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El cuarto hermano — capítulo 3

Harry no entendía nada, estaba confuso, se sentía perdido y no sabía cómo McGonagall había llegado a esa conclusión ella sola, nunca la había tenido por alguien torpe, pero se hallaba sorprendido. -Supongo que querrás saber más, ¿verdad? - dijo McGonagall expectante. -Sí, por favor, ¿qué pasa?, ¿tiene usted la respuesta? - preguntó atropelladamente Harry acercándose más a su huésped. -Lamento decir que no tengo nada seguro, sólo son conjeturas, averiguaciones… Pero, antes de nada, quisiera que miraras esto - dijo McGonagall pasándole un recorte de periódico en la que aparecía una foto. Harry observó al individuo, era alto y delgado, pero no tenía nada de especial. Harry miró a McGonagall sin comprender. -Veo que el tiempo ha nublado tu memoria o por lo menos tu capacidad de observación - dijo ella como si siguiera siendo su profesora - a ver si te enseño estas otras - relató mientras metía la mano en un bolsito de cuentas que parecía tener un hechizo como los de Hermione en sus mejores tiempos. McGonagall dejó caer sobre la mesa cinco fotografías, tres de ellas sumamente antiguas, otra arrugada y desgastada, pero algo más nueva y otra de un inconfundible y joven Tom Riddle. A Harry le recorrió un escalofrío por todo el cuerpo que le heló la sangre, hacía ya tanto tiempo que no veía ese rostro que casi había olvidado lo que sentía, inconscientemente se frotó la cicatriz, McGonagall no pasó por alto este gesto y puso cara de preocupación. -¿Qué?Ah no, no - dijo Harry adivinando la expresión de preocupación de ella - desde que él se fue no ha vuelto a dolerme, ha sido un acto reflejo. Harry se concentró de nuevo en mirar las fotos, estaba seguro de que había visto al hombre que aparecía en la foto arrugada, pero lo había visto de verdad no en fotos, no recordaba cuando. Un hombre bajito, con cara de pocos amigos, con los brazos largos… parecía más un mono enfadado. ¡Eso es! Sí, sin duda. -Este es Sorvolo Gaunt, el abuelo materno de Voldemort - dijo Harry convencido. -Exacto Harry, ahora busca el parecido con las fotos antiguas - dijo McGonagall. Harry observó las fotos con ahínco, la del hombre más mayor tenía el semblante serio, altivo, presumía con prepotencia. Los otros dos hombres, bastante más parecidos entre ellos, tenían un semblante similar, serio, morenos… sin embargo, el primero desprendía un aire vanidoso, burlón, prepotente al igual que el primero y el otro no, parecía responsable, algo más descuidado que los demás en cuanto a su ropaje. Este último sonrió cuando Harry se dispuso a mirarlo únicamente a él. Sin embargo, en el segundo había algo que le resultaba familiar, cogió la foto y la puso al lado de la de Sorvolo Gaunt y la del joven Tom Riddle. No se puede decir que el parecido fuera tal como el de dos gotas de agua, pero sí que era notable. Los mismos ojos negros, la posición altiva, y algo más en lo que no se había fijado, ¿cómo se le había pasado por alto? Los tres llevaban en su mano derecha el inconfundible anillo, escudo de los Peverell, el anillo que contenía la piedra de la resurrección y que también había sido un horrocrux del propio Voldemort que ignoró por siempre su poder. -¿Estás queriendo decir que estas fotos corresponden a los hermanos Peverell? - se sorprendió Harry. -Exacto, ni más ni menos, Antioch - dijo señalando al primero - primer poseedor de la varita de sauco, Cadmus - señaló con la mano temblorosa al segundo - primer poseedor de la piedra de la resurrección y ancestro de Voldemort y, por supuesto - dijo acercando la foto a Harry - Ignotus, primer poseedor de la capa de invisibilidad, ancestro tuyo y de tu padre. Harry no entendía donde le quería llevar la conversación, casi se había olvidado por completo de que esta había empezado con la foto actual de un hombre alto y delgado. Sin decir nada más cogió el recorte de periódico, el hombre, más joven que él tenía un parecido sobrenatural con todos los hermanos Peverell, pero eso era imposible, tal y como él sabía, los últimos descendientes vivos de los Peverell eran él y sus propios hijos. -¿Quién es este hombre? - preguntó Harry desconcertado. -Este hombre se hace llamar Alixter, sorprendente el parecido ¿verdad? Lo curioso de este individuo es que no se sabe nada de él antes de su aparición hace apenas unos años al colegio preguntando por Tom Riddle, los médicos de San Mungo aseguran que sufre una enfermedad hasta ahora no conocida en el mundo mágico llamado alzheimer prematuro, apenas tiene unos treinta años e insiste en que alguien le cuente quién era Tom Riddle y qué ha pasado con él. -Bueno, tampoco tiene mayor misterio, un chiflado más o alguien en busca de fama a costa de Voldemort - dijo Harry haciendo aspavientos en sinónimo de burla. -Veo que no lo entiendes… - dijo McGonagall - verás, me gustaría que me acompañaras a hacerle una visita a San Mungo, si no te lo puedo explicar yo quizás él sepa explicarlo. -¿Pero qué tiene que ver ese hombre con el mal uso de mi varita? - preguntó Harry de nuevo perdido en la conversación. -Bueno… Beedle el Bardo era solo eso, un bardo, sin embargo ya está demostrado que los hermanos Peverell fueron los primeros poseedores de las reliquias de la muerte, poco más se sabe de ellos, sólo su descendencia pero ¿y qué hay de la ascendencia? Mira Harry, no te voy a andar con rodeos, a base de buscar en muchos libros sobre los linajes mágicos y los cambios de apellidos a lo largo que la historia que estos han tenido he encontrado un cabo suelto - McGonagall desenrolló con cuidado un viejo pergamino que parecía que se iba a romper con sólo mirarlo. Era un árbol genealógico como el de la familia Black que estaba en Grimmauld Place solo que mucho más antiguo y con el escudo de la familia Peverell en la parte superior. Todos los rostros aparecían borrados, todos menos uno. De Olivario Peverell y Elixandra Zabini partían cuatro ramas, tres de ellas pertenecientes a Antioch, Cadmus e Ignotus y una cuarta rama con la cara de un niño bajo la cual se podía leer Alixter Perevell. -¿Un cuarto hermano? ¿Insinúa usted que los Peverell fueron cuatro hermanos? ¿Cómo no se supo nada de él? Y… Alixter… ¿podría ser un descendiente de ellos? - preguntó atropelladamente Harry sin caer en un detalle sumamente importante. -Estas desentrenado Potter - dijo McGonagall - un cuarto hermano, Alixter Peverell, según las investigaciones de grandes historiadores amigos míos Alixter Peverell llegó a nacer, sin embargo unos días después murió a causa de una terrible enfermedad, sus padres ocultaron por siempre esta muerte prematura y únicamente reconocieron la existencia del pequeño Alixter en este árbol original - explicó McGonagall sin darle mucha importancia - la cuestión y, debo de admitir que me decepciona lo desgastado que estás, es que, como puedes apreciar es el único rostro que no está borrado, lo que significa que sigue vivo. Harry empezó a atar algunos cabos, aunque le parecía sumamente extraño lo que le estaba contando. -Sí, por muy descabellado que te parezca es justamente lo que estoy insinuando - dijo McGonagall victoriosa por fin - Alixter Peverell está vivo y no es ni más ni menos que el señor que aparece en esta foto y que reside interno en San Mungo. -Pero eso no es posible. No sé alguien con un giratiempo habrá vuelto y habrá salvado a la pobre criatura y lo ha mantenido en secreto, sólo es una víctima de una broma macabra - terció Harry. -Ningún giratiempo es tan potente como para retroceder siglos, las fotos que aquí ves las portaba Alixter cuando apareció en el colegio varita en ristre - dijo McGonagall en tono preocupado - sospecho Harry, y aquí es donde entras tú, que se trata de una magia oscura mucho más poderosa que ninguna a la que este mundo se haya enfrentado antes, el resto de pergaminos son los testamentos de los conocidos hermanos Peverell, todos legaban sus pertenencias a su hermano cosa que no deja de ser desesperante pues su hermano ya estaba muerto, ¿quién le otorgaría una herencia tan valiosa a una persona que ya está muerta? Y, aun así, ¿por qué nunca se dio cumplimiento a dicho testamento? -Pero eso es una locura, profesora - dijo Harry y reprimió el pensamiento que se le había dibujado en la cabeza de una Minerva McGonagall afectada ya por los años. -Tienes que creerme Harry, todo es más complicado de lo que parece, pero sin ti el estudio de lo sucedido se hace más difícil - dijo McGonagall casi en tono de súplica. McGonagall dejó de nuevo el contrato de trabajo para que Harry regresara a Hogwarts como profesor. -No volveré a molestarte, piensa en lo que te he dicho… hace unos años muchos perdieron la vida por defender tu causa porque antes eras un niño, un niño que nos salvó, ¿piensas dejar que algo parecido vuelva a pasar? ¿O piensas actuar ante la magia oscura más poderosa jamás conocida? - dijo McGonagall mientras recogía las cosas y se disponía a salir por la puerta - por cierto, sólo por si te lo piensas, "sorbete de limón", recuerda comprar una varita nueva antes. Y dicho esto salió de la habitación dejando a Harry confundido y pensativo.