Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Mundos diferentes · de

Mundos diferentes — capítulo 8

POTTER HA SIDO VISTO El Jueves 7 la Squib Arabella Figg informó a la nueva directora del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería Minerva McGonagall que había visto a Potter visitando la casa de su infancia. En el Numero 4 de Privet Drive vivían antes los muggles Vernon y Petunia Dursley con su hijo Dudley Dursley, familiares de Potter (tíos y primo) de parte materna. Fuentes confiables nos han asegurado que la familia Dursley se ha mudado temporalmente el 27 de Julio de 1998 para protegerse de Lord Voldemort con ayuda de la restaurada Orden del Fénix. No se sabe el paradero de los Dursley en estos momentos, pero esta seguro que no saben que su sobrino ha desaparecido el pasado 4 de Mayo. "Como ella [Arabella Figg] afirmó en la carta que le mandó a McGonagall, mis Aurores revisaron todo Privet Drive y encontraron testigos muggles que afirmaban que lo habían visto junto a una familia de cuatro personas", informó Kingsley Shacklebolt, Ministro de Magia temporal. "Los Aurores siguen revisando el lugar, por las dudas de que Harry Potter vuelva a ir allí, algo totalmente extraño para nosotros [la Orden del Fénix], pues sabemos de sobra que Potter no se lleva bien con su familia".Shacklebolt ha vuelto a mencionar que si Potter no aparece para la primera semana de Junio, reportaría su desaparición en el mundo muggle. "Tenemos una teoría", dijo Sirius Black. Recientemente se ha demostrado que fue encarcelado inocentemente 12 años en Azkaban, cuando en realidad el que asesino a doce muggles inocentes fue Peter Pettigrew, ex-mejor amigo de Black. "Y es que Harry ha sido secuestrado por una familia (no sabemos si mágica o muggle) y lo obligaron a ir a la antigua casa de los Dursley para un algo que se desconoce. Aunque por ahora es sólo eso: una teoría". La comunidad mágica esta muy preocupada por esta situación y se esta haciendo todo para poder encontrar al héroe que venció al Señor Tenebroso. Se les recuerda que cualquier información que tengan sobre Potter se avise a Shacklebolt.

Hermione Black leyó por segunda vez la nota de ese día antes de dejarlo sobre la mesa, para que su padre lo lea cuando despierte. Suspiró tristemente, había pasado una semana desde la desaparición de su mejor amigo y cada día se sentía peor. No quería perderle por tercera vez en su vida. La primera fue cuando tenía dos años, era pequeña, pero era consciente que a su hermano del alma lo iban a mandar a vivir con sus tíos, sin saber de ella ni de nada del mundo mágico. La segunda fue hace menos diez días, cuando pensó que había muerto en manos de Lord Voldemort, había estado tan destruida esos quince minutos que dos veces casi se muere por no respirar bien. Y ahora él se había ido nuevamente de su vida, otra vez. ¿Dónde estaba?, se preguntaba. Lo había visto crecer desde lejos, cada vez que iba con su madre al mundo muggle para ver cómo estaba, sin acercarse. Era difícil controlar ese impulso de abrazarlo y decirle cuanto lo quería. Todos estaban tristes, claro, pero ninguno podía compararse con ella. Siempre ayudándolo, yendo con él a hacer cosas que no creía correcto sólo para satisfacerlo, metiéndose en problemas que jamas creyó que estaría involucrada, volviendo su vida una serie de aventuras por estar con él y asegurarse que estuviera él. Quizá Neville también estaba destruido, pero ella siempre estuvo desde niña rezado para la seguridad de Harry, 18 años pidiéndole a Merlín que lo proteja a cada momento. Nadie podía saber el dolor que sentía. No entendían la tristeza que albergaba su alma cuando no podía sacudir con cariño aquel cabello negro como la noche, tan rebelde que habían sido la causa de innumerables regaños fraternales. No entendían que ella no podía vivir sin mirar ese par de ojos verdes que vio brillar desde bebé, que estaban escondidos tras gafas que mayormente estaban continuamente rotas; era su debilidad, él sabía que si la miraba a los ojos, ella no podría negarse a nada que le pidiera. No entendían que se había acostumbrado a su forma de ser, ese lado bromista heredado de su padre que le enseñó a desarrollar cuando lo convirtió en un Merodeador; el lado sentimental que sólo salió una vez cuando tuvo un enamoramiento con una chica, del cual le había encantado; el lado compresivo que se lo había enseñado cuando tenían trece años y pasó lo de su padre, también cuando fue el fallecimiento de su madre; quería todos sus lados, adoraba a todos por igual. No entendían el dolor que sentía al no poder verlo. Se limpió las lagrimas que habían salido de sus ojos color miel. Dejó una nota para su padre en la que decía que había ido a Cabeza de Puerco con sus primos y se Apareció en Hogsmeade. De lejos vio un grupo de niños y sonrió feliz de que ahora en su futuro hubiera sólo paz. Mientras que caminaba hasta el encuentro con los chicos, muchas personas la saludaron, pues ella era una de los salvadores del mundo mágico, tanto que le habían ofrecido la Orden de Merlín, Primera Clase, como a Harry y Neville, aunque para recibirla primero debían hallar al desaparecido. —Ya pensábamos que no aparecías —le dijo Orión en modo de saludo, cuando ella entró a Cabeza de Puerco. Regulus y Draco le sonrieron. —Como si me fuera a perder la conversación sobre la novia de mi primo. —Por ahora sólo es mi amiga, Cassie. —Por ahora, tu lo has dicho —dijo Cassiopeia, sentándose entre los gemelos Black—. Cuenta Draco que pasó el jueves. Sonrió, recordando como había pasado ese día con Astoria. Luego de proponerle el trato, ella había dicho una y mil veces que le estaba mintiendo, pero al final terminó aceptando que había cambiado. Primeramente fueron a Las Tres Escobas a tomar algo, posteriormente fueron a la Casa de los Gritos para hablar, después de que haya convencido a la Slytherin que no había ni un fantasma y que le revelara quien era el causante de asustar a todo el pueblo, le hizo prometer que no se lo diría a nadie y luego entraron. El tiempo les había pasado volando hasta que fue la noche y Theodore Nott le mandó un patronus a Astoria para decirle que inmediatamente vaya a su casa porque estaba preocupado. —¿Y qué harás con la hermana? —preguntó Regulus—. Tienes que hablar con ella también. —Y lo haré —confirmó Draco—. Si Tori... —¿Tori? —preguntó Cassiopeia con una sonrisa picara. —Si, Tori —repitió sonrojado—. Si ella no acepta estar conmigo, igualmente no me casaré con Daphne. Con nadie que yo no quiera, aunque a mi padre no le guste la idea. —¡Así se habla, Dragón! —exclamó Orión, recibiendo los dos Whiskeys de Fuego para él y Draco, y las dos Cervezas de Mantequilla para Regulus y Cassiopeia de Aberforth Dumbledore—. Dime, ¿terminaras tu séptimo año? En otra parte de Hogsmeade, Neville Longbottom le abría la puerta de Las Tres Escobas a Luna Lovegood, que con un leve color carmesí en sus mejillas, algo muy inusual en ella, entró a la taberna, con una sonrisa radiante en la cara. Él fue a pedir dos Cervezas de mantequilla mientras ella iba a buscar una mesa para ambos, luego fue a sentarse con ambas bebidas, una de las cuales le entregó a la chica de cabello rubio. —¿De verdad? —preguntó Neville luego de hablar un tiempo. Tenía una sonrisa fingida en la cara. —Si. Nos iremos en una semana, pero volveré para terminar mi último año en Hogwarts —respondió Luna tranquilamente—. Quizá encuentre alguna criatura mágica, como los Torposoplos, y demostrarle a Hermione que en verdad existen. —Si, seguramente —mintió. Estaba seguro que esas cosas no existían y su amiga tenía razón sobre que la Ravenclaw creía en muchas cosas inexistentes, pero no se lo iba a decir, además eso era lo que lo atraía de ella—. Yo acepte entrenar en el Cuartel de Aurores, pero Hermione va a volver a Hogwarts. —Lo sé, los Nargles me lo dijeron —respondió, espantando con sus manos algo que Neville no podía ver—. ¿Y Harry? ¿Qué elegirá? —Supongo que lo mismo que yo. Ya quiero encontrarlo, me acostumbre a su presencia, aunque a veces tenga ese humor de perros. Luna rió. —Estoy segura que esta bien —dijo, tomando la mano de su amigo—. Harry es una persona fuerte, superará todo lo que le pongan en su vida, como esto. Lo que si me pregunto es porqué no ha aparecido. Digo, él sabe cómo Aparecerse, ¿por qué no lo hace? —Nosotros nos preguntamos lo mismo, pero no tenemos la respuesta. Continuaron hablando de diferentes temas, sobre todo de las creencias de la rubia de ojos grises, y cuando dieron las cinco de la tarde volvieron a Hogwarts, donde seguían reconstruyendo el castillo para el comienzo del nuevo curso ese año. Llegaron y fueron directo a la Torre de Astronomía donde tenían que terminar de hacer el trabajo con cuatro personas más. Esperándolos estaban Lisa Turpin, Seamus Finnigan, Angelina Johnson y Ernie MacMillan. —Bien, empecemos —alentó el irlandés. Neville se juntó con Ernie para enderezar la baranda y ponerle algunos detalles para que "las futuras generaciones tengan un lugar más lindo y cómodo para estudiar", como había dicho McGonagall después de pedir a muchas personas que ayudaran a construir Hogwarts. Luna se subió a una escalera mágica y llegó hasta el techo para comenzar a pintar las constelaciones que la profesora Sinistra le había pedido. Angelina y Lisa con ayuda de sus varitas ordenaron las cosas que se salvaron y las que no las hacían un lado para después ver que hacían con ellas. —Y eso es lo que oí por ahí —dijo Ernie a los demás—. Pero yo no creo que Potter este tomando unas vacaciones en Miami. —¡Por supuesto que no! —exclamó la ex-capitana del equipo de Quidditch de Gryffindor—. Y si fuera así, llevaría con él a Neville y Hermione. —Sea donde sea que este —empezó Neville—, sólo espero que este bien. Cuando regrese, lo golpearé por preocuparme tanto. —Cuenta conmigo —dijeron las dos Ravenclaw, la leona y el chico de cabello rubio. Neville les sonrió y se dispuso a terminar con su tarea, mientras los otros continuaban hablando sobre los posibles lugares dónde estaría Harry. Suspiró, extrañaba mucho a su mejor amigo, casi su hermano, y no veía la hora de que los Aurores lo encontrarán para asegurarse con sus propios ojos que estaba salvo y sano. A la hora de la cena fue al Gran Comedor con sus amigos y se caminó hasta donde estaba su abuela, siendo el centro de atención de todos. Si no era famoso por ayudar a vencer al Señor Oscuro, lo era por sacar la espada de Gryffindor del Sombrero Seleccionador. Hubiera preferido que Hermione estuviera con él, al menos así no todas las miraras se centraban sólo en él, pero los domingos ella no tenía que ir a Hogwarts a ayudar. —Mañana, ya que tienes el día libre podemos ir a visitar a tus padres —propuso Augusta Longbottom. —Si, porqué no —aceptó. La última vez que había ido a visitar a sus padres fue en su cumpleaños, dos días antes de partir a la búsqueda de Horrocruxes, y quería volver a verlos porque, a pesar de que no lo recordaban, quería contarles lo que había hecho. Al día siguiente, luego de saludar y despedirse de Hermione cuando entró en el Gran Comedor, fue con su abuela a San Mungo, tras prometer a su amiga que volvería al anochecer para escuchar algo que le quería decir. Subió a la cuarta planta con Augusta y entró a la habitación que estaba casi repleta, como estaba todo el Hospital por la Segunda Guerra Mágica. Adelantó el paso hasta acercarse a las camas de sus padres, donde ambos estaban sentados, tomando su desayuno. —Hola... ¿Neville, cierto? —preguntó la mujer de cabello rubio hasta los hombros. Su hijo asintió. —¿Por qué has tardado en visitarnos? —interrogó Frank Longbottom—. ¿Y por qué no estás en Hogwarts? —Oímos algo sobre una Batalla —dijo Alice Lomgbottom—. ¿Participaste en ella? —Yo iré a hablar con el medimago —anunció Augusta—. Permiso. —Si, participé en la Batalla —respondió Neville a la pregunta de su madre. —Oh, ¿y estás lastimado? Su respuesta fue que sólo tenía algunas cicatrices en su cuerpo pero que estaba muy bien. Acercó una silla a las camas y se sentó, con el pecho contra la respaldo. Pidió que aguardarán silencio hasta que él terminé de narrar su aventura de ese año, como hacía al fin de cada curso de Hogwarts, y les relató sobre lo que vivió. Alice y Frank Longbottom estaban muy perplejos de que tres chicos de 17 años pudieran hacer eso, pero bastante alegres de saber que todo había resultado bien para el famoso Trío de Oro. La mujer de cabello rubio como los rayos de sol y los ojos de color cobre como las ramas de un árbol se levantó de su cama, con algunas lagrimas que caían libremente de sus parpados, deslizandose por sus mejillas, se acercó hacia la silla donde su hijo al que no reconocía y se puso de cuclillas frente a él. Alargó la mano y le acarició maternalmente la mejilla derecha. —Orgullosos.