← Historia 188742 · de
Historia 188742 — capítulo 15
The Other Side Of This Life/El Otro Lado De Esta Vida.
Los días siguientes en la universidad eran mucho más relajados que nunca, y es que ahora que ya no tenían mucho más que finiquitar con las clases por meros tiempos del semestre, el día era dedicado a recoger las cosas de sus casilleros, realizar los últimos trámites para su egreso como abogados y comienzo de sus estadías, y por supuesto, preparar los últimos detalles para su graduación el próximo mes.
Sin embargo, para Hermione seguían teniendo la misma relevancia que cualquiera, incluso un poco más dado que la noticia de su nota perfecta había corrido como pólvora. Constantemente tenía que soportar las felicitaciones que la incomodaban, o bien, miradas efusivas y nada tranquilizantes de aquellos que consideraban que ella era una presumida inmerecida de una puntuación como aquella.
Ginny había intervenido diciéndole que ignorara los malos comentarios llenos de envidia. "Es fácil ponerle etiquetas a la gente cuando no la conoces" le había dicho, y estaba de acuerdo. Nunca se molestó en mostrarse abierta con sus compañeros y era lógico, que tras 4 años de carrera en los que no les habló más que para lo necesario, la consideraran así.
--Hola Hermione—la saludo Neville sentándose junto a ella durante el descanso de la media mañana.
--Hola Neville—respondió un tanto distraída en los formatos que llenaba— ¿son ciertos los rumores de que la graduación se aplazara?
--Lo son—confirma él—en la mañana me encontré al profesor Lupin y dice que el colegio está teniendo problemas administrativos que están causando conflictos en el sistema.
--¿Y cuándo será la graduación entonces? Ya estamos a nada de las vacaciones de navidad.
--Bueno, él me dijo que es probable que el evento sea a fines de enero, una vez que las vacaciones terminen.
--Es muy inusual, pero supongo que está bien—acepta ella—de todas maneras creo que a todos nos urge un descanso.
--Si, y además no nos afecta de todas maneras. Los buenos empleos comienzan hasta entrando el año.
--Solo me preocupa Ginny—confiesa Hermione—ya está en la semana 26, espero que para entonces pueda estar presente.
--Pues sí, pero no es cómo que dependa mucho de ella—apunta Neville—por cierto, el profesor Lupin te busca. Dice que seas tan amable de presentarte en la sala de conferencias.
--¿El profesor Lupin? ¿Para qué?—le extraña—Ya terminamos todo lo de las clases con él, ¿no?
--Sí, no sé qué es lo que quiere, pero me aseguro que es importante.
Lo piensa por un momento. La inseguridad crece dentro de ella.
--¿Y si después de todo mi puntuación es un error?—pregunta alarmada.
--Pero si ya paso una semana, ¿Por qué habrían de corregir un error después de toda una semana?—razona el chico, dejándola más tranquila.
--Es verdad, no suena lógico—acepta—sera mejor que vaya de una vez—anuncia recogiendo sus cosas—Gracias Neville, nos vemos.
Se pone en camino a la sala de conferencias. Por un instante cree que Neville dirá algo más porque vacila un poco antes de finalmente decir "adiós", así que se olvida de esa idea y continúa.
Al llegar al lugar se encuentra en el salón no solo al profesor Lupin, sino también al señor de la barba y gafas de media luna del consejo.
--Señorita Granger—saluda el profesor—pase.
Al entrar nota que el anciano tiene la mirada perdida en la ventana que da a los jardines, con aire soñador.
--¿Sabe por qué la llamamos?—pregunta Lupin.
--Supongo que por la nota del examen de título, ¿no es así?
--En efecto—corrobora—y porque hay alguien que quiere conocerla—y señala con la cabeza al hombre de cabello plateado
Sin embargo éste parece perdido por demás en sus pensamientos, solo hasta que el profesor Lupin tose fuertemente parece despertar.
--¡Ah sí!, perdón me distraje admirando esos fantásticos jardines de allá, verde por donde quiera—explica sonriente—tengo esta cosa por el color verde, ya saben.
Pero claramente ninguno de los dos sabía a que aludía el hombre, aunque el profesor Lupin parecía más acostumbrado a esto.
--Soy Albus Dumbledore, es un placer conocerla—y ofrece su mano a la chica.
--Hermione Granger, el placer es mío señor—y estrecha su mano.
--Muy bien, pues a lo que vamos—recupera Lupin—Hermione tu puntuación ha sido… como decirlo…
--Un error—completa ella temerosa.
--Inusual—termina él.
--Yo diría más… sorprendente—apoya Dumbledore—debo decir, que me ha impresionado.
Definitivamente no lo podía creer. Un miembro del consejo estaba diciendo que ella era sorprendente.
--Es que creí que era una especie de confusión porque deje en blanco la última parte—se explica.
--¿Y por qué lo hizo?—pregunta afable el anciano.
--Bueno, es que creí que no había ninguna observación que hacer, parecía un caso perfecto, planeado y abordado a la perfección de parte de la defensa.—habla recordando—Pero luego ya no estuve tan segura, no soy de las que se guíen por el instinto y debí pensarlo mejor.
Dumbledore parece tener ganas de sonreír al escucharla, lo que solo la desorienta más.
--Pues yo creo que debes seguir más tus instintos y dejar de pensar demasiado—opina él finalmente—Fue un caso perfecto.
--Cada laguna, cada detalle—ayuda Lupin a explicar—fue explicado y resuelto aun cuando todo apuntaba que era imposible. Como ya leíste, todas las pruebas iban a condenar a un hombre inocente.
--Si no fuera porque el abogado de la defensa creyó lo contrario y se dedicó a investigar y buscar sin dar nada por hecho—completa Dumbledore.
--Y luego, inesperadamente, encontró cosas que aparentemente no tenían sentido y las hizo embonar—continua Lupin—para que la situación se volcara del otro extremo. El jurado falló por la inocencia de manera unánime.
--Pocos abogados pueden hacerlo. Pocos consiguen un caso perfecto, y aparentemente, más pocos lo reconocen solo con una ojeada, señorita Granger—alaga Dumbledore.
--¿Por qué usted supuso que lo que leyó era real? No solo implica conocimiento de las leyes, estatutos y declaraciones, sino también una visión más allá de los hechos—indica el profesor Lupin—Todos podemos conocer las leyes, pocos ven más allá de ellas.
Hermione reflexiona un poco en ello, tratando de recordar que la llevo a dictaminar que creía en la posibilidad de que aquella situación pasara. Supone que es, porque en el fondo, es una creyente. Es intuitiva.
--Creo que eso está más que claro—comenta el anciano sonriente—Me recuerdas a mí.
--Y eso es todo un cumplido si contamos que, el Doctorado en derecho, Albus Dumbledore, fue el famosísimo abogado del caso—revela Lupín.
Hermione se sorprende.
--¡Oh profesor!—exclama el aludido acomodándose las gafas--No me he sonrojado tanto desde que la rectora Pomfrey adulara mi corbata—confiesa visiblemente divertido.
Es extraño saberlo, porque Albus Dumbledore da la impresión de ser más un artista perdido en mundo surrealistas que un brillante abogado.
--Es… no sé ni que decir… es…
--No se preocupe señorita Granger, cuando yo no sé qué decir solo busco algo bonito para distraerme—le dice él restando importancia—pero lo que verdaderamente me interesa es ofrécele un puesto en mi Firma de abogados.
--¿Quiere que trabaje para usted?—pregunta ella como si fuera la cosa más increíble del mundo.
--Una vez resueltos sus compromisos para con su colegio, me honraría mucho si me permite introducirla en el mundo laboral.
--¡Ah! Aprovecho para informarle que la graduación ha sido aplazada—hace Lupin un paréntesis—pero en cuanto eso llegue, usted ya tiene a donde ir.
--Claro que me gustaría señor, caro que sí. —acepta Hermione emocionada.
--Muy bien, pues nos estaremos viendo señorita—se despide Dumbledore—tengo que ir a una junta, aunque aquí entre nos, preferiría quedarme por aquí. Esas reuniones son aburridísimas.
Hermione y Lupin comparten una mirada más de confusión antes de que el hombre salga y luego sonríen un poco ante la inusual personalidad de aquella persona.
--Yo también debo irme, pero, señorita Granger, le expreso mis más profusas felicitaciones. Usted se graduara con honores—dice el profesor—no minimice lo que acaba de conseguir. En 28 años nadie lo había logrado.
Ella no sabe que más decir, el día de hoy pasara a su repertorio de días perfectos. Mientras el profesor Lupin se levanta, le corresponde con una radiante sonrisa.
--Y salúdeme a la señorita Weasley. La estaré esperando a vuelta de año.
--Gracias por todo Profesor Lupin.
Se despiden, y Hermione no puede aguardar más para contarle todo a su mejor amiga.
Ya es la octava ronda que hace al pasillo entero. Ella es como la mayoría de la gente: no le gustan los hospitales. No es solo el olor, o el constante sonido de aparatos y alarmas médicas. Ni tampoco por el hecho de que la mayoría de los médicos viene y van teniendo complejos de Dios o siendo frívolos. Todas son buenas razones, pero la que más hace que le desagraden tato los hospitales, es que una vez dentro cualquier cosa podría pasar. Es un lugar que le recuerda la vulnerabilidad del ser humano.
Mira de nuevo el reloj en la pared de la sala de espera. Hace 40 minutos que Ginny ingreso para sus exámenes médicos de rutina, tal como lo indico el médico. Todavía le parece algo nada tranquilizador pero sin duda es mejor estar seguros.
Divaga pensando un poco mientras camina sin rumbo, viendo a gente preguntar por sus enfermos, llorar o bostezar de cansancio.
--Disculpe—llama alguien a su espalda—Usted es la amiga de Ginny Weasley, ¿no es así?
--Si, ¿por qué? ¿Algo anda mal?—se alarma de inmediato.
--No, no. Solo me gustaría hacerle unas preguntas—responde el médico—No sé si me recuerda, soy…
--¡Ah! Si, es el doctor de Ginny—recuerda ahora, observándolo con más cuidado—Lo siento, estoy distraída, usted es el doctor… mm…ee..
--Krum. Viktor Krum—completa él afable.
--Hermione Granger—se presenta ofreciendo su mano—Creo que no me presente antes.
--No, la verdad que no. Pero recordaba su rostro—confiesa éste—me gustaría hacerle unas preguntas señorita Granger.
--¿A mí? Ginny esta ahí dentro, por si necesita…
--Lo sé, hace un rato la vi. Están acabando de tomarle una tomografía—explica—Es solo que supe que ustedes viven juntas y me gustaría saber si ha tenido dolores otra vez.
Hermione levanta una ceja extrañada ante el hecho de que el doctor sepa algo tan privado. Está dándole una impresión muy extraña, y al parecer, él también lo nota.
--Lo siento, ahora debo parecerle un acosador o algo así—se disculpa—es que la señorita Ginny habla mucho y… bueno…
Ahora ya no es extraño.
--¡Claro!—sonríe un poco—Debí suponerlo. Ginny es un libro abierto, quizá demasiado.
--Ni que lo diga—coincide Krum—ningún paciente me había sacado tanto de mi vida personal en tan solo un par de citas. Me preguntó si me gustan los perros.
Ríen un poco ante la situación. Mientras una voz anuncia que necesitan al Dr. Clark en pediatría, y un grupo de enfermeras corren al final del pasillo con un carrito amarillo de resucitación.
--¿Y cuáles son esas preguntas?—retoma el punto Hermione.
--¡Oh, si! ¿Ha tenido dolores de cabeza?
--Pocos, usualmente los calman las pastillas que le recetó—contesta simple.
--¿Cuánto tiempo duran? ¿Minutos? ¿Horas?—continua interrogando.
--Bueno, si es por la mañana suelen durar menos, tal vez entre 5 y 10 minutos—responde intentando recordar más detalles—y por la tarde suelen duran más aunque son menos intensos.
--Bien, ¿otro síntoma?
Hace memoria, lo cierto es que, ahora que lo piensa bien, Ginny ha evadido mucho las preguntas de cómo esta. Si no fuera porque ella está poniendo especial atención en su comportamiento, quizá sabría mucho menos de su amiga en este punto.
--Creo haberla notado extraña en un par de ocasiones, digo, sé que el cansancio es normal por lo del embarazo, pero a veces esta… como decaída.
El doctor asiente con la cabeza, pensando. Otra vez, no le gusta para nada su comportamiento.
--Bien—dice al fin--¿Mareos? ¿Sangrados?
--No, creo que no.
--De acuerdo, es todo—anuncia él, borrando la expresión concienzuda de su rostro y sonriendo—Gracias por la información.
En los últimos días, ha aprendido que si siente una especie de impulso inexplicable, vale la pena no dejarlo pasar del todo. Y vaya que si últimamente se preocupa demasiado por Ginny.
Antes de que el medico se retire, ella habla.
--¿Qué está pasando con Ginny, doctor?—mirándolo fijamente--¿Qué está pasando, de verdad, con Ginny?
Viktor Krum devuelve su mirada fija, pensativo. Tiene un momento fugaz de reflexión interna.
--Los dolores de cabeza pueden tomarse como normales durante el embarazo—comienza—pero se convierten en inusuales cuando son tan constantes y tan intensos como los de la señorita Weasley.
--Y… entonces hay algo mal en ella…
--No necesariamente—la tranquiliza—estamos monitorizándola. No… se nos escapara nada. No tiene que preocuparse.
Pero no puede quedarse muy tranquila tampoco. Esta por preguntar acerca de las otras posibles causas y consecuencias de sus dolores de cabeza, y justo en el momento un "bip bip" sale de uno de los bolsillo de la bata del doctor.
--Lo siento, tengo mucho trabajo hoy—confiesa echando un vistazo a la pantallita del pequeño rectángulo.
--No se disculpe, adelante. Los médicos son gente ocupada—comenta.
--Sobre todo en vísperas de navidad—dice en tono de queja.
--¿Así que…--echa un vistazo alrededor—aquí pasara su noche de navidad?
--Lo sé, es triste, pero es el trabajo. Y además, ya estoy acostumbrado a no celebrar nada en años—responde sin darle importancia.
--Si…--concuerda divertida, porque es lo que ella ha hecho la mayoría de su vida—sé de eso.
--¿Con una amiga como la señorita Ginny?—pregunta incrédulo.
--Ella pasa las fiestas con su familia.
--¿Y usted? ¿No hace lo mismo?—cuestiona al instante, pero en el momento se retracta—Lo siento. No tiene que responder—se disculpa apenado—Estoy cruzando la línea.
--Eso parece—intenta no reírse de su vergüenza—pero no se preocupe, es el efecto que causa Ginny unos minutos después de estar con ella.
Viktor asiente divertido y se aleja para salir por la puerta a la sala de trauma. Lo observa irse, debatiendo si confiar plenamente en él.
--Es soltero—dice una voz conocida por encima de su hombro—Tiene 28, suficiente madurez, es búlgaro aunque su acento es muy bueno. Lleva poco en la ciudad, acaba de conseguir su especialidad en neurocirugía y le gustan los perros
--¡Ginny! ¿Acosaste al doctor?—la reprende Hermione volteándose para verla de frente.
--Estoy buscándote prospectos Hermione—se defiende.
--Pues deja de hacerlo—le recrimina y cambia de tema--¿Qué tal te fue?
--Ya me dieron los medicamentos en farmacia—levanta una bolsa de papel que lleva en la mano—y ya pase por la máquina del túnel otra vez.
--Tomografía—aclara ella el nombre.
--Ya sé, solo me gusta más "máquina del túnel"—le aclara--¿podemos irnos ya?
--Si, ¿tienes las medicinas?
--Aja.
--Bien, ya vámonos.
Salen luego de sellar el boleto de estacionamiento. Hoy fue un día muy ajetreado, como suele pasar cada vez que el clima se torna invernal en Londres. La capa ligera de hielo de las carreteras suele causar muchos accidentes y moverse a cualquier lugar es complicado incluso en transporte público.
Una vez dentro del auto de Ginny, que no usan mucho en estos días, ambas se quitan la bufanda y los gorros de la cabeza y encienden la calefacción.
--Me gusta la ciudad en invierno—comenta Ginny—más cuando hay nieve. Todo es tan blanco.
--No dicen lo mismo los médicos—opina Hermione—tienen mucho trabajo estos días por todos los percances en carretera.
--¡Oh! ¿Hablaron mucho ustedes dos?—pregunta interesada su amiga.
--No, solo hablamos de cosas importantes sobre ti—le cuenta—y algunas otras cosas como tu acoso hacia las personas—recrimina de nuevo.
--Solo fueron un par de preguntas—explica con inocencia—no es acoso.
--¡Ay Ginny!—se da por vencida Hermione, moviendo la cabeza de un lado a otro.
Tienen suerte de encontrar las calles casi vacías, supone que es por la hora del día puesto que son como las 11 de la mañana.
Ginny se entretiene otro rato mirando por la ventanilla del copiloto, como niña pequeña viendo la nieve por primera vez. Luego, su sonrisa soñadora desaparece.
--Quiero que encuentres a alguien—dice de pronto.
--¿A alguien para qué?—pregunta extrañada sin seguirle la idea.
--Sé que no has olvidado a Ron—y ante la mención se remueve incomoda en su asiento, apretando sus manos en el volante—y está bien. Pero si él ha seguido adelante quiero que tú también lo hagas
--Ginny…--empieza ella lo que sería un buen discurso en su defensa.
--¡No quiero que estés sola!—le interrumpe Ginny sobresaltada.
--¡Ey!—llama su atención calmándola—No debes preocuparte por eso. No necesito un hombre a mi lado para no estar sola—le explica lo mejor que puede—además te tengo a ti.
Ginny regresa su mirada a la ventanilla, pero mucho más seria que antes.
--Si, cierto—dice luego de un rato, aun sin mirarla.
--¿Qué te parece si mejor hacemos una parada en el supermercado?—propone intentando reanimar la situación— y compramos lo que nos falta para la cena de navidad.
--Es buena idea—acuerda su amiga.
--Hace mucho que no celebraba Navidad—recuerda la castaña—ahora ya hasta se siente raro.
--Tú eres la rara Hermione—acusa Ginny riendo—Eres como la "Grinch" de todas las festividades
--Era—replica—Ahora ya no.
--Siempre te invite a mi casa a pasar navidad, siempre te negabas—reprocha la pelirroja.
--Te lo seguro, no me hubieras querido en tu casa para esta fecha—dice ella—era como un hoyo negro que absorbía la felicidad de los que me rodeaban.
--¡Exagerada!—acusa Ginny—te habría encantado pasar una navidad en la madriguera.
Y así continua su plática por todo el rato siguiente, entre bromas y risas, hasta llegar a casa.
Si le preguntáramos a las personas por su festividad favorita, seguramente, la mayoría contestarían que es Navidad. Y es que esta fecha tiene algo de magia, algo especial. Con los regalos y las cenas y los abrazos.
Para Hermione, Navidad significaba calles desiertas, tiendas cerradas y transporte público de medio tiempo. Al menos, desde que pudo vivir fuera de casa y no regresar nunca ahí para la cena de aquella noche. No desde que sus padres se divorciaron, y su padre pasaba la noche con su otra familia, y su madre reservaba en un restaurant con sus amigas.
Así que ahora, que Ginny no ira a la madriguera, y que Neville se incluye como su amigo, el panorama parece pintarle igual que cuando niña. Emocionada y alegre de pasar un buen rato en compañía.
--La cena esta lista—anuncia Neville quitándose el delantal—todos a la mesa.
Amablemente, y porque ninguna de las dos era experta en la cocina, el chico se había ofrecido a cocinar. Algo que Neville sabía de sobra.
--Se ve rico—dice Ginny, a quien que para entonces ya incomodaba bastante las sillas del comedor—¡Hermione! Date prisa.
--Ya voy, ya voy. Estaba terminando con los colgantes—sale de la habitación que ambas comparten—Tu eres a que quería ver el apartamento decorado, ¿no?—se defiende.
Días atrás, Ginny había insistido en colocar adornos navideños por todo el apartamento. Incluyendo un pequeño árbol de navidad que Sirius les había regalado. Y no podía decir que no le gustara, todo se ve muy acogedor, le hacía sentir que éste apartamento de verdad era su hogar.
--Gracias por invitarme—dice Neville—Usualmente pasaba esta fecha solo, mi abuela vive lejos.
--Gracias a ti por cocinar—reponde Ginny—ya te lo he dicho, no tienes por qué estar solo de nuevo.
Ese era el atributo más fantástico de Ginny, jamás dejaba solo a nadie.
--¿Y dónde están tus padres Neville?—pregunta Hermione, su amiga le dirige una mirada incomoda.
--Muertos—responde, dejando fría a Hermione—Murieron en un accidente cuando yo tenía como 5 años.
--Lo siento, yo…
--No te preocupes, es algo que ya tengo bajo control—contesta con simpleza—Mi abuela es quien me crio desde entonces y fui un niño feliz, así que…está bien.
La temperatura ha bajado un par de grados, pero ni todo el frio podría arruinar esta mágica noche y la pelirroja lo sabe.
--Hablemos de cosas más agradables—propone Ginny—como su fiesta de graduación.
--¿Quieres decir la ceremonia de graduación?—adivina la castaña.
--No, la fiesta que hacen después. Es la mejor parte de graduarse. Dicen que es de lo mejor.
Neville ríe.
--Como si no conociéramos a Ginny—apunta mirando a Hermione, que le sonríe también.
La velada transcurre rápido, con un trio de amigos hablando sobre sueños y futuros. Deseando que la noche pudiera durar más. Neville, luego de cenar, conecta su videocámara a la televisión y pasan un rato divirtiéndose con sus últimas vacaciones a Gales con su abuela. Después Hermione organiza un concurso de adivinanzas, donde Ginny les da una lección ejemplar.
Luego, deciden que es hora de los regalos. Ginny les obsequia bufandas hechas por ella misma a ambos (habilidad heredada de su madre), una roja para Hermione, una verde para Neville. Hermione regala un reloj de pulso al chico y un collar para su amiga. Por último, Neville le da un kit de perfumería a Ginny, y un libro de relatos fantásticos para Hermione.
Y para las 12 y media de la noche, Neville anuncia que se retira. Las chicas lo despiden, deseándole una vez más feliz navidad.
La castaña se dispone a levantar la mesa cuando algo llama su atención. Ginny, sentada en el sillón de costumbre escribe fervorosa en una hoja de papel.
--¿Qué haces?—le pregunta acercándose.
--Nada, solo…estaba pensando—responde cubriendo la hoja.
--¿Y qué piensas?—continúa extrañada de su actitud.
--Pienso—dice lentamente y mirando por la ventana—en que esta es la primera Navidad que no pasó con mi familia.
Así que por eso la actitud tan rara de todo este tiempo. Porque extraña a su familia.
--No es tan tarde—sugiere—podrías llamarlos.
Ginny se pierde en la ventana de nuevo.
--Lo he estado pensando, sobre todo esta noche, y ¿sabes qué? Deberíamos salir más—pide con anhelo—ir más al parque. Comer fuera de vez en cuando. Disfrutar más.
Afuera la ciudad se ilumina. Las ventanas de los edificios resplandecen, voces cantan a coro, el bullicio rompe la monotonía.
--Sí, he estado muy ocupada con la escuela—reconoce—Lamento si no te he prestado tanta atención.
--No digas eso. Vigilas cada respiro que doy—le argumenta la pelirroja—Pero necesitas ver más allá de mí.
--No necesito nada más Ginny, eres mi familia—y coloca su mano en uno de sus hombros.
--Y tú eres la mía, pero…--titubea al intentar explicarse—Mejor, tengo algo para ti.
Mete la mano en su abrigo y saca una envoltura plateada. La pone en las manos de Hermione y le pide que la abra.
Descubre un colguije.
--¡Oh! Es… ¿una nutria?—se sorprende ella
--Es tu animal—explica Ginny—según una vieja tradición Weasley, todos debemos tener un animal que nos representa. Tú me pereces una nutria—termina, encogiéndose de hombros.
--¿Por qué parezco una nutria?—pregunta curiosa.
--Bah… es larga historia. Para otro día—excusa Ginny, la castaña ya está perdida en su regalo.
--Es muy bonita—acepta, levantándola a la altura de sus ojos para apreciarla mejor—Yo tengo algo también.
Corre hasta su habitación y regresa con una caja rectangular.
--Aún falta un tiempo, pero me gustaría ser yo la primera en darte esto—deposita sobre su regazo la caja, que apenas cabe por la incipiente barriga.
Ginny abre la caja y luego, con cuidado excesivo extrae de su interior un pequeño mameluco blanco. Sonríe, y sus ojos se llenan de lágrimas que intenta retener
--Hermione—es lo único que puede decir antes de echarse a llorar—discúlpame, son las hormonas—y se seca las lágrimas—Es precioso.
Se abrazan y pasan un rato sentadas, al lado de la luz del árbol de navidad. Debajo de las luces en la oscuridad en la ventana.
Lo increíble que resulta aquello, es imposible de expresar en palabras.
--Creo que llamare a mis padres—aventura Ginny, dejándola sorprendida.
--¿Qué te ha hecho cambiar de idea?—pregunta Hermione con mucho interés. Ginny ha estado muy enojada antes.
--Hoy que leí el periódico me entere—relata ella—de que la casa de una familia al sur fue quemada durante la madrugada luego de que robaran todas sus pertenencias. La policía encontró los cadáveres de los padres y sus 2 hijos calcinados.
Ginny parece muy afectada, Hermione no deja de mirarla.
--¿Puedes creerlo? En noche buena, una familia se va a dormir y no despiertan jamás.
--Es lamentable, pero—dice la castaña sin comprenderlo muy bien—cosas así pasan todos los días. Ni siquiera fue primera plana.
--Ese es el punto—le explica Ginny— Vivimos en un mundo donde estas cosas ya son normales. Donde cosas malas ocurren, y un día estas bien y al otro ya no. Personas dejan de existir todo el tiempo. No hay garantías. ¿No es esa suficiente razón para cambiar de idea?
Ginny, la que nunca se preocupó por el mañana, por las precauciones, por el futuro. Hoy parece asustada de la relatividad de la vida. De que la oportunidad que espera nunca llegue, de que el tiempo no le alcance. Es por el asunto del bebé, y de Harry, y claro que su familia. Es todo junto.
Busca el teléfono de la pelirroja , que siempre está sobre el escritorio del rincón.
--Llámales—se lo entrega— Es razón suficiente. Te doy un momento a solas.
Un segundo antes de moverse en dirección a la puerta, cuando ya su cuerpo giraba en esa dirección, Ginny toma su mano con fuerza, y provoca que voltee a verla. En sus ojos hay, efectivamente, un destello de miedo, muy oculto entre lágrimas y una sonrisa. Pero cuando su voz se escucha, no parece temer más.
--¡Feliz Navidad Hermione!
Esta es la magia a la que se refiere. Lo especial de un día como este.
--¡Feliz Navidad Ginny!
Cruza el umbral de la puerta de salida en el momento en el que Ginny se queda mirando fijamente el teléfono celular en su mano.
Baja por las escaleras, sin encontrar a nadie en su camino, ni siquiera a Sirius. Recuerda que está de vacaciones así que sale hasta la calle. Una fina capa de nieve cubre todo a su alrededor, y pequeños copos caen a ritmo constante.
Se dirige hasta la esquina, rebusca en los bolsillos de sus jeans unas monedas y se prepara para hacer lo que nunca imagino.
La nieve comienza a cubrir su cabeza descubierta, provocando que su cabello empiece a gotear en las puntas. Tiene las manos frías y sus mejillas están coloreándose.
Comienza a escuchar los timbres a través del auricular del teléfono público, hasta que de pronto, alguien contesta.
--¿Mamá?... sé que ha pasado mucho tiempo…. Sí, estoy bien…te llamo para decirte algo importante…
Afuera las calles están casi desiertas, no hay autos, ni ruidos. Hoy todos parecen estar en casa de alguien, acompañados. Incluso los solitarios, como ella lo fue, siempre tienen a alguien.
--…me graduó en Enero y, quisiera que estés ahí….
Casi puede escuchar las palabras de Ginny en su cabeza.
--…estuve pensando, es navidad y ¿Quién sabe? El mundo se puede acabar mañana…
La vida no da oportunidades de sobra, no revanchas, no tiempos extras.
--…! Feliz navidad! …
Hazlo ahora, dile a quienes aman que los amas, mientras te escuchen.
--…te quiero mucho mamá.
"All Alright" by Fun