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Historia 188301 — capítulo 4

Cap 4: Día de castigos

La primera semana de clases pasó rapidísimo porque el tiempo siempre pasa tan rápido cuando se avecinan las cosas desagradables. La mañana del sábado llegó y con él la perspectiva del primer castigo del año y no el único, probablemente.

Remus fue el primero en despertarse esa mañana. Abrió los ojos naturalmente y los restregó un poco antes de estirar los brazos, miró su reloj y eran las ocho en punto, más le valía despertar a sus dos amigos o llegarían tarde al castigo con McGonagall y se perderían el desayuno. 

Estaba acostumbrado a levantarse temprano, incluso los días de fin de semana, no daba vueltas en la cama, solo se tomó un momento para escuchar el silencio solo roto por los suspiros de sus amigos dormidos y uno que otro ronquido. Fue hasta el baño y después de darse una ducha rápida y vestirse se dispuso a despertar a sus amigos.

-Canuto, Cornamenta, despiértense -Dijo removiéndolos a uno primero y luego al otro -Van a llegar tarde con McGonagall- 

-Cinco minutos más, Lunático- Pidió James tapándose la cabeza con las mantas - Es muy temprano-

-No lo es - Aseveró Remus- Si llegas tarde van a tener más problemas y recuerda que  tienes que pedirle que te deje hacer las pruebas para el equipo hoy-.

-Cierto - Recordó James y se paró de inmediato mientras se metía la baño rapidísimo. 

-Levántate, Canuto, ahora - Le dijo Remus moviendo esta vez a Sirius y destapándolo.

-No, Remus, ya estoy castigado, que importa estarlo un tiempo más -Le respondió Sirius metiendo la cabeza debajo de la almohada. 

-Te perderás el desayuno y no podrás ir con los elfos a comer- Argumentó Remus sabiendo que eso despertaría a su amigo.

Sirius abrió los dos ojos y se levantó mientras buscaba la ropa para ese día y le gritaba a James que se diera prisa para usar el baño. 

James salió al cabo de unos minutos preparado para vestirse. Remus se puso a buscar en su baúl un par de libros que necesitaba para terminar con una tarea de Pociones que tenía que hacer. Además que tenía que hacer una redacción para Transformaciones y pensaba pasar toda la mañana en la biblioteca mientras sus amigos cumplían con sus castigos. 

Después de que Sirius se bañara y se vistiera los chicos pensaron en despertar a Peter que dormía muy encogido entre las sabanas. 

-Olvídalo, yo tengo que comer- Dijo Sirius saliendo del cuarto. 

-Yo tengo que llegar pronto o no me dejara salir antes- James salió tras de Sirius. 

-Bueno, es sábado, mejor te dejo dormir - Remus miró a su amigo dormido corrió el dosel de su cama. 

También salió detrás de sus amigos dejando a Peter solo en el cuarto. Bajaron al Gran Comedor en el que había muy pocos alumnos ya que era muy temprano y era sábado, seguramente la mayoría aun seguían dormidos. 

Se sentaron en la mesa de Gryffindor y Sirius empezó rápidamente devorar todo lo que se encontró a su paso. Solo faltaba media hora para las nueve así que James comió poco y rápido. 

Una ráfaga de colores entró por la puerta del Gran Comedor en la figura de dos chicas que venían corriendo y se sentaban rapidísimo en la mesa de Gryffindor. Detrás venia una tercera pero caminaba con bastante más calma que sus amigas.

Los Merodeadores miraron solo por unos minutos a las chicas que entraron y luego volvieron a su desayuno, por lo menos Remus y Sirius porque James seguía con los ojos puestos en la pelirroja que desayunaba a máxima velocidad. 

-Ya deja de mirarla, la gastaras- Se burló Remus sonriendo y viendo a su amigo.

James pareció despertar de su trance y volvió a fijar su vista en su desayuno, pero aun pensando en lo linda que se veía Lily esa mañana. Era difícil resistirse a los encantos naturales de esa chica.

-Ya está, vámonos Canuto que si no, no podremos salir para hacer las pruebas de Gryffindor y tendré que reprogramarlas para la próxima semana - Le dijo James a Sirius en tono apremiante mientras se ponía de pie y lo arrastraba por el cuello de la camiseta. Este se llevaba una tostada para el camino- Nos vemos en la Sala Común, Lunático-

Sirius se despidió de Remus con la boca llena, dejándose arrastrar por su mejor amigo hacia la salida.

-Nos vemos- Se despidió él sonriendo divertido. 

A los pocos minutos de que salieran Sirius y James, Remus vio salir, también apresuradas, a las chicas. Lily salía junto a Megan mientras que Lauren se quedaba sola en la mesa desayunando. Traía con ella su bolso y en ese momento la tenía sobre la mesa y revisaba un par de cosas dentro. 

Su mirada se cruzó con la de la chica un momento pero ella desvió la mirada a su desayuno nuevamente. Al parecer seguía algo molesta por el asunto del otro día. Remus siempre se había llevado bien con Lauren, si eso quería decir yo te ignoro y tú me ignoras, vivimos en el mismo mundo pero apenas me doy cuenta de que existes. Llevaban una relación cordial, había trabajado con ella un par de veces en el pasado, y no pasaba de ahí. No era como Lily con James, donde él no podía dejar comportarse como un tonto cuando estaba con ella, haciendo tonterías para llamar su atención que solo lograban que a ella le desagradara cada vez mas. Tampoco era como Sirius y Megan que se la pasaban siempre odiándose a muerte y provocándose el uno al otro por cualquier cosa. Él y Lauren simplemente eran dos compañeros de casa, sin más que ver. No quitó sus ojos de Lauren, las ondas de su cabello, formado rizos medio desarmados caían a ambos lados de su rostro, casi ocultándolo por completo.

Terminó de desayunar y se fue directo a la biblioteca, sin sus amigos no había mejor forma de pasar el sábado que terminando todas las tareas pendientes que tenia por hacer.


Cuando Megan y Lily dieron vuelta en el corredor y llegaron a la puerta del despacho, James y Sirius ya estaban ahí afuera, apoyados en la pared. La profesora McGonagall abrió la puerta de su despacho, erguida y severa, mirándolos por sobre sus anteojos, y los hizo entrar de inmediato.

-Bueno, como ya les informé van a limpiar la Sala de Trofeos y la Enfermería, lo harán en parejas, por supuesto -Les explicó en tono severo -Ni se le ocurra Potter que lo voy a poner a limpiar con Black, no es momento de hacer explotar el colegio-

-¿Entonces con quien, profesora?-Le preguntó James.

-Con la señorita Evans- Anunció la profesora - Creo que es bueno que los premios anuales estén armonizados. Y como Black al parecer está tan a gusto con Woods, no les molestará limpiar la enfermería juntos. Potter y Evans ustedes a la Sala de Trofeos-

Lily y Megan hicieron muecas de incredulidad y desagrado, Sirius bufó fastidiado ante la perspectiva del castigo y por la pareja con la tendría que cumplirlo, sabía que no los pondrían con sus amigos, pero al menos esperaba que le tocara con Evans. James no estaba del todo descontento, no lo hacía feliz tener que limpiar pero podía ser algo diferente si estaba con Lily, un par de horas solo con ella parecían una buena recompensa a cambio de todo ese duro trabajo.

-Profesora ¿No sería mejor si hago pareja con Potter?- Preguntó Megan alzando la mano

-¿Tiene algún problema con el señor Black?-

Lily miró a su amiga en señal de advertencia. Sabía que la profesora era perfectamente consciente de lo mal que se llevaban y de que, muy probablemente, armarían un alboroto en la enfermería. Pero admitir que tenía un problema con Black era admitir que le había mentido antes y por supuesto, ponerla con Black era parte de su castigo.

-No en realidad-Mintió Megan cruzándose de brazos

-Eh…profesora - Empezó a hablar James una vez que ella le pidió que se marchara a su castigo. Ella levantó su mirada hacia el chico -Verá, usted sabe que yo soy el capitán del equipo de Quidditch de Gryffindor-

-Lo sé, Potter. Es su segundo año - Respondió la profesora sin saber muy bien a donde iba ese comentario.

-Y usted sabe también que el año pasado perdimos un cazador y un golpeador y que necesitamos nuevos- Continuó James. 

-Al  grano, Potter por favor, no tengo su tiempo- Lo apremió la profesora McGonagall.

-¿Puedo adelantarme mientras conversa con Potter? - Preguntó Lily interrumpiendo la conversación.

La profesora McGonagall la miró de reojo en señal de advertencia y Lily se quedó en silencio en su lugar. 

-Bueno, como decía antes de que Evans me interrumpiera…yo quiero pedirle permiso para salir antes del castigo y poder hacer las pruebas para el equipo- Todo esto lo dijo tan rápido para que las palabras no causaran tanto efecto en su profesora de Transformaciones. 

-Sí, eso- Lo apoyó Sirius- Por cierto profesora, no le había dicho lo bien que se ve hoy, de verdad, si tuviera cuarenta años menos…-

-Canuto- Lo cortó James rápidamente y apretando los dientes -Gracias, Canuto pero no me ayudes, yo puedo solo-

-No, Potter-Le dijo la profesora  de forma calmada -Tendrá que hacer las pruebas un día en que no esté castigado, ahora todos salgan de mi despacho, el señor Filch irá por ustedes al terminar su castigo-

-Pero…- Empezó a protestar James apoyando sus manos en el escritorio de la profesora. - Me pasé el verano entero creando el nuevo juego de Gryffindor, y necesito al resto de mi equipo para ponerlo en práctica ¿Entiende?-

-No me haga repetírselo, Potter- Dijo la profesora y tanto él como las chicas salieron del despacho. James con la decepción reflejada en sus ojos.

La profesora se quedó mirando sus notas pero notó que aun había alguien en el despacho. Volvió a levantar la vista y se encontró que Sirius aun estaba frente a ella.

-Profesora, yo creo que usted y yo queremos lo mejor para el equipo ¿verdad?- Habló Sirius. Los chicos que estaban saliendo del despacho se dieron cuenta de que Sirius faltaba y asomaron la cabeza por la puerta para ver que estaba haciendo adentro - Y usted y yo sabemos que lo mejor para el equipo es empezar a entrenar pronto con los nuevos miembros y para eso tenemos que hacer las pruebas lo antes posible. Entonces yo creo que usted debería dejar salir al capitán de nuestro equipo para hacer las pruebas y así beneficiaría a todo el equipo y por consiguiente a toda la casa de Gryffindor. Eso la haría, sin duda, una gran Jefa de casa, tan considerada-

-Que buen discurso, Black- Respondió la profesora juntando ambas manos sobre el escritorio - Lamentablemente hoy no me siento considerada. Guárdeselo para otra ocasión. Vaya a su castigo -

Sin esperar respuesta la profesora McGonagall volvió a sus notas, pero Sirius seguía parado frente a ella sin moverse. Al notar que el chico seguía aun parado frente a ella, volvió a poner sus ojos en él.

-Black ¿Por qué lo sigo viendo en mi despacho?-

-Porque... ¿Todavía no me voy? -

-¡Pero qué astucia Black! - Exclamó la profesora algo irritada.

-Gracias- Contestó Sirius sonriendo

-¡Fuera!-


La biblioteca de Hogwarts albergaba a muy pocos alumnos un sábado por la mañana, sobre todo en esas primeras semanas de Septiembre, cuando apenas han empezado las materias. En una de las mesas más alejadas, entre dos estanterías de gruesos y antiguos libros, estaban sentada Lauren, para que no la molestara ningún ruido y además porque no le gustaba ser interrumpida mientras trabajaba o estudiaba. 

Estaba leyendo atentamente un libro de Pociones buscando material para su tarea. 

Se encontraba muy concentrada hasta que sintió que alguien estaba observándola. Eso la ponía muy nerviosa, no le gustaba cuando la gente la observaba demasiado y ella era muy intuitiva para esas cosas. 

Lentamente bajó el libro y vio un chico sentado frente a ella, justo en la misma mesa, traía un montón de libros y pergaminos en una mochila y ahora estaba observándola mientras abría el libro que tenía en la mano. El chico le sonrió, con una sonrisa que no mostraba demasiado pero era encantadora. Sus ojos castaños seguían clavados en ella.

-Lupin ¿Qué haces aquí?- Preguntó ella dejando el libro sobre la mesa.

-Lo mismo que tú supongo ¿Qué más se puede hacer en una biblioteca?-Le contestó Remus- Espero que no te moleste que trabajemos en la misma mesa-

-Lupin, está lleno de mesas vacías ¿Por qué vendrías hasta acá para estudiar?- Inquirió ella con suspicacia. 

-No lo sé, tal vez sea porque puedo ver que estás estudiando lo mismo que yo y podríamos trabajar juntos tranquilamente - Expuso el chico - Ahora ¿Qué tal si estudiamos?-

Lauren no dijo nada pero volvió a su libro mientras Lupin también se concentraba en el suyo. De vez en cuando él desviaba su mirada y la veía anotar cosas en su pergamino. También ella lo hacía a veces, le gustaba la manera en que se ponía cuando estaba pensativo, fruncía el ceño y cuando algo se le hacia un poco difícil hacía una pequeña mueca con la comisura de su labio.

En una de esas miradas furtivas ambos se encontraron.

-¿Qué pasa?- Preguntaron al unísono

Los dos sonrieron apenas y Lauren negó con la cabeza rápidamente.

-¿Estás usando eso?- Le preguntó Remus señalando el libro que ella tenía a un lado.

-No, puedes usarlo- Lauren le extendió el libro que le había pedido. 

-Oye, Lauren ¿Aun estas molesta?- Quiso saber Remus mientras recibía el libro. 

-No, Remus, no estoy molesta- Afirmó ella volviendo a su libro - No tengo razones para estar molesta contigo, en realidad no creo que importe mucho -

-No dije lo de antes con la intención de pareciera que no me importa mi puesto o algo así, no quería que creyeras eso - Se explicó Remus y ella volvió a posar su mirada en él, sus ojos del color del cielo tenían esa expresión dulce tan característica- Es solo que no estaba de acuerdo contigo-

-Está bien, no siempre tenemos que estar de acuerdo, Remus- Añadió ella-  Tú eres el prefecto y yo no debo cuestionarte. Supongo que, de todas formas, exagere un poco-

-Solo querías hacer lo correcto y eso está bien - Dijo Remus asintiendo - Me alegra que no estés molesta, Lauren-

-Eh… gracias, supongo - Lauren lo miró algo confundida, no entendía muy bien porque le importaba tanto a Remus si estaba o no molesta con él. Le sonrió amigablemente  y volvió a mirar su libro pero Remus no dejaba de mirarla -¿Qué sucede? ¿Necesitas ayuda?-

-No, no te preocupes- Aseguró Remus y se puso algo nervioso al ser descubierto observándola y volvió rápidamente a su libro.

Tampoco él entendía porque le alegraba que ella no estuviera enojada ni molesta con él, y mucho menos el hecho de que la sonrisa dulce de ella provocara que el mismo sonriera. Lauren era una chica agradable, tenía unos ojos tranquilos y una voz dulce y baja, era esa clase de chica que podía sentarse a estudiar al otro lado de le mesa sin cuchichear con sus amigas o intentar coquetear o pedirle ayuda con sus libros. Quizás solo era la clase de chica que no se interesaba lo más mínimo en él y eso era realmente agradable. Le parecía bastante lógico no querer que una chica así estuviera molesta por algo que él ni siquiera había tenido intención de hacer, no quería hacer enojar ni pasar malos ratos a una chica como Lauren.

Lauren le sonrió un momento más y volvió a su libro mientras Remus también alejaba los pensamientos de su cabeza y se concentraba en su trabajo de Pociones. 


Por un largo pasillo, una rubia muy malhumorada y de mirada desafiante se dirigía camino a la enfermería, unos pasos detrás de ella venia un guapo chico de cabello negro que le caía con naturalidad sobre los ojos, caminaba con las manos en los bolsillos y silbando una melodía.

La chica pisaba fuerte, con la brazos cruzados, sus labios se habían vuelto una línea y su cabello largo como un manto dorado se movía hacia los lados. Estaba tan molesta por haber recibido ese castigo junto a Sirius Black, precisamente con él, hubiera preferido mil veces que le tocara con Potter. Durante seis años lo había odiado, desde poner un pie en el tren, y los años no habían hecho más que agrandar su desagrado por ese muchacho Black. A diferencia del resto de su horrible familia, él era un Gryffindor, pero nada le garantizaba a Megan que él no era como ellos. A fin de cuentas ¿No somos como nos crían nuestros padres?

-Woods, ¿Por qué no te calmas un poco y vas más lento?- Le preguntó Sirius a Megan caminando relajadamente.

-Porque quiero acabar con este suplicio lo más pronto posible, Black- Megan continuó a su paso, fastidiada - Y no quiero caminar cerca de ti-

-No sabes lo que dices, Woods -Aseguró Sirius convencido - Muchas chicas estarían encantadas de caminar a mi lado-

-Pues qué lástima que yo no sea una de ellas- Dijo Megan mordazmente - De hecho yo estaría encantada si te cambiaras de escuela y no tener que volver a verte la cara de idiota-

-Pues no creas que a mí me agrada verte la cara- Respondió Sirius - Eres una chica muy fastidiosa, seguramente estás frustrada-

-¡Frustrada está tu abuela!- Le gritó Megan dándose vuelta en seco y quedando cara a cara con Sirius.

-Si, en eso tienes razón pero a mí no me grites Woods ya te lo he dicho- Dijo Sirius sin subir el tono de su voz, mirando a Megan a sus ojos felinos que en ese momento se veían llenos de cólera.

-No te soporto, Black- Afirmó Megan bajando el tono pero clavando su mirada en los ojos grises del muchacho frente a ella.

-Tampoco yo, Woods, en algo estamos de acuerdo- Coincidió Sirius traspasándola con su mirada gris. 

Estaban casi en la puerta de la enfermería, a centímetros de distancia, con sus miradas conectadas y echando chispas. La puerta de la enfermería se abrió y Madame Pomfrey los llamó desde allí.

-Señor Black, señorita Woods, los estaba esperando- Les dijo interrumpiendo la discusión que no había llegado a comenzar - Pasen, tengo unas cuantas cosas para que ordenen y limpien-

Sirius y Megan se lanzaron una última mirada asesina antes de que la chica se alejara de él siguiendo a la enfermería que había entrado al salón, el muchacho entró detrás de ellas.


En otra parte de ese mismo castillo, pero unos pisos más arriba, una pelirroja se dirigía a la sala de Trofeos, caminando firme y rápido, sin prestar atención a nada más. Detrás de ella James la observaba caminar y sonreiría, llevaba sus brazos cruzados tras la cabeza, alegrándose de su suerte.  

-¿Quieres dejar de seguirme Potter?- Lily rompió el silencio.

-No. Además no te estoy siguiendo, por si no te habías dado cuenta estamos castigados juntos, Evans-

-No es necesario que me lo recuerdes, ya se me revuelve el estomago - Comentó ella. James avanzó un par de pasos más rápido hasta ponerse frente a ella y cortarle el paso, apoyando una mano en la pared. Lily se detuvo en seco y se le quedó mirando - ¿Qué haces? -

  • Así que se te revuelve el estomago - Dijo James seductoramente, levantando una ceja- yo creo que te afecta tenerme así de cerca ¿no lo crees?-

-Si, Potter, es por tenerte así de cerca- Ironizó Lily -Me dan ganas de vomitar por tenerte tan cerca, ahora quítate de mi camino-

-De acuerdo, que pesada te pones - Respondió James resignado y se movió para darle paso a la pelirroja. 

Siguieron caminando un rato más en silencio, James detrás todo el tiempo, caminando en silencio, solo viendo la parte de atrás de su rojo cabello, el silencio solo roto por el sonido de sus pasos. Lily se había desesperado nuevamente al sentirlo caminar detrás de sus pasos, se sentía observada.

-Potter ya es suficiente castigo tener que caminar contigo hasta la Sala de Trofeos -Dijo ella dándose vuelta -Deja de caminar tras de mí y camina adelante-

-No quiero- Se negó James -Me gusta más caminar atrás, gracias…te ves bien desde aquí-

Eso fue demasiado para Lily, ¿Qué se creía ese idiota de Potter? Le costaba controlar su temperamento cuando estaba junto a él y más aun cuando lanzaba ese tipo de tontos comentarios, levantó su brazo como si fuera a abofetearlo pero los reflejos de cazador de James fueron más rápidos y sostuvo su brazo en el aire.

-¡Suéltame, Potter!-

-No lo haré, si te suelto vas a golpearme-

-Tenlo por seguro - Le aseguró Lily fulminándolo con la mirada. 

-¿Lo ves? Y así quieres que te suelte- Dijo James como si se lo explicara a una niña de cinco años. 

-¡Suéltame te lo advierto!- Gritó Lily tratando de soltar su brazo

-No, Evans, no hasta que te calmes-  James y la sostenía mientras ella forcejeaba, había tomado sus dos muñecas. 

Lily comenzó a tratar de soltarse con fuerza, intentando liberar sus muñecas apresadas por las manos de James que la sostenían sin hacer mucho esfuerzo, pasado poco más de un minuto ella al fin dejó de luchar.

  • Suéltame, por favor- Le pidió bajando el tono de su voz y dejando de moverse, miró al chico directo a los ojos -  Me estas lastimando- 

-No es cierto-

-Si es cierto, créeme- Insistió la muchacha, su rostro se contrajo un poco en una expresión de dolor - Me duele, por favor…James-

James pensó que quizás en serio la estaba lastimando, sino porque ella lo llamaría por su nombre. No creía estar presionando con fuerza pero quizás ella era tan delicada. La soltó rápidamente temiendo hacerle daño. 

-Lily, perdóname ¿Estás bien?- Le preguntó preocupado. 

Lily bajo la cabeza un par de segundos, examinando el lugar donde hasta hace un momento habían estado las manos de James, cuando volvió a levantar la vista había una sonrisa de triunfo en su rostro.

-Que crédulo eres, Potter- Le respondió Lily cruzándose de brazo - Y tan predecible-

Después de decir eso, se dio la vuelta y continúo su camino a paso seguro hacia la Sala de Trofeos, sin mirar atrás.

-Esta me la pagas Lily Evans-  Se dijo James incrédulo de haber caído en tal engaño de la pelirroja y se fue tras ella hasta la Sala de Trofeos. 


En la enfermería las cosa no estaban saliendo nada bien. La enfermera los había puesto a limpiar urinales a la manera muggle y estaba resultando exactamente igual o peor a como sonaba.

Sirius estaba al otro lado de la sala limpiando un urinal mientras refunfuñaba en voz baja insultos contra Megan, contra la enfermera y contra todas las personas que se le ocurrían en ese momento. Megan se encontraba al otro lado en la misma tarea maldiciendo su suerte.

No había nadie más en la enfermería a excepción de ellos dos. Madame Pomfrey se había ido a su despacho y no había ningún alumno allí. Solo camas vacías, estanterías con pociones, y el sonido de dos muchachos limpiando. Un leve sol se colaba por las ventanas y ambos imaginaron lo excelente que sería disfrutar el día descansando en vez de estar ahí limpiando asquerosos urinales por culpa del otro que estaba en el mismo salón.  

Cuando Sirius miraba a Megan limpiaba con más fuerza y cuando ella lo veía hacer eso lo limpiaba más fuerte y así estuvieron por un buen rato, en esa silenciosa competencia, frotando con más y más fuerza hasta que de pronto el silencio fue roto por un fuerte sonido de porcelana rota.

-Eres un idiota ¡Mira lo que hiciste!- Exclamó Megan riendo fuerte al ver que Sirius había dejado caer el urinal que estaba limpiando. 

No podía contener las carcajadas, Sirius sentía ganas de asesinarla mientras sacaba su varita para reparar los pedazos.

Megan no tuvo los reflejos suficientes para detener el urinal que acaba de escaparse de sus manos por las risas y de pronto otro ruido de porcelana rota y el urinal hecho pedazos en el suelo. Era el turno de Sirius para reírse.

-Cállate todo esto es por tu culpa- Le gritó Megan sintiendo calor en sus mejillas.

-¿Mi culpa? Ahora que seas una tonta es mi culpa - Ironizó Sirius desde el otro lado de la enfermería - No necesitas mi ayuda para eso-

-¡Solo lo deje caer por reírme de tus dedos de mantequilla!-

Madame Pomfrey salió de su despacho alertada por los gritos y los ruidos de porcelana rota, se quedó mirando el desastre que habían hecho y enfadada puso sus manos en sus caderas.

-Miren lo que han hecho - Los regañó - Si los tengo aquí es para que ayuden no para que estropeen todo, arréglenlo ahora mismo y no quiero más de estos incidentes-

Megan y Sirius dejaron su discusión y repararon cada uno lo que habían roto entre murmullos y refunfuños.  La enfermera los supervisó por un par de minutos antes de cerrar la puerta de su oficina y dirigirse una vez más a ellos.

-Bien, voy a salir un momento, si llega Alan Gregor, un Slytherin de segundo año, le dan esta poción que pondré aquí - La enfermera tomó un frasco con un liquido azul dentro y lo puso sobre la mesa - Es muy importante, solo deben dársela y se marchara. Muy fácil, espero que se comporten -

Megan y Sirius asintieron con la cabeza y la señora Pomfrey los dejo solos. Apenas pasaron unos pocos minutos hasta que la puerta se abrió otra vez y apareció un niño pelirrojo y bajito con su túnica de Slytherin.

-¿Tú eres Alan Gregor?- Preguntó Megan al pequeño.

El niño asintió con la cabeza, parecía algo tímido.

-Bueno, niño nosotros te vamos a dar tu poción - Le explicó Sirius y fue a buscar la poción. 

-Hasta para esto eres inútil, Black- Megan rodó los ojos -Tienes que ser más delicado con el niño-

-Perdón princesa súper delicada- Dijo Sirius sarcásticamente y se cruzó de brazos sentándose en una camilla -Entonces hazlo tu si eres tan buena, hazlo-

-Hola, soy Megan, nosotros te vamos a dar tu poción - Le explicó Megan al niño ignorando a Sirius - La enfermera no está, pero te la voy a dar yo porque este inútil, bueno para nada seguro lo va a estropear todo ¿sí?-

Megan terminó lanzando todo su veneno contra Sirius, el cual la miró levantando ambas cejas y bufó molesto. El pequeño Alan los miró a ambos sin entender absolutamente nada de esos dos chicos.

-¿Sabes qué?  Niño, yo te la voy a dar, no le hagas caso - Dijo Sirius poniéndose de pie, tomó la poción y se acercó al niño.

-Dame eso, Black. Yo se la voy a dar- Lo contradijo Megan tratando de quitarle la poción a Sirius de entre las manos - Tú vas a arruinarlo -

-Tu eres la experta en arruinar cosas, yo me haré cargo - Sirius dio un par de pasos atrás alejando la poción de las manos de Megan que se acercaban amenazantes.

-Dámela - Le ordenó Megan. 

-No-

-Dámela, Black-

-Hazte a un lado, Woods. Yo la tomé primero- Sirius e alejó varios pasos de Megan aumentando la distancia entre los dos.

-Regresa aquí, Sirius Black-

-Largo, es mía-

Sirius continuaba aumentando la distancia y Megan avanzó tras él. Empezaron a correr por la enfermería Sirius con la poción entre las manos y Megan detrás de él tratando de alcanzarlo. El pequeño Alan los miraba sorprendido, sus ojos muy abiertos y fijos en los dos muchachos de Gryffindor corriendo una tres el otro, no entendía nada. 

Sirius resbaló con agua en el piso justo cuando Megan estaba a punto de alcanzarlo y pasó lo peor. La poción se derramó en ambos. Megan abrió la boca y pestañeo un par de veces, sorprendida y furiosa, sacudiendo los brazos para quitarse un poco de poción en su ropa, había retos de poción en su cabello manchándolo de azul. Sirius puso cara de asco levantándose del piso y quitando algo de poción de sus pantalones, la sustancia era algo pegajosa y resultaba bastante desagradable. Megan comenzó a gritarle a Sirius por su incompetencia cuando Madame Pomfrey apareció por la puerta. La escena no le pareció nada graciosa, habían armado mas alboroto del que ella podía soportar en la enfermería. Después de restarle puntos a Gryffindor los envió fuera de la enfermería por un largo tiempo.


Habían pasado un par de horas, la biblioteca había comenzado a tener más vida, algunos alumnos de diferentes cursos habían estado ahí haciendo sus tareas de principio de curso.

Lauren y Remus seguían allí, cada uno en lo suyo, en su lado de la mesa, estaban muy concentrados. De pronto Lauren rasgó sus últimas letras sobre el pergamino y cerró su libro, tapó su frasco de tinta y se dispuso a guardar todas sus cosas.

-Adiós, Remus- Se despidió tomando sus últimas cosas y se dirigió a la salida.  

Remus la vio ponerse de pie y se quedó en la mesa viéndola alejarse, caminar hasta la salida y atravesar la puerta. Tomó rápidamente sus cosas, guardándolas atolondradamente y se apresuró a seguirla.

-¿Te acompaño?- Le preguntó llegando a su lado.

Lauren se sorprendió un poco al notar que Remus había aparecido de repente a su lado.

-Pero aun no terminabas-

-Tengo tiempo para hacerlo después- Remus le restó importancia - Además así después lo hago con Peter y le ayudo-

-parece que eres un buen amigo-  Opinó Lauren sonriendo tímidamente - Puedes acompañarme si quieres -

Remus no tenía idea que cosa era pero algo lo desconcertaba de ella, tampoco era un chico que solía seguir impulsos, casi todos los aspecto de su vida estaban debidamente controlados, a excepción de su licantropía, pero esta vez solamente sentía que en ese momento tenía que acompañarla, aunque no supiera de que hablarle. Caminar junto a ella se sentía agradable.  Pudo notar que se sonrojaba levemente, su timidez le parecía sinceramente adorable.

Lauren se sentía algo intimidada caminando junto a Remus, no era un silencio precisamente incomodo pero tampoco eran amigos, simples compañeros y ya, y con lo tímida que era no solía hacer muchos amigos nuevos, no tenían mucho de qué hablar. Aunque los ojos de Remus le transmitían una simpatía especial, como alguien que te hace sentir cómodo aunque no lo conozcas profundamente.

-¿Crees que los castigos de los chicos estén saliendo bien? - Lauren rompió el silencio.

-No lo sé, pero con Sirius y James nunca se sabe- Comentó Remus encogiéndose de hombros -Si en un rato escuchamos una explosión sabremos que son ellos-

Ambos rieron por la broma del chico.

-Parece que les tienes mucho cariño- Observó Lauren metiendo un mechón de cabello detrás de su oreja - Hablas de ellos como si fueran tus hermanos-

-En cierta forma lo son, los tres- Le aseguró Remus -Son increíbles amigos-

-Supongo que tienes muchos motivos para decirlo - Comentó Lauren -Aunque para el resto de nosotros sean difíciles de apreciar-

-Hay cosas que deben permanecer en secreto- La voz de Remus  se alejó un momento, como si hablara mas para sí mismo y su mirada se turbó por unos segundos- Pero motivos tengo de sobra-

-Me agrada como eres, Remus - Dijo ella luego de un par de segundos de silencio que le siguieron al comentario de Remus.

Ambos estaban ya en la entrada de la Sala Común. Remus se le quedó mirando al escuchar su comentario. Sus ojos del color del cielo en la mañana lo miraban con su característica delicadeza.

-También tú me agradas, Lauren-

-Es curioso ¿no lo crees?- Comentó  ella pero no esperó una respuesta por parte de Remus, rápidamente se despidió y se adentró por la puerta del retrato dejando a Remus sin saber que contestarle o saber que era lo que le parecía tan curioso.


En la sala de trofeos, Lily y James se encargaban de limpiar la cantidad ridícula de trofeos que abarrotaban toda la sala. Ella hacía su trabajo pulcramente y él cantaba a todo pulmón, en su tarea que no estaba logrando del todo.

Lily estaba llegando a su límite, lo había escuchado cantar pacientemente durante más de una hora, pero Potter ya estaba alterando sus nervios y amenazando con desequilibrar su autocontrol.

-Cállate, Potter- Dijo Lily una octava más alto de lo que hubiera querido- No más. Ya me tienes harta con tu interminable concierto-

-Lo hago para amenizar todo esto, si no vas a hablarme me aburro mucho así que mejor te aguantas - Le respondió él y continuó con su canto.

Lily suspiró profundamente tratando de mantener el control sobre si misma que había prometido que tendría. No iba a dejar que Potter la sacara nuevamente de sus casillas, no se iba a ganar más castigos ni regaños por culpa de él. James sabia que a ella no le gustaba el ruido que estaba haciendo así que seguía en lo mismo, se las estaba pagando por hacerle creer que la había lastimado. Sabía que no era una excelente estrategia para estar en buenos términos con ella, pero por esta vez se lo merecía.

Luego de algunas horas en que James siguió cantando, silbando y jugando con los trofeos mientras los limpiaba y Lily lo seguía, ordenando a cada momento cada trofeo que él sacaba de su lugar, la pelirroja sentía que su cabeza estallaría y estaba muy tentada de lanzarle un maleficio. Ya casi habían terminado así que la esperanza de eso era lo único que mantenía sus manos lejos de su varita. No iba a ser como Potter que lanzaba hechizos a todo el mundo por los pasillos solo porque podía. Ella era el premio anual. Era la prefecta de Gryffindor.

-¿Podrías dejar de jugar? - Inquirió Lily con fastidio acomodando nuevamente un trofeo que James casi había dejado caer - Terminemos y vámonos de aquí-

-Cálmate, Lily. Solamente me estoy divirtiendo un poco- Contestó James despreocupadamente - Tú deberías hacer lo mismo-

-¿Me estás llamando aburrida?- Lily se cruzó de brazos levantando una ceja  - Y para ti, soy Evans-

-Yo no lo dije-

Lily estaba furiosa, él estaba tan cerca que no pudo aguantarse las ganas de darle un empujón que lo encontró desprevenido y en cosa de segundos ambos estaban en el piso. Lily había caído sobre James que apenas alcanzó a poner cara de dolor por la caída y por el peso de la chica que había caído aplastándolo cuando la puerta de la sala se abrió y uno de los prefectos de sexto de Slytherin se quedó viendo la escena en primer plano. El muchacho tenía una especial rivalidad con James y este pudo ver el triunfo en los ojos del chico.

-Esto era lo que estaba esperando de ti, Potter - Dijo el muchacho con una sonrisa de suficiencia -Ahora todos los profesores se van a enterar del espectáculo que están montando los premios anuales de Gryffindor, creo que les va a encantar saber -

No esperó a recibir respuesta de los chicos en el piso pues salió rápidamente cerrando la puerta detrás de él. James solo bufó, negando con la cabeza, realmente poco le importaban los rumores que ese tonto podía esparcir, ya habían demasiados rumores sobre él y sus amigos como para que lo afectara uno más, y no tenía como probarlo. Daba igual.

Lo que en realidad le importaba en ese momento era el hecho de que la hermosa Lily Evans estaba sobre él en ese salón, solos. No se aguantó la sonrisa.

Lily por su parte no podía cerrar la boca por el terror que la inundaba ¿Qué iba a decir todo el mundo? ¿Cómo iba a explicar que estaba en el piso de un salón a solas con James Potter? Nadie iba a creerle, la profesora McGonagall creería que era una irresponsable y si llegaba a oídos del profesor Dumbledore quizás querrían expulsarla de la escuela o algo así. Entonces se percató de la estúpida sonrisa del chico bajo ella y una profunda ira reemplazó al terror.  

-¡Todo es por tu culpa, Potter! ¡Quita esa cara! - Gritó con rabia poniéndose de pie y dejando el salón furiosamente dando un gran portazo al salir.

James se levantó del piso y suspiró. En serio eran tan linda.