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Mundos diferentes — capítulo 6

Orión y Regulus Black nacieron nueve meses después de que sus padres con quince años tuvieran relaciones sin cuidarse. Leila Sunvergal había sido obligada a a dejar Hogwarts temporalmente para que nadie se enterara de aquel embarazo y cuando dio a luz, los gemelos fueron a vivir con su abuela paterna, mientras sus padres iban estudiar. Cuando Regulus I y Leila se iban a casar, más por compromiso que por amor, él fue asesinado por los inferis cuando trataba de robar uno de los horrocruxes. Leila finalmente se marchó a Suecia para criar sola a sus hijos. Sin que lo supiera, Orión y Regulus utilizaban el polvo flu para continuar visitando a su prima favorita a pesar de que ella sea una traidora de sangre y que ellos hayan sido criados con los prejuicios de la sangre. Y aparte de reunirse con ella, también se juntaban con su primo segundo, que al igual que ellos, se escapaba de su casa para encontrarse con la repudiada de su familia. La última vez que los gemelos vieron a su primo fue cuando tenían 18 años y por causa del Torneo de los Tres Magos en el que su Instituto iba a participar. Si bien no cruzaron ni una sola palabra con él, si lo hicieron con su prima, pues la relación de los cuatro se había roto cuando él discutió con ellos, por eso a Orión y Regulus le parecía muy extraño recibir una carta de Draco Malfoy. —¿Tu qué dices? Ya que vivían a kilómetros de Cassiopeia, los tres usaban los espejos dobles para hablar entre ellos, como ahora lo hacían. —No sé. Malfoy no nos dirige la palabra desde casi una década (o al menos de forma amigable) y ahora nos manda una carta, diciedonos que nos necesita, vaya a saber porqué. Pero a decir verdad, siempre me he preguntado que hubiera pasado si arreglábamos nuestra relación. —¡Pero él te insultó y a nosotros también! —dijo Orión. Draco fue siempre su primo favorito, al que quería como un hermano. Siempre se daban consejos, estaban juntos en momentos dificiles por eso a él fue que le dolió más aquellas palabras y no quería perdonarlo tan fácilmente—. ¡Prefirió a un padre que no lo quería a unos primos que lo respetaban y le daban cariño! —Es su padre después de todo —dijo Regulus II con lógica—. Es igual a papá. Él hacía todo lo imposible por enorgullecer a nuestros abuelos; papá eligió a sus padres antes de tío Sirius, aunque siempre estuvo arrepentido. —¿Entonces crees que debamos ir? —preguntó Cassiopeia. —Conmigo no cuenten —Orión salió malhumorado de la habitación de su gemelo. —Regulus. —Lo sé, lo sé. Trataré de convencerlo, Cassie. Hablamos después. —Adiós, primito. Por otro lado, Harry estaba mirando el reloj ansioso, Ron vendría a casa casi a las tres y quince y recién eran las dos. Las estudiantes y amigas de la señora Weasley se habían marchado hace media hora y ahora estaba dando de comer a los caballos y gallinas. Harry estaba acostado en su cama temporal, había recibido un anotador de parte del señor Weasley antes de ir a su trabajo para que note todo lo que recordaba y hasta ahora sólo tenía lo que dijo al parecer la voz de su mejor amiga y la conversación que tuvo con el que al parecer sería tu tutor. Se sentía frustrado, no podía recordar nada y su mente seguía atormentándolo con aquel recuerdo del día que murieron sus padres, donde aparecía esa luz verde. Decidió anotarla, por las dudas. Y luego estaban sus cicatrices, ¿cómo se las hizo? Había una en su brazo que por como estaba suponía que era reciente. —¿Qué me pasó en estos siete años? —se preguntó—. ¿Y qué será esto? —tomó la vara que estaba en la mesita de luz y se preguntó, si la hizo, el porqué."—Entonces, señor Potter. Pruebe está. Madera de haya y nervios de corazón de dragón. Veintitrés centímetros. Linda y flexible. Tómela y agítela." ¿Qué? —¿Nervios de corazón de dragón? —dijo Harry, confundido, luego apareció una sonrisa divertida en su cara—. ¿Qué sigue? ¿Pelos de unicornio? Negó la cabeza, alejando esos absurdos pensamientos. Pero algo en su recuerdo hizo que tuviera una idea, tal vez debía agitar ese palo. Lo hizo. Y se arrepintió al segundo. Mágicamente los cajones del ropero de Ron salieron volando a cualquier dirección, pero la ropa quedó ordenada, levitando en el aire. Y eso no era todo, las cortinas se rasgaron de la nada. Harry abrió los ojos sorprendidos, ¿él había hecho eso? —¡Oh, no! —se lamentó. Los Weasley lo habían acogido en su casa y él rasgaba las cortinas e hizo que los cajones volaran, mientras la ropa estaba suspendida en el aire—. ¿Cómo lo reparo? Inconscientemente movió la varita mientras mencionaba la última palabra y el rasgado de la cortina se fue juntando hasta que se reparó completamente, sin ningún rastro de haberse roto anteriormente. Harry miró impresionado la vara que tenía en la mano. Posteriormente la agitó, apuntando a los cajones, pero no ocurrió nada, intentó lo mismo apuntando a la ropa, aunque tuvo el mismo resultado. —Por lo menos las camisas no volaron —dijo en voz alta. Volvió a poner los cajones que la ropa ordenadamente en el ropero. Miró la habitación, estaba tal y como había estado antes de que agitara la vara. Jugó con eso entre los dedos, con una sonrisa. No tenía muy claro cómo había pasado eso, pero algo le dijo que era a causa de la vara. Caminó hasta la cama y se sentó, agarró la libreta y anotó lo pasado, preguntándose internamente que más podía hacer. Casi una hora más tarde, Ron entró en la habitación, quejándose a gritos del proyectó de ciencias que tenía que hacer para la semana que viene y sobre el examen sorpresa de matemáticas que le tomaron aquel día en el que seguramente se sacará un 3. —Bueno, peor es un 1, ¿no? —trató de bromear para subirle el ánimo. "—La peor nota que puedes tener es Troll. Esa, Insatisfactorio y Desastrosos son las notas que te ponen si reprobas.**—En cambio —continuó una chica de más o menos dieciséis años, delgada, cabello castaño algo enmarrado y ojos miel—, Extraordinario, Supera las expectativas y Aceptables son las notas que ponen si aprobaste. Espero que apruebe mis T.I.M.O.s." Ron seguía quejándose de su colegio, pero Harry ya no lo escuchaba. Le importaba muy poco saber que rayos eran T.I.M.O.s y porqué ponían esas notas, en vez de números o las primeras letras del abecedario, lo que realmente le importaba era esa joven. Es bonita, pensó Harry, pero algo dentro suyo dijo que nunca podría llegar a amarla más que una hermana. La otra voz era de un chico, pero a él no pudo identidad algo de ese chico. —Si sólo supiera hacer magia, la tarea sería más fácil —dijo Ron. —Hablando de magia... En el mundo muggle, a dos kilómetros del Numero 12 de Grimmauld Place, había una casa que no había sido habitada por años, las personas que estaban ahí decían que estaban embrujada. Cassiopeia Black, siguiendo sus impulsos de curiosa, entró en la casa cuando tenía cinco. años, acompañada por sus primos. La Casa Embrujada, como la nombraron la gente, era sólo una casa, sin nada de lo que pudiera asustar. Y se convirtió en el lugar al que iban normalmente para hablar. Cassiopeia no había pisado esa casa desde que tenía nueve años. ¿Que sentido tenía? Orión y Regulus estaban muy ocupados con su escuela, sin agregar que estaban en la preadolescencia, y Draco estaba peleado con ella. ¿Para qué iba a querer ir? —Halla está —susurró a sus primos mayores. Revisó su reloj de oro que su padre le regaló cuando cumplió 17 años. Eran las 15:28. Habían tardado porque no podían convencer a Orión de que venga. Regulus suspiró. Caminó lentamente hasta él, Draco no se había dado cuenta de su presencia. Cuando estaba a un metro de él, escuchó un sollozo de su parte. Se acuchilló al lado de su primo y apretó su hombro. Draco levantó la cabeza y Regulus pudo ver que seguía derramando lágrimas. Cassiopeia se arrodilló al lado de su primo y le sonrió. Era esa sonrisa que Malfoy recordaba tan bien, sólo le sonreía así cuando trataba de decirle en silencio que estaría con él en cualquier momento. Y Draco se derrumbó. La abrazó con fuerza, llorando por haber sido tan imbécil y haberlos alejado de su vida. —Bien —dijo Orión, incapaz de reprimir una sonrisa de alegría—, hora de una Junta de Primos. Draco le sonrió. Se levantó y abrazó a su primo, que se lo devolvió, palmeando su espalda y a la vez insultándolo por haberlos hecho esperar tanto. Entre Cassiopeia y Regulus arreglaron el lugar e hicieron aparecer unas cervezas de mantequillas, limpiaron los sofás y los cuatros se sentaron. Cassiopeia sonrió, por fin su sueño de que los cuatros estuvieran otra vez así se cumplió. —Ya lo sabemos, Draco —dijo Orión, cambiando su bebida por Whiskey de Fuego—. Nadie discuten que seas un idiota, estúpido, imbécil y más cosas que no diré por que tenemos una niña presente —Cassiopeia se inclinó y le pegó en la cabeza—. Pero vamos al grano, ¿cuál es el problema? —Creo que me enamore. Cassiopeia abrió la boca, totalmente sorprendida. Regulus se atragantó con su cerveza de mantequillas. Orión se destornilló de risa en su lugar. —¿Qué? —preguntó su prima, sin poder creer lo que dijo Draco. —Si, es una bomba para ustedes. Pero estoy casi seguro que lo estoy. Cuando tenía dos años, mi padre me comprometió —los tres Black hicieron una mueca de disgusto y resignación al oír aquello— con Astoria Greengrass. El problema es que ella es una traidora de sangre... —¿Hay algo malo en eso? —preguntó Cassiopeia. Draco, Orión y Regulus la miraron con cara de Mejor no preguntes. Suspiró, ellos eran purista y con la única que se juntaban que era una traidora de sangre era ella. Tenía que hacer algo para cambiar eso. —Así que le dije a mi madre que no quería. Por ende, ahora me tengo que casar con su hermana mayor, Daphne. La cosa es que... —Te enamoraste de la traidora y no sabes que hacer con la hermana —terminó Regulus. Draco asintió. —¿Qué hago? —Primero responde: ¿no quieres estar con ella porque es una traidora de sangre y quieres complacer a tu padre, casandote con una purista? ¿O es porque crees que si lo intentas y te rechaza, no vas a poder superarlo? Draco se quedó callado. La primera opción era la que que pensó que sería la respuesta por lo cual no podía estar con ella, pero ahora que Cassiopeia lo decía, en su mente estaba pensando si la verdadera razón era porque no quería sentirse triste si Astoria lo rechazaba. —Yo... —Espera, esta Astoria, ¿esta buena? —preguntó Orión, como si eso fuera muy importante. —Porque eso es todo lo que te importa —dijo Cassiopeia, frunciendo el ceño. Él ladeó una sonrisa. —Siempre seras mi preferida, Cassie —dijo, guiñándole un ojo coqueto. Ella se ruborizó y apartó la mirara. —¿Sigue con eso de que van casarse? —le preguntó Draco a Regulus, que asintió cansado. La siguiente tres horas la pasaron entre risas y bromas, tal y como era antes dé que todo se fuera por la borda. Draco se anotó mentalmente los consejos de Cassiopeia, que al parecer era la única que realmente se tomaba en serio la situación de su primo. También charló con Regulus sobre Orión, que seguía queriendo conquistar a Cassie, o eso parecía, ya que cuando eran niños él sólo decía como esas para jugar con ella, como Draco se fijo que seguía haciendo cuando fueron a Hogwarts en su cuarto año. Pero ahora no sabía si los sentimientos de Orión hacia Cassiopeia habían aparecido o sólo seguía jugando; sólo esperaba que ninguno de los dos salieran lastimados. Regresó a su mansión antes del anochecer. Su madre lo regañó por no haberle avisado antes de que pasaría toda la tarde afuera, pero eso era lo último que le importaba a Draco. Su vida volvía a tener color y alegría ahora que estaba bien con sus primos. Cassiopeia, Orión y Regulus eran las tres personas más importantes para él después de su madre. Ya quería que sea Domingo para ir a Cabeza de Puerco para volver a reunirse. Realmente extrañaba esos momento con ellos y ahora los volvería a tener. Y mañana trataría de hablar con Astoria Greengrass.