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Mundos diferentes — capítulo 3
¿Qué hora era? ¿Y qué día era? No lo sabía, sólo sabía que estaba realmente preocupado por su ahijado. Y él que creía que ahora que Voldemort estaba muerto no iba a tener que sentir miedo por Harry, Neville y Hermione, pero el hijo de su difundo mejor amigo estaba desaparecido desde hace horas y los Aurores había llegado, sin señal del chico. Todos lo estaban buscando sin parar, realmente preocupados por lo que le hubiera podido suceder a su héroe. El nuevo Ministro de Magia anunció que si Harry no aparecía para mañana a la tarde, informaría a todos los periódicos mágicos; y si no aparecía en un mes, pondría en aviso al mundo muggle para que lo busquen en su mundo. Pero Sirius Black seguía temeroso de que algo realmente malo le hubiese pasado. Recién había terminado de prácticamente obligar a su hija a dormir, ya querella quería seguir ayudando a buscar a su mejor amigo. Él y Remus irían a Hogsmeade, buscando algo que les ayude a encontrar al niño perdido. —Tu no iras —le espetó a Tonks, al ver que su sobrina estaba con ropa cómoda. La metamorfomaga frunció el ceño. —¡Por supuesto que si! Y tu no te atrevas a protestar —le dijo a su marido—, pues yo iré; he dejado a Teddy durmiendo con McGonagall, así que voy con ustedes. Ambos merodeadores suspiraron, pero no dijeron nada más. Los tres salieron del castillos, con las varitas en mano, listos para usarlas si el caso lo ameritaba. Hablaban en susurros por las dudas, suponiendo varios lugares donde podía estar Harry. La Casa de los Gritos quedaba descontada, ya que su nombre aparecía en el mapa. La Cámara Secreta y la Sala de los Menesteres ya habían sido registradas. Todo Callejón Diagon estaba lleno de Aurores, buscando en todas las tiendas. Y ellos irían en ese instante a Hogsmeade. Remus iba adelante. Había conjurado el hechizo iluminador, para poder bien en la oscuridad. Giraba la cabeza al menor movimiento, viendo directamente a las ventanas de las tiendas cerradas, por si su "sobrino" estaba escondido ahí. Por su condición de Hombre Lobo, podía ver y oler mejor que nadie, pero nada le hacía suponer que Harry se encontrase allí. Tonks estaba en el medio. Su cabello estaba de un color gris apagado, signo de que estaba verdaderamente preocupada con todo lo que ocurría. Harry era como su hermanito, por eso lo protegía y lo mimaba como a Hermione, y el saber que ahora él estaba perdido la asustaba demasiado. Cada vez que él venía a visitarla con su prima, ella lo abrazaba como si en verdad fuera su familia, aunque en serio lo era. Sirius cerraba la marcha. Ahora parecía más viejo que cuando se había fugado de Azkaban, si Harry llegaba a estar... Ni siquiera quería pensarlo. Él era como un hijo para él, era la clara copia de su mejor amigo, aunque tenía los ojos verdes esmeralda de Evans. Esperaba que su ahijado se encontrase bien, le había prometido a su hija y así mismo que traería a Harry de vuelta sano y salvo. Y por Merlín que lo haría. Caminaron por quince minutos, buscando la menor prueba de que el desaparecido estuvo allí. Y recién la encontraron cuando se estaban acercando a la Casa de los Gritos. Una parte de la nieve estaba pintado de color rosa suave, señal de que ahí había caído sangre, y cerca de ahí, había un pedazo de tela, del mismo color de la túnica que Harry tenía ese día. —¿Crees que esta...? —Remus negó, abrazando a Tonks. —¿Qué habrá pasado? Si la tela y... la sangre son de Harry, él debería estar por aquí. —Yo me pregunto —dijo Sirius— a quien se enfrento. —¿Y si era un mortifago? —No lo sé, pero por las dudas verifiquemos todo el lugar. Los tres se separaron, aunque Remus de mala gana de tener que dejar a su esposa sola, mientras que en el castillo Neville recorría los pasillos de Hogwarts, esperando que mágicamente apareciera su mejor amigo. Ya era casi medianoche y sin ningún rastro de él. Si Harry les estaba jugando una broma, se iba a arrepentir por hacerlos pasar tanto sufrimiento. —¿Qué haces caminando a estas horas por los pasillos, Neville? El chico profirió un grito, pero se relajó al ver a su enamorada Luna Lovegood. Ella tenía el cabello liso rubio y un poco sucio, sus enorme ojos lo miraban con curiosidad y quizá con un brillo especial teñido de gris, le sonría abiertamente y en sus manos traía sus pendientes de rábanos. —Quería ver si Harry ya había aparecido —contestó—. ¿Y tu? ¿Qué haces, Lum? —Tenía hambre —Neville reparó en las migajas de pan que había en los labios de la chica y sintió ganas extremas de limpiárselo... Y no precisamente con una servilleta—. Los buenos elfos domésticos me han dado budín, mi postre favorito. ¿Te puedo ayudar a buscar a Harry? Neville aceptó, mientras más tiempo pasase con Luna, mucho mejor. Había decidido que le revelaría sus sentimientos apenas encuentre a su mejor amigo, sólo esperaba que ella le corresponda. Tenía que hacer caso a Hermione y decírselo lo más rápido posible, no quería que alguien se diera cuenta lo fantástica que era y que se le declaren antes que él. No soportaría perderla. —Tal vez los nargles lo secuestraron —dijo Luna, colocándose un pendiente. —Lo dudo —susurró para que no lo escuchara—. ¿Y tu padre? —Durmiendo en la Sala Común de Ravenclaw, a pesar de ser un Hufflepuff. Todavía esta algo asustadizo con respecto al tratado que recibió en Azkaban. Neville recordó la vez que había ido junto con Harry y Hermione a la casa de los Lovegood para saber el significado del signo que aparecía en el libro Los cuentos de Beedle el Bardo, a petición de Hermione, que intuía que eso era un dato importante. Xenophilius les había mentido diciendo que Luna estaba en el río, cuando en realidad había sido secuestrada por los mortifagos. Por eso él había llamado a los mortifagos para entregarles a Harry, a cambio de Luna, así que cuando los tres consiguieron desaparecer, los mortifagos encerraron a Xenophilius en Azkaban. —¿No te hicieron nada, verdad? —le preguntó preocupado. —Sólo me dejaron algunos días sin comer, pero después de eso nada —mintió. No quería preocuparlo más de lo que ya estaba. Neville no estaba del todo convencido, pero prefirió dejar el tema por zanjado. —¿Sufriste mucho en lo que sea que hayas hecho con Harry y Hermione? —Pasamos algunos días con hambre y con frío, pero después de eso nada más. ¡Ah!, sufrimos de dolor de cabeza tratando de descifrar muchas cosas. Pero por la expresión de Neville, Luna se dio cuenta que había algo más, aunque prefirió no insistir. Y lo que pasaba era que él había utilizado mucho el horrocrux, haciendo que él piense constantemente que era inferior a sus dos mejores amigos, hasta llegar al punto de abandonarlos. Pero cuando regresó, totalmente arrepentido, ellos lo perdonaron inmediatamente. —Aquí no esta —dijo él tristemente media hora más tarde—. Te acompañaré hasta tu Torre —Luna se negó por minutos, pero al final Neville la acompañó, en el camino hablaron sobre las criaturas mágicas que ella creía o todo lo relacionado con la Herbología, a petición de él. Por otro lado, en Inglaterra, cerca del pueblo Ottery Saint Catchpole, Harry Potter se batía a muerte con el mortifago desconocido. Varias veces consiguió esquivar sus maleficios, aunque los Diffindos siempre daban al blanco; al parecer era el hechizo favorito del encapuchado. —¡Obliviate! Harry cayó al césped cuando el hechizo rebotó en él, desmayándose. El mortifago lo vio directamente, podía matarlo ahí mismo, vengando a su Señor, pero si lo hacía, sabrían quien fue y quizá lo encierren en Azkaban. Prefirió Aparecer a miles de kilómetros de aquel pueblo y esconderse el resto de su miserable vida. Después de unos minutos, sintiendo algunas gotas en el cuerpo, recobró la conciencia. Se levantó, tambaleándose, casi apunto de caerse nuevamente. Miró para todos los lugares, no recordando como rayos había llegado hasta allí. Es más, no recordaba ni siquiera cómo se llamaba. Y mucho menos porqué tenía una especie de vara en su mano derecha. Subió su mano para observarla, totalmente desconcertado. ¿Y esta ropa tan ridícula que estaba usando? —¿Pero qué esta pasando? Empezó a caminar, mirando sólo árboles. Se dio cuenta que debía de estar en un especie de campo, o en un jardín muy grande. Distinguió un camino de concreto, que, pensó, seguramente llevaba a la ciudad. Cada vez que se acercaba y las personas lo notaba, ellos ponían o cara de repugnancia o de lastima; Harry comprendió que era porque estaba lleno de barro, desde los pies a la cabeza y misteriosamente estaba lleno de cicatrices, que él no recordó tener. Harry. ¡Si! Ese es su nombre, pero ¿dónde estaban sus tíos Vernon y Petunia Dursley y su primo Dudley Dursley? Pero se sintió raro y cuando se dio cuenta del porqué, soltó un grito asustado. ¿Por qué, si él tenía once años, estaba en el cuerpo de un joven adulto? Y a esa le salieron otras más. ¿Qué había pasado? ¿Dónde estaban los Dursley? ¿Por qué estaba en ese lugar? ¿Y esas cicatrices y la ropa ridícula? ¿Era todo una broma de sus tíos y primo? Él salió corriendo, no sabía porqué, pero le había agarrado un miedo terrible. La gente lo miraba como si fuera psicópata desquiciado, y por su atuendo, confirmaba más sus suposiciones. —¡Vernon! ¡Petunia! ¡Dudley! Claramente Harry se llevaba muy mal con ellos, pero si aparecían, él era capaz de abrazarlos. Pero ellos nunca llego. Corrió todo lo que pudo y se detuvo a donde empezaba el pueblo. Reposó su mano en una rodilla, tratando de tomar aire, mientras miles de ideas pasaban por su cabeza. ¡Encima empezó a llover nuevamente! —¡Cuidado! —Harry levantó la cabeza para ver como un auto, que conducía velozmente hacia él y parecía que no iba a parar, era manejado por una chica pelirroja. Él no tuvo tiempo de correr cuando el coche chocó contra él, convirtiendo su visión en negro.