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Historia 187853 — capítulo 12
Más tarde, luego de la comida y cuando se hubo asegurado de que Fred y George estuvieran bien, salió del castillo y se dirigió hacia la explanada, desde ahí vio a uno de sus profesores favoritos: Rubeus Hagrid. Bajó, y cuando se acercaba a la cabaña vio el dormitorio de los estudiantes de Beauxbatons, era el carruaje donde habían llegado y se encontraba a unos 200 metros de la cabaña de Hagrid, entre ambos hogares, estaba el improvisado potrero donde pacían los caballos alados que tiraban del carruaje. El guardabosque ordenaba las calabazas, haciendo una especie de corral.
-Hola, Hagrid. - llegó diciendo Alice, de manera alegre.
-¡Alice! ¿Cómo has estado? Tenía un buen tiempo sin verte fuera de clases.
-Los deberes me han estado consumiendo. Lo lamento. Pero sabes que me gusta pasar tiempo contigo.
-Eres muy amable, Alice.
-¿Qué haces?
-Hago un espacio grande y algo decente para los escregutos. - dijo orgulloso. - Están enormes, debes verlos.
-¿Dónde los tienes?
-Por ahora, en cajas. Hay algo que me preocupa, han empezado a matarse unos a otros. Aún tengo unos 20, pero no sé a qué se deba.
-Bueno, quizás el espacio no es el adecuado y están estresándose. Recuerda que son criaturas enormes y de un temperamento pesado… y cuando no tienen el espacio adecuado, a veces protestan.
-Oh, Alice. - suspiró. - SI algún día trabajas en Hogwarts, espero que sea como profesora de Cuidado de Criaturas Mágicas. Sabes mucho sobre ellas, incluso más que yo. Eres muy buena.
-Te lo agradezco.
-¿Quieres algo de té? Está por salir.
-Seguro.
Hagrid hizo pasar a Alice a su cabaña, que era un desorden, como siempre, pero tan hogareña y de pronto notó que él estaba diferente. Hagrid tenía su melena arreglada, o un intento de haber querido arreglarla, y dentro de la casa olía a una fragancia masculina. Hagrid intentaba servir té en su taza, pero al levantar la mirada hacia su ventana, perdió el control y tiró su taza, salpicando su ropa.
-¿Estás bien? - le preguntó Alice y se acercó para ayudarle a limpiar.
-Sí, sí… es sólo que… - de nuevo vio por la ventana, y esta vez Alice se asomó, y vio qué era lo que causaba ese nerviosismo.
-¿Madame Maxime, Hagrid? ¿Te gusta Madame Maxime? Por eso tu… - intentó señalarle el cabello, refiriéndose a que se había peinado. - Y ese aroma…
-Bueno, no me negarás que es bella… y alta…
-Muy alta, diría yo. - comentó Alice, alzando sus cejas.
-¿Quieres galletas? - dijo Hagrid, desviando la atención, mientras Alice servía el té nuevamente.
-Oh, no… estoy bien. - contestó, sin embargo Hagrid las había servido ya.
-Son galletas de avena. Olympe me las obsequió.
-¿Olympe?
-Madame Maxime.
-Oh, Hagrid… jamás te había visto así. - Alice lo contempló con ternura, y Hagrid se ruborizó.
-Hablando de cómo luces… me gusta tu cabello el día de hoy. Pero, últimamente te he visto más azul que otros colores, ¿te preocupa algo?
-Bueno sí… por eso decidí visitarte, también. Me distraigo fuera del castillo y la paso bien contigo.
-¿Qué sucede, Alice?
-El Torneo, Hagrid.
-Oh, sí. - dijo, alegremente. - Estoy emocionado, ¿sabes? Nunca pensé vivir lo suficiente como para ver una versión del Torneo de los Tres Magos. ¿Vas a participar?
-Bueno, anoche metí mi nombre al cáliz. Y estoy rogando porque no salga mi nombre.
-Participaron muchos alumnos de Hogwarts, no te preocupes.
-Yo creo que el más indicado para un Torneo como este, sería un Ravenclaw.
-Quién sabe, Alice. Ser inteligente, no significa ser valiente.
-¿Tal vez un Gryffindor?
-No te preocupes por ello. Te aseguro que serán pruebas que cualquiera que esté en sexto o séptimo, podría superarlas.
-¿No hay basiliscos, verdad?
-Oh, no… tranquila.
-¿Sabes qué tipo de pruebas pondrán?
-Sí, pero no te diré más. - dijo, guiñando su ojo.
-¡Oh, vamos Hagrid!
-No.
- dijo, plácido. - Anda, come galletas, están deliciosas.
Siguieron platicando sobre los antiguos Torneos y las criaturas que usaron para entonces. Hacia las seis de la tarde, ambos decidieron que era hora de acercarse al Gran Comedor para disfrutar del Banquete de Halloween. Sin embargo, Alice no tenía apetito, en absoluto porque sabía que luego del banquete, sería la selección de los campeones. Cuando subieron por la escalinata hacia el vestíbulo, escucharon pasos firmes y casi unísonos, voltearon a ver y eran los alumnos de Durmstrang, así que Alice y Hagrid se hicieron a un lado para dejarlos pasar. Tanto Karkarov como Krum posaron sus ojos en ella; Karkarov con el ceño fruncido y hostil, y Krum con unos ojos tan dulces que la hicieron sonrojar cuando pasaron. Hagrid observó a Alice.
-Vaya, parece que alguien ha conquistado a un Durmstrang.
-¿Qué?
- preguntó ella, fingiendo desconcierto.
-No me digas que no te has fijado en cómo te ve el chico Krum.
-Hagrid, él únicamente es amable conmigo. ¿En realidad crees que puede gustarle alguien como yo? Es decir, estamos hablando de Viktor Krum, quien puede meterse con la chica que quiera; y una metamorfomaga no siempre es centro de atracción para los chicos.
-Ay Alice, parece que estás ciega, ¿eh? Bien, debo ir a la mesa de profesores. Te veo luego.