonces la Piedra no existe? —dijo por ultimo Ron—. ¿Flamel morirá?

Hydra asintió

—Eso es lo que yo dije, pero Dumbledore piensa que... ¿cómo era? Ah, sí: «Para las mentes bien organizadas, la muerte es la siguiente gran aventura».

—Siempre dije que era un chiflado —dijo Ron, muy impresionado por lo loco que estaba su héroe.

—¿Y qué os pasó a vosotros dos? —preguntó Harly.

—Bueno, yo volví —dijo Hermione—, desperté a Ron (tardé un rato largo) y, cuando íbamos a la lechucería para comunicarnos con Dumbledore, lo encontramos en el vestíbulo de entrada, y él ya lo sabía, porque nos dijo: «Harly e Hydra se fueron a buscarlo, ¿no?», y subió al tercer piso.

—¿Crees que él quería que lo hicieran? —dijo Ron—. ¿Enviándote la capa de tu padre y todo eso?

—Bueno —estalló Hermione—. Si lo hizo... eso es terrible... las podían haber matado.

—No, no fue así —dijo Harly con aire pensativo—. Dumbledore es un hombre muy especial. Yo creo que quería darnos una oportunidad. Creo que él sabe, más o menos, todo lo que sucede aquí. Acepto que debía de saber lo que íbamos a intentar y, en lugar de detenernos, nos enseñó lo suficiente para ayudarnos. No creo que fuera por accidente que nos dejó encontrar el espejo y ver cómo funcionaba. Es casi como si él pensara que nosotras teníamos derecho a enfrentarme a Voldemort, si podíamos...

—Bueno, sí, está bien —dijo Ron—. Escuchen, deben estar levantadas para mañana, es la fiesta de fin de curso. Ya están todos los puntos y Slytherin ganó, por supuesto. Te perdiste el último partido de quidditch, Harly, sin ti, nos ganó Ravenclaw, pero la comida será buena.

En aquel momento, entró la señora Pomfrey

—Ya habéis estado quince minutos, ahora FUERA—dijo con severidad.

A Harly solo le faltaba un tema por hablar.

—¿Y bien? ¿Cómo puedes transformarte en loba?

—Bueno… La verdad es que no lo sé a ciencia cierta… Mi tía me contó que mi mamá también podía y que es como una maldición en las mujeres de su familia, ¿no estás asustada, o sí?

—¡Asustada! ¡Pero si es genial que mi amiga se pueda convertir en loba cuando quiera! Lo que no entiendo es por qué no nos contaste nada…

—Lo siento, no quería que se asustarán…

—¿¡En serio!? ¿¡Cómo pudiste pensar eso!? Digo… Si impresiona, pero ¡te ves súper tierna de loba!…

Después de una buena noche de sueño, Harly se sintió casi bien.

—Queremos ir a la fiesta —dijo a la señora Pomfrey, mientras ella les ordenaba todas las cajas de golosinas a Hydra y a ella—. Podremos ir, ¿verdad?

—El profesor Dumbledore dice que tienen permiso para ir —dijo con desdén, como si considerara que el profesor Dumbledore no se daba cuenta de lo peligrosas que eran las fiestas—. Y tienen otra visita.

—Oh, bien —dijo Hydra—. ¿Quién es?

Mientras hablaba, entró Hagrid. Como siempre que estaba dentro de un lugar, Hagrid parecía demasiado grande. Se sentó en medio de las niñas, las miró y se puso a llorar.

—¡Todo... fue... por mi maldita culpa! —gimió, con la cara entre las manos—. Yo le dije al malvado cómo pasar ante Fluffy. ¡Se lo dije! ¡Podían haber muerto! ¡Todo por un huevo de dragón! ¡Nunca volveré a beber! ¡Deberían echarme y obligarme a vivir como un muggle!

—¡Hagrid! —dijo Hydra, impresionada al ver la pena y el remordimiento de Hagrid, y las lágrimas que mojaban su barba—. Hagrid, lo habría descubierto igual, estamos hablando de Voldemort, lo habría sabido igual aunque no le dijeras nada.

—¡Podrían haber muerto! —sollozó Hagrid—. ¡Y no digas ese nombre!

—¡VOLDEMORT! —gritó Harly, y Hagrid se impresionó tanto que dejó de llorar—. Nos encontramos con él y lo llamamos por su nombre. Por favor, alégrate, Hagrid, salvamos la Piedra, ya no está, no la podrá usar. Toma una rana de chocolate, tengo muchísimas, igual Hydra...

Hagrid se secó la nariz con el dorso de la mano y dijo:

—Eso me hace recordar... Les he traído un regalo.

—No será un bocadillo de comadreja, ¿verdad? —dijo preocupada Hydra, y finalmente Hagrid se rió.

—No. Dumbledore me dio libre el día de ayer para hacerlos. Por supuesto tendría que haberme echado... Bueno, aquí tienen...

Le dio a cada una lo que parecía un libro con una hermosa cubierta de cuero. Harly lo abrió con curiosidad...

Estaba lleno de fotos mágicas. Sonriéndole y saludándolo desde cada página, estaban su madre y su padre...

—Envié lechuzas a todos los compañeros de colegio de sus padres, pidiéndoles fotos... Sabía que ninguna tenía... ¿Les gusta?

Ni Harly ni Hydra podían hablar, pero Hagrid entendió cuando si más, las dos se arrojaron a sus brazos.

· · ·

Harly e Hydra bajaron solas a la fiesta de fin de curso de aquella noche. Las había ayudado a levantarse la señora Pomfrey, insistiendo en examinarlas una vez más, así que, cuando llegaron, el Gran Comedor ya estaba lleno. Estaba decorado con los colores de Slytherin, verde y plata, para celebrar el triunfo de aquella casa al ganar la copa durante siete años seguidos. Un gran estandarte, que cubría la pared detrás de la Mesa Alta, mostraba la serpiente de Slytherin.

Cuando las dos entraron se produjo un súbito murmullo y todos comenzaron a hablar al mismo tiempo. Harly e Hydra se deslizaron en unas sillas, entre Ron y Hermione, en la mesa de Gryffindor, y trataron de hacer caso omiso del hecho de que todos se ponían de pie para mirarlas.

Por suerte, Dumbledore llegó unos momentos después. Las conversaciones cesaron.

—¡Otro año se va! —dijo alegremente Dumbledore—. Y voy a fastidiaros con la charla de un viejo, antes de que podáis empezar con los deliciosos manjares. ¡Qué año hemos tenido! Esperamos que vuestras cabezas estén un poquito más llenas que cuando llegasteis... Ahora tenéis todo el verano para dejarlas bonitas y vacías antes de que comience el próximo año... Bien, tengo entendido que hay que entregar la copa de la casa y los puntos ganados son: en cuarto lugar, Gryffindor, con doscientos doce puntos; en tercer lugar, Hufflepuff, con trescientos cincuenta y dos; Ravenclaw tiene cuatrocientos veintiséis, y Slytherin, cuatrocientos ochenta y dos.

Una tormenta de vivas y aplausos estalló en la mesa de Slytherin. Harly pudo ver a Draco Malfoy abrazando a Pansy Parkinson. Era una visión repugnante.

—Sí, sí, bien hecho, Slytherin —dijo Dumbledore—. Sin embargo, los acontecimientos recientes deben ser tenidos en cuenta.

Todos se quedaron inmóviles. Las sonrisas de los Slytherin se apagaron un poco.

—Así que —dijo Dumbledore— tengo algunos puntos de última hora para agregar. Dejadme ver. Sí... Primero, para el señor Ronald Weasley...

Ron se puso tan colorado que parecía un rábano con insolación.

—... por ser el mejor jugador de ajedrez que Hogwarts haya visto en muchos años, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Las hurras de Gryffindor llegaron hasta el techo encantado, y las estrellas parecieron estremecerse. Se oyó que Percy le decía a los otros prefectos: «Es mi hermano, ¿sabéis? ¡Mi hermano menor! ¡Consiguió pasar en el juego de ajedrez gigante de McGonagall!».

Por fin se hizo el silencio otra vez.

—Segundo... a la señorita Hermione Granger... por el uso de la fría lógica al enfrentarse con el fuego, premio a la casa Gryffindor con cincuenta puntos.

Hermione enterró la cara entre los brazos. Harly tuvo la casi seguridad de que estaba llorando. Los cambios en la tabla de puntuaciones pasaban ante ellos: Gryffindor estaba cien puntos más arriba.

—Tercero... a la señorita Hydra Black... —continuó Dumbledore. La sala estaba mortalmente silenciosa—... Por su temple y buen corazón a la hora de ayudar a las personas contra el peligro y la injusticias, premio a la casa de Gryffindor con sesenta puntos.

—Cuarto… a la señorita Harly Potter…—de nuevo silencio en la sala—… Por todo su temple y sobresaliente valor, premio a la casa Gryffindor con sesenta puntos.

El estrépito fue total. Los que pudieron sumar, además de gritar y aplaudir, se dieron cuenta de que Gryffindor tenía los mismos puntos que Slytherin, cuatrocientos setenta y dos. Si Dumbledore le hubiera dado un punto más a Harly o a Hydra... Pero así no llegaban a ganar.

Dumbledore levantó el brazo. La sala fue recuperando la calma.

—Hay muchos tipos de valentía —dijo sonriendo Dumbledore—. Hay que tener un gran coraje para oponerse a nuestros enemigos, pero hace falta el mismo valor para hacerlo con los amigos. Por lo tanto, premio con diez puntos al señor Neville Longbottom.

Alguien que hubiera estado en la puerta del Gran Comedor habría creído que se había producido una explosión, tan fuertes eran los gritos que salieron de la mesa de

Gryffindor. Harly, Hydra, Hermione y Ron se pusieron de pie y vitorearon a Neville, que, blanco de la impresión, desapareció bajo la gente que lo abrazaba. Nunca había ganado más de un punto para Gryffindor. Harly, sin dejar de vitorear, dio un codazo a Ron y señaló a Malfoy, que no podía haber estado más atónito y horrorizado si le hubieran echado el maleficio de la Inmovilidad Total.

—Lo que significa —gritó Dumbledore sobre la salva de aplausos, porque Ravenclaw y Hufflepuff estaban celebrando la derrota de Slytherin—, que hay que hacer un cambio en la decoración.

Dio una palmada. En un instante, los adornos verdes se volvieron escarlata; los de plata, dorados, y la gran serpiente se desvaneció para dar paso al león de Gryffindor.

Snape estrechaba la mano de la profesora McGonagall, con una horrible sonrisa forzada en su cara. Captó la mirada de Harly e Hydra y las chicas supieron de inmediato que los sentimientos de Snape hacia ellas no habían cambiado en absoluto. Aquello no lo preocupaba. Parecía que la vida iba a volver a la normalidad en el año próximo, o a la normalidad típica de Hogwarts.

Aquélla fue la mejor noche de la vida de Harly, mejor que ganar un partido de quidditch, o que la Navidad, o que hacer que se desmayara el monstruo gigante...

Nunca, jamás, olvidaría aquella noche.

Harly casi no recordaba ya que tenían que recibir los resultados de los exámenes, pero éstos llegaron. Para su gran sorpresa, tanto ella como Ron pasaron con buenas notas. Hermione, por supuesto, fue la mejor del año, e Hydra, la segunda mejor. Hasta Neville pasó a duras penas, pues sus buenas notas en Herbología compensaron los desastres en Pociones. Los cuatro confiaban en que suspendieran a Goyle, uno de los amigos de Malfoy, que era casi tan estúpido como malo, pero él también aprobó. Era una lástima, pero como dijo Ron, no se puede tener todo en la vida.

Y de pronto, sus armarios se vaciaron, sus equipajes estuvieron listos, el sapo de Neville apareció en un rincón del cuarto de baño... Todos los alumnos recibieron notas en las que los prevenían para que no utilizaran la magia durante las vacaciones

(«Siempre espero que se olviden de darnos esas notas», dijo con tristeza Fred Weasley).

Hagrid estaba allí para llevarlos en los botes que cruzaban el lago.

En la estación, Cedric robó un poco de la atención de Harly de sus amigos

—¡Harly!

—Cedric…

—Solo quería decirte que me alegra mucho que estés bien

—Gracias… A mí también me alegra… Digo, seguir viva es muy bueno…

Cedric rió con el comentario de la pequeña pelinegra, después, trago saliva y dijo:

—¿Te molestaría si te escribo durante las vacaciones?

Harly no podía creerlo: ¡Cedric en verdad quería seguir en contacto con ella!

—¡Claro que no! ¡Puedes escribirme cuando quieras!

—Entonces no te sorprendas si ves una carta mía todos los días…

Le guiño un ojo y se marchó con sus amigos

Hydra se acercó a Harly y las dos subieron al expreso de Hogwarts, charlando y riendo, mientras el paisaje campestre se volvía más verde y menos agreste. Comieron las grageas de todos los sabores, pasaron a toda velocidad por las ciudades de los muggles, se quitaron la ropa de magos y se pusieron vestidos (en el caso de Ron, pantalones) y abrigos... Y bajaron en el andén nueve y tres cuartos de la estación King Cross.

Tardaron un poco en salir del andén. Un viejo y enjuto guarda estaba al otro lado de la taquilla, dejándolos pasar de dos en dos o de tres en tres, para que no llamaran la atención saliendo de golpe de una pared sólida, pues alarmarían a los muggles.

—Tenéis que venir y pasar el verano conmigo —dijo Ron—, las tres. Os enviaré una lechuza.

—Gracias —dijo Harly—. Voy a necesitar alguna perspectiva agradable.

La gente los empujaba mientras se movían hacia la estación, volviendo al mundo muggle. Algunos le decían.

—¡Adiós, Harly!

—¡Nos vemos, Hydra!

—Siguen siendo famosas —dijo Ron, con sonrisa burlona.

—No allí a donde voy, eso te lo aseguro —respondió Harly.

Ella, Hydra, Hermione y Ron pasaron juntos a la estación.

—¡Allí están, mamá, allí está!

Era Ginny Weasley, la hermanita de Ron, pero no señalaba a su hermano.

—¡Harly Potter! —chilló—. ¡Mira, mamá! Puedo ver...

—Tranquila, Ginny. Es de mala educación señalar con el dedo.

La señora Weasley les sonrió.

—¿Un año movido? —les preguntó.

—Mucho —dijo Hydra—. Muchas gracias por el jersey y el pastel, señora Weasley

—Si, muchas gracias —se apresuró a decir Harly

—Oh, no fue nada.

—¿Ya estás lista? Hydra

Una muchacha con el cabello color rosa chicle se había acercado al grupo de los cuatro amigo.

—¡Nyph! Chicos, ella es mi prima, Nyph… Nyph, ellos son mis amigos: Ron Weasley…

—¿Weasley? Tu hermano Charlie fue un muy buen amigo mío en el colegio…

—Hermione Granger…

—Un gusto, cualquier amiga de Hydra es mi amiga, claro, siempre que me llamen Tonks…

—Y ella es Harly Potter

—¡Wow! Qué bonito cabello tienes, ¡Y que ojos!, espero verte de nuevo, si quieren, puedo llevar a Hydra a visitarte…

Una voz muy parecida a un gruñido la interrumpió

—¿Ya estás lista, chica?

Era tío Vernon, todavía con el rostro púrpura, todavía con bigotes y todavía con aire furioso ante la audacia de Harly, llevando una lechuza en una jaula, en una estación llena de gente común. Detrás, estaban tía Petunia y Dudley, con aire aterrorizado ante la sola presencia de Harly

—¡Usted debe de ser de la familia de Harly! —dijeron la señora Weasley y la prima de Hydra

—Por decirlo así —dijo tío Vernon—. Date prisa, niña, no tenemos todo el día.

Dio la vuelta para ir hacia la puerta.

Harly esperó para despedirse de Hydra, Hermione y Ron.

—Nos veremos durante el verano, entonces.

—Seguro que sí, ni pienses que las vacaciones harán que me olvide de ti —dijo Hydra riendo.

—Espero que... que tengas unas buenas vacaciones —dijo Hermione, mirando insegura a tío Vernon, impresionada de que alguien pudiera ser tan desagradable.

—Oh, lo serán —dijo Harly, y sus amigos vieron, con sorpresa, la sonrisa burlona que se extendía por su cara—. Ellos no saben que no nos permiten utilizar magia en casa. Voy a divertirme mucho este verano con Dudley…

¡Y se acabó el Primer Año!

Espero que les haya gustado leerlo tanto como a mi el escribirlo...

Nos vemos pronto con el siguiente capítulo,

LaGataNegra