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Mi Dulce Obsesión — capítulo 2
Hace quinientos años
Caminaba por unos corredores oscuros, sus paredes de piedras solo se alumbraban por antorchas que estaban pegadas cada 50 centímetros para hacer el lugar un poco más iluminado.
El aire estaba frío, era comprensible para la época, estábamos en pleno invierno. Lastimosamente mi cuerpo no lograba percibir ese frío totalmente y la capa negra con bordes dorados que tenía puesta tampoco ayudaba mucho.
Caminé hasta llegar a una puerta de madera gigante, no tuve la necesidad de tocar y solo la abrí.
-Mi querida Afrodita, aquí estás- Sonrió el hombre de cabello negro que estaba delante de mí. Ese hombre se paró de su trono, ubicado en medio de otros dos tronos, y caminó hacia mí, estando frente a frente, hizo una reverencia y me besó la mano delicadamente.
-Estaba tomando un poco de aire, perdonen la demora- Dije apenas el hombre de piel fría se paró.
-No tienes que disculparte con nosotros- Dijo otro hombre de cabello castaño.
Sonreí. Comencé a observar todo el salón.
-¿Dónde está Carlisle, Aro?- Pregunté apenas vi que solo estaban tres de los cuatro hombres que acostumbraba ver en ese salón.
-Debe estar en su estudio, como cosa rara- Me respondió el aludido. Asentí.
-Está bien, iré a encontrarme con él- En ese momento vi entrar a un grupo de campesinos, esclavos y demás personas de la baja sociedad. Sentí algo de pena por ellos, nadie los extrañaría- Tampoco quisiera ver cómo termina esto- Susurré sabiendo que los tres seres con los que hablaba antes me escucharían.
-Dile que puede venir a comer cuando guste- Me miró el hombre de cabello rubio que no había hablado hasta ahora.
Sin más que decir, salí por otra puerta escondida detrás de los tronos, para no tener que encontrarme con esa pobre muchedumbre que iba a ser matada en pocos minutos.
Caminé por más y más pasillos largos, fríos y medio oscuros hasta llegar a una puerta de madera clara, sabía que ahí dentro estaba el ser que venía buscando desde hace unos minutos. Toqué una vez.
"Pasa" Escuché desde la habitación, ahí dentro.
Abrí la puerta y me encontré con un brillo totalmente enceguecedor a los ojos humanos, esa habitación destilaba vida pura.
-Carlisle, tengo que hablar contigo- Fui directo a sus brazos, necesitaba sentirme segura y apoyada por él.
-¿Qué te pasó, pequeña?- Preguntó, su voz denotaba mucha preocupación. Me aferré más a él y sus brazos me apretaron más.
-Creo que vienen por mí, Carlisle, vienen por mí y me llevarán. Tengo mucho miedo- Sollocé- Cometí un grave error.
El ser rubio me tomó por la cara y me miró con un amor paternal, ese amor que nunca en mi existencia había sentido hasta que conocí a Carlisle.
-Ven, vamos a sentarnos, te calmas y me cuentas lo que sucedió- Asentí sollozando.
Nos sentamos en unas sillas que había en la habitación. Carlisle esperaba pacientemente a que me calmara, mientras me sobaba la espalda. Cuando por fin me calmé, comencé a hablar.
-Yo… Yo cometí un grave error. Helios nos vio, nos vio a mí y a Ares besándonos. Le contó a Hefesto- Comencé a entrar en pánico- Tengo miedo de Hefesto, sé que no va a dejar de buscar hasta encontrarnos, hasta que nos castiguen. Tengo miedo, Carlisle.
El vampiro me miró con esos ojos dorados que me calmaban.
-No te preocupes, nadie te hará daño, lo prometo- Puso mi cabeza sobre su pecho y comenzó a sobar mi cabello calmándome, otra vez.
Dejé de sollozar.
-¿Estás más calmada?- Asentí- Ven, te tengo que mostrar algo- Carlisle me agarró de la mano y me llevó hasta la otra punta de la habitación.
Había una mesita de madera que estaba iluminada por un candelabro, en la mesita había dos cajitas de cristales llenas de un líquido blanco, como la nieve, por el olor supuse que era sangre animal.
-¿Qué es esto?- Pregunté sin saber qué me quería mostrar
-Quería saber cómo actuaba el veneno de vampiro en la sangre, así que cuando me alimenté de unos venados, extraje un poco de su sangre y las puse en las cajas, luego les inyecté mi veneno. Solo han pasado menos de 32 horas y la sangre pasó de ser roja a ser totalmente blanca y dura- Cogió las cajas y las puso boca abajo, efectivamente la sangre no comenzó a regarse, se quedó ahí intacta en la caja.
Me sorprendí. Aunque soy una diosa y conozco mucho sobre los seres míticos que viven en la Tierra, hay cosas que todavía no logro descifrar de ellos.
-Tal vez el veneno hace que todo dentro del cuerpo humano se congele y deje de funcionar algunas cosas dentro de ti. Eso explica el por qué no envejeces, pero también el por qué sigues vivo- Le dije.
-Tal vez…- Carlisle se quedó pensativo por unos minutos.
-Ah, por cierto, Cayo sigue insistiendo en ir a comer con ellos en su matanza- Reímos.
Desde que Carlisle llegó, los Vulturi han estado persuadiéndolo para que pruebe la sangre humana, sin ningún efecto positivo.
Esa noche me quedé durmiendo en la habitación de pruebas de Carlisle, pero no sabía que esa pequeña felicidad iba a durar tan poco.
A la mañana siguiente pude ver unos destellos de luz que bajaban desde el cielo hacia el enorme patio del castillo. Sabía qué era esos destellos de luz, no pude evitar sentir miedo, pero no quería que ninguno en ese castillo resultara herido por mi culpa, los cuatro vampiros dentro me habían estado cuidando durante todo este tiempo y no podía dejar que les pasara algo malo.
Salí hacia ese jardín, sabiendo que encontraría mi propia condena ahí mismo, ya no podía dar marcha atrás, caminé hacia los destellos de luz y me encontré a Zeus hecho una furia.
-Vienes con nosotros- Su voz era imponente, no había nada ni nadie que pudiera desobedecerle en esos casos. Una lluvia de rayos y truenos comenzó a caer en Volterra. Sentí miedo por tercera vez, pero esta vez no era miedo por mí, sino por los demás.
Así que no tuve remedio de seguir a Zeus antes de que las cosas se pusieran peor. Lo último que mis ojos pudieron ver, fue a los cuatro vampiros saliendo del castillo, uno de ellos, ese de ojos dorados me miraba con dolor, dolor que me fue transmitido a mí y me rompió el corazón. Sentí cómo perdía a un padre y como un padre perdía a su hija. Pero no podía hacer nada más.
Susurré un adiós para los cuatro y desaparecí a la vista de ellos, dispuesta a aceptar mi castigo, pero con la promesa que volvería al corazón de mi padre.
Este capítulo está algo largo, pero es una memoria de Afrodita. Espero que les guste, besos <3