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Maldición Potter — capítulo 6

Las manos les traspiraban. Las gotas de sudor caían por la frente. Se sentía muy nervioso, ni siquiera en las pruebas de Quidditch profesional había estado así. Y sus amigos no paraban de reír de como estaba. Sus padres lo miraban orgullosos desde los asientos de las primera fila y sus hermanos le sonrieron con confianza, hasta pudo ver a Lily derramar alguna que otra lágrima. Sus primas, acompañadas con sus respectivos novios, no paraban de llorar, no creían que esto fuera pasar algunas vez. Sus dos primos levantaron un pulgar, diciéndole lo bien que lo estaba haciendo. Y sus tíos y abuelos estaban con emocionadas sonrisas. Vio en la otra parte a su suegra, que lo miraba y a su hija con una tierna sonrisa, y su suegro le dirigía una mirara de aviso, pues si cometía algún error, él se encargaría de matarlo. —Abigail Ruth Lorren, ¿acepta a James Sirius Potter como tu legitimo esposo, prometiéndole serle fiel en lo próspero y en lo adverso, en la salud y en la enfermedad, amarlo y respertarlo todos los días de tu vida? —Si, acepto —respondió con una sonrisa. —Y usted, James Sirius Potter, ¿acepta a Abigail...? —¡Acepto! Fred, Lysander, Lorcan y Frank rieron, como la mayoría de los presentes. La novia miraba a su futuro esposo con una sonrisa, sintiendo que en cualquier momento caería por lo nerviosa y entusiasmada que estaba. Si le hubieran dicho cuando era una adolescente, que terminaría casándose con el chico que tanto odio, los mandaría a la enfermaría, para que madame Pomfrey los revisara para saber si estaban bien de la cabeza. —¿Ya puedo besarla? El padre lo miró mal por interrumpir y luego de pedir que lo dejen de terminar que, de muy mala gana James aceptó, pidió que trajeran los anillos. Y tras un largo discurso, por parte de ambos, él dijo que ya podían besarse, pero el primogénito de los Potter se quedó estático en el lugar, mirado atentamente a su nueva esposa, descubriendo algunas gotas de lágrimas, la sonrisa alegre de ella, el cabello rojo oscuro atado en un elegante peinado, los ojos azules que lo miraban con amor. Era simplemente perfecta. —¡Cornamenta, se supone que debes besarla! La voz de su primo favorito los sacó de sus pensamientos, la tomó de la cintura y, sin dejar de mirarse, se acercó a sus labios. Todos se pararon y aplaudieron cuando se besaron. Los Merodeadores lanzaron fuegos artificiales, celebrando el casamiento de su amigo. —Sólo quiero decir —dijo James, horas más tarde, cuando estaban en la fiesta—, que agradezco que ella, mi princesa pelirroja, haya aparecido en mi vida. No voy a mentir, todos los que estuvieron en Hogwarts cuando estábamos nosotros sabrá muy bien que al principio eramos como perro y gato. Demasiado diferencias, distintas opiniones, pero yendo hacia el mismo camino. En quinto año me di cuenta que la necesitaba en mi vida, pues ya no podía imaginar mi futuro sin ella junto a mi. Es lo que me motiva a salir, la luz en mi oscuridad, la que esta siempre conmigo en las buenas y en las malas. »Y lo mejor de todo, es que ella me a hecho nuevamente feliz hoy. Amor, ven —Abby se paró y caminó hacia donde estaba su marido, asintió y miró hacia al frente, con una sonrisa nerviosa—. Hemos decidido que será yo quien avise que..... ¡seremos padres en siete meses! De un momento a otro, fueron atrapados en abrazos, besos y felicitaciones, pero James sólo podía pensar en ella, en el amor de su vida. Recordó cuando tenía catorce años y habló de ella a su padre y él, en vez de decirle un buen maleficio para echárselo, le dijo que tarde o temprano terminaría enamorado de ella, pues todo Potter con la maldición de la familia tenía a su pelirroja. Y James Sirius Potter tenía la Maldición Potter.