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Historia 188526 — capítulo 9
Capítulo 9
A través del bosque
La linterna intentaba apartar la oscuridad que se interponía en mi camino. Mis pies avanzaban pero con duda e inseguridad, respiraba tranquilamente a pesar de no saber a donde me dirigía. Aún seguía intentando saber, ¿Por qué Frank se había ido así?
Estaba claro que esa excusa de dos primos durmiendo juntos era mentira, me había sacado de la tienda enviándome con Alina para que no pudiera ver cuando se levantara y se cambiara. ¿Acaso Alina sabía aquello también?
Nada en su actitud la había delatado, ¿O quizás estaba pasando algo por alto?
¿Y qué hacía Eddie metido en esos asuntos? ¿A qué hora se habían ido? Respiré profundo volviendo a la realidad, es obvio que un chico al que recién conozco no me contará todo de su vida. Por alguna razón me sentí algo decepcionada.
Me giré con la linterna en mi mano al escuchar que algo crujía a mis espaldas, parecía una rama al quebrarse. Intenté mantener la calma retomando mi camino pero volví a detenerme al sentirme idiota. ¿Qué estaba haciendo? ¿Si estaban metidos en asuntos de chicos que hago siguiéndolos?
Sin saber muy bien lo que hacía, regresé por el mismo camino, al menos intentarlo, el viento se había detenido permitiéndome sentir con intensidad unos ojos fijos en mi espalda. Apunté con la luz de la linterna, directo a los árboles, un montón de arbustos juntos captó mi atención. Las hojas oscuras se veían algo extrañas, ni siquiera tenían un aspecto de hojas.
Me acerqué lentamente sin apartar la luz del arbusto, su color no era verde, era como el color del chocolate caliente en invierno, aquellas no eran ramas, eran unas grandes patas de animal y esas de allí en su cabeza eran orejas.
Frente a mí había un gran lobo de increíble tamaño, no era como los demás y esos ojos color chocolate me estaban mirando.
Retrocedí sorprendida y algo asustada, la linterna cayó al suelo en cuanto se deslizó de mis manos. El lobo se acercó y yo volví a retroceder teniendo la mente en blanco. Mi respiración se mantuvo tranquila lo cual me sorprendió un poco. Aquel lobo seguía mirándome como si me conociera.
¿Debía correr o quedarme quieta y esperar a que se fuera? No, en las películas donde aparecen estas criaturas el quedarse quieto no es buena idea, los lobos son salvajes y peligrosos. En cuanto mi cuerpo volvió a la realidad, mi corazón se aceleró finalmente comprendiendo la tensión y el riesgo del momento. ¡Maldita sea! ¿Qué demonios debía hacer ahora?
—Tranquilo—susurré sin dejar de retroceder y él, de acercarse—Quédate quieto, ¿Sí?
Casi como si me hubiera entendido se detuvo dejándose caer al suelo. Sus ojos eran más humanos que animal, era mi oportunidad, sin perder tiempo corrí olvidando la linterna. Debía tener cuidado de mis pasos apresurados, ¿Y si estaba siguiéndome? No, no, corre y no pares, Crystal.
Si de algo estaba segura era que no me dirigía al campamento, escuché otros pasos seguirme, eran rápidos, ¿Cómo podía esconderme en un bosque así? Escuchaba algo parecido al mar, ¿Estaba cerca de la Push? ¿Aquella playa donde fui con mis primos? Corrí con todas mis fuerzas hacia allí, en un instante, miré hacia atrás, a través de la oscuridad noté que algo me seguía. ¿Por qué no me había quedado en la tienda?
Eso me pasa por ser tan curiosa.
Los pulmones me ardían, necesitaba respirar, cuando pretendía detenerme fue demasiado tarde, no había visto el precipicio del acantilado, antes de que fuera peor me aferré al borde, mis pies se encontraban en el aire ahora. Si caía probablemente estaría muerta.
El lobo de ojos chocolates miró la escena y se devolvió, perfecto, mi muerte será causada por un estúpido animal. Mis manos se resbalaban con la tierra, necesitaba algo que me diera impulso, mis brazos al parecer no eran tan fuertes como pensaban.
—Oh, no.
Mis dedos se estaban soltando, esperé el impacto sin negarlo más pero alguien tomó mis manos justo a tiempo. Al subir mi rostro respiré con alivio.
—Tranquila, te tengo—me ayudó a subir sin esfuerzo. Mi corazón seguía latiendo con rapidez, aún en el suelo abracé a Eddie agradeciendo que hubiera aparecido. Su piel era tibia, demasiado para mi gusto, en ese momento noté que su ropa era diferente a cuando llegamos. Una nueva pregunta apareció en mi cabeza—¿Estás bien, Crys?
—¿Cómo me encontraste? ¿Cómo…?—lo miré queriendo saber. El chico pensó unos minutos, lentamente me alejé incorporándome, se levantó mirándome de la misma forma que lo hacía el lobo de hace segundos. Incluso ambos tenían el mismo color de ojos.
—Puedo explícartelo…
—No te acerques—pedí con voz segura. Tragué con dificultad, un nudo en mi garganta había aparecido de repente—¿Cómo me encontraste? Era imposible de que llegaras a tiempo—para mi sorpresa dos lobos más aparecieron. Miré con asombro a ambos y luego a Eddie estando aterrada. ¿Qué demonios estaba pasando aquí?
—Se suponía que debías estar con Alina—pareció algo preocupado. Miró a las criaturas detrás de él para luego enfocarse en mí.
—Y se suponía que eras un chico agradable, ambos pensamos mal—usé el sarcasmo ante los nervios—¿Eras él, cierto?
Sus ojos chocolates brillaron en la noche de una manera especial, no obtuve respuesta pero a mi mente llegó la mirada del lobo con la de Eddie. Era exactamente la misma. Todo pareció dar vueltas, mis piernas perdieron fuerzas y caí al suelo con todo oscureciéndose, cerré mis ojos perdiéndome entre la oscuridad y aquella mirada de color chocolate.