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El cuarto hermano — capítulo 4
Demasiada información después de demasiado tiempo. ¿Qué estaba pasando? Esto no tenía sentido, ¿quién iba a querer ahora después de una época de paz mágica atentar contra esa paz? En realidad, si se paraba a pensarlo no dejaban de pasarle por la cabeza múltiples opciones: mortifagos que aún podían estar sueltos, hijos de estos mortífagos, la posibilidad de que aun quedara un horrocrux… no, esa última idea era descabellada y carecía de sentido alguno pero ¿acaso lo tenía todo lo demás? ¿Y si se trataba de la obra de un mago oscuro mucho más poderoso de lo que ellos habían imaginado jamás? Irremediablemente se le pasó por la cabeza un nombre: Draco Malfoy. Pero también descartó esa idea, él sabía lo mal que los Malfoy lo habían pasado en los últimos años de tiranía de Voldemort y además conocía a Draco y aunque no fuera de su agrado había visto la cobardía en sus ojos en más de una ocasión, además no se puede decir que fuera especialmente inteligente y la magia oscura requería valentía e inteligencia para ser llevada a cabo. Sonrió para sí mismo sorprendido por seguir pensando como cuando era un alumno en Hogwarts. No podía seguir engañándose a sí mismo, echaba de menos el mundo mágico, echaba de menos la escuela, echaba de menos ser Harry, pero como dijo la primera vez que vio a Hagrid, sólo Harry, Harry a secas. Ginny lo sorprendió mientras él miraba repetidamente el contrato que McGonagall le había dejado encima de la mesa. -Por favor Harry, ya es hora de volver - le dijo Ginny dedicándole una gran sonrisa. -¿Y qué harás tú? No quiero exponerte a ningún peligro, bien sabes que siempre quise alejarte de todo esto - dijo Harry un tanto nervioso. -Y bien sabes que nunca lo conseguiste - terció Ginny acercándose y abrazándolo - además, ya es hora de que yo vaya a hacerle una visita a George, desde que no vinimos aquí apenas se nada de mis hermanos exceptuando a Ron y bueno… -No tienes que disculparte, amor. Ya sé que echas de menos a tu familia y que quieres estar con ellos. Era absurdo seguir planteándose durante más tiempo lo que iban a hacer. Harry le contó a Ginny todo lo que McGonagall le había contado aquella noche, ella estupefacta no dejaba de dar vueltas por la habitación tratando de entender algo. -Harry, ¿te has parado a pensar en por qué no funciona tu varita? - dijo Ginny parándose en seco. Viendo que Harry miraba interrogante continuó - cuando Malfoy desarmó a Dumbledore la varita empezó a obedecer a Draco, aunque este nunca la tuvo en su poder, luego tú desarmaste a Draco y así la varita de prestó lealtad a ti, sin embargo, nunca desarmaste a alguien con la varita de sauco y, por otra parte, tú con tu misma varita frenaste una vez más a Voldemort cuando este te lanzó la maldición asesina, sin embargo, él sí tenía la varita de sauco - dijo con aire triunfante. -No entiendo qué quieres decir - dijo Harry totalmente confundido. -Harry, ¿y si la varita de Sauco no tiene por qué ser siempre la misma? Tú mismo la rompiste y al cabo del tiempo la tuya dejó de servirte, tú pensabas que era porque otra varita te había elegido, pero ¿y si tu varita se convirtió en la varita de sauco cuando rompiste la que durante tanto tiempo había sido considerada como tal? - Ginny no dejaba de sonreírse a sí misma ante tales descubrimientos. -Pero eso no tiene sentido, a mí no me ha desarmado nadie en este tiempo, en ese caso la varita seguiría manteniendo lealtad hacia mí, sin embargo, es un palo inservible - dijo con desánimo. -No si hay un heredero para tal objeto - finalizó la pelirroja. Harry no estaba del todo convencido de que eso fuera así, pero hasta ahora era la opción menos descabellada de las que se les había pasado por la cabeza. En cualquier caso, no dejaba de sorprenderle la capacidad que tenía Ginny para dar posibles soluciones cuando todo estaba perdido. Estaba decidido, cogió una pluma y firmó el contrato que McGonagall le había ofrecido unos días antes, inmediatamente después el contrato se enrolló solo y desapareció, "me encanta la magia" pensó Harry. Decidieron que cuanto antes se trasladaran a Londres mejor, no iban a dejar la casa y antes tendrían que hablar con sus hijos para comunicárselo y, por otra parte, Ginny tendría que buscar un sitio donde estar mientras Harry estaba en Hogwarts, aunque siempre podría estar con su hermano o incluso con Albus Severus en Grimmauld Place. Aunque conociendo a Ginny lo más seguro es que no tardara en encontrar un trabajo de su agrado, desde que habían dejado Inglaterra, Ginny no había vuelto al mundo laboral, ni Harry tampoco. Por desgracia tenían el suficiente dinero heredado y de la gloria que les había dado la batalla de Hogwarts como para no haberse tenido que preocupar por ello antes. Mandaron lechuzas explicándoles la decisión de volver a Londres y la buena noticia de que Harry había aceptado (por fin) el trabajo en la escuela. Mandaron una a cada uno de sus hijos y otra a casa de Ron y Hermione, para los demás, sería una sorpresa su vuelta. Mientras que se disponían a hacer las maletas y recoger algunas cosas de valor una lechuza llegó hasta la entrada de la puerta y empezó a picar en ella. No era posible que ninguno de sus hijos hubiera contestado ya, ni siquiera habrían recibido la carta aún. Ginny fue a abrir, pero para su sorpresa no fue una lechuza lo que entró volando sino un ave de mayor envergadura, rojo como la lava y con la cola dorada. El fénix se posó sobre el final de la barandilla de las escaleras que subían al primer piso. Harry salió de la habitación donde se hallaba recogiendo algunas plumas y tinteros para llevarse y se quedó mirando fijamente al ave, no era posible. Se quedó boquiabierto y el fénix se acercó hasta él entregándole en mano dos sobres. Uno de ellos llevaba el sello característico de Dumbledore, el sobre estaba un poco desgastado, indudablemente había sido escrito hace mucho tiempo. El otro sobre parecía mucho más actual, en el sobre, mal sellado por un poco de cera color morado ponía con letra irregular "Para Harry Potter, abrir primero". Harry pidió a Ginny que le diera algo de comer a Fawkes que sin duda lo agradecería, hizo caso a las indicaciones y abrió el sobre que pedía que se abriera primero. La letra era irregular, algo torcida y desigual, sin embargo, la caligrafía era buena. Se sentó en un escalón y se puso a leer la carta. "Querido Harry, me dirijo a ti para hacerte llegar a Fawkes, me ha sido de gran compañía todos estos años, nunca he abierto la carta que venía con él pues esa carta es para ti. Según el testamento de Albus el fénix debería quedarse conmigo hasta que volviera a alzar el vuelo, nunca supe cuando llegaría ese momento, pero hace unos días lo vi inquieto y supe que dicho momento se acercaba. Mis mejores deseos para ti y no dudes en contar con mi apoyo, siempre has sido nuestra esperanza. Fdo. Aberthford" A Harry se le llenaron los ojos de lágrimas, hacía mucho tiempo que no tenía noticias suyas y la venida de Fawkes junto con aquellos sobres le hacía sentir extraño, como si dentro suya el niño que era quisiera saltar de alegría a la vez que una mezcla de melancolía e ilusión se instalaba en su pecho. La siguiente carta era sin duda de Dumbledore, no esperaba grandes textos y efectivamente un par de frases bastaban. "Dejo a Fawkes para cuando el fénix esté preparado para renacer". Harry sonrió, Dumbledore tan enigmático como siempre.