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Harry Potter y la piedra Filosofal: El trío de ahora es un cuarateto — capítulo 11

Hacía mucho calor, en especial en el aula grande donde presentamos los exámenes  por escrito. Nos habían entregado plumas nuevas, especiales, que habían sido hechizadas con un encantamiento anti trampa. También teníamos exámenes prácticos. El profesor Flitwick nos llamó uno a uno al aula, para ver si podíamos hacer que una piña bailara encima del escritorio. La profesora McGonagall nos observó mientras convertían un ratón en una caja de rapé. Ganábamos puntos si las cajas eran bonitas, pero los perdíamos si tenían bigotes. Snape los puso nerviosos a todos, respirando sobre nuestras nucas mientras tratábamos de recordar cómo hacer una poción para olvidar.  Harry lo hizo todo lo mejor que pudo, tratando de hacer caso omiso de las punzadas que sentía en la frente, un dolor que le molestaba desde la noche que había estado en el bosque. Neville pensaba que Harry era un caso grave de nerviosismo, porque no podía dormir por las noches. Pero la verdad era que Harry se despertaba por culpa de su vieja pesadilla, que se había vuelto peor, porque la figura encapuchada aparecía chorreando sangre. Tal vez porque los demás no habíamos visto lo que Harry vio en el bosque, o porque no teníamos cicatrices ardientes en la frente, no parecíamos  tan preocupados por la Piedra como Harry.   La idea de Voldemort atemorizaba a cualquiera, desde luego, pero la parte buena era que al menos a nosotros no nos visitaba en sueños como a Harry y estábamos tan ocupados repasando que no nos quedaba tiempo para inquietarnos por lo que Snape o algún otro estuvieran tramando.  El último examen era Historia de la Magia. Una hora respondiendo preguntas sobre viejos magos chiflados que habían inventado calderos que revolvían su contenido, y estaríamos libres, libres durante toda una maravillosa semana, hasta que recibiéramos los resultados de los exámenes. Cuando el fantasma del profesor Binns dijo que dejáramos las plumas y enrolláramos los pergaminos, no pude evitar alegrarme con el resto.  —Esto ha sido mucho más fácil de lo que pensé —dijo Hermione, cuando nos reunimos con los demás en el parque soleado—. No necesitaba haber estudiado el Código de Conducta de los Hombres Lobo de 1637 o el levantamiento de Elfrico el Vehemente . —Oye…para tu tren—interrumpí— ¿existe un código de conducta para los hombres lobo?—por supuesto que existe…hay leyes para todas las creaturas mágicas, en qué mundo vives Rachel? —perdona…pero yo si tengo vida social — ¡Yo también tengo vida social!—se quejó Hermione —estudiando casi diez semanas antes de los exámenes, claro Hermione…como tú digas.  A Hermione siempre le gustaba volver a repetir los exámenes, pero Ron dijo que iba a ponerse malo, así que nos fuimos hacia el lago y nos sentamos bajo un árbol. Los  gemelos Weasley y Lee Jordan se dedicaban a pinchar los tentáculos de un calamar gigante que tomaba el sol en la orilla.  —Basta de repasos —suspiró aliviado Ron, estirándose en la hierba—. Puedes alegrarte un poco, Harry, aún falta una semana para que sepamos lo mal que nos fue, no hace falta preocuparse ahora.Harry se frotaba la frente. — ¡Me gustaría saber qué significa esto! —estalló enfadado—. Mi cicatriz sigue doliéndome. Me ha sucedido antes, pero nunca tanto tiempo seguido como ahora. —Ve a ver a la señora Pomfrey —sugirió Hermione. —puede que se te haya infectado por…no se algo—dije mientras cerraba mis ojos relajada tomando el sol —No estoy enfermo —dijo Harry—. Creo que es un aviso... significa que se acerca el peligro... Ron no podía agitarse, hacía demasiado calor. —¿cómo un sexto sentido? —Pregunte—haber, hagamos un ensayo. Dije arrodillándome frente a Harry— ¿te duele?.... ¿te duele? —dije una y otra vez mientras le pinchaba la cicatriz con mi dedo —No—dijo un poco molesto —Harry, relájate, Hermione tiene razón, la Piedra está segura mientras Dumbledore esté aquí. De todos modos, nunca hemos tenido pruebas de que Snape encontrara la forma de burlar a Fluffy . Casi le arrancó la pierna una vez, no va a intentarlo de nuevo. Y Neville jugará al Quidditch en el equipo de Inglaterra antes de que Hagrid traicione a Dumbledore. — yo me reí ante la idea.  Harry asintió, pero no pudo evitar la furtiva sensación de que se había olvidado de hacer algo, algo importante. Cuando trató de explicarlo, Hermione dijo:  —Eso son los exámenes. Yo me desperté anoche y estuve a punto de mirar mis apuntes de Transformación, cuando me acordé de que ya habíamos hecho ese examen. — ¡Vida social!—susurre bromista y luego ella me golpeo  Pero Harry estaba seguro de que aquella sensación inquietante nada tenía que ver con los exámenes. Vio una lechuza que volaba hacia el colegio, por el brillante cielo azul, con una nota en el pico. Hagrid era el único que le había enviado cartas. Hagrid nunca  traicionaría a Dumbledore. Hagrid nunca le diría a nadie cómo pasar ante Fluffy ... nunca... Pero..., súbitamente el pelinegro, se puso de pie de un salto.  — ¿Adónde vas? —preguntó Ron con aire soñoliento. —Acabo de pensar en algo —dijo Harry. Se había puesto pálido—. Tenemos que ir a ver a Hagrid ahora. — ¿Por qué? —suspiró Hermione, levantándose. —ya, vale, Potter…creo que estas un poco paranoico— le dije — ¿No les parece un poco raro —dijo Harry, subiendo por la colina cubierta de hierba— que lo que más deseara Hagrid fuera un dragón, y que de pronto aparezca un desconocido que casualmente tiene un huevo en el bolsillo? ¿Cuánta gente anda por ahí con huevos de dragón, que están prohibidos por las leyes de los magos? Qué suerte tuvo al encontrar a Hagrid, ¿verdad? ¿Por qué no se me ocurrió antes? — ¿En qué estás pensando? —preguntó Ron, pero Harry echó a correr por los terrenos que iban hacia el bosque, sin contestarle.   Hagrid estaba sentado en un sillón, fuera de la casa, con los pantalones y las mangas de la camisa arremangados, y desgranaba guisantes en un gran recipiente.  —Hola —dijo sonriente—. ¿Ya han terminado los exámenes? ¿Tienen tiempo para beber algo? —Sí, por favor —dijo Ron, pero Harry lo interrumpió. —No, tenemos prisa, Hagrid, pero tengo que preguntarte algo ¿Te acuerdas de la noche en que ganaste a Norberto ? ¿Cómo era el desconocido con el que jugaste a las cartas? —No lo sé —dijo Hagrid sin darle importancia—. No se quitó la capa. Vio que los tres chicos lo miraban asombrados y levantó las cejas. —No es tan inusual, hay mucha gente rara en el Cabeza de Puerco, el bar de la aldea. Podría ser un traficante de dragones, ¿no? No llegué a verle la cara porque no se quitó la capucha.  Harry se dejó caer cerca del recipiente de los guisantes.  —¿De qué hablaste con él, Hagrid? ¿Mencionaste Hogwarts? —Puede ser —dijo Hagrid, con rostro ceñudo, tratando de recordar—. Sí... Me preguntó qué hacía y le dije que era guardabosques aquí... Me preguntó de qué tipo de animales me ocupaba... se lo expliqué... y le conté que siempre había querido tener un dragón... y luego... no puedo recordarlo bien, porque me invitó a muchas copas. Déjame ver... ah sí, me dijo que tenía el huevo de dragón y que podía jugarlo a las cartas si yo quería... pero que tenía que estar seguro de que iba a poder con él, no quería dejarlo en cualquier lado... Así que le dije que, después de Fluffy , un dragón era algo fácil. —¿Y él... pareció interesado en Fluffy ? —preguntó Harry, tratando de conservar la calma. —Bueno... sí... es normal. ¿Cuántos perros con tres cabezas has visto? Entonces le dije que Fluffy era buenísimo si uno sabía calmarlo: tocando música se dormía en seguida...  —Hagrid…eres un tarado—le dije mientras llevaba mi mano hacia la frente. De pronto Hagrid pareció horrorizado — ¡No debí decir eso! —estalló—. ¡Olviden que lo dije! Eh... ¿adónde van?  Harry, Ron, Hermione  y yo no nos hablamos hasta llegar al vestíbulo de entrada, que parecía frío y sombrío, después de haber estado en el parque.  —Tenemos que ir a ver a Dumbledore —dijo Harry—. Hagrid le dijo al desconocido cómo pasar ante Fluffy , y sólo podía ser Snape o Voldemort, debajo de la capa... No fue difícil, después de emborrachar a Hagrid. Sólo espero que Dumbledore nos crea. Firenze nos respaldará, si Bane no lo detiene. ¿Dónde está el despacho de Dumbledore?  Miramos alrededor, como esperando que alguna señal lo indicara. Nunca nos habían dicho dónde vivía Dumbledore, ni conocíamos a nadie a quien hubieran enviado a verlo.  —Tendremos que... —empezó a decir Harry pero súbitamente una voz cruzó el vestíbulo. — ¿Qué están haciendo los cuatro aquí dentro? —Era la profesora McGonagall, que llevaba muchos libros. —Queremos ver al profesor Dumbledore —dijo Hermione con valentía, según les pareció a Ron y Harry. — ¿Ver al profesor Dumbledore? —repitió la profesora, como si pensara que era algo inverosímil—. ¿Por qué? —es un secreto profesora—dije yo, pero de inmediato desee no haberlo hecho, porque la profesora McGonagall se enfadó. —El profesor Dumbledore se fue hace diez minutos —dijo con frialdad—. Recibió una lechuza urgente del ministro de Magia y salió volando para Londres de inmediato. — ¿Se fue? —Preguntó Harry con aire desesperado—. ¿Ahora? —El profesor Dumbledore es un gran mago, Potter, y tiene muchos compromisos... —Pero esto es importante. — ¿Algo que tú tienes que decir es más importante que el ministro de Magia, Potter? — ¡sí! —intervine yo —Mire —dijo Harry dejando de lado toda precaución—, profesora, se trata de la Piedra Filosofal...  Fue evidente que la profesora McGonagall no esperaba aquello. Los libros que llevaba se deslizaron al suelo y no se molestó en recogerlos. — ¿Cómo es que sabes...? —farfulló. —Profesora, creo... sé... que Sna... que alguien va a tratar de robar la Piedra. Tengo que hablar con el profesor Dumbledore.  La profesora lo miró entre impresionada y suspicaz.  —El profesor Dumbledore regresará mañana —dijo finalmente—. No sé cómo han descubierto lo de la Piedra, pero quédense tranquilos. Nadie puede robarla, está demasiado bien protegida. —Pero profesora... —Harry, sé de lo que estoy hablando —dijo en tono cortante. Se inclinó y recogió sus libros—. Les sugiero que salgan y disfruten del sol.  Pero como buena partida de problemáticos…no lo hicimos.  —Será esta noche —dijo Harry una vez que se aseguraron de que la Profesora McGonagall no podía oírnos—. Snape pasará por la trampilla esta noche. Ya ha descubierto todo lo que necesitaba saber y ahora ha conseguido quitar de en medio a Dumbledore. Él envió esa nota, seguro que el ministro de Magia tendrá una verdadera sorpresa cuando aparezca Dumbledore. —Pero ¿qué podemos...? —Hermione tosió y yo sonreí hipócrita. Harry y Ron se volvieron. Snape estaba allí. —Buenas tardes —dijo amablemente. Lo miramos sin decir nada.—No deberían estar dentro en un día así —dijo con una rara sonrisa torcida.—usted tampoco profesor, ¿quiere salir con nosotros a charlar un rato? Ya sabe, contaremos anécdotas y cosas así….¿algún día tuvo novia profesor? ¿o le jala al otro equipo? —pregunte chismosa, mientras Ron contenía la risa  El hombre me miro con desprecio y luego hablo—deben ser más cuidadosos , Si los ven andando por aquí, pueden pensar que vais a hacer alguna cosa mala. Y Gryffindor no puede perder más puntos, ¿no es cierto?  Harry se ruborizó.   —Ten cuidado, Potter, otra noche de vagabundeos y yo personalmente me encargaré de que te expulsen. Que pases un buen día.  Se alejó en dirección a la sala de profesores. Una vez fuera, en la escalera de piedra, Harry se volvió hacia nosotros.  —Bueno, esto es lo que tenemos que hacer —susurró con prisa—. Uno de nosotros tiene que vigilar a Snape, esperar fuera de la sala de profesores y seguirlo si sale. Hermione, mejor que eso lo hagas tú. — ¿Por qué yo? —Es obvio —intervino Ron—. Puedes fingir que estás esperando al profesor Flitwick, ya sabes cómo —la imitó con voz aguda—: «Oh, profesor Flitwick, estoy tan preocupada, creo que tengo mal la pregunta catorce b...». —Oh, cállate —dijo Hermione, pero estuvo de acuerdo en ir a vigilar a Snape. —Y nosotros iremos a vigilar el pasillo del tercer piso —dijo Harry a Ron y a mí—. Vamos. Pero aquella parte del plan no funcionó. Tan pronto como llegamos a la puerta que separaba a Fluffy del resto del colegio, la profesora McGonagall apareció otra vez, salvo que ya había perdido la paciencia.  —Supongo que creen que son los mejores para vencer todos los encantamientos — dijo con rabia—. ¡Ya son suficientes tonterías! Si me entero de que han vuelto por aquí, les quitaré otros cincuenta puntos para Gryffindor. ¡Sí, Weasley, de mi propia casa!  Regresamos a la sala común. Justo cuando Harry acababa de decir: «Al menos Hermione está detrás de Snape», el retrato de la Dama Gorda se abrió y apareció la muchacha.  — ¡Lo siento, Harry! —se quejó—. Snape apareció y me preguntó qué estaba haciendo, así que le dije que esperaba al profesor Flitwick. Snape fue a buscarlo, yo tuve que irme y no sé adónde habrá ido Snape. —Bueno, no queda otro remedio, ¿verdad? —Iré esta noche y trataré de llegar antes y conseguir la Piedra. — ¡Estás loco! —dijo Ron.—YO…YO QUIERO IR CONTIGO—dije emocionada — ¡No puedes! —Dijo Hermione—. ¿Después de todo lo que han dicho Snape y McGonagall? ¡Los van a expulsar! — ¿Y qué? —Gritó Harry—. ¿No comprendes? ¡Si Snape consigue la Piedra, es la vuelta de Voldemort! ¿No han oído cómo eran las cosas cuando él trataba de apoderarse de todo? ¡Ya no habrá ningún colegio para que nos expulsen! ¡Lo destruirá o lo convertirá en un colegio para las Artes Oscuras! ¿No se dan cuenta de que perder puntos ya no importa? ¿Creen que él dejará que ustedes y sus familias estén tranquilos, si Gryffindor gana la copa de la casa? Si nos atrapan antes de que consiga la Piedra, bueno, tendré que volver con los Dursley y esperar a que Voldemort me encuentre allí. Será sólo morir un poquito más tarde de lo que debería haber muerto, porque nunca me pasaré al lado tenebroso. Voy a entrar por esa trampilla, esta noche, y nada de lo que digan me detendrá. Voldemort mató a mis padres, ¿lo recuerdan?...¿vendrás conmigo Rachel? —Claro—le sonreí—solo se vive una vez. —Tienes razón, Harry —dijo Hermione, casi sin voz. —Voy a llevar la capa invisible —dijo Harry—. Es una suerte haberla recuperado. —Pero ¿nos cubrirá a los cuatro? —preguntó Ron. — ¿A... nosotros cuatro? —Oh, vamos, ¿no pensarás que te vamos a dejar ir solo con Rachel?  —Por supuesto que no —dijo Hermione con voz enérgica—. ¿Cómo crees que vas a conseguir la Piedra sin nosotros? Rachel no conoce suficientes encantamientos, podrían morir. Será mejor que vaya a buscar en mis libros, tiene que haber algo que nos sirva... —Pero si nos atrapan, también los expulsarán a ustedes. —No, si yo puedo evitarlo —dijo Hermione con severidad—. Flitwick me dijo en secreto que en su examen tengo ciento doce sobre cien. No me van a expulsar después de eso. — ¡112 sobre 100! —dije yo — creo que empiezo a arrepentirme, si eso es así, yo tendré 5 sobre 100— Ron puso su mano sobre mi hombro y asintió con lastima queriéndome decir que posiblemente él también tenía ese resultado, yo sonreí y me anime. — de acuerdo, si me expulsan…bien podre ser arquitecta como papá.  Tras la cena, los cuatro nos sentamos en la sala común, lejos de todos. Nadie nos molestó: después de todo, ninguno de los de Gryffindor hablaba con Harry, pero ésa fue la primera noche que no nos importó. Hermione revisaba sus apuntes, confiando en encontrar algunos de los encantamientos que deberían conjurar. Harry y Ron no hablaban mucho. Ambos pensaban en lo que harían mientras yo buscaba hechizos que pudieran servirme, al menos era buena en defensa contra las artes oscuras. Poco a poco, la sala se fue vaciando y todos se fueron a acostar.  —Será mejor que vayas a buscar la capa —murmuró Ron, mientras Lee Jordan finalmente se iba, bostezando y desperezándose. Harry corrió por las escaleras hasta su dormitorio oscuro, luego regresó a la sala común.  —Es mejor que nos pongamos la capa aquí y nos aseguremos de que nos cubra a los cuatro... si Filch descubre a uno de nuestros pies andando solo por ahí... — ¿Qué van a hacer? —dijo una voz desde un rincón. Neville apareció detrás de un sillón, aferrado al sapo Trevor, que parecía haber intentado otro viaje a la libertad. —oh genial…—susurre irónica—Nada, Neville, nada —dijo Harry, escondiendo la capa detrás de la espalda. Neville observó sus caras de culpabilidad. —van a salir de nuevo —dijo. —No, no, no —aseguró Hermione—. No, no haremos nada. ¿Por qué no te vas a la cama, Neville?  Harry miró al reloj de pie que había al lado de la puerta. No podíamos perder más tiempo, Snape ya debía de estar haciendo dormir a Fluffy. —No pueden irse —insistió Neville—. los volverán a atrapar. Gryffindor Tendrá más problemas. —Tú no lo entiendes —dijo Harry—. Esto es importante. Pero era evidente que Neville haría algo desesperado. —No dejaré que lo hagan —dijo, corriendo a ponerse frente al agujero del retrato—. ¡Voy... voy a pelear con ustedes! — ¡Neville! —Estalló Ron—. ¡Apártate de ese agujero y no seas idiota! —Déjamelo a mí—dije poniéndome ruda — ¡No me llames idiota! —Dijo Neville—. ¡No me parece bien que sigan faltando a las reglas! ¡Y tú fuiste el que me dijo que hiciera frente a la gente! —Sí, pero no a nosotros —dijo irritado Ron—. Neville, no sabes lo que estás haciendo.  Dio un paso hacia Neville y el chico dejó caer al sapo Trevor, que desapareció de la vista.   —¡Ven entonces, intenta pegarme! —dijo Neville, levantando los puños—. ¡Estoy listo! —Ok — dije yo haciendo a Ron a un lado, pero Neville se cubrió rápidamente el rostro  Harry se volvió hacia Hermione.  —Haz algo —dijo desesperado. Hermione dio un paso adelante. —Neville —dijo—, de verdad, siento mucho, mucho, esto. Levantó la varita. — ¡ Petrificus totalus! —gritó, señalando a Neville.  Los brazos de Neville se pegaron a su cuerpo. Sus piernas se juntaron. Todo el cuerpo se le puso rígido, se balanceó y luego cayó bocabajo, rígido como un tronco. Hermione corrió a darle la vuelta. Neville tenía la mandíbula rígida y no podía hablar. Sólo sus ojos se movían, mirándolos horrorizado.  — ¿Qué le has hecho? —susurró Harry.  —Es la Inmovilización Total —dijo Hermione angustiada—. Oh, Neville, lo siento tanto... —por eso te adoro Hermione—dije yo evitando reírme del pobre Neville —Lo comprenderás después, Neville —dijo Ron, mientras nos alejábamos para cubrimos con la capa invisible.  Pero dejar a Neville inmóvil en el suelo no parecía un buen augurio. En aquel estado de nervios, cada sombra de una estatua parecía que era Filch, y cada silbido lejano del viento parecía un Peeves persiguiéndonos. Al pie de la primera escalera, divisaron a la Señora Norris.  —Oh, vamos a darle una patada, sólo una vez —murmuró Ron en el oído de Harry, que negó con la cabeza. Mientras pasábamos con cuidado al lado de la gata, ésta volvió la cabeza con sus ojos como linternas, pero no nos vio. No encontramos a nadie más, hasta que llegamos a la escalera que iba al tercer piso. Peeves estaba flotando a mitad de camino, aflojando la alfombra para que la gente tropezara.  — ¿Quién anda por ahí? —dijo súbitamente, mientras subían hacia él. Entornó sus malignos ojos negros—. Sé que están aquí, aunque no pueda verlos. ¿Aparecidos, fantasmas o estudiantillos detestables? Se elevó en el aire y flotó, mirándolos de soslayo. —Llamaré a Filch, debo hacerlo, si algo anda por ahí y es invisible. —Peeves —dijo Harry en un ronco susurró—, el Barón Sanguinario tiene sus propias razones para ser invisible.Peeves casi se cayó del aire de la impresión. Se sostuvo a tiempo y quedó a unos centímetros de la escalera.  —Lo siento mucho, sanguinaria señoría —dijo en tono meloso—. Fue por mi culpa, ha sido una equivocación... no lo vi... por supuesto que no, usted es invisible, perdone al viejo Peeves por su broma, señor. —Tengo asuntos aquí, Peeves —gruñó Harry—. Mantente lejos de este Lugar esta noche. —Lo haré, señoría, desde luego que lo haré —dijo Peeves, elevándose otra vez en el aire—. Espero que los asuntos del señor barón salgan a pedir de boca, yo no lo molestaré. — Y desapareció. — ¡Genial, Harry! —susurró Ron. —Harry sabeeee—dije orgullosa.  Unos pocos segundos más tarde estaban allí, en el pasillo del tercer piso. La puerta ya estaba entreabierta. —Bueno, ya lo ven —dijo Harry con calma—. Snape ya ha pasado ante Fluffy.   Ver la puerta abierta nos hizo tomar plena conciencia de aquello a lo que teníamos que enfrentarnos. Por debajo de la capa, Harry se volvió hacia nosotros  —Si quieren regresar, no lo reprocharé —dijo—. pueden levarse la capa, no la voy a necesitar. —No seas estúpido —dijo Ron. —Vamos contigo —dijo Hermione. —No quiero perderme la diversión, no seas envidioso—le dije — Harry sonrió y empujó la puerta.  Cuando la puerta crujió, oyeron unos gruñidos. Los tres hocicos del perro olfateaban en dirección a ellos, aunque no podía verlos.  — ¿Qué tiene en los pies? —susurró Hermione. —Parece un arpa —dijo Ron—. Snape debe de haberla dejado ahí. —Debe despertarse en el momento en que se deja de tocar —dijo Harry—. Bueno, empecemos...  Harry se llevó a los labios la flauta de Hagrid y sopló. No era exactamente una melodía, pero desde la primera nota los ojos de la bestia comenzaron a cerrarse. Harry casi ni respiraba. Poco a poco, los gruñidos se fueron apagando, se balanceó, cayó de rodillas y luego se derrumbó en el suelo, profundamente dormido.  —Sigue tocando —advirtió Ron a Harry, mientras salía de la capa y se arrastraba hasta la trampilla. Podía sentir la respiración caliente y olorosa del perro, mientras se aproximaba a las gigantescas cabezas. —Creo que podemos abrir la trampilla —dijo Ron, espiando por encima del lomo del perro—. ¿Quieres ir delante, Hermione? — ¡No, no quiero! —Cobarde—dije yo acercándome con un poco de temor al perro —Muy bien. —dijo Ron acercándose conmigo, apretó los dientes y anduvo con cuidado sobre las patas del perro. Ambos nos inclinamos y tiramos de la argolla de la trampilla, que se levantó y se abrió. — ¿Qué pueden ver? —preguntó Hermione con ansiedad. —Nada... sólo oscuridad... no hay forma de bajar, hay que dejarse caer. — Lumus — dije yo con mi varita en mano para iluminar en la oscuridad— si hay algo…son como…no sé, ¿tentáculos tal vez? —te-tentáculos—dijo Ron aterrado —no se mueven, así que supongo que eso es una buena señal ¿no?  Harry, que seguía tocando la flauta, hizo un gesto para llamar la atención y se señaló a sí mismo  — ¿Quieres ir primero? ¿Estás seguro? —Dijo Ron—. No sé cómo es de profundo ese lugar. Dale la flauta a Hermione, para que pueda seguir haciéndolo dormir.  Harry le entregó la flauta y, en esos segundos de silencio, el perro gruñó y se estiró, pero en cuanto Hermione comenzó a tocar volvió a su sueño profundo.  Harry se acercó y miró hacia abajo. Tal y como yo lo dije, el también logro observar con dificultad una especie de tentáculos o ramas muy largas.  Se descolgó por la abertura y quedó suspendido de los dedos. Me miro y dijo: —Si algo me sucede, no sigan. Vayan directamente a la lechucería y envíen a Hedwig a  Dumbledore. ¿De acuerdo? —De acuerdo —respondí. —Nos veremos en un minuto, espero...  Y Harry se dejó caer. Frío, aire húmedo mientras caía, caía, caía y.. ¡PAF! Aterrizó en algo mullido, con un ruido suave y extraño.  — ¡Todo bien! —gritó—. ¡Fue un aterrizaje suave, puedes saltar! Yo lo seguí de inmediato. Aterrice al lado de Harry — ¿Qué es esta cosa? —fueron mis primeras palabras. —No sé, alguna clase de planta. Supongo que está aquí para detener la Caída. ¡Vamos, Ron! Ron salto y cayó frente a nosotros —siento que esto lo leí antes—dije mirando lo que parecían ramas— Hermione lo menciono una vez….¿como era? —me pregunte — ¡te toca, Hermione! —grito Harry La música lejana se detuvo. Se oyó un fuerte ladrido, pero Hermione ya había saltado. Cayó al otro lado de Harry. —Debemos de estar a kilómetros debajo del colegio —dijo la ella. —Me alegro de que esta planta esté aquí —dijo Ron. — ¿Te alegras? —Gritó Hermione—. ¡miren! Hermione saltó y chocó contra una pared húmeda. Tuvo que luchar  porque, en el momento en que cayó, la planta comenzó a extenderse como una Serpiente para sujetarle los tobillos. Harry, Ron y yo, mientras tanto, ya teníamos las piernas totalmente cubiertas, sin darnos  cuenta.  Hermione pudo liberarse antes de que la planta la atrapara. En aquel momento miraba horrorizada, mientras los chicos luchaban para quitarse la planta de encima, pero mientras más luchaban, la planta los envolvía con más rapidez.   —¡dejen de moverse! —Ordenó Hermione—. Sé lo que es esto. ¡Es Lazo del Diablo! —Oh, me alegro mucho de saber cómo se llama, es de gran ayuda — gruñó Ron, tratando de evitar que la planta trepara por su cuello— un momento…¿dónde está Rachel? Yo me había quedado quieta tratando de pensar en donde había leído la descripción de esa planta y cuando me di cuenta ya la tenía al cuello, y antes de poder gritar me quede quieta y ¡PUN! Había caído como unos tres metros más hacia el duro suelo de piedra del fondo, desde allí podía ver los pies de mis amigos luchar contra la planta. — ¡RACHEL! —Grito Ron— ¡ OH NO, YA SE LA HA COMIDO, RACHEL HA MUERTO, HA MUERTO!! — ¡estoy bien, Ron! —Le grite—estoy aquí abajo, quédense quietos y los dejara caer— explique. —RACHEL…..ES SU VOZ…AHORA ES UN FANTASMA—decía Ron a punto de colapsar — ¡Calla, estoy tratando de recordar cómo matarla! —dijo Hermione. — ¡Bueno, date prisa, no puedo respirar! —jadeó Harry, mientras la planta le oprimía el pecho. —Lazo del Diablo, Lazo del Diablo... ¿Qué dijo el profesor Sprout?... Le gusta la oscuridad y la humedad... — ¡Entonces enciende un fuego! —dijo Harry. —Sí... por supuesto... ¡pero no tengo madera! —gimió Hermione, retorciéndose las manos. — ¿TE HAS VUELTO LOCA? —Preguntó Ron—. ¿ERES UNA BRUJA O NO? — ¡Oh, de acuerdo! —dijo Hermione. Agitó su varita, murmuró algo y envió a la planta unas llamas azules como las que había utilizado con Snape. En segundos, los dos muchachos sintieron que se aflojaban las ligaduras, mientras la planta se retiraba a causa de la luz y el calor. Retorciéndose y alejándose, se desprendió de sus cuerpos y los dejo caer.  —Me alegro de que hayas aprendido bien Herbología, Hermione —dijo Harry, mientras se acercaba a la pared, secándose el sudor de la cara. —Sí —dijo Ron—, y yo me alegro de que Harry no pierda la cabeza en las crisis. Porque eso de «no tengo madera»... francamente... RACHEL—grito al verme, yo los esperaba con los brazos cruzados  —enserio, solo tenían que dejarse atrapar completamente y ¡chan chan chan! Caían fácilmente. Hermione negó con la cabeza mientras Ron me abrazaba con fuerza. —Por aquí —dijo Harry, señalando un pasadizo de piedra que era el único camino. Lo único que podían oír, además de sus pasos, era el goteo del agua en las paredes. El pasadizo bajaba oblicuamente.   — ¿Oyes algo? —susurró Ron. Un leve tintineo y un crujido, que parecían proceder de delante nos puso alerta a todos. — ¿Crees que será un fantasma? — pregunte—No lo sé... a mí me parecen alas. —dijo Harry  Llegamos hasta el final del pasillo y vimos una habitación brillantemente iluminada, con el techo curvándose sobre nosotros. Estaba llena de pajaritos brillantes que volaban por toda la habitación. En el lado opuesto, había una pesada puerta de madera.  — ¿Crees que nos atacarán si cruzamos la habitación? —preguntó Ron. Es probable —contestó Harry—. No parecen muy malos, pero supongo que si se tiran todos juntos... Bueno, no hay nada que hacer... voy a correr.  Respiró profundamente, se cubrió la cara con los brazos y cruzó corriendo la habitación. Alcanzó la puerta sin que lo tocaran. Movió la manija, pero estaba cerrada con llave. Todos lo imitamos y cuando estuvimos frente a la puerta, tiramos del pestillo y empujamos con todas nuestras fuerzas, pero la puerta no se movía, ni siquiera cuando Hermione probó con su hechizo de Alohomora.  — ¿Y ahora qué hacemos? —preguntó Ron. —Esos pájaros... no pueden estar sólo por decoración —dijo Hermione. Observamos a los pájaros, que volaban sobre nuestras cabezas, brillando... — los pájaros no brillan ¿cierto? —pregunte — ¡No son pájaros! —Dijo de pronto Harry—. ¡Son llaves! Llaves aladas, miren bien. Entonces eso debe significar... —Miró alrededor de la habitación, mientras los demás observábamos la bandada de llaves—. Sí... miren ahí. ¡Escobas! ¡Tenemos que conseguir la llave de la puerta!  — ¡Pero hay cientos de llaves!  Ron examinó la cerradura de la puerta.  —Tenemos que buscar una llave grande, antigua, de plata, probablemente, Como la manija.  Cada uno cogió una escoba y de una patada estuvimos en el aire, volando entre la nube de llaves. Yo trataba de atraparlas, pero las llaves hechizadas se movían tan rápidamente que era casi imposible sujetarlas. Pero no por nada Harry era el más joven buscador del siglo. Tenía un don especial para detectar cosas que la otra gente no veía. Después de unos minutos moviéndose entre el remolino de plumas de todos los colores, detectó una gran llave de plata, con un ala torcida, como si ya la hubieran atrapado y la hubieran introducido con brusquedad en la cerradura.  — ¡Es ésa! —gritó a los otros—. Esa grande... allí... no, ahí... Con alas azul brillante... las plumas están aplastadas por un lado.  Ron se lanzó a toda velocidad en aquella dirección, chocó contra el techo y casi se cae de la escoba.   — ¡Tenemos que encerrarla! —gritó Harry, sin quitar los ojos de la llave con el ala estropeada—. Ron, ven desde arriba, Hermione, quédate abajo y no la dejes descender Rachel, tu cúbreme. Yo trataré de atraparla. Bien: ¡AHORA!  Ron se lanzó en picado, Hermione subió en vertical, la llave los esquivó a ambos, y Harry se lanzó tras ella yo volaba detrás de él. Iban a toda velocidad hacia la pared, Harry se inclinó hacia delante y, con un ruido desagradable, la aplastó contra la piedra con una sola mano.   Aterrizamos y Harry corrió a la puerta, con la llave retorciéndose en su mano. La metió en la cerradura y le dio la vuelta... Funcionaba. En el momento en que se abrió la cerradura, la llave salió volando otra vez, con aspecto de derrotada, pues ya la habían atrapado dos veces.  — ¿Listos? —preguntó Harry, con la mano en la manija de la puerta, asentimos. Abrió la puerta. La habitación siguiente estaba tan oscura que no pudieron ver nada. Pero cuando estuvieron dentro la luz súbitamente inundó el lugar, para revelar un espectáculo asombroso.  Estábamos en el borde de un enorme tablero de ajedrez, detrás de las piezas negras, que eran todas tan altas como nosotros o mucho más me atrevo a decir y construidas en lo que parecía piedra o mármol. Frente a nosotros, al otro lado de la habitación, estaban las piezas blancas quienes no tenían rostros.  — ¿Ahora qué hacemos? —susurró Harry —Está claro, ¿no? —Dijo Ron—. Tenemos que jugar para cruzar la habitación.  Detrás de las piezas blancas pudieron ver otra puerta.  —¿Cómo? —dijo Hermione con nerviosismo. —Creo —contestó Ron— que vamos a tener que ser piezas. —Que tontería—dije yo cruzando el tablero mientras Harry gritaba que me detuviera y cuando llegue frente a las fichas blancas, dos peones me cerraron el paso mostrándome cuatro afiladas espadas —AHHHHHHH—grite yo cayendo de trasero contra el piso del tablero— ¡DEACUERDO, DEACUERDO! —Dije—jugare.  Ron se acercó a un caballero negro y levantó la mano para tocar el caballo. De inmediato, la piedra cobró vida. El caballo dio una patada en el suelo y el caballero se levantó la visera del casco, para mirar a Ron. — ¿Tenemos que... unirnos a ustedes para poder cruzar?  El caballero negro asintió con la cabeza. Ron se volvió a todos.  —Esto hay que pensarlo... —dijo—. Supongo que tenemos que ocupar el lugar de cuatro piezas negras.Harry, Hermione y yo esperamos en silencio, mientras Ron pensaba. Por fin Dijo: —Bueno, no se ofendan, pero ninguno de ustedes es muy bueno en ajedrez... — ¿me has visto jugar? —pregunte —no…. ¿sabes jugar? —No—dije sonriendo orgullosa —Entonces deja de hacer preguntas estúpidas, Rachel—me regaño Hermione —ok, ok….gruñona—susurre cruzándome de brazos —No nos ofendemos —dijo rápidamente Harry—. Simplemente dinos qué tenemos que hacer. —Bueno, Harry, tú ocupa el lugar de ese alfil y tú, Hermione, ponte en Lugar de esa torre, al lado de Harry. — ¿Y qué pasa conmigo? —iras conmigo….creo que todos estamos de acuerdo en que si te dejamos sola…podrías hacernos perder. — ¡hey! —me queje —seremos un caballo…vamos  Las piezas parecieron haber escuchado porque, ante esas palabras,  un alfil y una torre dieron la espalda a las piezas blancas y salieron del tablero, dejando libres dos cuadrados. El caballo permaneció en su lugar, dándonos a entender que deseaba que os subiéramos en el  —Las blancas siempre juegan primero en el ajedrez —dijo Ron, mirando al otro lado del tablero—. Sí... miren.  Un peón blanco se movió hacia delante. Ron me ayudo a subir al enorme caballo y luego yo le di la mano para que el subiera y se colocara delante mío, luego comenzó a dirigir a las piezas negras. Se movían silenciosamente cuando los mandaba. A Harry le temblaban las rodillas y a Hermione le sudaban las manos.  —Harry... muévete en diagonal, cuatro casillas a la derecha. —La primera verdadera impresión llegó cuando el otro caballo fue capturado. La reina blanca lo golpeó contra el tablero y lo arrastró hacia fuera, donde se quedó inmóvil, bocabajo. —Tuve que dejar que sucediera —dijo Ron, conmovido—. Te deja libre para coger ese alfil. Vamos, Hermione.  Cada vez que uno de sus hombres perdía, las piezas blancas no mostraban compasión. Muy pronto, hubo un grupo de piezas negras desplomadas a lo largo de la pared. Dos veces, Ron se dio cuenta justo a tiempo para salvar a Harry y Hermione del peligro. Él mismo jugó conmigo sobre el caballo por todo el tablero, atrapando casi tantas piezas blancas como las negras que habían perdido.  —Ya casi estamos —murmuró de pronto—. Déjenme pensar... miremos… La reina blanca volvió su cara sin rostro hacia Ron.  —Sí... —murmuró Ron—. Es la única forma... tengo que dejar que me cojan. — ¡¿ESTAS DEMENTE?!—me queje—YO ESTOY EN EL MISMO MALDITO CABALLO, ¿QUIERES QUE NOS MATEN? — ¿no que solo se vivía un vez? — ¡ESE NO ES EL MALDITO PUNTO, RON! — ¡NO! —gritaron Harry y Hermione. — ¡Esto es ajedrez! —Dijo enfadado Ron—. ¡Hay que hacer algunos sacrificios! Yo daré un paso adelante y ella me cogerá... Eso te dejará libre para hacer jaque mate al rey, Harry. —Pero... — ¿Quieres detener a Snape o no? —Ron... — ¡Si no se dan prisa va a conseguir la Piedra! No había nada que hacer. — ¿Listo? —preguntó Ron, con el rostro pálido pero decidido—. Allá voy, y No se queden una vez que hayamos ganado.  Ron había dado la orden a la última ficha del tablero de moverse hacia la izquierda sin contarnos a nosotros mismos y mis nervios estaban a punto de hacerme perder la conciencia. Hermione y Harry temblaban en sus lugares mientras yo ocupaba mi lugar detrás de Ron sobre el caballo gigante de piedra. Una vez que explico el siguiente movimiento supe que moriría, es decir…la reina del maldito tablero va a destruir el caballo en el que estamos y con eso muy posiblemente nosotros saldremos volando lo que implicaría lo siguiente.  Suponiendo que somos afortunados terminaremos con algo roto y si somos desafortunados, porque créame, lo somos… terminaremos muertos.  50% de probabilidades de morir, pero que más se podía hacer si ya el juego estaba por terminar y Harry debía cruzar el estúpido tablero con vida. — ¿estas lista? — me pregunto Ron — ¿Quién en su condenada vida está listo para morir? —le susurre enojada El trago saliva y segundos después la reina golpeo con su espada a nuestro caballo, y como había dicho antes, salimos volando con solo un deseo; No morir. El chico se derrumbó en el suelo y yo caí a unos centímetros del borde del tablero me dolía todo el cuerpo y sentía como mis ojos se cerraban en contra de mi voluntad, Hermione gritó, pero se quedó en su casillero. La reina blanca arrastró a Ron a un lado. Parecía desmayado. Muy conmovido, Harry se movió tres casilleros a la izquierda. El rey blanco se quitó la corona y la arrojó a los pies de Harry. Habían ganado. Las piezas saludaron y se fueron, dejando libre la puerta. Con una última mirada de desesperación hacia Ron, Harry y Hermione corrieron hacia la salida y subieron por el siguiente pasadizo.  Me arrastre hasta llegar a Ron, como pude y dolía bastante. Sentía que uno de mis tobillos ardía ante cualquier movimiento por lo que imagine que me lo había roto, pues no podía mirar sin que me doliera todo. Una vez que llegue junto a Ron me deje caer a su lado hasta que el dolor me dejo inconsciente. Solo esperaba que Hermione y Harry salieran con vida.