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Historia 188742 — capítulo 14
Give Peace a Change/Dale una oportunidad a la paz
--Ya te dije que estoy bien—reitera la chica por enésima vez—Fue solo dolor de cabeza.
--¿Desde cuándo un dolor de cabeza te hace terminar en un hospital?—argumenta Hermione apostada al lado de su cama.
Hermione y Neville llegaron apenas hace unos minutos, con los nervios de punta y una multa de tránsito para el chico por manejar su auto compacto a exceso de velocidad.
--Desde que Sirius Black es un exagerado—contra ataca enfadad.
--¿Ahora que resulta que yo soy el malo?—se defiende este desde el marco de la puerta—tus gritos de dolor se escucharon hasta mi oficina.
--Era migraña, con otra pastilla habría estado bien.
--Nunca antes te quejaste de migraña. Ni siquiera de dolor de cabeza—interviene Neville—No hasta que te embarazaste.
--Es verdad—apoya Hermione—Lo mejor es que te realicen estudios y descartar cosas más graves.
--Ya lo hicieron—informa Sirius—Una ecografía para el bebé, análisis de sangre y orina para ella y… una tomografía, creo.
--¿Y? ¿A qué hora tiene un diagnostico?—le pregunta el joven
--Ya vinieron a verla un par de médicos, hablaron con ella cerca de media hora, lo que se me hizo extraño, pero aquí la necia futura madre dice que le dijeron que todo está bien—se queja el hombre.
Todas las miradas van hacia Ginny.
--Pues eso dijeron—insiste—tengo un poco de anemia y migraña.
--¿Estas completamente segura que eso dijeron?—le cuestiona dudosa la castaña.
--Que sí.
--¿Te molesta si hablamos con los médicos que te atendieron?—pregunta Neville como reserva—Solo para estar seguros.
--No puedo creer que no confíen en mí—replica la pelirroja molesta—Si ya hasta me dieron de alta.
--¿Tan pronto?—se sorprende su amiga.
--Si, bueno. Así pasa cuando no tienes nada—dice simplemente—Además estar aquí nos saldrá en un ojo de la cara.
--Ya nos ocuparemos de eso luego—la tranquiliza ella—nos importa que estés bien, nada más.
--¿Disculpen?--una enfermera asoma medio cuerpo por la puerta—Aquí están los formatos de alta para la señorita—revisa las hojas—Ginebra Weasley
--Se los dije—dice cantarinamente—todo en orden.
La joven enfermera deposita los papeles en la tabla deslizable que los pacientes usan para comer en cama, y le da algunas instrucciones a Ginny.
--En cinco minutos está aquí el doctor para darle la última indicación—informa antes de retirarse del cuarto.
--Y bueno… cuenten, ¿qué tal el examen? ¿Debo asustarme el año que viene?
Hermione y Neville comparten una mirada y resoplan al mismo tiempo.
--Sí
--Mucho.
--Estaba tan nervioso que fue un milagro que no vomitara sobre mi hoja de apuntes—confiesa el muchacho, aflojándose la corbata y desabotonando la parte del cuello—y tengo seguros al menos 5 errores.
--Pues es mejor que dejar la última parte en blanco—suelta Hermione.
--¿Dejaste la última parte en blanco?—se sorprenden sus amigos.
--Sí. Creí que era lo correcto y ahora pienso que tendré que tomar de nuevo el examen.
--¿Pero de que hablas?—interviene Sirius—cualquiera que tenga un par de ojos buenos y salud mental te aprobaría. Eres brillante.
--Gracias por la confianza Sirius, pero quizá eso no sea suficiente esta vez—acepta.
--Estaremos bien—reconforta Neville—no te des por reprobada hasta que lleguen las cartas, ¿sí?
--Cierto. Y si no pasa ninguno, siempre pueden repetir semestre conmigo la próxima vez—bromea Ginny—Sera divertido.
Ríen. Y más animados, empieza a fluir la conversación, hasta que un hombre alto y fornido de bata blanca entra en la habitación.
--Buenas tardes, disculpen la interrupción, soy el doctor Victor Krum, neurocirujano. Atiendo a Ginny.
El médico lucía joven, aunque si era un especialista neurocirujano debía tener al menos 30. Tenía un porte un poco hosco a primera impresión, pero al hablar lo frívolo desaparecía con el tono amable de su voz. Tenía el pelo negro y corto, con una barba de candado.
--No es ninguna interrupción doctor, ¿Cómo esta Ginny?—pregunta de inmediato Hermione.
El médico le dedica una mirada y enseguida contesta.
--Bien, está bien. Es una fuerte migraña, no está fuera de lo normal pero si no es ningún inconveniente me gustaría seguirla teniendo en constante chequeo. ¿Le parece si viene cada 15 días para un estudio de rutina?—se dirige esta vez a Ginny.
Ésta lo mira un poco recelosa antes de replicar.
--¿cada 15 días? Es muy frecuente. ¿Está diciendo que tendré que pagar cuentas de hospitales y estudios cada 15 días?
--Ginny—reprocha la castaña—eso no es importante ahora.
--Lo será en cuanto lleguen las cuentas a casa.
--Yo me encargo—ofrece Neville—saben que yo tengo más dinero del que puedo gastar.
--¡No!—responden las chicas al unísono, haciendo que éste ponga cara de exasperación.
Carraspea Sirius y dirige una mirada rápida al doctor, que de pronto pasó a ser solo un espectador.
--Discúlpenos doctor—pide la castaña—esto debe ser incómodo y molesto para usted. Solo vino a hacer su trabajo.
--No se disculpe, es más común de lo que cree. Los problemas monetarios son tema de discusión en cualquier lugar—simplifica.
--Ella vendrá dos meses al mes, eso téngalo seguro. Lo empalmaremos con sus citas en ginecología—dice Hermione.
--Muy bien, pues entonces porque no pasan a recepción a completar el alta. Les deje indicaciones allí sobre el medicamento para los dolores de cabeza.
Neville y Sirius se adelantan, Hermione se mantiene en su lugar.
--Hermione porque no vas a pedirle a la enfermera mi ropa. Esta bata me hace sentir desnuda—pide la pelirroja.
La castaña siente y sale del cuarto, dejando a Ginny con el médico.
--¿Cada 15 días? ¿En serio?—se queja ella.
--Es lo más que voy a ceder—responde él, se acerca a la cama y comienza a apagar las maquinas cercanas—medicamente sabes que tienes mi confidencialidad si así lo quieres, pero personalmente insisto en que deberías decirles.
Ginny suspira.
--No. No lo entenderían.
--Inténtalo—le insiste.
Se miran por un momento.
--¿A eso vino? ¿A hacer el último esfuerzo?—pregunta Ginny.
--Y a traerte esto. No hay forma de que salgas de aquí sin firmarlo.
Le entrega un documento que tenía oculto entre los papeles de su tablón y ella lo mira largamente. Pensando.
--Ya lo esperaba—concuerda después de un rato y firma—lo veo en quince días entonces, doctor Krum.
Él compone una ligera sonrisa con aire sombrío.
--Por supuesto.
--¿Quieres té?
--No, ya tome. Dos tazas.
--Entonces… ¿jugo?
--No, ya tome un vaso. Mi vejiga tiene límite Hermione.
--Bueno, ¿y qué tal si te preparo algo más para el desayuno?
--Estoy bien, ya comí una tostada.
--OK, ah…. Y que ¿necesitas entonces?
Es uno de los sábados más desesperantes que Ginny han tenido. Una porque la castaña recibirá su carta con los resultados del examen que determinara su futuro profesional, otra porque ya no la aguanta.
--Veamos… ya limpiaste el apartamento, lavaste la ropa, preparaste desayuno para 10 personas y apenas son las 11 de la mañana. ¿Quieres calmarte un poco, por favor?—pide Ginny.
Hermione toma asiento junto a ella en la mesa, tratando de respirar para mantenerse en una misma posición más de un par de minutos. Cuando empieza a juguetear con las servilletas su amiga le dirige una mirada severa
--¿Qué?—replica—cando estés en la misma posición lo enteras
--No, lo creo. Nunca he sido una maniática al extremo tuyo—deslinda su amiga--¡Ya deja esas manos en paz!
--Perdón, es que me desespero.
Está siendo una tortura, más tormentosa conforme pasaban los días. Ayer tuvo problemas para lograr conciliar el sueño, y hoy, es simplemente inaguantable.
--Te preocupas sin razón, ya verás que pasaras. Tengo un buen presentimiento.
Sabe que cuando Ginny tiene un presentimiento, usualmente acierta. Es como su don especial, como un detector humano. Pero eso no le funciona a ella, porque en ese aspecto Hermione es completamente opuesta a Ginny. Claro que tiene instinto, pero siempre se inclina al lado de los hecho y la razón, porque es lo que siempre hay seguro.
Lamentablemente, los hechos le dicen que dejo en blanco la última parte de su examen, y que muy seguramente, reprobara por ello.
--Nunca me funcionan los presentimientos Ginny, mira este. Creí que era lo correcto pero ahora veo todo claramente—explica con pesar, tapándose la cara con las manos—Necesito que me cuentes algo.
--¿Algo? ¿Cómo qué?
--Lo que sea que me mantenga distraída hasta que esa carta entre por la puerta—suplica.
--Muy bien, ah… veamos…--Ginny comienza a discernir de que hablar—estoy empezando a pensar en nombres. Para el bebé.
Funciona, porque apenas unas semanas atrás aun decía no querer dar ese paso sin Harry, el padre del bebé. Aunque no es tan difícil de creer, puesto que llegados al punto del nacimiento y sin Harry aquí era algo que iba tener que hacer.
--¿En verdad? ¿Por qué? Quiero decir, ¿porque ahora? ¿Es que ya aceptaste que… buen… que no va a regresar?
La pelirroja divaga un poco antes de contestar, y su mirada esta algo perdida y desanimada. De hecho ahora que lo piensa mejor, Ginny ha estado así toda la semana.
--No—responde al fin—aún creo que regresara pero… no sé, cualquier cosa puede pasar antes de eso ¿sabes?
--¿Cualquier cosa como qué?—cuestiona extrañada por el vuelco de la charla
--Muchas cosas, cosas que cambien todo—dice—y me di cuenta que nada puede estar en función de su regreso. No debo aplazar cosas importantes, como mi bebé.
De alguna manera, lo que dice Ginny le suena extraño. Como si estuviera previniéndose antes de una crisis. Seguramente es por el incidente que la llevó al hospital, seguro la hizo ver en perspectiva.
--Tienes razón—acuerda con ella—me da gusto oírte hablar así. No puedes ponerle pausa a todo por un hombre.
--Sí, y por eso creo que debemos prepáranos mejor. Hay mucho por aprender de un bebé.
--Lo hay, es verdad.
--Necesitamos una cuna y ropa de bebé, aprender a cambiar pañales, a investigar sobre fórmulas de leche y papillas—enumera la pelirroja con rapidez—incluso debemos buscar escuelas, ahora la educación es muy difícil por la sobrepoblación. Y definitivamente necesitamos un seguro médico. Sería bueno que abriéramos una cuenta bancaría para sus fondos de la universidad, y prevenirnos con un buen tutor para las asignaturas difíciles como cálculo, y…
--Wow, estas yendo muy rápido—la detiene—aún no nace y ya quieres mandarlo a la universidad—razona Hermione—Estas enloqueciendo un poquito, ¿no crees?
Ginny se relaja, hace un esfuerzo por sonreír y recomponerse.
--Tienes razón, estoy hablando de muchas cosas.
--Si, lo estas—señala extrañada, Ginny no es de las que planeen mucho a futuro—No te preocupes. Tenemos tiempo.
Comparten una mirada breve, y luego la pelirroja se distrae otra vez. Recompone una media sonrisa casi obligada.
--Es verdad. Tenemos tiempo.—pero suena demasiado apática.
--¿Estas bi…?
Pero Hermione no termina la pregunta, es interrumpida por el sonido del timbre de la puerta y en el instante se pone pálida.
--¡Oh no! Es Sirius. Le dije que subiera la correspondencia para mí en cuanto llegara—declara nerviosa.
--Está bien, solo cálmate. Voy a abrir—informa Ginny, levantándose con un poco de dificultad por la barriga. —Hola Neville, pasa—dice una vez que abre la puerta—No es Sirius, es Neville.
--Neville, acaso tu…—se calla al ver un sobre del colegio en sus manos--¡recibiste la carta!—se exalta Hermione— ¿Hace cuánto la recibiste?
El chico, sin color en el rostro, tiembla de manos como si tuviera Parkinson.
--Hace una hora—articula.
--¿Y no la has abierto aún?—pregunta Ginny sorprendida.
--Tuve pánico—responde él—y pensé que era mejor si la abría acompañado.
--¿tú tuviste pánico? ¡Mi carta ni siquiera ha llegado! Y mi dirección queda más cerca de la oficina postal que la tuya—replica Hermione.
--Puede haber explicaciones para un retraso postal, en cambio si la abro y dice que estoy reprobado se acabó para mí—razona Neville—además tu no debes preocuparte, ¡yo soy el que casi vomita en pleno interrogatorio!
--¡Ya basta!
El grito de Ginny se hace escuchar por encima de los dos muchachos. Ambos la miran asustados y notablemente sorprendidos
--¡Están enloqueciendo! ¡Ambos!—exclama irritada—y están volviéndome loca a mí, de paso.
Neville y Hermione se miran entre sí un momento.
--Esto es lo que vamos a hacer, ¿de acuerdo?—plantea la pelirroja—Tú, aquí. Y tú aquí, y dame esa carta, las abrirán juntos—les indica para que tomen asiento—y ya basta de delirar. Nadie va a reprobar, nadie va a vomitar y nadie va a entrar en pánico, porque cada vez que alguien grita este bebé me patea, así que al próximo que comience a quejarse tendrá que irse de aquí.
El silencio se prolonga con miradas de nerviosismo. Hermione se siente avergonzada por su falta de control. Ginny ha sido muy paciente con ella en la última semana, y considerando su ya bastante avanzado embarazo, eso no debió ser tan fácil.
La expresión de Neville es muy similar, casi puede apostar que piensa lo mismo.
--Lo siento—se disculpa la castaña.
Ginny relaja su postura y mueve la cabeza de un lado a otro.
--Lo que uno tiene que hacer para calmarlos—responde ella—ustedes necesitan salir más, chicos. En serio. Tal vez a un par de fiestas.
A partir de entonces, el ambiente se vuelve más afable. Lo suficiente, incluso, para permitirse algunas bromas. Neville las entretiene con el relato de a vez en que termino perdido en la ciudad por tomar el autobús equivocado, y Hermione platica de aquella ocasión en que Kevin, el niño diabólico de la biblioteca, puso los libros de 8 estantes completamente de cabeza y le llevo dos tardes y horas extras acomodarlos.
Ginny los escucha atenta, misteriosamente callada. Disfruta de sus historias con toda la calma del mundo, riendo en los momentos exactos, asombrándose o lamentándose cuando debe.
Hasta que el timbre del apartamento suena por segunda vez, haciendo que todos guarden silencio repentinamente.
--Yo voy, no te molestes Ginny—ofrece Neville, dirigiéndose a la entrada.
--Carta para Hermione Granger—anuncia Sirius desde la puerta—El cartero es un atolondrado, tuvo que regresar por segunda vez al edificio porque olvido dejarla en primer lugar.
Hermione contiene un gruñido nervioso en la garganta, no pierde de vista el sobre en la mano de Sirius.
--Gracias Sirius, creo que eso es lo que Hermione trata de decir—se adelanta Ginny echando una mirada a la castaña.
--No hay problema, los dejo porque deje sola la recepción—se despide el hombre.
Entrega la carta a Neville, pues es quien esta más cercano, de inmediato Ginny hace un gesto reclamando el sobre.
--Muy bien—se prepara la pelirroja—al mismo tiempo—indica colocando ambos sobres delante de sus respectivos dueños.
Saben que su destino depende del papel que tienen adelante, respiran con la máxima tranquilidad posible y comienzan a rasgar un lado del sobre. El ruido de cartas desdoblándose y el silencio a continuación imponen tensión. Sus ojos pasan como rayo a través de las hojas.
--¿Y bien?—pregunta Ginny finalmente.
--¿Pasé?—habla Neville, con un dejo de inseguridad--¡Oh cielos! ¡Pase! 87 sobre 100.
--¡Excelente! Y no es nada mala la puntuación, Neville, ya eres oficial. Profesionista oficial.—se alegra Ginny, y luego toda la atención vuelve a su amiga--¿Hermione?
Ésta aún tiene sus ojos puestos en la hoja que sostiene en sus manos, con una expresión de shock. Sería difícil predecir algo sobre esa cara, así que su amiga insiste en una respuesta.
--¿Pasaste?
--Hermione, ¿Qué sucede?—ahora es Neville quien la cuestiona—Acaso…
--Pase—declara por fin—es solo que…
--¡Ah! Ya entiendo, no obtuviste la nota que esperabas—supone Ginny, preparada para soltar uno de sus discursos—Deja de exigirte demasiado, por una vez, solo…
--No, no es eso—explica ella—es que… obtuve una nota perfecta.
--¡¿QUÉ?!
Las reacciones son comprensibles y unánimes en sus amigos, con las cejas enarcadas y la boca abierta.
--Debe ser un error—apunta Hermione.
Y tiene motivos para pensarlo. En toda la historia del colegio, uno de los más prestigiosos, ha habido solo un puñado de notas perfectas en el examen final de graduación y titulación en Derecho.
--Déjame ver eso—y tan rápido como lo dice, la pelirroja arranca de las manos de su amiga los resultados--¡Santo cielo! En mi vida creí ver esto.
Neville se levanta de su lugar para colocarse detrás de la silla de Ginny y mirar sobre su hombro.
--Una nota perfecta… con que así es como se ve—se sorprende—Creo que la última fue hace un par de décadas. ¡Hermione eres una genio!
--¿Qué pasa si se equivocaron? ¿Qué pasa si solo es un error?—sigue sin creerlo—Por favor chicos, ni siquiera conteste un tercio del examen.
--¿Y qué tal si era justo eso lo que debíamos hacer?—debate él—Tal vez esa era la respuesta, no había ningún error en la resolución del caso.
--Pero…
--¡Hermione Jean Granger! Disfruta tu resultado—exige Ginny--¿Puedes creer, por una vez en tu vida, que eres una persona extraordinaria?
Hermione se detiene un momento a considerarlo, mirando las caras de Neville y Ginny. Quizá tengan razón, quizá ella es mejor de lo que se considera. Deja que la idea la embargue, lentamente, transformando su shock de incredulidad en una amplia sonrisa.
Abraza sobre la mesa a Ginny estirándose para alcanzarla, ésta devuelve el gesto entusiasmada.
--Eres extraordinaria Hermione, siempre lo has sido. —Dice Neville de pronto, y se siente como si tuviera plena seguridad en ello—Eras la única que no lo notaba.
Y la mente le juega una mala pasada apenas oye la última frase. Justo como hace cientos de veces.
"Lo recuerdo todo sobre ti. Eras la única que no lo notaba."
Fue en otro tiempo, en otro lugar, con otro chico. Uno pelirrojo de ojos color de mar, más impredecible que el número ganador de la lotería y tan cabeza dura como mismísimo metal. Y sin embargo, tan solo recordarlo le hace sentir el mismo hoyo negro en su interior y las rodillas flojas. Sentir otra vez que se puede morir de tristeza por no poder tener otros 5 minutos más con él.
Actúa más por impulso, con prisa. Hace algo que casi nunca hace. Abraza a Neville, como si repentinamente se hubiera dado cuenta que estaba ahí. Pensando que quizá, con una maniobra radical el sentimiento que la inunda desaparecerá.
--Gracias Neville—susurra cerca de su oído, rodeando su cuello.
Cuando se separan, ella le sonríe y él parece no digerir lo que pasa aún.
Ginny carraspea ruidosamente y les dirige una mirada de picardía que hace que Neville cambie de color.
--Muy bien pues, felicidades a los dos—es lo que dice—que les parece si salimos a celebrar, estoy harta de estar aquí dentro.
--Me parece bien—concuerda Hermione.
Neville asiente aunque aún se ve un poco aturdido.
Pasan juntos el resto del día, es un maravilloso sábado para los 3.
"Comes and goes" by Greg Laswell