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Mi Dulce Obsesión — capítulo 3
Ya habíamos pasado la atmósfera terrestre, todo se veía con tanta claridad, todo me era tan conocido y a la vez tan desconocido. Los carruajes habían sido reemplazados por carros, las antorchas y velas habían sido reemplazadas por lámparas y luces. Pero no me importaba, me sentía feliz y a gusto de volver a pasar por la Tierra.
Mi Pegaso volaba sobre el mar, íbamos exactamente hacia el nuevo continente. Justo donde vivía Carlisle.
Luego de haber sido raptada por Zeus hace 500 años, luego de haber sido condenada a estar sola por 500 años dentro de una cueva sin poder ir a la Tierra, al Inframundo o al Olimpo. Sabía dónde estaba Carlisle, podía verlo desde mi cárcel. Sabía que ahora tenía una esposa y cinco hijos adoptivos, una nieta y una nuera.
Estaba alegre por él, porque al fin había encontrado la felicidad en ellos, pero no podía evitar sentirme mal y con miedo a que me hubiera olvidado. El dolor que me causaría saber que se olvidó de mi o que me odia por irme sin poderlo abrazar, sería grande.
Mientras pensaba en eso, Séfiro aterrizó en un bosque y me bajé, no sabía cuánto tiempo había estado metida en mis pensamientos, pero me sentía algo desubicada.
Séfiro me miró y lo acaricié, le dije que se podía ir, y así hizo. Mi Pegaso voló por lo alto hasta que lo perdí de vista.
Miré a mí alrededor y me encontré rodeada de árboles. Sonreí, hace siglos no veía un árbol cerca de mí. Todo el bosque comenzó a florecer y los árboles movían sus hojas, todo se veía más precioso y vivo por donde pasaba.
Hasta que llegué a una zona donde no había árboles, en su lugar había una gran casa preciosa, inhalé el dulce olor que no había olido en años. Carlisle estaba aquí, instintivamente caminé hasta el porche de la casa y toqué el timbre.
De la casa salió una bella mujer de cabello castaño que le llegaba a los hombros. Sus ojos, al igual que los de Carlisle, eran dorados. Ella era su esposa.
-Buenos días, ¿pasa algo?- Preguntó con una sonrisa en su boca pero sus ojos demostraban lo confundida que estaba.
-Buenos días, ¿está el señor Carlisle por aquí?- Ella me miró un momento antes de decir dentro de su casa el nombre de su esposo.
En menos de un minuto estaba parado frente a mí el hombre que me quiso y cuidó de mí, como a su propia hija, durante más de una década en Italia. Sus ojos se miraron sorprendidos por un momento antes de tener ese brillo tan usual que siempre traían y esa sonrisa que siempre me daba cuando vivíamos en el castillo.
-A… Afrodita- Corrí hacia él y lo abracé fuerte, él me abrazó también, pero no tan fuerte, su esposa seguía delante de nosotros y esperaba una explicación- Pasa- Dijo cuando me soltó.
Él le susurró a su esposa un "Reúne a todos en la sala, tengo algo de qué hablarles" Y su esposa subió las escaleras en busca del resto de su familia. Carlisle no podía ocultar la sonrisa y me invitó a pasar dentro de la enorme casa.
Era demasiado hermosa, tan minimalista pero con los toques necesarios para hacerla preciosa. Quedé sorprendida al ver el grado de sofisticación de toda su casa. Carlisle me guio hasta lo que supuse que era la sala de su casa, un lugar donde se mezclaba la modernidad de la humanidad con lo antiguo de la naturaleza, magnifico.
Sentados en dos sofás estaban siete pares de ojos dorados y un par marrón observándome de arriba abajo, uno de los vampiros, el más corpulento, me silbó; acto seguido, recibió una golpiza en la cara de una rubia, parecía bendecida por mí, era muy linda.
-¿Quién es ella, Carlisle?- Le preguntó la adolescente de ojos marrones a Carlisle.
-Ella es una amiga que conozco desde hace cinco siglos, cariño- Le sonrió a la que supuse que era su nieta. Todo el mundo en ese salón se quedó con la boca abierta- Vivía conmigo en Italia.
-Pero en ese tiempo vivías con los Vulturi, ¿Cómo es posible que viviesen todos juntos en el castillo cuando claramente escucho su corazón latir y su sangre correr?- Preguntó uno de los vampiros de cabello cobrizo.
Supuse, entonces, que era mi turno de hablar.
-No soy humana, exactamente…- Pude ver cómo sus caras se veían confundidas.
-Tampoco es algún ser de este mundo, antes de que se lo cuestionen- Concluyó Carlisle.
-Entonces ¿qué eres, exactamente?- Preguntó la esposa de Carlisle.
-Soy…- No sabía exactamente cómo decirles qué era, ellos eran vampiros, seres mitológicos, al igual que yo. Pero había una gran diferencia entre creer que existen vampiros a creer que existen los dioses olímpicos.
-Carlisle, ¿eso es cierto?- Preguntó el del cabello cobrizo. El aludido asintió- Wow, increíble, totalmente increíble.
-¿Qué pasa, Edward?- Supuse que el de cabello cobrizo se llamaba así.
-Ella es una diosa olímpica- Comenzó a decir totalmente asombrado- Nada más y nada menos, que la diosa Afrodita.
En ese momento todo el mundo quedó anonadado. Nadie sabía qué hacer, ni siquiera yo y ya comenzaba a sentirme algo incómoda con sus miradas penetrantes sobre mí. Supuse que debía explicarles lo que pasaba
Les expliqué que los dioses olímpicos existíamos, solo que desde hace milenios dejamos de interactuar con los humanos pues ya estaban perdiendo temor de nosotros y sus habilidades para inventar elementos tecnológicos era cada vez más grande, y por primera vez temíamos de que nos hicieran algo. Aunque no podamos morir, somos muy vulnerables en las formas humanas, lastimosamente es la única forma que podemos adoptar al parecer frente a los humanos.
También, entre Carlisle y yo les explicamos cómo nos conocimos en Italia, al momento de él llegar al castillo, pues yo ya vivía ahí con los Vulturi. Carlisle y yo forjamos una relación de padre e hija luego de un tiempo, pues él cuidaba de mí en todo momento y yo aceptaba ese afecto, ya que había nacido sin el cariño y amor de un padre y una madre.
Luego de contar toda nuestra historia, sus caras habían cambiado y ya no se veían tan confundidos. Carlisle quiso presentarme a toda su familia.
-Afrodita, ella es Esme, mi esposa- Me dijo mientras me señalaba a la mujer que me había abierto la puerta. Ella se paró de su puesto y me abrazó cálidamente, yo también le devolví el abrazo.
-Ellas son mis hijas Alice y Rosalie- Señaló a una vampira de estatura delgada y el cabello corto quien me sonrió, luego señaló a la vampira rubia que había golpeado al grandulón antes. Ella no hizo ningún gesto.
-Es un gusto conocerte- Dio un gritillo Alice- Tendré otra modelo con quién disfrutar de la ropa y el maquillaje- Llegó corriendo a abrazarme y yo reí, era todo un amor.
-Ellos son mis hijos Emmett, Jasper y Edward. Emmett y Rosalie son pareja, al igual que Jasper y Alice- Los dos me sonrieron y me dijeron hola. Ya entendía el por qué la rubia lo golpeó.
-Ella es Bella, la pareja de Edward- Dijo señalando a una vampira bonita de cabello oscuro. Yo la saludé y ella me sonrió- Por último, ella es mi nieta, Renesmee. Hija de Edward y Bella- Dijo señalando a la adolescente que tenía los ojos diferentes a ellos. La niña se paró de su puesto y me abrazó.
-Vamos a llevarnos bien- Me dijo al oído antes de volverse a sentar con su madre.
-Me voy por unos años y ya tienes hasta nieta- Bromeé. Todos sonrieron, hasta que un rugido nos hizo callar. Era mi estómago, tenía hambre
"Maldito cuerpo humano, te odio" Dije para mis adentros.
-¿Comes?- Preguntó Esme. Sonreí con vergüenza.
-En mi cuerpo humano duermo, como, me enfermo y puedo herirme. Y tenía toda la razón, en mi cuerpo humano era totalmente una debilucha, odiaba ser así. Al menos todavía tenía mis dones.
-Voy a prepararte a ti y a Renesmee una rica comida- Se fue sonriendo hasta la cocina. No pude haberme sentido más feliz por Carlisle, su vida era increíblemente bella y su familia es un amor, él se lo merece, es un hombre demasiado bueno.
-Te vas a quedar con nosotros, ¿verdad?- Preguntó Renesmee, todos me miraron expectantes. Yo solo asentí.
Ahí les dejo el tercer capítulo, muy pronto pasará algo en La Push. Esperen el próximo capítulo.
Besos <3