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Olvidé olvidarte — capítulo 8

Capítulo 8: Era Ron.

Hermione dejó que la envolvieran sus brazos, que sus manos se perdieran entre los rizos de su cabello. Se abandonó por completo a esa conocida sensación de pertenencia, de saberse entre los brazos adecuados. De su boca escapó un pequeño gemido cuando él le mordió el labio inferior, reclamando paso para su lengua. El corazón latía desbocado y le temblaban las piernas. Cerró los ojos con fuerza y se apretó más contra él. Hacia tanto tiempo desde la última vez... Pero era como montar en bicicleta. Sus labios no se habían olvidado del tacto, de la forma y del sabor de los otros. Hermione subió sus manos hacia aquellos cabellos de color fuego que una vez le robaron el corazón para siempre.

Inconscientemente, o tal vez de manera consciente, había hecho un esfuerzo sobrehumano para borrar todo pensamiento de su mente. Porque sabía que si se detenía a pensar en lo que estaban haciendo...

Ron acometía con fuerza contra sus labios, no había ternura por su parte, tan solo la necesidad animal de sentirla lo más profundamente posible y por el mayor tiempo. No se atrevía ni a respirar por miedo a que ella abriera los ojos y se diera cuenta de que estaban cometiendo un error. Porque sabía que ese momento estaba al acecho, como el ladrón en medio de la noche oscura. Así que se dedicó a disfrutar de la sensación de tenerla entre sus brazos, de compartir el mismo aliento, de ser la razón por la que respiraba de manera entrecortada.

Juntos cayeron sobre el sofá de la sala, sin romper su agarre ni despegar sus labios. Ella encima de él, acomodada sobre su pecho, dejando que sus corazones latieran al mismo tiempo y en el mismo espacio. Ron subió las manos hacia su rostro para apartarle los rizos de la cara y acariciar sus mejillas arreboladas. Ella seguía con las manos en su cabello, despeinándolo y tirando ligeramente de modo en que sabía que a él le gustaba. Ron soltó un gruñido y bajó una mano por la espalda de Hermione hacia su trasero. Ella gimió contra sus labios y se acomodó mejor entre sus piernas. Ron quería más, mucho más. Y Hermione...

Hermione abrió los ojos cuando sintió la erección de Ron empujando contra sus muslos. Rompió el beso y se lo quedó mirando, con las manos apoyadas a ambos lados de la cabeza del pelirrojo. Él intentó besarla de nuevo, pero el momento ya había pasado. Habían sido devueltos a la realidad con la fuerza de un rayo.

Para, para. -Hermione se levantó y se sentó en la otra punta del sofá. Habría sido preferible estar de pie, pero dudaba de que en aquellos momentos sus piernas le respondieran. Dejó caer la cabeza entre las manos, escondiendo su rostro.- Oh, Dios mío... ¿qué he hecho? ¿Qué he hecho?

Ron, sabiendo que el momento había terminado, se sentó en el sofá al lado suyo. La miró de soslayo, dándole y dándose tiempo para interiorizar lo que acababa de pasar. Los sentimientos que bailaban en sus cabezas no podían ser más contrarios y dispares. Mientras que el pelirrojo sentía reafirmado su amor hacia ella y de alguna forma legitimado todo lo que estaba haciendo por recuperarla, Hermione sentía que su mundo había dado quinientos giros de 360 grados. Se llevó las manos a la cabeza y trató de atarse el cabello con una goma. A su mente acudió el confiado y sonriente rostro de Cormac y sintió ganas de vomitar.

Hermione...

No, no digas nada, por favor. -le espetó ella poniéndose de pie con la poca dignidad que le quedaba. No se atrevía a mirarlo a los ojos. Tenía miedo de que si sus pupilas se encontraban no encontraría la fuerza necesaria para detenerse de nuevo.

Hermione, tranquila...-Ron alzó la mano para contener el ataque de ansiedad que sabía que se estaba cociendo en el interior de la castaña.

¿Tranquila dices? ¡¿Cómo quieres que me tranquilice?! ¡Dios mío, ¿pero qué estoy haciendo?! - se pasó ambas manos por la frente y el pelo mientras se movía de un lado a otro del salón.- ¿Que me estás haciendo? Esto no es bueno, no es algo bueno, Ron. Me estoy volviendo loca. Ya no sé quién soy, ni qué es lo que quiero, ni...

Hermione, creo que deberías sentarte.

La calma con la que hablaba el pelirrojo parecía poner más furiosa y nerviosa a la castaña.

¿Sen-sentarme? -se volvió hacia él con brusquedad, fijando sus ojos en los azules de él.- ¡¿Pero es que no me escuchas?! Tú y yo...nosotros...-señaló a ambos con la mano.- No puede volver a suceder, Ron.

Inconscientemente, el pelirrojo dejó asomar una sonrisa en su rostro, lo que molestó aun más a Hermione.

¿De qué te ríes? ¿Te parece gracioso en el lío en que me has metido?

No. -Ron se arrellanó mejor en el sofá y alargó el brazo sobre el reposadero.- Me parece gracioso como suenan en tus labios las palabras "tu y yo" referidas a nosotros. Suena tan correcto, Hermione. ¿Es que no te das cuenta? Dime que tú también lo has sentido.

Ron, no insistas. No importa lo que yo sienta. -Hermione se volvió a mirarlo con las manos en las caderas.

¿Pero te estás escuchando? ¿Cómo puedes decir algo así? -el pelirrojo se levantó del sofá y se plantó delante de ella, obligándola a subir la cabeza para mirarlo a los ojos.

Porque...porque si, Ronald. -espetó Hermione desviando la mirada.- Porque sé lo que se siente cuando la persona a la que más quieres te traiciona. Y no quiero hacerle sentir lo mismo a Cormac.

Ron se la quedó mirando en silencio y se pasó una mano por los labios resecos. Siempre le pasaba lo mismo. Cuando Hermione hablaba de su dolor, del dolor que él le había provocado, era como si le atravesaran el corazón con un puñal ardiendo. Era otra clase de dolor, pero él también lo sentía.

Es horrible darse cuenta de que la persona en la que confías, la persona con la que compartes tu vida, te ha traicionado, te ha mentido. -siguió diciendo la castaña de espaldas al pelirrojo.- Que la persona que amas ha traicionado ese amor y te ha humillado delante de todos.

Yo... -a Ron se le quebró la voz.- Lo siento, Hermione.

¿No querías oír la verdad? -Hermione se volvió para mirarlo de nuevo, la vulnerabilidad pintada en sus ojos color ámbar.- Pues la verdad duele, Ron. Duele muchísimo. Cormac me ama y yo lo quiero a él. Nunca podré querer a nadie como te quise a ti, ni compartir todas las cosas que compartí contigo. Eso te lo reconozco. Pero no puedo seguir jugando a este juego. -se dejó caer en el sofá con las manos tapando su rostro.- Estoy cansada, Ron.

Ron estaba desarmado y tenía mucho en lo que pensar. Tal vez su hermana tenía razón y no había calculado bien las consecuencias que tendría su reaparición en la vida de la castaña. Pero ahora ya era demasiado tarde para echarse atrás. Caminó en silencio hasta el recibidor y cogió las llaves de su coche. Se detuvo unos instantes para mirarse en el espejo de la entrada y respirar hondo. El reflejo le devolvía el semblante de un hombre derrotado; de un hombre que parecía haber perdido el rumbo. Apretó ambas manos en un puño, haciéndose daño en la que tenía las llaves, pero no le importó. Cuando volvió al salón, se encontró con que Hermione lo miraba desconcertada.

Creo que será mejor que te lleve a casa. -le dijo girándose de nuevo hacia la puerta.

_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_**

El apartamento de Hermione estaba a tan solo diez minutos en coche. Hicieron el camino en silencio, sin apenas dedicarse una mirada, pero siendo muy conscientes de la presencia del otro en todo momento. La noche era oscura, sin luna, y tan solo las farolas iluminaban el camino. Ron conducía concentrado, atento a los pocos coches que se encontraban circulando a aquellas horas. Cualquier cosa era mejor que pensar en lo que había ocurrido aquella noche: la discusión, el beso y el final. No quería recordar las últimas palabras de ella y, sin embargo, se habían clavado en su corazón con las esquirlas de cristal tras una explosión.

Hermione no quería saber, recordar, que le amaba, porque dolía demasiado. Porque era la clase de dolor que ni el paso del tiempo reducía en lo más mínimo. Y él tenía la culpa, la maldita culpa de todo. Había arruinado para siempre el corazón de aquella increíble mujer. Y eso lo estaba volviendo loco. Merlín, ¿cuántas veces se tenía que equivocar uno en la vida?, pensó dando un golpe al volante con el puño cerrado.

Hermione lo miró de reojo, pero no dijo nada. No podía pensar, no quería hacerlo, y puso todo su empeño para que durante el viaje así fuera.

Por suerte para ella, llegaron enseguida. Ron aparcó delante de su edificio y apagó el motor.

Si pudiera volver atrás en el tiempo...haría las cosas de otro modo. -dijo Ron rompiendo el silencio y apretando el volante con ambas manos. Se sentía completamente vacío.

Ya. -contestó Hermione mirando por la ventana la calle desierta.- Pero ahí está el problema: no se puede volver atrás en el tiempo.

De verdad que lo siento, Hermione. -se volvió para mirarla y tuvo que contenerse para no moverse unos centímetros y estrecharla entre sus brazos.

Se que lo sientes. -susurró Hermione mientras una solitaria lágrima rodaba por su mejilla derecha.

Bueno, tal vez mis últimas acciones no hayan sido de lo más sensato pero... -desvió la mirada hacia la ventana.- No se cómo justificarme, Hermione, si no puedo decirte que te amo con todo mi corazón y que odiaría ver como cometes un error. Pero tienes razón: es tu decisión y es tu error. -tragó saliva y ladeó la cabeza para mirarla.- Yo...lo siento, no volveré a molestarte. Sé que eso te hace sentir aun más infeliz y no es lo que quiero. Si estás completamente segura de que quieres pasar el resto de tu vida al lado de Cormac, no puedo impedírtelo.

Gracias, Ron. -dijo Hermione con la voz quebrada por el dolor y las lágrimas que habían comenzado a rodar sin pudor alguno con cada palabra del pelirrojo.- Gracias por comprenderlo.

No. No lo comprendo, pero lo respeto.

Ron, yo te quiero, y se que te voy a querer siempre. Pero no quiero quererte, quiero ser feliz. ¿Lo entiendes? -se secó las lágrimas con el dorso de la mano.

Ron no dijo nada.

No podía.

Tarde o temprano, todo lo que hemos construido se desmorona, Ronald. La clave está en aceptarlo. -respiró hondo.- Aceptarlo aunque con ello te esté robando un pedazo de tu alma.

El alma entera querrás decir. -Ron abrió los ojos y la miró. Ojalá hubiera en el mundo una palabra para describir lo que estaba sintiendo en esos momentos, pero por mucho que la buscara nada era equiparable a aquel dolor inmenso e incomprensible.

Lo siento. -Hermione bajó la cabeza queriendo evitarle la imagen de sus labios temblando. Accionó la manilla del coche y abrió la puerta. El aire frío de madrugada entró en sus pulmones como un torrente que la dejó sin respiración.

Adiós, Hermione. -dijo Ron volviendo el rostro hacia delante y agarrando de nuevo el volante. No podía creer como su mente había cambiado tanto desde esa mañana. Había abrazado el día con la esperanza de estar haciendo lo correcto para recuperar el corazón de la mujer que amaba. Y sin embargo, lo terminaba con el convencimiento de que aquello nunca sucedería de nuevo.

Había perdido a Hermione para siempre.

Y dolía. Dios, como dolía.

Adiós, Ron. -dijo Hermione antes de salir rápidamente del coche y perderse en la oscuridad de la noche con el corazón encogido por la pena y la sorpresa.

Al fin podía dar carpetazo a una etapa de su vida. Era lo que había querido desde hacia cinco años, lo que había perseguido con tanto ahínco. Pero entonces... ¿porque sentía que una parte de ella había muerto para siempre? ¿Por qué sentía que aquello estaba mal?

Era Ron, por amor de Dios, estaba renunciando a Ron para siempre.

¿Lo resistiría su corazón?

_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_**

Con un suspiro resignado, Cormac se apartó de la ventana. Tal vez todos pensaran que era un tonto que no se enteraba de nada. Pero nada más lejos de la realidad. Conocía a su prometida mejor de lo que ella se imaginaba. Y sabia que la aparición de Ron en su vida había traído cientos de recuerdos, algunos dolorosos, otros felices. Era inevitable preguntarse que podría haber sido si...

Él lo tenía muy claro.

Si Ron no hubiera engañado a Hermione, él no estaría a punto de casarse con ella. Ni tampoco estaría mirando por la ventana como su novia se bajaba del coche del pelirrojo en plena noche. Ni tampoco estaría sintiendo lo que estaba sintiendo en ese momento.

Había decidido ser un mero actor secundario en su historia de amor. Dejándole todo el protagonismo a Hermione. Y ahora no sabía si arrepentirse o no. No le gustaba ver como su novia lloraba por las palabras, los gestos, los recuerdos y la presencia de otro hombre. Cormac era muchas cosas; pero no era de piedra. No era celoso, pero había límites y límites. Y mientras apuraba el vaso de whisky y se sentaba en el sofá del salón, contempló su imagen en el televisor apagado.

El reflejo que le llegaba era el de un hombre consumido. Que se había dado demasiado tarde de que la mujer a la que amaba no le correspondería nunca del mismo modo. No tenía duda de que Hermione le quería, no era ni tan fría ni tan mezquina para estar con él por mera costumbre. Pero una cosa es querer y otra cosa es amar. Y aunque en un principio Cormac pensó que su porción de amor era suficiente...el tiempo le había demostrado que el amor solo no mantiene una relación.

Levantó la cabeza y miró el reloj que había en la pared. Marcaba las dos de la madrugada.

Había pensado esperar a Hermione allí sentado, confrontarla. Pero en el fondo no quería añadir más dolor al que veía reflejado en los ojos de la castaña. Él no era así; además, no quería marcharse de viaje estando enfadados. Así que se levantó antes de que ella pudiera llegar a la puerta y caminó arrastrando los pies hasta el dormitorio. Dejó el vaso vacío de whisky en la mesilla de noche y se fue desnudando lentamente. Estaba metiéndose en la cama cuando escuchó la puerta cerrarse. Cerró los ojos y esperó.

Pero Hermione no entró enseguida.

En la oscuridad y el silencio de la noche, las paredes parecían de papel. Y Cormac fue capaz de escuchar los sollozos callados que venían del salón. Apretó ambas manos en un puño bajo las sábanas. Quería levantarse y envolverla entre sus brazos, decirle que la amaba, que fuera lo que fuera que la hacia llorar lo superarían. Pero no se movió de la cama.

Era mejor así.

Eventualmente, Hermione se quitó los zapatos y entró de puntillas al dormitorio. Respiró aliviada al ver que Cormac estaba dormido. Y al igual que había hecho él minutos antes, se fue desnudando en silencio y se puso una camiseta de él que le quedaba enorme. Se metió en la cama y buscó su sitio entre los brazos de Cormac. Él se movió en su sueño y la estrechó entre sus brazos, dejando que apoyara la cabeza en su pecho. Le dio un beso en la frente y respiró profundamente.

Era mejor así.

No decir nada.

Porque Hermione siempre regresaba a sus brazos.

Porque él no se imaginaba la vida sin ella.

Porque la amaba.

Era mejor así.

_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_**

Ron condujo sin rumbo fijo durante mucho rato.

No tenía ganas de volver a la soledad de su apartamento. Además, todo le recordaría a ella y a sus últimos momentos pasados. Todo lo sucedido aquella noche había sido una absurda locura. Pero mentiría si dijera que no había disfrutado de la sensación de volver a tenerla entre sus brazos y de poder saborear su boca y perderse en su aliento; de volver a sentir su cuerpo contra el suyo; de escuchar los pequeños gemidos que salían de su boca mientras le besaba los labios, la cara y el cuello. Con ninguna otra mujer había conseguido sentirse de ese modo. Dicen que el primer amor nunca se olvida, y tal vez fuera cierto en su caso.

Pero ahora ella se había ido y él se había quedado con el corazón hecho añicos.

El orgullo masculino le impedía llorar. Los hombres no lloran por una mujer, se repetía una y otra vez. Había aprendido a ser fuerte, inmune a los sentimientos. Se lo juró a sí mismo cinco años atrás y había cumplido su promesa. Ninguna mujer había llegado a importarle demasiado como para probocarle semejante dolor. Ninguna excepto ella. Siempre ella.

Dio un puñetazo al volante y soltó un alarido. Todo era culpa suya, lo sabía. Hacía años que lo sabía, y hacía años que se había resignado a su ausencia. Se había llenado la cabeza de sueños imposibles, ignorando lo que todo el mundo le decía. Porque en el fondo él creía que ella no sería inmune a su hechizo. Que igual que había conseguido enamorarla cuando no era nadie, y ahora que era...

Se detuvo ahí.

¿Qué era?

¿Quién era?

Un estúpido.

Un maldito estúpido y un perdedor.

Esa fue la respuesta que restalló en su cabeza. Se sentía como un alumno que no había aprendido la lección y había fracasado en el camino. Porque aunque la gente no lo entendiera, Ronald Weasley no era nada si no podía tener a la mujer que amaba. Y esa mujer se iba a casar con otro y él no podía hacer nada.

No quería volver a ver el dolor en esos ojos dorados que le perseguían cada vez que cerraba los ojos.

Le había dicho a ella que no la entendía, pero era mentira.

Por fin lo había entendido.

Y por eso lo mejor era alejarse de ella.

Siguió conduciendo hasta que las luces del amanecer los atraparon muy lejos de Londres. Si se quedaba en la ciudad terminaría en un bar ahogando sus penas. Y lo último que quería era salir en los periódicos como un borracho el día después de su anuncio de retirada del Quidditch. El sol robaba reflejos dorados de sus cabellos rojos mientras ocultaba sus ojos tras unas gafas de sol negras. La distancia no iba a solucionar nada. Seguía sintiendo los mismos pinchazos en la zona del corazón, la misma impotencia y las mismas ganas de golpear algo. Pero no sabía qué otra cosa podía hacer. Debía luchar contra sí mismo y contra las ganas que tenía de volver al apartamento de ella y besarla violentamente hasta dejarle los labios marcados.

Apretó el volante con ambas manos y pisó el acelerador.

Seguiría conduciendo hasta quedarse sin gasolina y después ya vería.

_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_**

Cuando Hermione abrió los ojos al día siguiente, deseó que todo hubiera sido un sueño. Pero el dolor profundo que sintió en el fondo de su corazón le dijo que había pasado de verdad. Que lo ocurrido la noche anterior había dejado una huella imborrable en su mente y en su corazón. Otra más. Con Ron las cosas siempre habían sido así. Ese maldito pelirrojo nunca hacía las cosas a medias, para bien o para mal. Y lo que no habían conseguido sus besos ni sus declaraciones de amor, lo había conseguido tan solo una palabra: adiós.

Tan simple y sencilla y tan dolorosa al mismo tiempo.

Ron le había dicho adiós, se había despedido de ella y, eso, no sabía por qué, había derribado todos los muros que cuidadosamente había construido entorno a él. Porque Hermione no podía concebir un mundo en el que la figura de Ron no estuviera presente en su vida. Y eso era algo que le aterraba y confundía a partes iguales. ¿Qué clase de poderes tenía este hombre para dejarla en semejante estado? Y ni siquiera había entrado a valorar sus besos, ni el calor de sus manos mientras recorrían su cuerpo. Porque si lo hacía, Hermione sabía que estaría perdida para siempre.

Pasó el resto del día dando vueltas por su apartamento. Canceló la visita que tenía programada a la iglesia muggle donde tendría lugar la ceremonia. Le rogó a su madre y a la señora McLaggen que la dejasen sola, a lo que accedieron convencidas de que se debía a los nervios previos a la boda. Si ellas supieran...

No sabía qué hacer, estaba paralizada.

Nunca pensó que se vería en esa situación en algún momento de su vida.

Atrapada entre dos hombres.

Entre el pasado y el futuro.

¿Ron o Cormac? ¿Cormac o Ron?

Vio pasar el día tumbada en el sofá de la sala de estar, con el pijama puesto y la mirada perdida.

Recordó una frase de un libro: tenemos el amor que creemos que nos merecemos.

¿Se merecía un amor como el de Cormac? ¿Incondicional pero insuficiente?

¿O se merecía un amor como el de Ron? ¿Fiero y tempestuoso pero infinito? La clase de amor que hace que te corra fuego por las venas.

No podía permitirlo.

No podía permitir que Ron la alejara de su vida.

A pesar de que eso era lo que ella había hecho durante cinco años.

Se sentó en el sofá y dejó caer la cabeza entre las manos. De sus ojos empezaron a caer lágrimas que le nublaron la visión. ¿Cómo podía seguir doliendo tanto? ¿Cómo se las había ingeniado para hacerla llorar de nuevo y que se sintiera como una mierda? ¿Cómo una sola persona podía provocarle tantas cosas y tan diferentes?

Componte, Hermione, se dijo. ¿Estás segura de dónde te estás metiendo? ¿Estás dispuesta a renunciar a él para siempre?

Para siempre...

¿Para siempre?

Afuera empezó a llover.

Dentro del apartamento, Hermione se levantó de un salto y corrió a su habitación.

_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_*_**

Ron se apareció en su apartamento pasadas las seis de la tarde. Lo que había comenzado como una fina llovizna, se había convertido en un tormentón en toda regla, con relámpagos y truenos incluidos. Desconocía donde había dejado el coche. Tal y como había pensado, había seguido conduciendo durante horas hasta que se quedó sin gasolina a las afueras de Derbyshire. Tampoco es que le importara demasiado. Se quitó la chaqueta y se sirvió un vaso de whisky hasta arriba. Necesitaba algo para entrar en calor.

Un relámpago iluminó el salón en su oscuridad.

Las sombras lo acompañaban allá donde fuera.

Se dejó caer en su sillón y dio un trago largo y lento al whisky.

No se encontraba ni de lejos mucho mejor de lo que estaba la noche anterior o esa misma mañana. Había ignorado las llamadas de todo el mundo. Su teléfono móvil estaba lleno de mensajes de sus familiares y amigos, y de algún que otro periodista deportivo. Pero qué más daba. Lo único que quería en aquellos momentos era perder el sentido en la soledad de su apartamento. Se lo merecía. Dio otro sorbo al whisky e hizo una mueca cuando el líquido ambarino bajó por su garganta quemándolo todo a su paso.

Llamaron a la puerta.

No tenía ninguna intención de abrir.

Pero llamaron otra vez, y otra, y otra, y otra.

De mala gana se levantó del sillón, dejando el vaso de whisky encima de la mesa. ¿Quién demonios era a esas horas? No quería ver a nadie. Ni hablar con nadie. Así que su sorpresa fue mayúscula cuando al abrir la puerta la vio a ella. Los rastros de la lluvia se mezclaban con las lágrimas de sus ojos. Su cuerpo formando un charco en el umbral de su puerta. Ron la miró con la boca abierta. Eso si que no se lo esperaba.

¿Ya no vas a luchar por mí? -preguntó Hermione desde su posición al otro lado de la puerta. Estaba calada hasta los huesos. El cabello castaño pegado al rostro y los dientes apretados para evitar que castañeasen.

¿Tengo alguna posibilidad de ganar? -preguntó el pelirrojo a su vez después de recuperarse de la sorpresa.

No lo sé. -Hermione se mordió el labio inferior y negó con la cabeza.- De verdad que no lo sé.

Entonces supongo que tendré que demostrártelo. -dijo Ron dando un paso hacia delante y posando sus manos en el rostro de la castaña. Aceró sus labios a los de ella y la besó mientras la arrastraba dentro del apartamento.

Como un baile del que solo ellos sabían los pasos y sin romper el beso, Ron se movió hasta que fue su espalda la que quedó contra la puerta, que se cerró con un ruido sordo. Hermione le echó los brazos al cuello y dejó caer el bolso al suelo. Por primera vez en su vida, se permitió no pensar en nada.

Al fin y al cabo, era Ron.