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Mundos diferentes — capítulo 4
Estaba sobre algo. Pero no sabía qué. Era suave, muy suave. Cómoda. ¿Qué era? También sentía algo sobre él, también suave y cómoda. Había algo bajo su cabeza. Algo suave y cómodo. ¿Qué eran todas esas cosas suaves y cómodas? Trató hacer esfuerzo para abrir los ojos, pero no podía. Su cuerpo no respondía, pero escuchaba voces. ¿Quienes estaban ahí? ¿Hablaban sobre él? ¿Dónde estaban? —Yo no quería... Una voz. De una chica. ¿Quién era ella? ¿Y qué no quiso hacer? —No fue tu culpa. Otra voz. Era de una mujer. Supuso que de una adulta. ¿Qué había pasado? ¿Por qué la chica se culpaba? —¿Crees que esta muerto? Ahora un chico. ¿Quién estaba muerto? ¿Y si hablaban de él? —No, no. Esta inconsciente. Un hombre. Seguro el marido de la mujer y padre de la chica y el chico. ¿Quién esta inconsciente? ¿Realmente hablaban de él? Y abrió los ojos. Una habitación. Si, se encontraba en una habitación. Las paredes de color cobre y el techo de color marfil. Se dio cuenta donde estaba: sobre una cama, tapado hasta el cuello con una manta celeste y una almohada de plumas bajo su cabeza. No sentía sus zapatillas, se la habrán sacado. ¿Pero quién? Trató de moverse, aunque lo logró, hizo que soltara un gemido de dolor. Y recién fue consciente del terrible dolor que había en un cuerpo. —¡Esta despierto! Harry Potter miró a su izquierda. Cuatro personas lo miraban. —¿Quienes son? —preguntó. Y se volvió a desmayar. Lejos de aquella casa, Astoria Greengrass terminaba de ordenar sus cosas en la habitación que seria suya por una semana en la casa de su amigo. Suspiró. Amaba pasar tiempo allí. Cuando su padre fue asesinado en la Segunda Guerra Mágica, como es mayor de edad, Theodore heredo la mansión y claramente aceptaba que Astoria se quedara cuanto tiempo quisiera, ya que no quería estar solo en una mansión tan grande. —¡Tori, baja, ya preparé el desayuno! —gritó Theo, desde el piso de abajo. Dejó su varita en la mesita de luz antes de bajar. Él esta sentado en el sillón, acomodando los platos en la mesa ratonera. Cuando se convirtió en el dueño de la mansión, libero a todos los elfos domésticos. Astoria siempre sintió una gran admiración hacia él; mientras que sus padres, dos puristas, que alababan a Lord Voldemort, él era un traidor de sangre, orgulloso de serlo, bueno con los elfos domésticos y amante de las cosas muggles. Y nunca se molesto en ocultarlo. Y Astoria siguió su ejemplo, y ahora amaba ser igual a él. Quizá no podía reconocerse como una verdadera traidora de sangre, ya que si bien nunca llamo a un nacido de muggle sangre sucia, nunca se junto con ninguno. Algo purista era. Pero si se llevaba bien con los elfos domestico y los trataba como si fueran parte de su familia, para la desgracia de sus padres. Astoria siempre supo que sus padres preferían a Daphne ante que ella. Después de todo, Daphne era la de mejores notas, la bonita, la responsable, el orgullo de ellos. Pero Astoria no estaba enojada con su hermana, claro que no, sabía que no tenía la culpa de la forma de actuar de sus padres. No podía negar que a veces deseaba que sus padres la traten con el mismo respeto y cariño como Daphne, pero no se arrepentía ni una sola vez de ser como es. —¿En qué piensas? —le preguntó Theo, pesándole una taza que contenía algo para tomar llamado capuchino, un invento muggle, que Astoria aprendió a amar. Tomó la taza. —En el compromiso de mi hermana —mintió—. Pobre, la maldijeron por el resto de sus vidas. —¿Quién sabe? Quizá Daphne consigue convertirlo en otra persona. —Si llega a pasar eso, soy capaz de hacer eso que hacen los muggles... ¿Cómo se llama?... Paracaidismo. —Dentro de unos años, te lo recordaré. Tenlo en cuenta. —Es un trato, Nott —dijo, apretando su mano. —Por supuesto, Greengrass. Continuaron con su desayuno, entre anécdotas y risas, cuando una lechuza gris entró por una de las ventanas, trayendo consigo el diario de El Profeta. Theodore pagó y se mostró totalmente sorprendido al ver la primera plana. Pasó rápidamente las hojas hasta llegar a la que buscaba. Se acercó a Astoria y ambos empezaron a leer.
POTTER HA DESAPARECIDO Hoy, a la madrugada, se ha avisado que El Niño Que Sobrevivió se encuentra desaparecido hace más de 24 horas. La última vez que se ha visto fue el día 4 de Mayo, horas después del Funeral de los Caídos que se realizo en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, lugar donde también se desarrollo la Segunda Guerra Mágica y el enfrentamiento final de Lord Voldemort y Potter. "Se fue a Hogsmeade. Dijo que quería estar solo", informó Neville Longbottom, mejor amigo de Potter, integrante del Trío de Oro que ayudó a ganar la Batalla Final. "Luego de eso, no volvió al colegio". También ha informado que se ha encontrado un trozo de túnica y sangre que posiblemente pueda pertenecer a Potter, cerca de la Casa de los Gritos, en Hogsmeade. Sirius Black y Remus Lupin, dos Aurores de alto nivel en el Ministerio, han declarado sus sospechas sobre que un mortifago fugado ha atrapado a Potter. Kingsley Shacklebolt, Ministro de Magia temporal, ha decidido que si Potter no aparece al termino del mes, pondrá en alerta al mundo muggle. Se ruega que si alguien ha visto o sabe el paradero de Potter, avise al Ministerio de Magia.
La primicia venía con la foto de un Harry de más o menos 17 años, saludando a la cámara, sonriente. —¿Potter desapareció? —se dijo para si misma Astoria. —A lo mejor sólo esta fingiendo. Quizá quiere un descanso de la fama. —Lo creería si Longbottom no hubiera hablado. No le ocultaría eso a él, sobre todo a Black. —¿Entonces crees que un mortifago lo capturo? —le preguntó Theo, dejando el periódico en la mesa. —Nunca cruce una palabra con Potter, pero espero que este bien. Theodore asintió, esperando lo mismo que ella. —¿Volverás a Hogwarts? —le preguntó a Astoria—. Digo, no terminaste del todo sexto, pero quizás puedas hacer un examen para comenzar séptimo año. —Si, por supuesto. Que pena que ni tu, ni mi hermana puedan estar conmigo. —¿Y tus compañeras de habitación? —Sólo me llevo bien con Iris y no sé si va a regresar a Hogwarts. ¡Será mejor que me escribas, Nott, o veras lo que te haré! Theodore rió mientras ella le pegaba en la cabeza. A mucha distancia de donde los dos alumnos de Slytherin estaban conversando, en el Número 12 de Grimmauld Place, Neville Longbottom y Hermione Black estaban sentados en los sillones de la sala, esperando impacientes que Sirius y Remus regresen del Ministerio con noticias sobre Harry. —Si estuviera aquí, hasta lo dejaría llamarme por mi primer nombre. —Entonces realmente quieres que aparezca —dijo Neville—, ya que cuando te llamamos una vez en tercero «Cassiopeia» por poco nos lanzas un maleficio. —No entiendo porqué me llamaron así. ¿Por qué no Hidra? ¿O Lyra? —Cuando tengas hijo, ¿los llamaras como las constelaciones? —¡Claro! Ya tengo el nombre si es chico: Orión Regulus. Perfecto, ¿no? —Mejor ni te digo. Hermione le pegó en el brazo, luego le sacó la lengua, divertida. Aunque su padre odiase esa tradición de llamar a los nuevos integrantes de la familia con nombres de constelaciones, a ella si le gustaba. En Hogwarts, una de sus materias favoritas era Astronomía, ya que estudiaban todo lo relacionado con el espacio, algo que ella amaba. —Oye, ¿crees que Harry este bien? Hermione lo miró. Ella vivió un poco de su infancia con él, cuando James y Lily Potter seguían vivos, pero cuando murieron, el profesor Dumbledore decidió que sería mejor que se quedara con sus tíos. Y unos años después de que se llevaran a Harry, Hermione iba con sus padres a los lugares donde él frecuentaba, para vigilar que estaba bien, pero sin acercarse. Cuando Harry empezó Hogwarts de inmediato lo buscó, y le contó todas las historias que sabía de los padres de él. Así era como se hicieron amigos nuevamente. Y era por eso que Hermione lo extrañaba tanto: no quería arriesgarse a perderle una vez más. —Si, él tiene que estar bien —dijo, tratando de convencerse a si misma. —¿A qué hora llega Ton...? —Neville no terminó de hablar porque de la chimenea salió una mujer de cabello rosa con un bebé en brazos, que tenía el cabello azul y los ojos rojos. —¿Remus y Sirius? ¿Todavía no han llegado? —No, Tonks —dijo Hermione, tomando a Teddy en sus brazos. —Bueno, a lo mejor ya han encontrado a Harry y se están asegurando que este bien —dijo, tratando de animar a los jóvenes adultos, aunque no lo logró—. ¡Vamos! ¡Arriba esas caras! Ya encontraremos a Harry y estarán loa tres juntos de nuevo. —Eso espero —confesaron Neville y Hermione, con tonos anhelantes. —Y díganme, ¿qué les dijo Kingsley esta mañana? —preguntó Tonks curiosa. Neville y Hermione se miraron. —Nos ha dado dos opciones: ir a Hogwarts a terminar nuestro séptimo año o... —Empezar a entrenar para trabajar en el Departamento de Aurores —Tonks soltó un grito de emoción, haciendo que Teddy se sobresalte y cambie su cabello azul a uno blanco pálido. —Disculpa, cielo. ¿Entonces...? ¿Qué eligieron? —Yo voy a terminar mi educación estudiantil —respondió Hermione, seriamente—. Además no me apetece ser Auror, quiero trabajar en el Departamento de Control y Regulación de Criaturas Mágicas. Pienso seguir con P.E.D.D.O. Tonks abrió la boca para preguntar que rayos era eso, pero Neville le hizo un gesto con las manos para que se calle. Ya había escuchado suficiente de eso. —Pues yo quiero ingresar ya al Cuartel de Aurores, pero antes que nada quiero encontrar a Harry. Seguro que elige lo mismo que yo. Hermione bufo. Claramente la idea de que sus amigos dejen sus estudios sin terminar no le agradaba para nada. Por otra parte, Draco Malfoy tenía una gran confusión respecto sus sentimientos. Ese día, en el cual Daphne y sus padres visitaron la Mansión Malfoy fue muy divertido al principio, pero cuando los prometidos se quedaron solos en el jardín, por poco se besaban. Pero ese no era un problema para él, después de todo ella era hermosa. El verdadero problema fue ver en su mente a Astoria Greengrass. No lo iba a negar, aquella traidora de sangre era realmente preciosa. En su cuarto año, cuando fue el Torneo de los Tres Magos y él fue al Baile con Pansy Parkinson, la vio acompañada de Theodore Nott, con su vestido rojo como la sangre que sobresalía por su piel pálida. Y estaba jodidamente hermosa ese día. Y cuando estaba en sexto, cuando tuvo que ser un mortifago y cumplir su misión de asesinar a Dumbledore, habló con ella. Astoria lo encontró llorando, maldiciendo a todo ser vivo por su miserable vida y, sin poder evitarlo, tuvo un enamoramiento por ella, aunque nunca se lo dijo, temiendo su rechazo. Pero ahora, en su solitaria habitación, se preguntaba si había tenido un enamoramiento o si realmente se había enamorado de Astoria Greengrass. —¡No! ¡Es una traidora de sangre! Agradeció que su madre no estuviera en casa, pues no hubiera podido explicar aquel grito. ¿Qué pasaba con él? ¿En verdad se había enamorado de la hermana menor de su futura esposa? Y si lo estaba, se había metido en un gran lío: él se tendría que casar con Daphne y su madre no aceptaría que se casase con una asquerosa traidora de sangre, mucho meno su padre, sin contar que Daphne parecía haberse enamorado de él y Astoria lo odiara. —Mejor sigue con esto. No vale la pena. Pero era muy difícil cuando tu cerebro te gritaba que tenías que casarte con Daphne Greengrass, mientras que tu corazón te dice que tienes que arriesgarte por Astoria Greengrass. ¿A quién tendría que escuchar? ¿Quien tendría razón? ¿El corazón? ¿El cerebro? Draco Malfoy estaba muy confundido.