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Historia 187853 — capítulo 7
La mañana del 30 de octubre, el Gran Comedor amaneció engalanado. Habían estandartes de seda que representaban las diferentes casas de Hogwarts: rojos con un león dorado, azules con un águila color bronce, amarillos con un tejón negro y verdes con una serpiente plateada. Atrás de la mesa de los profesores, colgaba el escudo de Hogwarts.
Había una agradable impaciencia por los corredores. La campana sonaba avisando el final de la última clase, que para Alice era Runas Antiguas y en la que ya estaba durmiéndose. Cerró sus libros y caminó a la Sala Común, ahí se topó con el profesor que le hacía sentir doxies en el estómago.
-Battleby.
- dijo él, viéndola hacia abajo con sus manos cruzadas al frente. El cabello de Alice tornaba azul.
-Profesor.
-¿A dónde va?
-Bueno… debo ir a dejar mis cosas a la Sala Común, por lo que sé es hora de recibir a las visitas.
-Vaya, yo la espero aquí. Quiero que me ayude a ordenar a los de primer año. Sinceramente… no tengo mucha paciencia… como usted.
A Alice le pareció ver en el rostro de Snape algo nuevo: una sonrisa ladeada, y ella al notarlo se tranquilizó. Sin embargo el profesor volvió a su seriedad y ella aún observándolo con un mariposeo dentro, lo apoyó.
-Estaré de regreso en unos minutos. - dijo ella y caminó aún más rápido. Cuando estuvo de vuelta, Snape la esperaba en la puerta del salón de Pociones.
-¿Qué tal sus clases, Battleby? - preguntó Snape, cuando comenzaron a caminar uno al lado del otro.
-Ah… bien. - contestó extrañada y un poco agitada. - Tengo un poco de problema con el sueño que me causa Runas, pero creo que lo sabré solucionar.
-¿Ya sabe a qué se dedicará luego de graduarse?
-Con mi padre, sí.
-El profesor Moody, la profesora Sprout y Hagrid están encantados con usted.
-Me lo han expresado. Pero hay uno al que, creo que me falta convencer. Por más que llevo a cabo mis pociones con una perfección tal, él nunca me felicita, como a mis demás compañeros.
-Sus trabajos son excelentes, Battleby. Creo que debería sentirse satisfecha con el "Extraordinario" en sus calificaciones. No muchos tienen esos resultados… menos en Pociones.
-Claro.
- carraspeó. - Iré a ordenar a los de primer año, profesor. Con permiso. - dijo ella, pero antes de que pudiera cruzar para el vestíbulo, Snape la tomó del brazo y la volteó hacia él.
-Battleby, soy sincero cuando le digo que ese Extraordinario vale más que mis felicitaciones frente a los demás. Puede preguntar los resultados de sus compañeros y verá quién es la única que tiene Extraordinarios en Pociones.
-¿Y eso debe hacerme sentir mejor? - dijo viendo hacia la mano de Snape, que la tenía sujetada fuertemente.
-Tiene razón. - dijo el profesor, soltándola. - Los de primer año la… esperan.
Alice tomó la escalinata hacia el vestíbulo y varios de primer año la vieron venir, así que salieron a su encuentro. Ella los llevaba como su fueran sus hermanitos, dos tomados de sus manos y los demás, se sujetaban de su túnica. Snape la vio de lejos, simulando mantener el orden en los demás alumnos de la casa de Slytherin, sin embargo por más que se esforzaba, su vista no se apartaba de ella. Como desde hacía un año que pasaba. Le gustaba verla desde lejos, desenvolviéndose con normalidad y no con su cabello azul o blanco, que era el que normalmente tenía al estar frente a él.
Ahora que la veía caminar con los pequeños, adoraba el color violeta de su cabello y de sus ojos. Detestaba particularmente que las personas fueran consideradas con los de primer año, pero ella se veía tan feliz al darles dulces o jugar con ellos, era como verla convertida en niña, otra vez, lo cual a veces espantaba toda clase de pensamientos en Snape, pero lo cierto era que ahora esa niña asustadiza era toda una mujer, bella y sin un ápice de maldad en ella. Finalmente lo distrajo el alboroto que los estudiantes comenzaron a hacer por lo que se avecinaba.
-¡Por allí! - gritó uno de sexto curso, señalando hacia el bosque.
-¡Es un dragón! - dijo uno de primer año, que estaba tomado de la mano de Alice.
-No, cariño. Muy rara vez un dragón puede ser domesticado.
Snape sonrió por lo bajo.
Era un carruaje colosal, de color azul pálido y del tamaño de una casa grande, que volaba hacia ellos, tirado por una docena de caballos alados, cada uno del tamaño de un elefante. Un segundo más tarde, el carruaje se posó en tierra, rebotando sobre las enormes ruedas, mientras los caballos sacudían su enorme cabeza y movían unos grandes ojos. Alice estaba tan emocionada con aquellas criaturas que casi no controlaba el color de su cabello, pero la distrajo el hecho de que del carruaje apeó una mujer enorme, mucho más alta que Hagrid, incluso. Hermosa, sin duda, pero gigante. Dumbledore comenzó a aplaudir y los estudiantes le siguieron.
-Mi querida Madame Maxime. - dijo. - Bienvenida a Hogwarts.
-Espero que esté bien. - contestó la mujer, con un acento afrancesado. - ¿Ha llegado Karkarov?
-Se presentará de un momento a otro. Pueden esperarlo aquí, o pasar a calentarse un poco.
-Creo que tomaremos la segunda opción. Pero… los caballos…
-Nuestro profesor de Cuidado de Criaturas Mágicas se encargará de ellos.
-Muy bien, sólo debe advertir al profesor que mis caballos beben únicamente whisky de malta puro.
-Descuide.
-Allons-y! - les dijo Madame Maxime a sus estudiantes que titiritaban del frío y la mayoría parecía tener entre 20 o más años.
Segundos más tarde, se escuchó un rumor, un ruido misterioso y fuerte que llegaba desde el suelo.
-¡El lago! - gritó un Gryffindor.
Aparecieron grandes burbujas y luego se formaron unas olas, por último surgió en medio del lago un remolino, y de éste comenzó a salir muy despacio un mástil. Lenta, majestuosamente apareció el barco, brillando a la luz de la luna. Finalmente con un chapoteo, el barco emergió en su totalidad y comenzó a surcar el lago hacia la tierra. Un momento después, escucharon la caída de un ancla. Con la luz que apenas salía del barbo, pudieron definir las figuras que desembarcaban.
-¡Dumbledore!
- saludó el que iba hasta adelante.
-Profesor Karkarov. - respondió el director.
Dumbledore los invitó a pasar tal como lo había hecho con Madame Maxime y los alumnos de Beauxbatons. Karkarov hizo que se adelantara uno de los muchachos de Durmstrang, un joven con nariz prominente, espesas cejas negras y cabello corto, que fijó su mirada en Alice y ella solo se limitó a verlo con sus ojos muy abiertos: un jugador de Quidditch en la selección de Bulgaria. Viktor Krum le hacía una reverencia con la cabeza a la tímida Alice, y provocó que su cabello se tornara de un pálido rosa. El joven Krum continuó su camino. Atrás, todos los rumores de las demás chicas que estaban emocionadas por la presencia de Krum en Hogwarts.