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Historia 188742 — capítulo 16
You´re my Home/Tu eres mi hogar.
El año nuevo ya estaba aquí, había entrado sigilosamente, y para cuando se dieron cuenta, ya era 13 de Enero. El clima aún seguía frío, pero las nevadas ya no se habían hecho presentes. En el correo de esta mañana apareció otro sobre del colegio, esta vez para anunciar la fecha de la graduación: Enero 31.
Causo revuelo en Neville, que llamó emocionado cerca de las 10 de la mañana, fue tranquilizado por Ginny y mentalizado a que todo iba a salir bien.
Hermione estaba emocionada, pero también estaba algo nerviosa. Tamborileaba los dedos sobre el volante del auto, camino al hospital para la agendada revisión de Ginny. Era observada tan minuciosamente por su amiga que ya estaba empezando a incomodarse.
--¿Qué?—pregunto ésta finalmente.
--Nada—se deslindó la otra.
15 segundos después, la situación seguía sin cambios.
--¿QUÉ?
--Nada.
Estaba incomodándose tanto.
--Estás preocupada—acusa la pelirroja—mucho.
--Pues claro que lo estoy—le confiesa—sabía que la fecha tenía que llegar pero aun así, me avisan que tendré que decir un discurso… y me avisan por carta.
Y claro, la alumna más prometedora tenía la responsabilidad del discurso de la graduación. Venía en letras negritas hasta abajo en su carta.
--Ahora debo reparar uno, y uno brillante y emotivo, para dentro de unos 18 días—continúa, habla rápido y siente que se le acaba el aire—además de que mis padres estarán ahí y espero que no terminemos peleando de nuevo, cosa que se nos da muy bien, hay que admitirlo. Pero lo que más me preocupa es que estas en la semana 28 del tercer trimestre, y ya es zona de riesgo. No estoy queriendo sonar alarmista pero el 80 % de los embarazos no llegan ni a la semana 34, y el 67% ni a la 30. ¿Y si estas en el hospital para entonces?
Ginny se queda perpleja, y luego, hace lo mejor que sabe hacer.
--Hermione… ¡Ya basta!—y hace que detenga el auto, con la suerte de que no hay nadie en la carretera—Otra vez, estas enloqueciendo. Mira, todo va a estar bien. Sabes hablar, así que hacer un discurso será pan comido. Tus padres te adoran y estarán tan orgullosos que lo menos que harán será pelear. Y este bebé se quedara adentro hasta después de tu gran momento—y voltea hacía abajo, donde está su cada vez más grande barriga—Porque le aseguro que lo que menos quiere es hacer enojar a su madre incluso antes de nacer. ¡Listo!
Es el turno de ella de quedarse perpleja.
--¿Podemos seguir ahora? La espalda está matándome aquí sentada—y enseguida la castaña pone en marcha el auto nuevamente.
--Lo siento—se disculpa.
--Descuida, es mi trabajo que no te vuelas loca—dice Ginny con simpleza.
Hermione sonríe.
--Eres buena.
--Lo sé.
Tres horas más tarde están fuera. Con un paquete de nuevas medicinas y la certeza de que todo va bien con el bebé y Ginny. Nuevamente en el auto, las dos permanecen calladas. Hermione se concentra en manejar, y en de vez en cuando, dirigirle una mirada cuidadosa a su amiga. Ésta permanece distraída en el movimiento afuera de su ventanilla.
Cinco minutos más tarde la pelirroja comienza a inquietarse con la vista.
--Hermione, estas pérdida.
--¡Ya sé! Tengo muchas cosas por hacer y….
--¡No! No hablo de eso—se explica—digo que literalmente, estás perdida. Este no es el camino.
Han tomado una desviación que ella no conoce.
--¡Ah!, no te preocupes, es un camino nuevo.
Pero cuando el paisaje se empieza a tornar agreste y cada vez menos urbanizado, Ginny insiste otra vez
--Créeme Hermione, estás perdida. Creo que vamos en sentido completamente contrario.
--Y tu créeme, sé a dónde vamos—le tranquiliza.
--¿No vamos al departamento?—pegunta sorprendida.
--No. Es…a otro lugar—revela misteriosa—Secreto.
La pelirroja frunce el ceño y se dedica a escrutar el exterior con la vista, preguntándose a dónde podría llevarla. Enciende la calefacción porque la temperatura desciende.
--¿Estamos cerca? Parece que estamos inclinándonos—comenta--¿estamos subiendo?
--No me preguntes, no puedo decir nada hasta estar ahí—responde divertida la castaña.
--De acuerdo—acepta la otra chica—solo déjame decirte que soy difícil de impresionar—advierte en tono pomposo.
Hermione la voltea a ver sonriendo. Esa es la Ginny que solía ser, antes de que toda su vida cambiara.
--Con las hormonas vueltas locas en tu sistema, no creo—sigue la broma ella.
--Bueno, admito que pueden estar influyendo en mi comportamiento los últimos meses…
--Lloras con los comerciales en la TV—agrega riendo Hermione—yo diría que sí.
La pelirroja la fulmina con la mirada, pero ni siquiera eso le detiene la risa.
--Solo fue una vez, y se trataba de uno muy triste sobre un gato—reconoce un poco apenada—Ya te quiero ver a ti cuando tengas hijos.
--¡Wow! Vamos con calma, ¿sí?—la idea de tener hijos le hace volver a la seriedad.
Ginny levanta una ceja triunfal.
--Además, yo digo que soy difícil de impresionar porque mi papá solía sacarnos de aventura todo el tiempo—continua explicando Ginny—Por lo general eran los domingos, y siempre era un lugar nuevo. Luego de eso, impresionarme será una hazaña.
Silencio. Ambas regresan a sus tareas iniciales, conducir, observar.
--Deberías llamarles otra vez—intenta Hermione.
--Ya lo hice. Dos veces más—responde sin mirarla.
--Entonces acepta mi oferta de llevarte a la Madriguera.
Le importa mucho su felicidad, y la ha visto melancólica desde que nadie en su casa contesto su llamada en Navidad. Ni en Navidad ni las veces posteriores.
--¿Qué pasa si no quieren verme?—pregunta con voz amortiguada en el cristal de la ventanilla—el teléfono en la madriguera tiene identificador de llamadas y use mi propio celular. ¿No es obvio?
--No, se me ocurren muchísimas razones—lo que es verdad—Podrían haber salido, o visitar a alguno de tus hermanos. Podrían tener problemas con el servicio telefónico, o…
--Hermione—y gira para mirarla esta vez—Estoy bien. No te preocupes por ello.
Conoce lo suficiente a su amiga para saber que sus palabras significan "cambia de tema". Así que decide dejar esta conversación para después. Está segura que cuando nazca el bebé, Ginny dejara sus rencores atrás.
--Así que… ¿con que difícil de impresionar?—la complace volviendo a la chala inicial.
--Bastante—y recupera un poco el ánimo—la tienes difícil.
--Tengo confianza—dice encogiéndose de hombros.
Comienzan a transitar por un camino de terracería que curvea mucho. Grandes árboles aparecen, y distinguen un par de casillas en la orilla. La pelirroja cree que se detendrán en alguna, pero Hermione sigue de larga hasta que el camino empieza a borrarse y se ven rodeadas de una extensión de pasto enorme.
Ginny, fascinada con la vista, se pega contra el cristal y le hace recordar a una niña de 4 años. Cuando el auto por fin se detiene, es la pelirroja la primera en abrir la puerta emocionada por salir.
--¡Ey, ey! Quédate donde estas—ordena Hermione desabrochando rápidamente su cinturón y saliendo del auto para rodearlo—voy a ayudarte.
La toma de la mano y con cuidado, la ayuda con sus 7 meses de embarazo.
--Sé cuidadosa, fíjate donde pisas.
--Hermione, sé cómo caminar—reprocha.
--Mira, ya bastante peligroso es traerte hasta aquí, así que ¡fíjate donde pisas!—no permitirá negligencia en sus cuidados.
Avanzan juntas, una apoyada en la otra. A través de la extensa zona de pastizales verdes, hasta que la orilla comienza a visualizarse cada vez más cerca. Unos pasos más, un poco más.
Y de pronto, están paradas en un altiplano, una zona por encima y lejos de toda la urbanidad, de los edificios, de las escuelas, los parques y monumentos. Es ver a Londres desde un punto que lo descubre al mundo.
Con las nubes espesas en el cielo, y el sol que apenas asoma unos rayos entre ellas. Un típico día nublado.
Ginny sonríe con ganas y cierra los ojos al sentir el contacto del frio aire invernal en el rostro. Hermione estira sus brazos para ajustarle mejor la chamarra, asegurándose de subir el cierre hasta el tope para proteger su cuello del frío. Ésta chica creció en un lugar abierto, como lo es la madriguera, este lugar la reconoce tanto como ella a éste.
La pelirroja se deja arropar sin peros, todavía perdida en el asombroso cuadro que tiene enfrente. Un segundo después, rompe en risas. Primero reservadas y cautas, luego escandalosas. Ríe, ríe y ríe, como si la vida se le fuese en ello.
Hermione la imita, porque simplemente no puede evitarlo. Su amiga ha vivido los últimos meses casi recluida en un apartamento, algo muy diferente a su vida de antes. Comprende que no la ha tenido nada fácil. Sin familia, sin el padre de su hijo, con su futuro académico y profesional tambaleante e incierto.
Verla sí es una especie de regalo secreto. Procura grabar cada imagen en su mente. No quiere olvidar nunca este día.
--¿Logre impresionarte o no?
Ella se toma su tiempo para contestar.
--Llevo meses enteros entre el apartamento y el hospital…esto…es extraordinario—inhala con profundidad—Quisiera quedarme aquí para siempre.
Levanta los brazos como preparándose para volar. La castaña se reprocha el no llevar una cámara encima. Otra vez comienza a reír, tanto que la hace preguntarse si alguna vez se detendrá.
--Hagámoslo—propone Hermione—Quedémonos.
Las palabras surgen con la espontaneidad que ella misma ignoraba que tenía
--¿Ahora?—le pregunta su amiga sin comprender.
--No, claro que no ahora, pero sí en unos años más. —Empieza a exponerle--¿Recuerdas las casas que pasamos antes? Ellos son los dueños de estas tierras, y están de acuerdo en venderme parte de ellas. Tendría que trabajar muy duro un par de años para comenzar, y claro que tú tienes que terminar la carrera, pero podemos hacerlo.
Los ojos de Ginny se abren gradualmente y a medida que asimila la proposición de su mejor amiga.
--¿Te refieres a… a que podemos… tu y yo…
--¿Hacer una casa aquí? Sí, yo creo que sí—y la imaginación de Hermione obedece a la felicidad que siente en este momento—Podría ser aquí—señala con las manos a unos metros de donde se encuentran—La casa se cimentaría aquí, no muy grande porque prefiero algo pequeño y confortable, y este podría ser el jardín—señala un poco adelante—colocaremos una cerca de madera, no queremos accidentes con mi sobrino, y pondremos flores. El comedor debe ser grande, y necesitamos por lo menos 4 o 5 habitaciones, y luego…--se detiene, bajando el ritmo de su revolucionarte discurso--¿Qué pasa? ¿No es buena idea?
Ginny se ha quedado sin habla, parada en el mismo lugar y en la misma posición. Pequeñas gotas de lágrimas toman forma en sus ojos y ruedan por sus mejillas.
--¿Qué sucede?—Hermione se acerca hasta ella.
--… Es perfecto…—afirma en un halo de suspiro—Hermione…tienes planes.
--Tengo planes. Para ti, para mí, para el bebé y para lo que sea que venga—es lo más parecido a sentirse poderosa—Estoy lista.
Busca su mano, Ginny la toma con fuerza para decir lo siguiente.
--¿Incluso para cuidar de este bebé si es que lo necesitara?
Las cejas de Hermione se enarcan un poco ante la pregunta.
--¿Incluso para ser su madrina si te lo pido?—insiste su amiga--¿Para ver por él o ella en el futuro?
--¿Madrina?—repite frenética--¿Tú quieres que… yo sea su madrina?
--No pienso que ninguna otra persona deba serlo.
Ahora es Hermione quien ríe.
--Pues claro que sí. Sería un honor.
--Gracias—dice Ginny.
Hoy es uno de esos días perfectos que no puedes ver venir. De los que un momento a otro mejoran y se vuelven inolvidables.
--Y una cosa más—añade la castaña--¡Feliz Cumpleaños Ginny!
--¿Lo recordaste?—pegunta admirada luego de un momento.
--¡Oye! Puede que a veces pierda la cabeza un poco, pero olvidar el cumpleaños de mi mejor amiga… no llego a ese extremo.
--Pensé que no recordarías, lo juro. Todos parecen muy atareados o no están aquí: Neville, Ron, Harry…
--¡¿Cómo crees?! Neville y Sirius están reuniendo a algunos amigos tuyos que tenías en la escuela. Preparan tu fiesta sorpresa en nuestro apartamento.
--¡Ah!—ata cabos—y tu trabajo es ser la distractora ¿eh?
--Algo así—acepta—pero también porque necesitábamos esto.
--Sin duda—concuerda también—Es el mejor regalo de cumpleaños que he tenido.
Entrelazan sus extremidades en un abrazo, y luego, caminan juntas de vuelta al auto. Charlando rejuvenecidas por la reciente belleza que admiraron, tranquilas y en paz. O casi.
--¿Si estas consiente que ahora que ya me dijiste lo de la fiesta sorpresa, ya no es más una fiesta sorpresa?—le plantea la pelirroja divertida
--¡Tenía que hacerlo!—se defiende--¿Qué tal si te da algo malo de la impresión?
--¡Ay claro que no! Aguafiestas
--¡Ay claro que sí! Imprudente
--No soy imprudente, soy prudente pasiva. Tú eres aguafiestas.
--¡Ah! Pues entonces yo no soy aguafiestas, soy la limitante de crecimiento en los convivios.
--¡Ves! Habla así en un rato y veras tu efecto "limitante" en las fiestas.
--¡Ginebra Weasley! No me hagas empezar contigo y tus imprudencias porque tienes una de 7 meses que…
--Ok, ok. Cambiamos de tema.
"Ho Hey" by The Lumineers
"From The Ground Up" by Sleeping At Last