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Los Merodeadores "Cambiando la Historia" — capítulo 3
La chica de cabello dorado solamente podía estar acostada mirando hacia la ventana, observando la luna que estaba a medio llenar, le parecía todo tan poco real que apenas podía creerlo, miró a su lado en la cama contigua pudo observar una espesa cabellera que sabía era de Lily Evans.
Lily Evans, pensó, esto podía ser más de lo que podría imaginar, seguramente leer tanto aquellos libros la había dejado un poco mal a la final, pero si estaba muerta o inconsciente que mejor lugar para estar que en Hogwarts. Pensando en ello se quedó dormida, sus sueños no parecían ser tan amigables y le hacían revivir nuevamente el momento de la muerte de su abuela, mezclado con una serie de imágenes del accidente con su familia.
Deespertó sobresaltada y sudando, volteó hacia los lados para ver que las camas ya estaban vacías, debían estar ya desayunando, vio hacia la ventana y pudo ver un sol que brillaba con alevosía en su rostro .No podía creerlo, realmente no estaba soñando, todo era verdad. A sus pies pudo ver un baúl abierto y una carta sobre él, dentro habían algunos uniformes y túnicas, junto con unas corbatas negras. Abrió la carta y una delicada letra se garabateaba sobre ella.
Señorita Morgensten, estos son los uniformes que deberá usar en Hogwarts, además debajo de ellos se encuentran algunos de los libros que usará en las asignaturas, espero le sean de utilidad. La espero a las nueve en punto para su selección. Albus Dumbledore.
Annabelle miró el reloj en la mesa de noche de Lily y vió que marcaba las ocho y cuarto, le daba aun oportunidad de vestirse y llegar a tiempo. Así lo hizo, y al terminar se vió en el espejo del baño, la verdad no se reconocía a si misma con esas ropas tan diferentes. Bajó las escaleras con mejor animo y comenzó a preguntarse como llegaría hasta la oficina de Dumbledore, no recordaba el camino.
-Buenos días señorita…
- comenzó un chico de cabello casi hasta los hombros de color negro y una sonrisa socarrona en sus labios.
-Morgensten, Annabelle
- volvió a presentarse - Tu eres Sirius Black - señaló mientras terminaba de bajar el ultimo escalón.
-Si, así es - el le tendió la mano y ella la tomó - un placer.
Ya comenzó este, pensó mientras lo veía. Realmente no era tan mal parecido viéndolo ahora con mejor luz, sus ojos eran de un color azul grisáceo que combinaba muy bien con el color de su cabello, su tez era clara y podría decirse que tenía una sonrisa ampliamente seductora con la que intentaba atraparla.
-¿Puedo pedirte un favor, Sirius Black? - comenzó aunque dudosa de como fuese a ser cobrado ese favor que solicitaba.
-Solo Sirius.
-Bien…Solo Sirius, ¿puedes llevarme al despacho del profesor Dumbledore? Se supone que debo estar allí pero no recuerdo como llegar.
-Muy graciosa - se mofó el ojigris - Pero si, te puedo llevar, vamos. Así te conozco mejor.
La chica rodó los ojos y el se dio cuenta, al parecer le hacía gracia molestarla. Sirius la miró unos minutos en silencio mientras caminaban, y se dio cuenta que a diferencia del gran amor de su amigo James, esta chica parecía no ofenderse por su comportamiento seductor, y mucho menos le hacía el suficiente caso como para darle alguna oportunidad.
-Dime, Sirius - comenzó Annabelle para sorpresa del chico - ¿Siempre quisiste ser un Gryffindor?
Esta pregunta le había caído como un balde frio al joven de cabello negro. Nunca se había puesto a pensarlo, y realmente nunca antes se lo habían preguntado, ni siquiera James. Podria hacerse el ofendido y reclamar que no era de su incumbencia, pero él le había dado paso a ello por haber estado tonteando con ella desde el principio, sin embargo, no veía porque no responder con total sinceridad.
-No puedo decirte realmente, porque nunca me había detenido a pensarlo, realmente solo quedé allí. Esperaba quedar en otra casa. Pero a la final fui un Gryffindor.
-¿Qué casa?
-Slytherin - soltó tajante sin ninguna otra palabra más.
Ella se dio cuentra que había tocado un terreno muy peligroso para Sirius, y decidió no seguir. Quizás a él le incomodaba hablar de ello.
-¿Qué colores tiene la casa de Slytherin? - intentó hacerse la inocente con esta pregunta, la cual ya sabía la respuesta.
-Verde y plateado - respondió sin mirarla.
-Pues, menos mal caíste en Gryffindor - él la miró confundido mientras cruzaban una esquina - Créeme Sirius, no creo que te quede bien el verde y el plateado.
Sirius le sonrió de una forma más amplia que ella correspondió. Al seguir caminando pudo notar las miradas de varios estudiantes que les señalaban y comentaban de forma inaudible para ella. Para su sorpresa notó la mano de Sirius sobre su hombro guiándole, cuando lo miró inquisitiva, él solo le giñó.
-Seras la nueva comidilla de Hogwarts, mas cuando eres una visitante foránea. Si quedas en Gryffindor puedes venir conmigo a dar un paseo por el castillo, si deseas.
-¿Y si no? - preguntó cruzada de brazos.
-Pues, la oferta solo se extiende para Ravenclaw y Hufflepuff, aunque no creo que quedes en Slytherin.
-¿Por qué lo dices Sirius?
-Ese cabello color de oro, no combina con el patético verde de Slytherin - Ella solo comenzó a reírse de tal forma que le contagió la risa a su compañero.
-¡Vamos Sirius! No tontees conmigo, acabo de usar eso mismo contigo, además si quieres intentar que salga contigo no creo que eso funcione para nada.
El ojigris se quedó perplejo ante su comentario, pero no podía dejar que se diese cuenta que lo había dejado fuera de lugar así que solo se encogió de hombros, solo sonriendo.
-Bien, ya llegamos. ¿Te puedo llamar Annie? - Ella asintió y se encogió de hombros.
-Ya yo te llamo Sirius, no esperes que te llame por algo mas corto que eso - bromeó - ¿Cuál es tu segundo nombre? - también sabía la respuesta a eso pero no podía decirle.
-Orión.
-¡Como la constelación!
- Sirius pareció sorprendido pero decidió quedarse callado - Bien, nos veremos luego Sirius Orión - se despidió con la mano - Browtuckle.
-¡Hey! - le llamó antes de subir - Te esperaré, así te puedo guiar al Gran Comedor.
-¿No te importará si soy una Slytherin? - Sirius la miró por un momento sopesando su respuesta.
-No, no lo creo - le respondió con una sonrisa de medio lado. Ella comenzó a subir algo divertida frente al comportamiento de aquel chico que recién conocía.
Vamos no lo conoces recién, dijo una voz en su cabeza, haz leído tanto de él que te apuesto que te haces mejores ideas que esa.
Dumbledore estaba frente al escritorio junto a una mujer alta y ataviada en túnicas de color esmeralda con un sombrero puntiagudo en sus manos y algo viejo. Podía reconocer la descripción de quien era.
-Señorita Morgensten, ella es la profesora Minerva McGonagall, jefa de la casa de Gryffindor y profesora de Transformaciones - la mujer le dio una pequeña sonrisa a manera de saludo y le invitó a sentarse en el taburete.
-Esto será sencillo y rápido. El sombrero la seleccionara para la casa a la que deberá ir, allí deberá permanecer hasta el dia en que se gradúe. Debe respetar las reglas, y no hacer perder puntos a la misma, también debe saber que puede ganar puntos por clubes, en clase y por cualquier otro reconocimiento del que sea merecedora - dicho esto, la mujer le colocó el sombrero sobre su cabeza.
Realmente era algo ligero para ser un viejo y enorme sombrero raído. El sombrero se movió sobre su cabeza, parecía tener vida propia, tal cual la descripción del libro. Se sobresaltó al escucharlo hablar, seguramente en su cabeza. Nueva chica en Hogwarts, retumbó en sus oídos, no creo que sea tan difícil, audaz, si, lo veo… Testaruda, por supuesto, veo que no tienes miedo, tienes inteligencia también…pero veo arrogancia. ¿Quizás tenemos una Slytherin? No, tu corazón es bondadoso como un Hufflepuff, pero lo suficientemente perspicaz como para no estar allí, ya se… ¡Gryffindor!
Ella respiró profundo, relajada. La profesora McGonagall le quitó el sombrero y le miró con algo parecido a la emoción.
-Bien, esta en Gryffindor, como jefa de la casa, espero lo mejor de usted.
-Esto llegó para usted
- Dumbledore le tendió una caja alargada.
-¿Mi varita? - el asintió.
-Nos veremos nuevamente señorita, la profesora la acompañará hasta abajo - el hombre se dio media vuelta y se sentó detrás de su escritorio y comenzó a hojear unos pergaminos.
Annabelle comenzó a seguir a la profesora mientras ella caminaba con paso apretado y bajaba la escalera espiral con su porte mas altivo.
-¡Black! - escuchó que exclamaba una sorprendida profesora. La chica había olvidado por un momento que él la estaba esperando.
-Profesora, ¡que hermosa se ve esta mañana! - soltó con descaro el chico de ojos grises.
-Basta de halagos Black, ¿Qué hace usted aquí?
-Me acompañó hasta acá y se quedó a esperarme, ya que no conozco los pasillos - se excusó.
-¿Seguro que no encontró otra persona? - preguntó mientras le miraba - Bien señor Black, espero esto no sea una excusa para escaparse de alguna clase y mucho menos para estar haciendo bromas de mal gusto por los pasillos.
-¡Vamos McGonny! …perdón profesora Mcgonagall, he madurado este año, soy una persona diferente - mintió el chico mientras ponía una cara inocente, fallando al mismo tiempo.
-Mas respeto señor Black, y espero realmente sea un cambio que podamos notar, y no como el cambio que ha prometido todos los años desde que llegó a Hogwarts, y usted señorita Morgensten, ¿ha pensado en cual será la carrera mágica que seguirá? - la pregunta sorprendió a Annabelle que intentó buscar la respuesta mas rápida.
-Auror profesora - respondió.
-Bien - con un amago de su varita un pedazo de lo que parecía ser pergamino flotó y ela atrapó muy grácilmente
- este es su nuevo horario de clases, confío en que pondrá en alto a la casa de Gryffindor.
-Lo haré- soltó algo asustada ante tanta demanda de parte de la mujer.
-Espero, señor Black, que lleve a la señorita al gran comedor, y no espero verlo nuevamente a usted en mi oficina esperando otro castigo - le dijo cortante.
-Así será profesora - contestó solemne. Ella les dio una última mirada y comenzó a caminar en dirección contraria a la de ellos - ¡Uy! Que nos hemos escapado.
-¿Qué méritos tienes para que la profesora McGonagall tenga toda su confianza puesta en ti? - bromeó la chica.
Sirius solamente sonrió y se encogió de hombros, siguieron caminando en silencio hasta que llegaron a un gran salón con las puertas abiertas de par en par, era una estancia amplia que mostraba cuatro mesas distribuidas a lo largo, había gente sentada en ellas, hablaban y se reían, veía como un cielo se reflejaba en el techo y como lechuzas iban y venían. El chico le tomó de brazo arrastrándola mientras ella, entretenida, seguía viendo todo con aspecto maravillado.
-¡Annabelle! - exclamó la pelirroja al verla sacándola de su ensimismamiento - ¡Eres una Gryffindor! - la chica señaló su corbata y se dio cuenta de que había cambiado.
-Cierto - soltó el ojigris - Bienvenida a la mejor casa de todas.
-¡Oh tu cállate Black! Ven, vamos, te presentaré a las chicas - Annabelle le dio una cara de disculpa a Sirius que no hizo mas que verla alejándose.
Seguramente para ambos esa mañana había sido diferente, para uno había comenzado una nueva cacería y quizás fuese mucho más entretenida que las demás anteriores, al menos ella sabía como defenderse, y para Annabelle sería el comienzo de una nueva vida en el mundo mágico, junto a personas nuevas, que quizás era el momento de conocer mejor. Una nueva oportunidad.
Espero les guste este nuevo capitulo. Gracias a los que han comentado, espero recibir sus opiniones. ¡Saludos!