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Historia 188742 — capítulo 13
Let the truth sting/Deja que la verdad hiera
--¡Buenas tardes señorita Hermione!—saluda Sirius Black, administrador y dueño del edificio donde renta--¿Señorita Hermione?—repite al ser ignorado olímpicamente la primera vez.
Decidió ir directamente a casa, hoy no le sienta bien hacer nada más que meterse en la cama.
--¿Si?—reacciona.
--Hoy llega temprano—comenta Sirius--¿Algún problema?
--No, nada. Hoy no me siento bien para ir al trabajo, es todo—responde, pasando de largo hasta el ascensor.
--Ah… bueno—le mira inquisitivo—hasta luego.
Escucha el ligero zumbido del elevador al ascender y suspira sonoramente. Al llegar al tercer piso sale y una vez frente a su puerta medita un momento con la mano sobre la manija, apunto de girar la llave.
"De todas maneras tendrás que hacerlo un día" se dice, abriendo la puerta. La recibe una sorprendida Ginny, entre una pila de papeles sobre la mesa.
--¿Hermione? ¿Qué haces aquí?
--Decidí que necesitaba un día libre—lanza sus llaves sobre su escritorio en la esquina, al igual que su mochila.
--¿Decidiste?—le cuestiona extrañada su amiga--¿desde cuándo decides fallar a un compromiso? Eso es tan propio de ti como ponerte ebria un sábado en la noche—compara divertida.
La castaña se limita a sentarse en la silla contigua, aparta las hojas de papel que tiene enfrente y reposa sus brazos y cabeza sobre la mesa.
--¿Qué te paso? Acabo de darte la razón perfecta para que me contradigas y solo te quedas ahí… y tú nunca te quedas solo ahí—agrega alarmada—sería perder tu valiosísimo tiempo… ¿Qué te sucede?
Hermione suspira otra vez.
--¿No quieres hablar de ello?—trata de adivinar la pelirroja.
Recibe un ligero movimiento negativo de cabeza con los ojos cerrados.
--Ok, pues… te cuento mi día entonces. —Propone—El señor Sirius creyó conveniente dejarme organizar los archivos de pago de todo el edificio—se queja— ¡desde hace 2 años! ¿Sabes cuánto me llevara?
No hay respuesta.
--Mucho, mucho tiempo—se contesta a ella misma—Los tenía revueltos en un archivero de su oficina ¿puedes creerlo? Tiene suerte de tenerme como ayudante porque no sé cómo se las arreglaba antes.
Hermione abre los ojos, mirándola.
--Pero no es que me queje—se defiende, siguiendo con su monologo—No. Es solo que no veo la hora de regresar a la escuela. Ya quiero salir de este departamento.
Y de pronto, los ojos de la castaña comienzan a ceder. Se cristalizan de lágrimas que no terminan por caer, solo le nublan la visión.
--¿Qu…. ¡No! no digo que quiera irme porque no aprecie todo lo que haces por mí. ¡No!—suelta desesperada Ginny, creyéndose responsable del llanto.
Hermione levanta la cabeza y se limpia los ojos.
--No es eso—la tranquiliza—Es que…
--Ah… ya. Mira, entiendo que no quieras hablarlo, pero a veces decirlo ayuda—le anima.
--Es que…--titube—en cuanto te lo diga, seguro vas a enojarte y las cosas solo terminaran peor.
--¿Enojarme? ¿Pues qué hiciste Hermione?—pregunta en tono comprensivo.
Suspira una última vez, preparándose para una gran charla.
--Tenías razón. He estado viéndome con alguien a tus espaldas—acepta para comenzar.
--Eso ya lo sé, y no tienes que ponerte así por…
--Es que el chico al que he estado viendo es… Ron.
Ginny se congela en el acto, un poco sacada de sí comprensiblemente. Parpadea un par de veces tratatando de regresar en sí.
--Hermione…
--Y comenzamos a vernos porque él quería estar al tanto de ti. Ya sé que tú prefieres mantenerte a límite con tu familia.
--Bueno, sí pero…
--Te insistí varias veces, te mencione su nombre incluso pero decidiste ignorarme. A mí me toca estar de tu lado, me toca apoyarte. Pero en esto ya no más—y habla cada vez con más firmeza—debes intentar enmendar cosas con tu familia o por lo menos con Ron. Me consta, y te lo dije un par de veces, él está de tu lado también.
--¡De acuerdo!—se impacienta, estampa las manos sobre la mesa, provocando que algunas hojas vuelen de su sitio—De acuerdo. Quizá debí ser más comprensiva con Ron, y dado que fue el único que no me llamo deshonra, debí escucharle.
Se toman un momento para calmarse.
--Quizá deba llamarlo y terminar con esto de una vez—reflexiona luego de un rato—pero antes respóndeme ¿Ron tiene la misma actitud conmigo que para con Harry?
El meollo del asunto. Es el único problema que previo podía encontrar.
--¿A qué te refieres?—se desentiende para ganar un poco más de tiempo.
--A que si está dispuesto a tolerar el que yo siga esperando a Harry, porque sabes que lo haré. Lo harépara siempre si es necesario.
Se exaspera, pero se toma su tiempo para contestar. Esa esperanza de que las cosas puedan mejorar es lo que más llega admirar e Ginny, porque sabe que a veces puede parecer insensatez, tontería o ridiculez, pero es esperanza.
--Evitaba sacar a flote el nombre de Harry—acepta—porque le ponía a Ron los pelos de punta tan solo mencionarlo.
Ginny sonríe triste.
--Me lo imagine—aclara—pero…
--¿Pero?
--Pero… tal vez después de que nazca el bebé y tenga más control de mi situación, y si le haces prometer que se mantendrá a raya en ese aspecto, yo me encargo de lo demás.
Otra vez se le nubla la vista, pensando en cómo hubiera cambiado el panorama si Ginny se reconciliaba con Ron. En que ya no tendrían que ser 5 minutos a escondidas. En que quizá, en una de esas, hubiera logrado superar el miedo a tener a un "alguien" en su vida.
--¿Por eso lloras?—pregunta— ¿tanto te importa ese asunto?
--No, quiero decir, claro que me importa, es que… bueno es más bien que… a Ron lo aceptaron en Juilliart.
--¡Oh por dios! ¿De verdad? ¿En el conservatorio de música Juilliart?
--Sí—responde tratando de no sonar triste—y por eso él se va Nueva York.
--Siempre fue su sueño, y aplico varias veces antes ¡wow! No puedo créelo debió estar…
Ginny calla, contemplando la desanimada figura de su amiga. Todo parece hacer "click" en un santiamén.
--¡Oh no¡… espera… Ron es el chico que veías—habla poniendo en voz alta orden a sus pensamientos—Hermione, Ron es tu chico de los viernes….
La castaña decide callar, otorgar la razón.
--Y se va…--termina la pelirroja—te dejó.
Pero ella sacude la cabeza, conteniendo lágrimas, gritos y sentimientos.
--No, yo lo deje—y se hace más difícil aparentar que está bien—Yo lo deje ir. Hoy fue a verme al salir de la escuela para decírmelo y… y preguntarme si debía irse o no.
--¿Y le dijiste que se fuera?—pregunta incrédula su amiga—Hermione ¿Tuviste la oportunidad de detenerlo y lo dejaste ir? ¡Hermione! ¡¿Te dio la oportunidad que Harry no me dio a mí y o dejaste ir?!
--¡No podía quedarse!—levanta la voz—Tiene la oportunidad de su vida en las manos y no puede dejarla ir. No por mí. ¡No por algo incierto, desastroso, traumado y dolido como yo!
El nudo en la garganta atenta contra su habla, cortando la voz hacia el final.
--No todas las historias terminan como la de tus padres—es lo que dice Ginny, con decisión—ni como la mía.
Ella se tranquiliza y levanta la mirada hacia la pelirroja.
--Ginny no quise decir que tú…
--No, por favor dilo. No estés de mi parte por un segundo y admite que sientes que mi vida se echó a perder cuando me enamore. Que crees que Harry no regresara. No me voy a enojar. Y ya no voy a pedirte que te calles lo que piensas—y el tono cariñoso le dice que es verdad.
--Yo…--al fin gano el nudo en la gargantea. Asiente para indicar que está de acuerdo.
--Y ahora tampoco callaré yo lo que pienso de ti. —prosigue su amiga—Hermione tienes miedo de dejar que las personas entren a tu vida, y entiendo por qué. Muchas te han decepcionado. Pero ¿no ves que te estás perdiendo de vivir por eso?
Una lagrima solitaria se escapa y rueda por su mejilla. La limpia decidida a no dejar salir ninguna más.
--¿No ves que si Ron te puso por encima de todos sus planes es porque sabía que tú eres su verdadera mejor oportunidad?
Las palabras rondan en su cabeza. Yendo y viniendo, atormentándola.
--Creo que cometiste un error—sentencia Ginny—pero también creo que vas a estar bien. Solo necesitas aceptarlo, porque para salir adelante hay que aceptar el problema. Aunque aceparlo lo vuela real—y le recuerda lo que ella misma dijo la última vez—así que dilo.
Mirándose desde lejos, inspira con valor. Traga saliva. Se prepara a si misma sintiéndose más fuerte de pronto. Decimos la verdad porque la necesitamos, decimos la verdad para poder oírla en voz alta, y a veces, decimos la verdad para poder creerla.
--Estoy enamorada—y de vez en cuando, nos sorprendemos de que decirla no es tan complicado como creímos—estoy enamorada de Ron Weasley.
Pero siempre, al instante, nos paraliza. Nueva, constante, aplastante.
--Lo supe… cuando me besó—susurra.
Toma por sorpresa a Ginny con este último detalle, y ésta la mira más triste que antes. Con parsimonia la conduce hasta el sillón, donde ambas se sientan y ella abraza fuerte a la castaña, mientras ella solloza silenciosamente.
Los días pasaron rápido, aunque no tan rápido como Hermione hubiera querido. Sin embargo, con una amiga como Ginny, para cuando se dio cuenta ya había transcurrido una semana completa desde aquel día.
Después de todo tenía una vida ocupada, demasiado para permitirse pensar en el chico pelirrojo cada vez que tenía un espacio de tiempo libre. Por eso le enojaba tanto que así pasara. Todos los días y a cada rato.
Nunca antes estuvo tan alegre de tener un día tan a tope de quehaceres, por más nerviosa que estuviera, agradecía tener otra sensación ocupando su cuerpo que no fuera el cosquilleo en el estómago o la tristeza. Y es que hoy era su día de titulación, y debía examinarse frente al consejo escolar, lo que ya consideraba ligas mayores.
--¿Estas lista?
--Eso creo.
--No lo creas, estalo.
--Bien, estoy lista.
Si alguien la animaba mucho últimamente a parte de Ginny, era Neville, con quien ahora tenía un trato más profundo. En parte por la baja temporal de su amiga, que la dejo con un gran espacio de tiempo sola y callada en la escuela, y por el otro, la gran amistad que el chico tenía con Ginny. Así que no fue tan difícil abrirse un poco más para con él.
--Recuerda que si olvidas la respuesta, solo finge un ataque cardiaco y te dejaran tomar el examen de nuevo el próximo mes—bromea Neville.
Descubrió, que quizá debió darse la oportunidad de conocerlo mucho antes. Neville era un gran muchacho, que una vez que supero un poco su timidez hacia ella, la hizo reír con tanta facilidad como lo hacía Ginny.
--¡Ah! Que gracioso—responde sarcástica—el mismo consejo va para ti.
Era bueno tenerlo a su lado en momentos como ese, apunto de entrar al auditorio para responder oralmente las preguntas de un consejo implacable. A un paso de ser graduada en derecho.
--Pero en serio. Tú no tienes de que preocuparte, eres inteligente y puedes hablar con facilidad delante de la gente. Yo, por otro lado, estoy en problemas—lamenta—así que, ¿algún otro consejo?
Hermione le sonríe. Neville, con su impecable traje azul marino con corbata a juego se sonroja un poco, y ella se divierte con el hecho de que aún no pueda controlar el color de su cara a veces.
--Confía en ti—es lo único que le recomienda—porque el día que lo hagas no hay forma de que no consigas lo que quieras.
Y lo dice en serio, porque él es del tipo de persona responsable y confiable que trabajan incansablemente por hacer el bien. De hecho, es el chico que cualquiera quiere a su lado, ya sea como profesionista o como acompañante.
--Si tú lo dices—suspira éste.
Están sentados uno enseguida del otro, en una estancia no muy grande donde todos los presentes esperan ser llamados desde la puerta por el profesor Lupin, encargado y miembro del consejo. Todos vestidos con sus mejores ropas, todos nerviosos hasta los pelos. Porque dentro puede suceder cualquier cosa, desde ser bombardeados con preguntas directas que te preparan la presión de un juicio real, hasta tener que realizar un plan de abordaje de un caso proporcionado en el mismo momento. Un error podría ser mortal.
Minutos más tarde, un chico de traje negro y más blanco que la cera es llamado. Y quince minutos más tarde una chica de vestido azul que aparenta petulancia.
--Neville Longbottom—sentencia el profesor Lupin.
El chico se levanta cual rayo abotonándose el saco.
--Suerte, pero no la necesitas—le susurra y recibe un asentimiento con la cabeza.
Una vez sol, repasa mentalmente las posibles situaciones a las que podría enfrentarse. Se da por preparada y decide distraer los nervios acordándose de como la animo Ginny esta mañana al salir de casa. Le hubiera gustado poder llamarla en ese mismo instante, pero los teléfonos celulares son retirados al entrar en esa estancia previa al examen. Y es que su amiga se quedó en cama con dolor de cabeza.
Se dice que la llamara apenas salga de ahí.
Luego, como sucede siempre que deja de pensar en sus deberes como amiga y estudiante, Ron Weasley se cuela en sus pensamientos. Con su cabello rojo fuego y su sonrisa de lado. Se lo imagina en Juilliart a veces, riendo con otros amigos, compartiendo su vida con otras personas, y quizá, hasta besando otros labios.
Increíblemente eso le sirve, porque aunque duele, le recuerda que debe seguir adelante. Que tiene que dejarlo ir.
--Hermione Granger.
La regresa a la realidad el profesor Lupin, desde el otro lado de aquel lugar. Suspira profundo por última vez y se levanta alisando su falda con detalle. Eligió un típico pero efectivo traje ejecutivo, falda y saco en negro con una blusa beige y tacones mesurados.
Al entrar en el auditorio tiene un rápido momento de pánico. Descubre a cerca de 25 miembros del consejo mirándola sin pestañear, vigilando cada movimiento, cada respiro.
Toma asiento en una mesilla simple, donde tiene a disposición lápices, plumas y un par de hojas con su nombre rotulado arriba. Mirada al frente, asentimiento al profesor Lupin y ahí va.
Varias, muchas, preguntas directas. Luego proporcionan oralmente un caso para que ella responda de la misma manera que opciones de abordaje tiene. La última parte es un folder negro con todo un suministro de datos y hechos de un juicio realizado unos 30 años atrás, desafiando hasta los conocimientos modernos de cualquier maestro. Regresando a las bases, supone. El punto es encontrar errores, fallas que debieron notarse hace 30 años.
--Tiene 5 minutos señorita Granger—informa Lupin.
La última parte esta conflictuandola, su hoja, donde debería ya tener un minucioso reporte de notas, sigue en blanco.
--Tiempo. Coloque las hojas con sus respuestas en el folder y firme las formas azulas que tiene a su derecha para que pueda retirarse.
Hubiera deseado un poco más de tiempo para reflexionar si lo que hizo fue correcto. Pero ya es tarde, su mesilla está limpia y sus hojas ya están siendo examinadas por el consejo, que debe determinar su puntaje antes de que el próximo chico entre por esa puerta.
Es conducida de inmediato hacia una puerta diferente por el profesor Lupin, se supone que no debe ver nada de eso. Sus resultados se envían 8 días después en un sobre membretado y sellado por la escuela en el correo normal de todos los días.
--Señorita Granger.
Se congela al escuchar su nombre desde lo alto de una grada donde se coloca el consejo. La idea de que han decidido que lo hizo tan mal que no se merece ni esperar para saberlo la atormenta de pronto.
--No termino la última parte—continua el anciano de nariz chueca, barba platinada y gafas de media luna.
Se supone que ningún miembro del consejo habla más que para hacer preguntas en el examen.
--Bueno—carraspea para que su voz salga con naturalidad—no encontré nada anormal señor.
El hombre inclina la cabeza para mirarla por encima de sus gafas y curva ligeramente los labios.
--Muy bien entonces. Puede retirarse—concede.
Mucho más nerviosa que antes acompaña al profesor Lupin a la salida.
--Creo que voy a tener que repetir examen el próximo semestre—confiesa con preocupación al profesor apenas cruza la puerta.
--Yo no me preocuparía demasiado Hermione—recomienda éste—despeja tu mente hasta que tengas ese sobre en las manos, ¿si?
--¿En serio cree usted que pueda hacer eso?
--Más te vale—reitera él—siempre hay una sorpresa en cada generación—agrega sonriente—te veo luego.
Respira profundo mientras lo ve regresar al auditorio. Puede que sea su favorito, pero a veces el profesor Lupin es muy misterioso.
--¡Hermione!
Una voz sacude sus pensamientos con alarma.
--¿Neville?
El muchacho corre a través del largo pasillo en el que ahora se encuentra, con celular en mano. Al ponerse a su altura solo le hace falta ver sus ojos un segundo ara saber que algo no anda bien.
--Es Ginny.
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