← Olvidé olvidarte · de
Olvidé olvidarte — capítulo 7
Capítulo 7: Besos prohibidos.
Hermione contempló su reflejo en el espejo de cuerpo entero. Ahogó la respiración y se llevó una mano a la boca. La última prueba del traje de novia amenazaba con conducirla directamente a la locura. Lo sabía, podía sentirlo. Aquellos pinchazos en la zona donde se suponía que estaba su corazón. Dejó de escuchar las exclamaciones de emoción de su madre y de la madre de Cormac y continuó mirando su imagen. Ginny estaba allí también, por supuesto, era su dama de honor. Pero no quiso mirarla. Respiró hondo y colocó su mano libre sobre su vientre plano. La mirada que le devolvían sus ojos no era la esperada en una novia enamorada que en menos de una semana se iba a casar.
Pero claro, ella no estaba enamorada de Cormac.
Aquel vestido no tenía que ser para su boda con Cormac.
Tragó saliva trabajosamente; era como si tuviera un nudo en la garganta. En algún lugar, dentro de su conciencia había una vocecita que le gritaba que estaba cometiendo un error. Tendría que haberlo detenido cuando aun era posible, pero ya era demasiado tarde. No podría soportar decepcionar a su madre (que la miraba con ojos vidriosos por la emoción), a la madre de Cormac (que pensaba en ella como una chica cabal y que amaba a su hijo), y sobretodo, no se podía decepcionar a si misma. Llevaba cinco años huyendo de la persona que había sido...junto a Él. Ahora había llegado el momento de avanzar, y si eso significaba que tenía que casarse con Cormac, estaba dispuesta a hacerlo.
Sabía que había cosas peores en la vida y aun así...
Se dio la vuelta y pintó una sonrisa en su rostro. Una vez más, evitó mirar a Ginny a toda costa; era mejor concentrarse en las otras dos. Las exclamaciones no bajaron de tono, la dependienta les tendió una copa de champán a cada una y todas brindaron con entusiasmo. Hermione se tragó la copa de golpe y miró con avidez la botella. Sería capaz de bebérsela entera si con eso conseguía alejar sus demonios. Pero en vez de eso, dio una última vuelta con el vestido puesto, le guiñó un ojo a su madre y se metió en el probador. La prueba del vestido había terminado y ella había sobrevivido ¿no?
¡Qué equivocada estaba!
Se suponía que después de todo ese tiempo ya debería de estar acostumbrada a esos cambios de ánimo que le sobrevenían tan de repente. Volvió a sentir la conocida opresión en el pecho y se tuvo que sentar en el taburete que había dentro del probador. Echó todo el peso de su cuerpo hacia delante y bajó la cabeza, como si eso pudiera detener la oleada de ansiedad que se le avecinaba. Le habría encantado ponerse a gritar en aquel mismo instante, pero tenía que ser realista. Ella nunca había sido esa clase de persona. Prefería guardárselo todo hasta llegar al punto de explosión. Justo como ocurría en ese momento.
Meciéndose hacia delante y hacia atrás, como si fuera una niña pequeña, intentó calmar los latidos de su corazón. ¿Por qué todo era tan complicado? Se le rompía el corazón cada vez que pensaba en Cormac, ignorando de ese modo su propio dolor, su propia desesperación. Respiró hondo y se enderezó, colocando su espalda contra el frío cristal. Y una vez más se tragó las ganas que tenía de llorar y obligó a sus ojos a mantenerse secos. Cuando notó que el color volvía a su rostro, se levantó y dio una última mirada a la imagen que le devolvía el espejo.
Y una vez más, cometió un error.
Mírate, toda vestida de blanco. Estás preciosa. -parecía tan real, tan auténtico. Y a pesar de que ella sabía que no era posible, se puso nerviosa y estuvo a punto de caerse de bruces.
¿Ron? ¿Qué haces aquí?
No lo sé. Estoy aquí porque tú así lo has querido. -se aclaró la garganta y añadió.- Así es como tendría que haber sido, ¿sabes?
Aun confundida con su primera respuesta, Hermione volvió a sentarse en el taburete y se pasó la mano por los ojos. No, la visión seguía estando allí. Era Ron, dentro del espejo. Su imagen la perseguía como la sombra al sol; sus ojos azules taladrando su cabeza; su sonrisa provocando estragos a su corazón.
¿A qué te refieres?
A nuestra historia de amor, por supuesto. Tendría que haber acabado así. -dijo abarcando su figura con la mano.
No lo entiendo; no entiendo...esto. -contestó Hermione imitando su gesto.- No hay ninguna historia de amor nuestra, Ron. Ya no.
¿Eso te dices cuando sueñas conmigo por la noche?
Conmocionada por sus palabras, la castaña se levantó de golpe y respiró hondo. Cerró los ojos con fuerza y contó hasta diez, con la esperanza de que al abrirlos, la visión hubiera terminado. Pero no fue así. El fantasma de Ron seguía persiguiéndola desde el otro lado del espejo. Y ella no podía hacer nada; ya estaba traicionando a su corazón, y esperaba que no hubiera nada peor.
No tienes ningún derecho a estar aquí. -pronunció entre dientes, eligiendo con mucho cuidado cada una de sus palabras.
Eres tú quién me ha traído. No estaría aquí si tú no lo quisieras. -dijo el pelirrojo con una tranquilidad pasmosa.
El dolor se reflejó en los ojos de Hermione.
Me rompiste el corazón. ¿Es que no lo entiendes? -le preguntó con las lágrimas corriendo por sus mejillas. Sabía que solo ella tenía el poder de parar aquella alucinación, y que se estaba infligiendo mucho más dolor del que se merecía. Pero al mismo tiempo, era su forma de redimirse por lo que iba a hacer en una semana.
¿Sabe Cormac que aun no me has olvidado?
Cállate. -susurró con desesperación.
Nunca te imaginaste casándote con él; siempre era yo el que aparecía en tu mente. Admítelo, Hermione.
Basta. -subió el tono de voz y aumentó el torrente de sus lágrimas.- Basta.
No puedes detenerme, Hermione. Del mismo modo en que no puedes detener el latido de tu corazón. De ese corazón que late por mí.
Quiero que te vayas. -alzó la cabeza y miró la imagen del pelirrojo en el espejo.- Vete, por favor.
No puedes echarme. ¿Acaso no has pensado en mí nada más verte en el espejo? Todo esto es una señal, Hermione. Tienes que detenerlo todo antes de cometer el peor error de tu vida.
No tienes ni idea...-un escalofrío recorrió la espalda de la castaña de arriba abajo y dejó tras de si unas mejillas sofocadas y un molesto picor en los brazos y la cintura.- Ya estoy harta de que todo el mundo me diga lo que tengo que hacer.
Por que les dejas, Hermione.
Es hora de que te marches, Ron. -dijo mirando fijamente el espejo. Cerró los ojos y volvió a contar hasta diez.- Vete, Ron. Quiero que te vayas.
Y esta vez, cuando abrió los ojos, el pelirrojo no estaba.
Lo que no esperó sentir al hacerlo, fue el enorme vacío que se abrió en el centro de su estómago y de su corazón. Le empezó a temblar el labio inferior y las manos; miró a ambos lados del probador dando gracias de estar sola y se dejó caer al suelo. El vestido de novia se esparció a su alrededor como si se tratase del tutú de una bailarina. Hermione recogió las rodillas contra el pecho y apoyó la cabeza sobre ellas.
¿Por qué todo el mundo se empeñaba en recordarle que estaba cometiendo un error?
¿Acaso no era suficiente lo que se estaba provocando a sí misma?
Recordó cómo se sintió cuando se enteró de que Ron la había estado engañando durante meses. Cómo aquel hecho rompió su corazón para siempre y quebró su sonrisa. Cómo de impotente y estúpida se sintió. Cómo se sumió en una celda negra de dolor. Y cómo Cormac fue el único que supo interpretar su silencio y su ansía de soledad. Se llevó una mano a la boca y mordió sus nudillos hasta que el diente llegó al hueso.
Y así fue como la encontró Ginny cuando abrió la cortina y entró al probador.
Hermione, tu madre y la señora...-la pelirroja se interrumpió al ver a su amiga en tal estado de desesperación. No perdió el tiempo y se agachó para mirar a los ojos a la castaña. Y lo que vio la dejó sin respiración.- Hermione, cariño, ¿qué te ocurre? ¿Qué ha pasado?
Estoy harta de que todo el mundo me diga lo que tengo o no tengo que hacer. -contestó Hermione entre sollozos. No le contó a Ginny lo de su visión de Ron en el espejo, porque aquello ya sería demasiado.
Pero...-Ginny se dejó caer en el suelo a su lado y apartó ligeramente las capas y más capas de tul del vestido de novia. Miró a la castaña una vez más, sin comprender del todo pero comprendiendo lo suficiente. Y cogió una de sus manos en silencio.
Quiero, por una vez, hacer lo que yo quiera. Si casarme con Cormac es un error, es mi error y solo mío. Dejad que me equivoque, dejad que me caiga. Y si me tengo que levantar de nuevo, lo haré. -se limpió el rastro de lágrimas con el dorso de su mano libre.- He pasado demasiado tiempo con miedo a dar cualquier paso. Porque no quería equivocarme, por eso. Pero...ya no puedo más, Ginny.
Hermione...-había poco que se podía decir en momentos como ese y la pelirroja no encontraba las palabras correctas. Así que se lo pensó mejor y guardó silencio.
Quiero tener la oportunidad de equivocarme o, con el tiempo, ser feliz. -dijo Hermione tras cerrar los ojos y apoyar la cabeza contra el espejo.
_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*
El Callejón Diagón nunca había estado tan concurrido de reporteros, ni siquiera Lockhart lo consiguió en su tiempo. Pero es que era una situación única en el medio. Que el capitán de la selección inglesa de Quidditch convocara una rueda de prensa, tenía que significar algo. Y había sido todo tan precipitado... Los más agoreros ya especulaban con una posible lesión que le incapacitaría jugar en los próximos partidos, los soñadores comentaban que podría presentarse a Primer Ministro de Magia. Y los aficionados más fieles rezaban porque su estrella no cometiera el peor error de su vida.
Sea como fuere, no había otro tema de conversación en todo el mundo mágico y nadie quería perderse el momento.
La pequeña tienda de equipamiento de Quiddicth que regentaban Dean y Seamus ya estaba adecuadamente arreglada para la ocasión. Los trabajadores intentaban contener a los reporteros y sus cámaras de fotos hasta que llegara el momento, pero era una tarea ardua. Hasta la trastienda se colaban las voces, que contenían desde insultos a piropos pasando por preguntas.
Pero todo eso a Ron no le importaba, iba con una cantinela muy bien aprendida. Llevaba tiempo pensando en ello, y lo ocurrido los últimos días no había hecho más que acelerar su decisión. A su lado, siempre Harry, apoyándolo. Era curioso como habían cambiado las tornas y ahora era él el famoso y Harry el amigo de Ron. Durante un tiempo, aquello le satisfizo sobremanera, convirtiéndolo en un extraño para su familia y un estúpido pagado de si mismo. Jamás pensó que lo diría, pero ahora llegaba a entender el afán de soledad y normalidad que buscaba la tosca figura de Víktor Krum. Aunque eso no quitaba que siguiera guardándole rencor por que se hubiera fijado en Hermione antes que él.
Ya se sabe, los celos infantiles nunca se pierden.
Ron respiró hondo y se sentó en una silla. Harry permanecía en silencio, al contrario que Seamus y Dean. Hacía ya más de una hora que les había dicho lo que pretendía hacer y todavía no se lo creían. Es más, guardaban la esperanza de hacerle cambiar de opinión. No sabían que sus esfuerzos eran inútiles, que la única persona que podría hacerle cambiar de opinión no quería hablar con él del tema. El dolor de sus ojos aun eran esquirlas clavadas en su corazón. Si pudiera volver atrás aunque fuera tan solo un segundo...
Tío, ¿estás seguro de lo que vas a hacer? -preguntó Dean con el ceño fruncido
Si, claro que si.
Pero...
Todo esto es por ella, ¿verdad? -dijo Seamus mirándolo fijamente con sus ojos azul pálido.- Entonces también sabrás que aunque le dieras el mundo entero, las cosas no cambiarían entre vosotros.
Eres todo un símbolo de esperanza, Seam. -comentó Harry desde su asiento. Aunque en el fondo compartía la opinión del castaño.
Créeme, Seamus, le daría el mundo si pudiera. -confesó Ron.
¿Y cómo piensas decirle que es todo por ella? Está a punto de casarse con otro tío. Reconozco que McLaggen nunca me ha caído bien a mí tampoco, pero parece que la hace feliz. -dijo Dean cruzándose de brazos.
No tiene solo que parecerlo, TIENE que ser feliz.
¿Y tú crees que la harás feliz después de todo lo ocurrido?
Estoy seguro de ello.
Pero, tío... dejarlo todo...-Seamus suspiró y movió la cabeza negativamente.
No estoy dejándolo todo. Voy en busca de algo más.
Hablas como un jodido enamorado. -Dean le dio una palma a su amigo del alma.- No hay nada que podamos hacer, Seam. Tan solo nos queda ser testigos de su debacle.
Sois unos melodramáticos. -sentenció Harry.- Aunque no lo parezca, tienes todo nuestro apoyo, Ron. ¿Verdad?
Si. Pero echaré de menos poder decirle a la gente que soy amigo del mejor jugador de Quidditch de la historia. -lagrimeó Seamus.
Yo también te apoyo, tío. No quería que pensaras lo contrario. Es solo que…lo que vas a hacer no es moco de pavo. -dijo Dean.
Lo se. -Ron suspiró por última vez y se levantó.
¿Crees que ella te estará viendo? -preguntó Harry en voz baja mientras Dean y Seamus salían al frente de la tienda y dejaban entrar a algunos periodistas y muchos fotógrafos.
No tengo ni idea. Pero seguro que alguien se lo habrá dicho antes de que termine el día.
Si, y me puedo hacer a la idea de quien será ese alguien. -suspiró esta vez Harry.- ¿Y estás preparado para las consecuencias?
En los últimos cinco años solo me han pasado cosas malas, Harry, así que no puede ocurrir nada peor…espero. -dijo el pelirrojo con un amago de sonrisa.
Ya sé que nunca hablamos de lo ocurrido en Moscú, pero...-Harry se sentía incómodo inmiscuyéndose en la vida privada de su cuñado y mejor amigo. Sin embargo, llegados a este punto, creía conveniente sacar el tema.
La jodí; ya lo sé. Creí que podría comerme el mundo y que todo seguiría siendo igual aquí. Ya sabes... "lo que ocurre en Moscú...se queda en Moscú." No tengo excusa ninguna. -Ron levantó la cabeza para mirar a los ojos Harry.- Pero lo estoy intentando; no puedo pasarme toda la vida disculpándome por lo mismo. Hay un momento en la vida de todo hombre en que tienes que aceptar la realidad. Y yo llevo mucho tiempo viviendo en una nube de algodón que no me ha proporcionado ningún bien. Llevo mucho tiempo perdido, Harry. Ya va siendo hora de que vuelva a reencontrarme conmigo mismo.
Harry miró a aquellos ojos azules que siempre habían significado la inocencia y la lealtad. Las palabras de su amigo le habían emocionado y no encontró ninguna cosa más que poder añadir. Así que se limitó a levantar una mano y apretarle el hombro a modo de apoyo silencioso. Pocas personas entenderían lo que estaba a punto de hacer el mejor jugador de Quidditch de la era moderna; y una parte de su corazón creía que estaba traicionando a Hermione, pero el tiempo pondría todo en su lugar. Estaba seguro de ello. Vio como Ron cerraba momentáneamente los ojos y respiraba hondo, y sonrió. Tan sólo le había visto tan nervioso una vez: cuando se declaró a Hermione. Aquello tenía que significar algo, no podía ser una mera coincidencia.
Ron...es la hora. -anunció Seamus asomando la cabeza desde la puerta de la trastienda.
¿Algún pensamiento de última hora? -preguntó Harry con una sonrisa cómplice.
Si. Que la enana me va a matar cuando me vea en la televisión. -rió el pelirrojo relajando el rostro. Compuso un gesto adusto y mirando a su amigo, le preguntó.- ¿Crees que ella lo verá?
Nunca se sabe, amigo. -dijo Harry dándole una palmada en la espalda y saliendo detrás de él.- Nunca se sabe. -repitió para si.
Ron no se esperaba que hubiera tanta prensa. Es decir, esperaba prensa, pero no tanta. A veces, sobretodo en los últimos tiempos se le olvidaba lo famoso que era. Cada palabra suya ahora pasaba a ocupar cientos de diarios y revistas. Era un asiduo personaje en "Corazón de bruja" y en la sección de deportes de "El Profeta". Así que no se tendría que haber sorprendido tanto al encontrar la tienda de Dean y Seamus abarrotada. Se acercó a los focos con un gesto serio y se sentó en el improvisado escritorio que habían montado sus amigos. Harry se mantuvo en un segundo plano, pero siempre a su lado. Los flashes de las cámaras de fotos casi le dejan ciego y las voces que reclamaban su perfil de un lado a otro amenazaban su cordura. Pero tenía que centrarse en su objetivo.
Buenas tardes a todos. -dijo con seguridad y mirando fijamente a las cámaras.
_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*
Hermione estaba dándose un baño cuando sonó el teléfono. Decidió no cogerlo; seguramente sería su madre con algún detalle de la boda, y siempre podía dejar un mensaje en el contestador. Necesitaba esos momentos de paz en su casa. Lo ocurrido en la tienda de vestidos de novia aún la tenía sobrecogida. Que hubiera empezado a tener visiones de Ron con las que incluso interaccionaba... ¡Era para llevarse las manos a la cabeza! ¿Estaría volviéndose loca?
Si seguía así, nunca superaría lo de Ron. Daba igual todo lo demás que hiciera. Encontrar el equilibrio en su vida pasaba por superar lo de Ron. Y si podía superarlo en cinco días mejor que mejor. Cormac no se merecía empezar su matrimonio con una mentira. Y había hecho tanto por ella, se había portado tan bien... Hermione apoyó la cabeza en la bañera y cerró los ojos. Se merecía ser feliz de una vez por todas. El caos en el que se había convertido su vida desde que Ron la arrasara como un huracán estaba a punto de entrar de fase de reconstrucción.
"El pasado es el pasado, Hermione, debes de olvidarlo de una vez por todas", se dijo.
Pero claro, era mucho más fácil decirlo que creérselo. Y no podía negar que Ron ejercía una influencia insana en ella. Deseó sumergir la cabeza en el agua y que cuando volviera a salir a la superficie todo hubiera pasado. O al menos esa confusión y ese malestar que se habían aposentado en su corazón. No se tenía por una persona especialmente amargada, sino como alguien a quién el destino le había jugado una mala pasada.
Claro, a menudo pensaba en cómo sería su vida si el Quidditch no se hubiera interpuesto en su relación con Ron. Era una ingenua al imaginarse viviendo en una casa más grande, a las afueras de la ciudad, despertándose todas las mañanas con el hombre al que amaba, y quién sabe, a lo mejor teniendo un pequeño pelirrojo correteando por las habitaciones del primer piso.
Pero eso no significaba nada.
Era totalmente comprensible que pudiera visualizar como habría sido su vida con Ron y que en cambio fuera incapaz de ver su futuro con Cormac a su lado. Era totalmente...
Hermione se incorporó de golpe en la bañera.
No, ya estaba pasando otra vez. Estaba dejando que Ron intercediera en sus pensamientos y se hiciera con las riendas de su vida. Tenía que dejarse las cosas claras de una vez por todas. Salió de la bañera y se rodeó el cuerpo con una toalla. Se acercó al espejo y vio su rostro reflejado en él mientras se secaba el cabello con otra toalla.
¿Que sentía por Ron? ¿Y por Cormac?
Eso era lo primero que tenía que definir.
Tenía claro que quería a Cormac, y le estaba muy agradecida; además se iba a casar con él. Era un compañero generoso, atento y cariñoso. Y se notaba que sentía devoción por ella. En cambio, a Ron lo amaba y estaba enamorada de él.
Con los ojos muy abiertos por la sorpresa, Hermione dio un par de pasos hacia atrás y se sentó en el váter. Inclinó la cabeza hacia delante y se llevó las manos al cabello. "No, no, no, no puede ser, no puede ser. Otra vez no", se dijo mientras se mecía hacia delante y hacia atrás. "Que ame a Ron y esté enamorada de él no tiene porqué significar nada. ¿Y Cormac?"
Oh, Dios, oh, Dios, no puede estar pasando esto. -dijo en voz alta.- ¿Por qué eres tan cruel? Ya tenía mi vida organizada, tenía un objetivo en la vida: olvidarme de él. ¿Por qué no puedo olvidarlo?
"Ojalá no le hubiera conocido; ojalá no me hubiera enamorado de él", pensó mientras las lágrimas rodaban por sus mejillas. Aquella situación tenía que terminarse. No podía seguir pensando en Ron de ninguna de las maneras. Era preciso que hablase con él, que terminase con él. Solo así podría dejar atrás el pasado y empezar su nueva vida junto a Cormac. Cormac era bueno, Cormac la quería, Cormac haría que lo suyo funcionase. Se estaba comportado como una estúpida, pero ya no era la jovencitta inocente que acompañaba a sus amigos en todas sus aventuras.
Hermione Granger tenía que pensar seriamente en su futuro.
Y ese futuro se llamaba Cormac.
¿Quería seguir sufriendo por el pasado o pensaba crear un nuevo futuro?
Se vistió con unos tejanos y una camiseta y se hizo una coleta con el cabello. De camino a la cocina casi se sintió más ligera después de haber puesto sobre la mesa sus opciones y haber tomado una decisión. Era como si el peso extra de un fantasma hubiera estado aposentado en su espalda todo ese tiempo. Se sirvió una copa de vino aunque hubiera preferido algo más fuerte, algo que despejase su mente por completo. Se echó a reír nerviosamente. Si no hubiera sido por su tremenda fuerza de voluntad, a estas alturas sería una borracha empedernida.
Cuando sonó el timbre de la puerta no pudo más que sorprenderse. Era poca la gente que sabía donde vivía y a esas horas de la mañana todos sus conocidos estaban trabajando o en sus casas con sus familias. Tan solo ella estaba exenta de ir a trabajar porque se había tomado libres los días previos a la boda. Pero su sorpresa fue aun más grande cuando al abrir la puerta se encontró cara a cara con Ginny. La pelirroja venía apurada, como si hubiera corrido todo el camino hasta allí. Además parecía que se había vestido de cualquier manera.
Ginny, ¿qué ocurre? ¿Va todo bien? -preguntó la castaña, pero recibió el mutismo por respuesta. Ginny atravesó el umbral y se encaminó a la cocina directamente. Allí se quitó la chaqueta y el pañuelo que llevaba al cuello. Puso los brazos en jarras y miró hacia un lado y a otro. Hermione entró corriendo detrás de ella.- Ginny, me estás asustando, ¿qué pasa? ¿Es Harry? ¿Ha ocurrrido algo?
¿Sabes? Odio estar embarazada. Porque podría beberme una botella entera de eso ahora mismo. -dijo la pelirroja mirando la botella que vino que había sobre la mesa.- Pero ya no puedo beber porque estoy malditamente embarazada.
Cre-crería que estabas contenta. Que eso era lo que queríais tú y Harry. -contestó Hermione confundida.
¿Eh? Oh, si, si. Estamos muy contentos. Esto no tiene nada que ver con Harry. -Ginny se siguió paseando por la cocina. Abrió la nevera y sacó una jarra de agua fría con rodajas de limón. Se sirvió un vaso.- Esto si que puedo tomarlo. No has visto la televisión mágica, ¿verdad?
No. ¿Porqué debería haber visto la televisión mágica?
Y tampoco has escuchado la radio. -afirmó con pesar más que preguntar.
No. Ginny, no entiendo...-comenzó a decir la castaña.
Es Ron. Se trata de Ron. -soltó Ginny de sopetón.- No tenía ni idea de lo que iba a hacer, te lo juro, Hermione. Si lo hubiera sabido habría tratado de detenerlo.
El corazón de Hermione se paró en aquel mismo momento. Tenía la consabida sensación de que su existencia iba a sufrir un nuevo terremoto.
_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_**
Ron Weasley se encontraba satisfecho con su intervención televisiva. No así sus conocidos ni sus numerosos seguidores. Muchos de ellos se habían echado a las calles y llenaban los bares y los sitios de tertulia comentando la noticia. Porque no todos los días el capitán del equipo de Quidditch nacional dejaba su empleo en directo y dando como única razón que lo hacía por amor. ¿Amor de quién? ¿Es que acaso no había estado rodeado de chicas durante toda su carrera? Algo había pasado que le había obligado a terminar con su carrera. Sus fans más incondicionales meneaban la cabeza con desconfianza, desagrado y decepción mientras se tomaban una cerveza tras otra. Estaba claro que el próximo Mundial de Quidditch estaba perdido. Weasley era quién mantenía a flote al equipo. Desde el Callejón Diagón hasta el más recóndito rincón de las Tierras Altas de Escocia no se hablaba de otra cosa.
Pero Ron no estaba por la labor de escuchar ninguna opinión que no fuera la suya propia. Había tomado una decisión y no tenía pensado echar marcha atrás. Demasiado tiempo había pasado navegando en la inopia y volando de fiesta en fiesta sin prestar atención alguna a su vida. Había descuidado demasiadas cosas por un estúpido sueño que había tenido desde niño. Como decía una canción de un musical muggle la vida había matado el sueño que una vez soñó. No se podía tener todo y él había sido tan estúpido como para pensar que si.
Ron se llevó el vaso de whiskey a la pequeña terraza que tenía su apartamento y alzó la mirada hacia el cielo. No arrepentía de su decisión, para nada. Pero experimentaba un sentimiento agridulce en aquellos momentos. ¿Estaba loco por haber dado ese giro radical a su vida? No, se autoconvenció. Ya había probado las mieles del éxito. Ya nadie lo reconocía por ser el mejor amigo del niño que vivió y mató a Voldemort. Ron Weasley se había hecho un nombre en la sociedad por derecho propio. Pero jamás pensó que ese derecho iba a ir acompañado de tanta soledad. Era curioso, pero ahora mismo entendía mejor a Harry de lo que lo hizo durante tantos años juntos en la escuela. La responsabilidad que acarreaban sus hombros era tan grande que no le extrañaba que en cualquier momento se cayera de bruces.
Nunca había sido un gran conversador cuando a sus sentimientos se refería; siempre había sido más del tipo de ocultarlos y hacer el gilipollas delante de la chica que le gustaba. Su historia de amor con Hermione bien que lo demostraba. Pero ya no era un niño con ansias de atención y baja autoestima. Y necesitaba desesperadamente decirle que la amaba. Que amaba a Hermione Granger por encima de todas las cosas. Que la amaba tanto que hasta le dolía; dolor físico, en su corazón, en su pecho, en sus manos, hasta en sus piernas. Y el solo pensamiento de perderla hacía que dejara de respirar.
Se bebió el resto del whiskey y dejó el vaso en el borde del muro que rodeaba la terraza. Tal vez fuera un buena idea emborracharse hasta perder el conocimiento. Así al menos no tendría que estar pensando en ella a todas horas. Pero sabía que hasta en su inconsciente el recuerdo de Hermione le perseguiría. Estaba atado a ella como un fantasma a su cadena de hierro. Merlín, como necesitaba otro vaso de whiskey, pensó mientras entraba en el apartamento y se iba directamente a la cocina. Pero algo imprevisto sucedió. Algo que ni aun imaginándolo esperó que iba a pasar.
Llamaron a la puerta.
Miró el reloj de la entrada. Eran cerca de las once y media de la noche. Esperaba que no fuera su hermana con uno de sus ataques de "hermana responsable y medio loca". De verdad que no estaba para ningún discurso esa noche. No quería escuchar que lo había hecho todo mal. Tan solo necesitaba tiempo para pensar. Eso es. Tenía que pensar en su nuevo movimiento. Y ahora mismo solo quería rebobinar y volver a darle al play. Pero no era su hermana la que estaba al otro lado de la puerta cuando la abrió.
En lo primero en lo que se fijó fue en sus ojos. Creía que los había visto de todas las maneras posibles, pero definitivamente nunca los había contemplado con ese amalgama de emociones que pasaban desde el cabreo, la desesperación, la pena y el amor. Si, él veía amor en sus ojos, aunque solo fuera un resquicio pequeño.
Hermione...
¿Se puede saber qué coño has hecho? -la castaña entró como un caldero envuelto en llamas. Arrojó su bolso al suelo y se plantó delante de él con los brazos en jarras.- ¿Por qué has tenido que hacerlo? ¿Por qué? ¿Es que te has propuesto arruinar mi vida otra vez?
Yo no...-Ron estaba tan sorprendido de verla allí que no acertaba a articular palabra. Pensaba que después de tantas horas sin saber nada de ella, Hermione no se habría enterado de la noticia o no le habría importado demasiado. Pero se equivocaba.
¿Qué es lo que no funciona contigo? Llevo toda la semana intentando no pensar en ti. Me voy a casar con Cormac, y a ti parece que te da igual. Solo piensas en tus sentimientos, no tienes en cuenta los terremotos que vas dejando a tu paso. No puedes hacerme esto, Ronald.
¿Y qué se supone que tengo que hacer? -se acercó a ella y la cogió de las manos.- ¿Sentarme y ver como te casas con otro y no eres feliz? Y todo porque eres una obstinada de cojones que nunca da su brazo a torcer, mucho menos cuando se tiene la oportunidad de volver a ser feliz. ¿Qué es lo que no funciona contigo, Hermione?
A mi no me vengas con esas, Weasley. Has sido tú quién se ha colocado delante de un micrófono para anunciar...para...-Hermione se soltó de su agarre.- ¡Prácticamente le has dicho a medio mundo mágico que me amas!
¿Y qué si lo he hecho?
No puedes...-se llevó las manos al cabello castaño en un gesto de desesperación.- No puedes hacer eso y esperar que la gente obre conforme a tus deseos. No vamos a volver a estar juntos, Ron. Me voy a casar con otro hombre.
Ya. No paras de repetir eso como si quieras autoconvencerte a ti misma, no a mi. Vas a cometer el mayor error de tu vida, Hermione.
Bueno, supongo que eso nos hace ser iguales en ese sentido. -dijo ella apenada.- En la vida hay que cargar con las consecuencias de nuestras decisiones.
¿Qué valor puede tener la vida si no estamos juntos? -preguntó Ron mirándola a los ojos de aquella forma que solo sabía hacer él. Hermione apartó la mirada y se dio la vuelta, abrazándose la cintura con los brazos. Se sentía como un barco a la deriva esperando a chocar contra las rocas.
Ron...-suplicó. No había sido esa su intención cuando apareció en la puerta del pelirrojo. Estaba enfadada, cabreada, y había actuado sin pensar. En ningún momento se le pasó por la cabeza que ambos se enzarzarían en una conversación que habían estado evitando durante más de cinco años.
¿Me tengo que sentir culpable de que aún me quieras? -Ron se acercó despacio y se colocó detrás de ella, aspirando el aroma que desprendía su cabello.- ¿Es eso lo que me estás diciendo, Hermione?
¡Si! -cuando se dio la vuelta de nuevo la chispa había prendido en sus ojos dorados.- Si no hubiera sido por tu estupidez aún estaríamos juntos. Fuiste un cobarde y un egoísta, Ronald Weasley.
No pienso pedir perdón de nuevo por algo de lo que ya me he arrepentido mil veces. -dijo Ron perdiendo también los estribos.
No todo siempre se arregla con un perdón. Las cosas no son tan simples, Ronald. -gritó a su vez la castaña. Parecía un carrusel que no paraba de girar una y otra vez. Su relación siempre había sido así, de extremos. Pero claro, cuando se ha amado de la forma en que ellos lo hicieron una vez, el odio, el desamor y la confusión son inconmensurables.
¿Enserio? -Ron se llevó las manos a la cabeza y sacudió su cabello.- Las cosas son tan simples como los humanos queramos que sean, Hermione.
¿Ahora soy yo la culpable?
¿Por qué siempre tiene que haber un culpable? -preguntó Ron dejando caer las manos a ambos lados de sus caderas.
Porque siempre lo hay. -dijo Hermione con tristeza.- Y en esta historia, tú eres el culpable, Ronald.
Yo también arruiné mi vida, ¿vale? -volvió a gritar el pelirrojo.- Yo también perdí muchas cosas aquel día. Yo también me he sentido morir desde entonces, atrapado en una vida que no me llena ni me hace feliz.
Somos esclavos de nuestras decisiones. -dijo Hermione incapaz de volver a mirarlo a los ojos y pensando en las decisiones que ella estaba tomando en aquellos momentos con referencia a su vida, a Cormac, a la boda...
Te equivocas. -Ron se acercó a ella y la cogió de los brazos.- Te equivocas, Hermione. Siempre puedes rebobinar y volver atrás.
¡Tienes que terminar con esta farsa, Ronald! -gritó ella desasiéndose de su agarre.- Vuelve a tu vida de ensueño, conviértete en leyenda y déjame en paz. Yo voy a casarme con Cormac, esa es mi decisión y no tienes ningún derecho a cuestionarla. -se alejó de él.- Ojalá nunca hubieras aparecido en mi vida.
No lo dices enserio. Yo te quiero, Hermione.
¡No! ¡No me digas que me quieres si no es verdad! -exclamó encarándose con él. En sus ojos se leía que estaba a punto de derrumbarse.- No me hagas las cosas más difíciles, Ronald.
Sabes que es cierto, Hermione. He cometido muchos errores, y tal vez el más gordo haya sido olvidar que te amaba, pero lo hago. Tú sabes que te amo. Lo sabes.
¡Es que no quiero saberlo! Prefiero vivir en la oscuridad antes que pasar un segundo más a tu lado. -las lágrimas caían sin complejo por el rostro de Hermione mientras vomitaba todo el dolor que había estado conteniendo durante todos esos años.- No puedo seguir con esto, Ron. ¿Es que no lo entiendes? Está en juego mucho más que tu amor o el mío. -volvió a poner distancia entre ellos.- Aléjate de mi, por favor. Y no vuelvas. -añadió ya sin fuerzas para mirarlo a los ojos.
¿Que estás intentando decirme, Hermione? -Ron cubrió esa distancia que los separaba.- ¿Quieres que me vaya y olvide que te he conocido?
Si. -susurró ella conteniendo el temblor de sus labios.
Mentira. -Ron volvió a cogerla de los brazos.- No lo dices enserio.
Ron...-Hermione forcejeó, pero el pelirrojo no la soltó.
Mírame a los ojos y dímelo tú misma. Dime que no me quieres, que quieres que desaparezca de tu vida. Dímelo y me iré.
Hermione levantó la cabeza para mirar esos ojos azules en los que tantas veces se había perdido y que tantas cosas le habían hecho sentir. Quería decir las palabras, quería que salieran de su garganta, de verdad que quería. Pero era como si una mano invisible hubiera estrujado su corazón y apelmazado sus cuerdas vocales porque por mucho que lo intentó no salió ningún sonido de su boca. Ron miró aquellos ojos dorados mojados por las lágrimas y que expresaban mucho más lo que su dueña pensaba.
Pasaron segundos, minutos, horas... ¿quién sabe?
El tiempo se detuvo.
Ron subió las manos hacia el rostro de Hermione y la besó. La besó como nunca antes la habían besado. Con ternura, con pasión, con hambre y con todos aquellos sentimientos que durante cinco años habían estado guardados en una caja en el fondo de su alma. Ella le devolvió el beso, notando como su corazón dejaba de estar acongojado. Era como volver a casa o al menos como si nunca hubieran dejado de hacerlo. Aquellos besos prohibidos robados en el calor de la noche pusieron de manifiesto demasiadas cosas.