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Mundos diferentes — capítulo 13

Regulus sonrió orgulloso de si mismo. Su jefe, Edgar Filiwoter, le había dicho que cuando se retirará, él ocuparía su lugar como Jefe del Departamento de Aurores del Ministerio de Magia de Suecia, algo que había buscado el chico Black. Filiwoter se retiraría dentro de un año más o menos y calculando, él tendría 23 años cuando lo ascienda. Sería el Jefe de Aurores más joven del mundo. Y eso era algo digno de sentirse orgulloso. Tras despedirse de su superior, Regulus caminó hacia la salida del Ministerio. Chasqueó la lengua al ver las gotas del agua caer del cielo, hoy a la mañana no se había dado señales de que llovería. Pero luego se recordó que había estado en Inglaterra, no en Suecia. Frustrado, porque su cabello negro se estaba mojando, caminó de prisa hacia cualquier lugar donde refugiarse, pues bien sabía que Orión no llegaría al departamento que ambos compartían hasta dentro de un par de horas y él tenía ambas llaves, ya que su gemelo había pensado que sería divertido robarle la suya. Más tarde se encargaría de darle su merecido. La lluvia aumentó y su buen humor disminuyó, nunca le había gustado los días así; todavía se preguntaba que veía de reconfortante aquello Cassiopeia. Entró al primer Café que encontró, mientras fruncía el ceño. Podía ser que conociera el mundo muggle y sabía manejarse en el, pero aún así había una parte purista en él que todavía no había desaparecido del todo, que le hacía sentir algunos lugares muggle desagradables por el simple hecho de que una persona no mágica se encontrará ahí. No se podía llamar a si mismo purista, porque ya hace bastan tiempo que había dejado de serlo, cuando empezó a juntarse con su familia traidora de sangre y su prima de sangre mestiza, pero tampoco era un completo traidor de sangre, pues a veces se comportaba como un autentico sangre pura. Eligió la mesa más alejada de los demás y casi de inmediato una camadera se le acercó. Para Regulus no le pasó desapercibido la mirara significante de la chica que a su juicio era muy guapa, sonrió de lado, en su familia, tanto los hombres como las mujeres, nacían con la belleza de la sangre y el hecho de que él se vestía bien, le daba un toque de chico atractivo y rebelde. Pero él no le dio importancia, aquella mujer de seguro era una muggle y no se iba a vincular con ella para nada. —Un café negro —respondió cuando la morena de ojos azules le preguntó que quería. Ella le sonrió, aunque él no se la devolvió, ya que había visto a algo, o mejor a alguien, a la cual centrar toda su atención. Al menos a una tres mesas de distancia, se encontraba una joven de un año menor que Regulus, de cabello entre el rubio y castaño, con brillantes ojos verdes pequeños y una sonrisa amplia en su cara, la cual adornaba unos pares de pecas rojizas. El chico Black ladeó una sonrisa cuando Alexia McArer se percató de su presencia. Le dijo algo a sus acompañantes y luego e levantó, con su capuchino, y caminó a la mesa donde Regulus estaba sentado. —¿Qué diablos haces aquí? —¿Con esa boca le hablas a tu madre? Ella frunció el ceño y lo miró durante unos minutos. La última vez que lo vio fue hace tres años, luego de que él terminará su último año en el Instituto Dursmtrang. Lo miró con recelo, nunca pensó que lo volvería a ver, aunque secretamente ese fuese su mayor deseo, pero ahí estaba, con su corto cabello negro mojado, más rebelde de lo normal, sus ojos grises, desprendiendo un cierto aire de arrogancia y diversión, y su postura desenfadada que siempre mantenía. Alexia McArer bufó, él seguía causándole tanta atracción como desde que tenía catorce años. —Hace tiempo que no nos vemos, McArer. ¿Te acuerdas de mi? —Claro...—contestó con una falsa sonrisa de amabilidad en sus labios—. Como olvidar al chico que me rompió el corazón. A unos cuantos kilómetros me distancia, la Selección de Suecia estaban maldiciendo el tiempo que le tocó para el entrenamiento. Pudieron practicar al menos unos treinta minutos hasta que las primeras gotas empezaron a caer, seguidas por los rayos y truenos. Finalmente el entrenador mandó a todos a sus casas, no se podía jugar así. Orión salió del estadio con su buen amigo, Dylan Swiper, el cual le había invitado a tomar unas cervezas, que era una  bebida muggle, a su casa. Él aceptó, pensando que su gemelo debería de estar maldiciendole a más no poder por no poder entrar al departamento. Cuando llegaron, luego de empaparse por caminar ocho cuadras, Dylan puso las llaves en la cerradura y la giró dos veces para abrir la puerta. Orión, cada vez que iba al departamento de su amigo, lo cimparaba con el suyo, mientras que el de él estaba todo desordenado, el de Dylan estaba bastante implacable. Tal vez se debía a que él vivía con su hermana menor, Victoria Swiper. —Oh, eres tú, Dy. Una chica de apróximadadamente la misma edad que la prima se Orión salió de la habitación. Su cabello rubio despeinado, sus ojos azules brillantes, alta y llevaba un vestido rojo informal. El chico Black le sonrió, ella podía ser muy guapa, pero era regla entre amigos no fijarse en hermanas menores. —Les informo —acercandose a ellos y bajando el tono de su voz— que mi amiga Iris esta aqui. —¿Quién es Iris? —preguntó Orión, confundido. —Mi mejor amiga. Y es una muggle. Nada de magia. Luego se dio vuelta y entró a su habitación. —Ya escuchaste, Cygnus. Nada de magia. Orión hizo una mueca, Dylan le gustaba llamarle por su segundo nombre sólo para molestarlo. —Y yo que tenía pensado convertirte en sapo. —¿Y a quién vas a invitar a la fiesta? —A tu hermana —dijo, con una sonrisa. Claro que luego se arrepintió cuando Dylan le pegó en la nuca—. ¡Era broma, joder!... Tal vez le diga a Cassie que venga conmigo. Aunque ahora que encontraron a Potter... —¿Lo encontraron? —En realidad, no lo sé. Pero mi primo, Draco, ¿te acuerdas que te hable de un hurón idiota? —su amigo asintió—. Bueno, volvimos a ser buenos primos. La cosa es que llevó a su novia... o amiga, realmente no sé que son, a un Café y se pusieron a hablar de la desaparición de Potter y un muggle que estaba ahí le dijo a Draco que sabía donde estaba él. Y entonces él le dijo a tío Sirius y Remus, y ahora ellos están donde supuestamente esta Potter. —Oh, vaya, esto parece una telenovela. —¿Qué es eso?... ¿Sabes qué? No me conteste... Pero como te decía, si lo encontraron, Cassiopeia no se alejará de él por lo menos un mes entero. Mientras tanto, en la casa de los Weasley, Sirius y Remus entraron junto a Harry y se dirigieron a la cocina, donde ya todos los integrantes de la familia pelirroja estaba reunida. El patriarca de los Black se sentó al lado de Ron y Remus al frente de él, al lado de Ginny. Harry prefirió quedarse parado, era mucho de lo que su mente tenía que procesar. Ambos le habían dicho con total seriedad que era un mago. Un mago muy poderoso. Harry no lo hubiera creído sino hubiera hecho magia el mismo con la varita y descubrió que ellos también eran magos. Le había revelado la verdadera causa de la muerte de sus padres y las  imágenes en su cabeza de aquel suceso se volvieron nítidas por completo. Le hablaron sobre el mundo mágico, sobre el Colegio Hogwarts, sobre Hogsmeade, sobre el Callejón Diagon. Y sobre Lord Voldemort. Aún no comprendía como él había vencido a, según Sirius y Remus, uno de los magos más oscuros que existieron. Y tampoco como ahora era una leyenda en el mundo mágico para muchos magos y brujas. Contestaron pacientemente cada una de sus preguntas y no pudo ocultar su emoción y sorpresa al escuchar las respuesta. Pero había algo que debía recordar: no podía decirle nada de lo que sabía ahora a los Weasley. —Bien, ya es tarde. Es hora de marcharnos, Sirius. —Si, quiero ver como esta Cassie —los dos dejaron la taza de café que la señora Weasley le había servido y se levantaron. Sirius miró a Arthur y Molly—. Si no es molestia, mañana quisiera traer a Cassiopeia y a Neville para que vean con sus propios ojos que Harry esta bien. —¿No puedo ir con ustedes? —no era que Harry no quisiera estar más con Ron y su familia, pero quería saber más del mundo del que provenía. —Por ahora, no. Será mejor que primero que recuperes tu memoria. Esto... él se puede quedar por mientras aquí, ¿no es así? —le preguntó Remus a los señores Weasley. —Por supuesto, no nos molesta. ¿Y sólo esos dos niños vendrán? —En realidad, pensaba que quizá Harry también querría "conocer" a su ahijado. —¿Tengo un ahijado? —preguntó, asombrado. —Claro. Y además también un amigo nuestro. Sólo nosotros seis, nadie más, señores Weasley. Sirius se apróximo a ellos y los abrazó con fuerza. —Gracias... Gracias por cuidar de él —Molly y Arthur sintieron que el hombre estaba llorando—. Si a Harry le hubiera pasado algo..., no quiero ni imaginármelo... A James y a Lily les hubiera encantado conocerlos. —Harry ha sido un buen muchacho —dijo el señor Weasley, dandole unas palmadas en la espalda a Sirius—. Y se nota que lo crió bien. —Oh, si, sobre eso, yo no lo crie. Para ser sinceros, estuve trece años en la prisión, y los demás años escondiedome. —¡Sirius! —¡Hora de irnos, Lunático! —exclamó Sirius, al darse cuenta que había metido la pata. No hacía falta decir que aquella información había dejado muy intranquila a la señora Weasley. Todavía a la noche, se podía ver la cara de preocupación en su rostro. Harry quería decirle que en realidad fue culpado injustamente y que él no era un asesino, pero eso significaba decirle que el culpable era Peter Petegrew, que él había traicionado a James y Lily Potter con Voldemort y que como todos creían que Sirius era el guardián de ellos, lo culparon de su muerte y lo encerraron en Azkaban, o algo así, pues no había entendido bien. —Señora Weasley —le dijo, si no le iba a decir la verdad, al menos le diría algo para que no se preocupe—. Sirius es buen hombre. No me dijeron porque estuvo encarcelado trece años —mintió—, pero yo recuerdo que yo estuve con él loa demas años que estuvo escondido, y pongo mi mano en el fuego por él. —Esta bien, Harry —suspiró Molly. Luego trató de sonreir—. ¿Emocionado por ver a tus amigos? A Harry se le iluminó la cara. —Si. He recordado mucho a Neville y Hermione, y ya los siento como mi familia, a pesar de que no los recuerdo tanto. Y también quiero ver a mi ahijado. De él no me había acordado para nada. —Pero cuando recuperes la memoria y vayas con ellos —dijo Ginny—, ¿vendrás a visitarnos? Dos pares de ojos cafes y dos pares de ojos azules se posaron en él. —Por supuesto, Gin. Cada vez que pueda. Ustedes me acogieron cuando yo estaba  desorientados y los concidero gente muy importante en mi vida, a pesar de que no llevo con ustedes ni un mes completo. —Me alegra que pienses así —dijo Ron—, porque yo ya te veo como un hermano. Harry le sonrió. —¿Te puede preguntar algo, Harry? —dijo la pelirroja. Él asintió—. Tú, bueno... ¿no recuerdas si la hija de Sirius, Cassiopeia o Hermione, es tu novia? Harry se atragantó y empezó a toser fuertemente, tanto que Ron tuvo que levantarse para pegarle en la espalda. —¿Qué... qué te hace pensar eso? —Pues el hecho de que la recuerdas a ella más que a cualquier otra persona —Harry percibió el tono irritado en su voz. —Quizá sea porque es mi mejor amiga. —¡No has recoldado tanto a ese tal Neville! ¡Es tu novia! —¡Ginevra! Ginny miró a Harry con enojo y luego se levantó bruscamente. Él la miró hasta que su cabellera rojiza se perdió escaleras arriba. No tenía ni la menor idea del porqué ella se había comportado así, no entendía porque le molestaba que tal vez Hermione sea su novia. Pero aún así se sentía molesto con ella, por desconfiar de su palabra y gritarle sin motivo alguno, porque él estaba cien por ciento seguro de que Hermione sólo era su amiga, su hermana. Y luego a la hora de acostarse, descubrió que Ginny no era la única que pensaba así, pues con Ron también había discutido por el mismo motivo. Ahora si Harry quería marcharse de aquella casa e irse a la de su padrino.