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Mundos diferentes — capítulo 10
Harry había decidido no ir a la ciudad con Ron por una razón muy importante: la familia Weasley al completo lo había dejado sólo en la casa y había ahorrado suficiente valor para usar la varita y decir esos hechizos que había anotado en su libreta. Había recibido un llamado de Ron que le informó que regresarían más o menos a las tres y media de la tarde, también agregó que había conocido a una chica muy guapa y algo extraña, y cuando llegará a su casa con su hermana, le hablaría de ella. El joven de cabello azabache estaba feliz por su amigo, sabía que una chica le había roto el corazón cuando tenía quince años y todavía no se había recuperado del todo de aquella decepción. Subió de dos en dos las escaleras hasta llegar a la habitación de Ron. Entró y lo primero que hizo fue agarrar su varita y abrir la pagina en la libreta donde estaban anotadas esas palabras extrañas que se le hacía muy familiar al chico. Suspiró y apuntó a una roca que había encontrado en el jardín de la familia pelirroja. —¡Reducto! —exclamó. No pudo reprimir un grito de sorpresa e incredulidad cuando vio con sus propios ojos como la piedra se hizo hacía más diminuta a cada segundo y finalmente explotó. Harry fue rápido y agarró la almohada, protegiendo su cara antes que uno de los duros trozos de la piedra choque contra su nariz. Por un lado se sentía emocionado, ¡estaba seguro que eso era magia!, pero por otro, la piedra había sido destruida y no le apetecía bajar a buscar otra más. —Aver este... ¡Aguamenti! —como supuso, un chorro de agua salió de la punta de su varita, produciendo un charco a dos metros de distancia de donde él estaba parado. Frunció el ceño y, muy a su pesar, fue al baño a buscar lo que necesitaba para limpiar el charco. Tan rápido como limpió, lo volvió a llevar donde lo había sacado. Harry caminó hasta la cama, agarró un bolígrafo y la libreta y anotó al lado de los dos hechizos lo que hacía , luego prosiguió a leer el siguiente y, poniéndose de pie, apuntó la varita hacia la almohada. —¡Wingardium leviosa! Para la excitación de Harry, la almohada se elevó por si sola de la cama. Con la mano temblando, alzó la varita lentamente, consiguiendo que la almohada lo copiada en el aire. Después fue hasta su libreta y escribió para que se utilizaba ese hechizo. "Para levitar objetos y dejarlos momentáneamente en el aire", puso, para luego fijarse en el siguiente hechizo. Esta ese momento había incendiado cosas, roto otras, convertirlas en pájaro y hacer que estos ataquen y también se había auto-maleficiado muchas veces tras apuntar al espejo y hacer que el hechizo rebotó en él. Pero lo que más le impresionó a Harry fue cuando un ciervo medio nítido salió de la punta de su varita y empezó a dar vueltas a su al rededor. —Patronus —murmuró, sin darse cuenta. Neville llevó a Luna hasta su casa y después de rechazar amablemente la taza de té del señor Lovegood, se Apareció en Grimmauld Place, en un callejón, alejado de la vista de curiosos muggles. Caminó hasta encontrar los edificios numero 11 y 13 y espero hasta que apareciera el numero 12. Al verlo, Neville caminó hasta él y abrió la puerta, que casi siempre se encontraba sin seguro. Pensó que debía de estar soñando, no podía creer lo que veía, porque al frente de sus ojos se encontraban Sirius y Remus... regañando a Hermione. A Neville le parecía muy divertido todo aquello, ya que nunca los había visto reprendiéndola, pues para ellos la última de los Black era una niña buena. —Hola Neville —saludó Sirius, sentándose en el sofá, todavía mirando con el ceño fruncido a su hija. —¿Qué pasó? —preguntó, después de darle un beso en la mejilla a su amiga. —¡Que Cassiopeia se le dio por hablar con un chico! Neville vio como Hermione rodaba los ojos, pero él también se empezó a molestar, ella no podía hablar con ningún chico que no fuera él o Harry. —¿Dónde? ¿En Hogsmeade? —No, ha ido al mundo muggle —respondió Remus. —¿Al mundo muggle? ¿Para qué? —No creo que Harry este en el mundo mágico, sino ya lo hubieran encontrado, así que quise buscarlo por entre los muggles —contestó, encongiendose de hombros. Sirius resopló. —Y si era eso, ¿por qué estabas con ese chico? Hermione bufó. —Estaba pensando por dónde empezar a buscar, cuando aparece una chica, quizá de la edad de Luna, para avisarme que se me había caído la pulsera. Estuvimos hablando unos minutos, hasta que llegó su hermano al parque y lo trajó hacía la banca en la que estaba para que lo conozca. Sólo cruzamos cuatro frases, nada más. ¡Y tengo 18 año! ¡Soy mayor de edad! Hermione se dejó caer en el sillón, mientras se cruzaba de brazos, fastidiada. —Pero mientras sigas viviendo bajo este techo, se hará lo que yo digo —dijo Sirius. Hermione frunció el ceño y subió las escaleras enojada, entró en su habitación y cerró la puerta de un portazo. Sirius suspiró, no quería ser duro con su hija, pero no le gustaba para nada que ella se junte con chicos de los cuales él no tenía ni idea de cómo eran. —En algo Hermione tiene razón —dijo Neville—. Hay más posibilidades que Harry este en el mundo muggle, que en el nuestro. Pero no me cuadra que no aparezca rápido, él sabe Aparecerse y también hacer un patronus, ya se hubiera comunicado con nosotros. —¿Y si se le olvido? —insinuó Remus. Al ver las caras de desconcierto de los dos hombres, agregó—. Se pudo haber dado un golpe fuerte y olvidar así, o... —Le lanzaron un Obliviate —completó Sirius, asintiendo—. Pero si es eso último, estamos fritos, porque al menos que no lo encontremos y lo llevemos al San Mungo, no podremos hacer que sus recuerdos vuelvan. —Hermione nos dijo un día que si una persona no lanza bien ese hechizo a una persona, está podrá recordar de poco a poco. Pero sólo eran en casos especiales, porque a veces puede pasar que la memoria se dañe y sufra retraso mental —informó Neville. Sirius y Remus asintieron, y los tres se pusieron a planear un plan para rastrear a Harry en el mundo muggle. Mientras justo en aquel lugar, en una cafetería, se encontraban dos hermanos, que a la vez que tomaban sus capuchinos hablaban sobre la extraña chica que conocieron ese día y también de su amigo que se encontraba en su casa en esos momentos. Ginny se había dado cuenta que Ron había sentido una rápida atracción hacia la castaña y esperaba volver a verla, ya que la había agradado bastante y más lo haría si terminaba con su hermano mayor. —No, no me dijo donde vivía, pero si que estaba buscando a su mejor amigo que había desaparecido del mapa. Tal vez regrese. —Si, tal vez. —Pero me confundes, no sé cómo llamarla, ¿Cassiopeia o Hermione? —los pelirrojos, con el ceño fruncido, voltearon a ver a la muchacha que había dicho eso. Era alta, de cabello castaño oscuro y brillantes ojos verdes, a su lado había un chico, un año mayor que ella, con cabello rubio platinado y ojos grises inexpresivos. Tanto Ginny como Ron miraban la pareja con curiosidad, ya que ese nombre, Hermione, era de la chica que habían conocido hace unas horas atrás y no conocían a otra persona que tenga ese nombre tan raro. —Sólo los que tengan sangre Black pueden llamarla Cassiopeia, los demás la tienen que llamar Hermione. Ron miró al rubio más intrigado. Había mencionado Black, el apellido de la chica, además de su nombre. Era obvio que hablaban de la misma persona que lo había atraído desde el primer momento. —¿Y sus amigos? —¿Potter y Longbottom? —la chica asintió, mientras que Ron y Ginny se miraban entre ellos, ahora había mencionado el apellido de Harry—. No, no los deja. Aunque Cassi ha dicho que si Potter aparece, lo dejaría. ¿Sabes Astoria? Me parece bastante extraño todo este asunto, desapareció dos días después de... —miró para todos lados, luego se inclinó hacia la chica y murmuró cuatro palabras—. Cassiopeia esta muy preocupada, también, siete años de amistad no se olvida tan fácilmente. —Y es lo único de lo que se habla. Leí en que Potter fue a la casa de sus tíos muggles, ¿Privet Drive? Bueno, que fue ahí y que la señora Figg lo vio. —Si, por eso Cassi cree que esta en este mundo. Ayer hablamos, dijo que vendría hoy a buscar por aquí. —Pero dejemos de eso de lado. Lo que me interesa es cómo conoces este lugar, Draco. La pareja de amigo se dispuso a seguir otra conversación, con una taza de chocolatada cada uno y una bandeja de medialunas. Ron y Ginny no pudieron seguir escuchando más porque hablaban en voz baja, pero no lo necesitaban, ya que habían escuchado suficiente para poder sacar algo de aquello. Si estaban en lo cierto, Hermione -o Cassiopeia- Black era la mejor amiga de Harry Potter, y eso se podía confirmar mediante la conversación de las dos personas que estaban en la mesa de al lado, la descripción de la chica que aparecía en los recuerdos de Harry o en lo que dijo Hermione hace unas horas. Ambos se sentían mareados, no podían creer que habían conocido a la chica de los recuerdos de Harry, pero ¿ahora cómo la encontrarían? Ron miró un rato al chico rubio, era obvio que la conocía, él conocía a Hermione y si la llamaba Cassioepia, era porque eran parientes. Y si le decía que sabía dónde estaba Harry, pasarían dos cosas: su mejor amigo podría recordar sus siete años olvidados si veía a su gente y también podría volver a ver a esa chica de nombres raros. —¿Le digo? —preguntó Ron, asintiendo hacia el rubio y la castaña. Ginny arrugó la frente, pensativa. Sabía lo que su hermano estaba pensando, pero por un extraño motivo no quería que eso pasase, porque sino Harry se iría con esa chica de larga cabellera castaña -que ahora sin razón alguna le estaba cayendo mal- y quizá ya no volvería a verlo. Recordó cuando Hermione le habló sobre su mejor amigo que había desaparecido, a ella no le pareció que para la chica fuera sólo un amigo, más bien pensó que se trataba de su enamorado, pero prefirió no decir nada. Además cada vez que Harry la mencionaba, hablaba de ella con un brillo especial en los ojos, afirmándo que ella era mucho más que una simple amiga. —Yo... no sé. Quizá no están hablando del Harry que conocemos. —¿No? —ironizo Ron. Draco y Astoria se levantaron de la mesa, la chica sacó de su monedero billetes y los dejó sobre la mesa, para pagar lo comprado. —Orión y Regulus toman esto como una broma, dicen que es divertido que la cara rajada se haya perdido. —¿Cara rajada? —inquirió Astoria. —Si, ellos lo llaman así porque en la frente tiene esa cicatriz en forma de rayo. Aunque seamos sinceros, tiene cicatrices por todo el cuerpo, al igual que Cassiopeia y Longbottom. —¿Qué más necesita? —preguntó Ron en un susurro a su hermana, que finalmente accedió a que él le diga al rubio que sabía el paradero de Harry. Ron se levantó de la mesa y caminó con prisa hacia la puerta, donde la pareja estaba apunto de salir. —Yo sé dónde esta. Draco se giró, con el ceño fruncido. —¿Disculpa? —Yo sé dónde esta. Sé dónde esta Harry Potter.