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Historia 188742 — capítulo 24
Can´t Fight This Feeling/No Puedo Luchar Contra El Sentimiento
A la mañana siguiente Hermione se despertó temprano. Aunque más bien eso de despertar era una expresión. Lo cierto era que había dormido poco. Resulta que no exageraban nada sobre lo duro que es cuidar a un bebé.
Lily se había pasado gran parte de la noche llorando, no quería comer, no necesitaba que cambiara su pañal, solo lloraba. Hacía las 4 de la mañana, parecía haber logrado la proeza de dormirla, y dispuesta a descansar se fue a la cama, sin embargo 3 horas más tarde, su despertador había sonado con puntualidad indicándole su hora de prepararse para el trabajo.
Así fue como vivió su primera noche en vela por un motivo diferente a trabajos finales o exámenes extraordinarios.
Tomo una ducha muy fría, con la esperanza de que eso la despertara más. Preparo café, algo de desayuno y alisto su maletín del trabajo. Al filo de las 7, ya había terminado.
--¿En serio?—exclamaba incrédula a la bebé profundamente dormida en la cuna—hasta parece que lo hiciste a propósito.
La niña, ajena a la castaña subía y bajaba su abdomen con la gracia del sueño.
--Incluso en eso te pareces a tu mamá—le repetía moviendo la cabeza de una lado a otro.
Entonces, al oír el llamado a su puerta y consultar el reloj, suspiro fuertemente.
--Buenos días—le sonreía de lado
--Buenos días Ron, pasa.
--¿Qué tal les fue en su primera noche?—pregunta acercándose al barandal de la cuna—Supongo que muy bien. Duerme como una Weasley.
--Supones mal—contradice Hermione—estuvo despierta toda la noche, se durmió justo cuando iba a ser hora de que me levantara así que… ahora soy un zombie.
--¿De veras?—dice divertido—Entonces definitivamente es una Weasley, suena a la clase de cosas que haría Ginny solo para molestar.
--Eso dije yo—le apoya riendo.
En un momento, sin darse cuenta de cómo, se dan cuenta que han quedado a escasa distancia el uno del otro. Casi tan cerca para poder compartir la respiración.
Hermione lo ve venir. Esa sensación despierta de nuevo en su pecho, en sus piernas, forma el hoyo en su estómago y recuerda como la última vez que sintió todo aquello junto, termino besándolo.
Hasta ahora no se había atrevido a recordarlo, su mente tenía tantas cosas encima que le parecía imposible pensar en aquello. Pero lo sentía cada vez que se le acercaba o cada vez que le dirigía palabra.
Inminente. Eso era, inminente.
O casi.
--Lo siento—articula antes de volver a caer en él, a centímetros—alguien toca, debe ser…
--Neville—completo Ron aun sin separarse y con cierta brusquedad—sí, ve.
Aquello parecía magnetismo o algo así, porque a cierta distancia su cuerpo lograba mantener la calma. El problema era que todo se reactivaba cada vez que la cercanía regresaba.
--Neville—lo saluda en el umbral.
--Hola, ¿Cómo amaneciste?
--Mm… la verdad es que ha sido una primera noche bastante pesada—reconocía su amiga.
--Oh, ya empezamos a valorar más a las madres, ¿eh?—bromeo entrando y depositando pesadas bolsas en la mesa del comedor—Hola Ron.
--Neville—respondió él secamente.
--¿Qué es todo esto?—pregunto inmediatamente Hermione.
--Pues veras, ayer cuando iba camino a casa pase a esta tienda departamental del centro porque me hacían falta algunas cosas—explicaba mientras la castaña sacaba paquetes y cajas de las bolsas plásticas—y recordé que nunca le di un obsequio a Ginny por su embarazo.
--Ay Neville, es muy bonita
Era de todos colores, pero principalmente verde esmeralda. Había vestidos, conjuntos, mantas y zapatos. Todas en miniatura, de tela suave y muy monos.
--Es… el color favorito de Ginny—reconoce Ron acariciando un vestidito bordado.
Sus miradas se encuentran y parecen más afables.
--No tenías que…
--Ya lo sé, pero quería hacerlo—interrumpe a Hermione—y en esa otra bolsa—señala la más próxima a ella—hay cosas más básicas, pañales, biberones…nunca están de sobra
--Neville—vuelve a quejarse ella—ya sabes que…
--Que te gusta sustentarte por tus propios medios, lo sé—vuelve a interrumpirla—pero no es gran cosa para mí, solo recíbelo.
Hermione entrecierra los ojos y se da por vencida.
--De acuerdo, gracias. Pero solo esta vez.
--Solo esta vez—repite él cansinamente.
Ron comienza sentirse incómodo.
--Se me hace tarde para tomar el tren—anuncia Neville mirando el reloj.
--Está bien, ten cuidado y por favor llámame cuando llegues allá, ¿si?
--A la orden—bromea displicente—te veré en un par de semanas, no hagas locuras—le recuerda ya en la puerta.
--No te preocupes—responde ella sonriendo, le da un abrazo y le asegura—estaremos bien.
Neville posa su vista en Ron al decir lo siguiente
--Eso lo sé. Están en buenas manos.
El pelirrojo asiente.
--¿Tienes todo?—le pregunta antes de cerrar la puerta.
Hermione hace un rápido recuento mental y asiente con seguridad.
Bajan en el ascensor hasta las plazas de aparcamiento. Ron acomoda la sillita para auto en el asiento trasero. Hermione deja a Lily con cuidado pero segura de que no despertara. Si algo ha aprendido bien de la pequeña es que su sueño de en la mañana es tan pesado que ni un elefante es suficiente.
--Todo listo—anuncia Ron, extiende la mano para que la castaña le entregue la pañalera—déjame ayudarte con eso.
Ella accede a regañadientes y se introduce en el auto. No es hasta que Ron gira la llave y el motor echa a andar, que cae en cuenta que no ha viajado en el auto de Ginny desde que ella murió. Un escalofrió la recorre y durante un momento siente el impulso de salir de allí.
--¿Estas segura de que quieres hacer esto hoy?
--Claro que sí. Tus padres deben querer ver a su nieta—responde haciendo un esfuerzo por controlarse.
--Pues sí, pero podemos llevárselas cualquier otro día—le propone.
--Cualquier otro día estaré ocupada—replica—Tengo mucho con que ponerme al corriente en la firma de abogados, además ¿cuál es el problema del día de hoy? Es domingo, perfecto para salir a ver a la familia.
--Sí que lo es, pero también es el día en que Percy está ahí.
--Bueno, pues no puedo rehuirle a Percy toda la vida—le responde con aplomo—tenemos que comportarnos como personas civilizadas.
Guardan silencio por un momento. Hermione permanece quieta en su asiento, bien ajustada con el cinturón. Mantiene la vista al frente para evitar ver cualquier otra parte del auto y tener algún flashback de los que suelen dejarla mal.
--¿Entonces qué es?—regresa Ron al ataque.
--¿Qué?—se desentiende.
--Lo que te tiene así—insiste el chico--¿Qué sucede?
Decirle, no decirle. Siempre es una moneda al aire con Ronald. Siempre es una lucha interna por conservar la intimidad que tanto se ha reservado todos estos años.
--Nada—contesta.
--Eres mala mentirosa—este chico es imbatible—y yo soy muy insistente.
Siempre lucha, usualmente pierde.
--Es… el auto—admite—no me había subido a su auto desde que… eso paso.
Ron medita un segundo, alternando entre el camino y ella.
--Solo… respira muy profundo—le susurra—iremos a pasos de bebé.
--Pasos de bebé—repite—ok.
En estos días, decir que Ron ha pasado un tiempo con ella es decir poco. Prácticamente solo le hace falta dormir en el apartamento. Ella lo ha pensado muy bien, se sigue alterando cuando sin querer se rozan sus manos o se encuentran sus ojos, pero en el fondo, tenerlo cerca ha sido como el sueño que nunca soñó.
Es ver tu adicción enfrente, saber que si la tomas cosas malas pasaran, y de igual manera ir por ella. Se siente así, justo así.
--Ya casi estamos ahí—anuncia después de un buen rato.
--Y no despertó ni una sola vez—dice ella mirando atrás—tenías razón, ya está tomando eso de dormir como un Weasley.
--Sí, es de familia—comenta sonriendo—y si come como nosotros más te vale que te vayas preparando.
Un sonido agudo sale del bolsillo de su chaqueta. Sujeta el volante con una mano y con la otra le echa un vistazo a la pantalla.
--¿quieres que conteste por ti? Puede ser importante
--No, no es nada—responde—Mira, ya llegamos.
La Madriguera surge entre los árboles y el camino. Se estacionan enfrente y bajan del vehículo.
Hermione se toma su momento para entrar en la casa Weasley, hay muchos recuerdos aquí.
--¿Hola?—llama Ron apenas entra--¿Mamá? ¿Papá?
El ruido parece bajar por la escalera, los gemelos aparecen de inmediato.
--Ron, hasta que te vemos por…
No es raro que se sorprendan un poco de verla aquí, pero su expresión es de total desconcierto.
--Hermione, que… que gusto verte—termina George.
--No esperábamos que vinieras—comenta también Fred—no hoy, al menos.
--¿Y por qué?
--Pues, Percy está allá arriba con papá y…
--Ya lo conocen él es…
--Difícil, sí—reconoce Ron—pero no vinimos a verlo a él. ¿Dónde está mamá?
--En el patio trasero—señala Fred—no está teniendo un buen día.
--Pues ahora lo tendrá—afirma Hermione—vinimos a traerle a Lily.
Entonces los gemelos reparan en la presencia de la bebé y se arremolinan por verla de cerca.
--¡Rayos!—exclama con nostalgia George—es como ver a Ginny otra vez.
--No cabe duda que es de la familia, mira su cabello George
--Lo veo Fred, es una de las nuestras.
--¿Quieren sostenerla?—les ofrece Hermione, ambas se quedan estáticos--¡Vamos! Es su sobrina.
Transcurren de 10 a 15 minutos, entre las bromas de los gemelos hasta las comparaciones hilarantes de la bebé con miembros de la familia Weasley. Por esos instantes, olvida en donde esta y lo mucho que la conflictúa estar ahí.
Cuando vino por primera vez a este lugar se enamoró por completo. Era un hogar con una familia como los que siempre quiso. Tiene buenos recuerdos de esta casa. Y también tiene malos.
--Chicos, chicos—los tranquiliza Ron—eso es muy gracioso pero ni se les ocurra enseñárselo cuando ella crezca. Ahora, vamos con mamá—le dice a Hermione.
--Nos vemos luego Fred, George.
--Hasta luego Hermione—se despiden.
En su sonrisa se imagina como debe ser tener que vivir aquí. No quiere pensarlo más.
Pocas veces ha estado en el patio trasero, pero de esas pocas ninguna recuerda haberlo visto tan maltrecho. Ha sido un tanto olvidado porque el pasto ya está muy crecido y la cerca necesita una pintada.
Ron la conduce unos pasos adelante, donde hay una parte de más altitud. Allí resalta una mesa de jardín con un techo de sombrilla amplio y una señora sentada en ella.
--Mamá—llama Ron.
Al no haber respuesta, Hermione decide intentar
--Señora Weasley.
Pero más bien es como hablarle a la pared. Tanta es su distracción mirando hacia algún punto en la lejanía de las colinas que ni siquiera se percata de que su hijo se ha arrodillado para ponerse a su altura.
--Mamá—intenta de nuevo tomándola por los hombros—Mamá.
--¿Ron?—parece reaccionar—Ronald—le dice acariciándole las mejillas.
--Mamá ¿Cómo estas hoy?
--Bien. Solo quería salir de la casa un rato—se explica, aparentemente recuperada de su distracción—y hablando de casa… ¿Dónde te has metido? Sales muy temprano y regresas muy tarde.
--Creo que eso puedo explicárselo yo, señora Weasley—interviene Hermione.
La cara de la mujer se confunde por un momento, pero luego se ilumina.
--¡Hermione! Trajiste a mi niña—dice cariñosamente.
--Hubiera querido hacerlo antes, pero estoy en mis primeros días laborales y cuesta agarrarle el ritmo—confiesa pasándole a la recién nacida a sus brazos—Ron ha estado ayudándome a cuidarla cuando yo estoy en la oficina.
--¡Ay! Que grande y bonita está—la arrulla mientras la niña se remueve y se talla los puñitos en la cara—No te preocupes, sé que eres una mujer muy responsable con sus ocupaciones.
--Oye mamá, ¿Qué desayunaste?—pregunta el pelirrojo.
--No tengo hambre últimamente, hijo —contesta más concentrada en la niña.
Hermione y Ron intercambian una mirada y luego él sale en dirección a la cocina.
--Ya vuelvo—anuncia.
La castaña toma asiento junto a la señora Weasley, de pronto comprende porque es tan fácil quedarse sentada allí solamente. Se siente como si el tiempo se parara, permite olvidar que hay otras personas dentro de la casa, solo mirando las colinas.
--Señora Weasley… ¿Cómo está?—pregunta luego de un rato.
La mujer la mira un segundo y comprende a que se refiere.
--No…no lo sé, es una sensación extraña cuando el dolor comienza a irse—admite—digo, nunca se ira, pero hay un punto en el que ya no tienes más lágrimas y es como… no sé—se rinde al final.
--Es como quedarse un poco vacía—completa la castaña sintiéndose identificada.
--Sí, es algo… muy parecido a eso—reconoce Molly con una media sonrisa—Por lo visto ninguna de las dos puede sentirse bien todavía.
--Hay días muy malos, pero la verdad es que últimamente estoy mejor—lo que es completamente verdad—me mantengo ocupada. Usted debería intentarlo.
Molly Weasley suspira.
--Es difícil ahora que todos mis hijos han crecido—le cuenta—ya no me necesitan, así que solo me queda ocuparme de esta casa… y para ser sincera, ya no me gusta tanto como antes.
Nunca se imaginó teniendo esta conversación, mucho menos que iba a sentirse tan reflejada en esta mujer.
--Aquí esta—Ron pone frente a su madre un plato con un par de tostadas y fruta—No lo rechaces, por favor. Necesitas comer.
--Ronnie, no tengo hambre—replica la señora Weasley, meciendo todavía a Lily
--Mamá—le pone un tono de advertencia poco usual en él.
Resulta que no solo es divertido, amable e ingenioso, es inteligente y protector. Pero eso solo lo hace más peligroso.
--Está bien—cede dejándole a Ron la bebé.
Quiza no tenga que ser todo así, quizá después de todo no tengamos que estar solos en la vida. Tal vez ese es el punto, sobrevivir a través de otros. Ginny lo sabía, por eso le confió a Lily, y con eso, la clave de estar aquí.
--Señora Weasley, le propondré algo—comenta la castaña espontáneamente— ¿le molestaría si traigo a Lily aquí todos los días durante mi horario de trabajo?—Molly y Ron parecen ligeramente sorprendidos, pero sonríen—Es un buen acuerdo, yo no me preocupo por dejarla sola cuando esté en la oficina y ustedes conviven mucho más con Lily. Y, además, Ron no tendría que estar fuera todo el tiempo.
--Pues… ¡Claro que sí!—se emociona la señora Weasley—me parece una idea magnifica.
--Entonces ¿le parece si comenzamos mañana?—propone feliz por haberle subido el ánimo—Entro a trabajar a las 8 am entonces la dejo aquí como a las 7 y luego…
--Yo me encargo—se ofrece Ron—yo la recojo en tu apartamento, no te preocupes por eso.
--¿D-De verdad?
--Que sí, mujer. No te queremos a las prisas—le asegura riendo.
--Bien, pasaré por ella como a las 3:30—responde igual.
--Gracias Hermione—Molly envuelve con su mano la de la castaña—en verdad, gracias.
--Lo mismo digo señora Weasley, por confiar en mí.
Es una rara sensación, poco conocida con anterioridad. Es ayudar y dejarse ayudar.
Por eso no le molesta pasar el resto de la mañana con la señora Weasley y Ron, charlando y charlando en el patio trasero sentados a la sombra. Aún hay ratos en que Molly se va, se le ponen los ojos vidriosos y su mirada se pierde. Tal vez con el tiempo mejore.
--Creo que es hora de regresar—dice Hermione por fin—tengo que ir al supermercado a comprar la despensa.
--Está bien, te espero mañana, hija—concede la señora Weasley—ve con cuidado.
--Yo te llevo.
--¿Qué? No Ron, quédate en casa, puedo hacerlo sola.
--¿Eso crees? ¿En el supermercado, en domingo y con una bebé?—a veces en serio detesta que tenga razón.
--Bien, pero es todo. No quiero aprovecharme más.
Se asegura de tapar bien a la pequeña y se despide en la sala de Molly, antes de poder salir los gritos en el piso superior los sacan de concentración.
--Ya lo decidí padre, ¡basta!
--Percy no puedo permitirte hacerlo.
--¿Y por qué no? Sabes que es lo mejor. Ella ni siquiera es de la familia, no es que no me agrade pero esto es otra cosa.
--¿Y piensas que te dejare hacerlo solo por eso?—aparece el señor Weasley en el rellano de la escalera
--Papá es una decisión que Audery y yo ya habíamos tomado, esto solo…la apresura—detrás de él, Percy.
Se congelan al ver hasta el final de la escalera a Hermione, Percy no se molesta en saludar, solo da media vuelta y vuelve a subir. El señor Weasley la saluda tratando de parecer lo más normal posible
--Hermione, ¿Cómo estas? Esa es… ¿es mi nieta?
--Sí, ¿quiere verla?
Pero la expresión de Arthur se ensombrece, contraria a la de la señora Weasley.
--No. No ahora, quizá en otra ocasión—se ve algo pálido y desorientado cuando vuelve a subir.
Ron la guía por los hombros hasta la salida, Hermione aún no entiende lo que acaba de pasar.
Al abordar el vehículo, el pelirrojo la ayuda a depositar a Lily en la sillita.
--Ha roto record hoy, ¿no?—dice él con una sonrisa—duerme como si jamás lo hiciera.
Hermione, demasiado absorta como para contestarle, hace en cambio una pregunta
--Ron ¿Qué sucede con tu padre? ¿Hice algo…
--No, no hiciste nada—le calma antes de que pueda terminar su pregunta—Es que las cosas en la familia han sido…muy complicadas—explica mientras se coloca el cinturón de seguridad—lo que viste hoy, de hecho, fue un día fabuloso a comparación de otros.
Ella piensa, sin decir nada. Lo radical que resultan los cambios para esta familia, para ella, para la bebé que duerme en el asiento trasero. Nada se supone que debió terminar así.
--Por cierto, gracias por lo de mamá—y vuelve a ser el protector—va a ayudarle mucho tener en que invertir su tiempo.
--No fue…
--Sí lo fue.
Sabe que por cosas como estas ella está perdiéndose lentamente. Un día, si no toma sus precauciones, terminara despertando completamente loca por el chico. Mucho más de lo que ya la vuelve ahora.
--No, en verdad, es algo que nos termina beneficiando a ambas. Es práctico.
Pero la sonrisa de Ron solo se ensancha.
--Sí, claro. "Es practico"
--¿Qué…--le pregunta Hermione con el ceño fruncido.
--Yo lo sé. No es poca cosa para ti, que no eres apegada a las personas, social o una chica de familia—le dice—yo lo sé. Eso no fue un paso de bebé, eso fue un paso gigante.
Hermione sonríe un tanto satisfecha.
--Y me encanta la practicidad de tu plan, así no dejare de ver tu hermoso rostro de zombie por las mañanas—ríe haciendo que ella ría también, algo sonrojada.
Que importa al final, si se siente tan bien, tal vez valga la pena correr riesgos.
--Pasa, te daré una toalla
--¿Cómo es que el cielo se está cayendo? ¡Es Febrero!
--No creo que eso importe realmente, es el calentamiento global
Ambos tenían el cabello húmedo por la lluvia. Y eso que no se podría decir que se expusieron mucho al clima, solo fueron unos 15 segundos desde la plaza de aparcamiento hasta la puerta del edificio.
--Sí, sí, ¿Cuándo aprenderemos, humanidad?—resopla cansinamente sacudiendo su chaqueta, con la que había protegido a la pequeña Lily del agua.
--Ten, para que te seques—le ofrece Hermione regresando del baño—lamento lo de tu chaqueta
--¿Esto? Naa, no es nada.
--Te dije que podía regresar sola Ron—recuerda—no tenías que traernos.
Saca a la bebé de la silla portátil, comprueba que no está mojada.
--No me gusta que conduzcas desde la Madriguera hasta acá cada tarde—admite él—quien sabe lo que te podría pasar a ti sola con un bebé
--¿Acaso crees que no se cuidarme sola?—se ofende un poco—Para tu conocimiento me he valido por mí misma desde que tengo 16 años.
--No quise decir eso, sé que eres independiente y así—se retracta rápidamente—es que ya no se puede confiar en cualquier persona como antes.
La lluvia cae con ángulo y se estrella contra el vidrio de su ventana. No ha disminuido en varios minutos. De hecho, parece estar volviéndose más afluente.
--Gracias Ron, no creas que no lo aprecio, pero no quiero estar sobre de ti todo el tiempo.
--¿Es que acaso me lo has pedido?—razona él—No, es a mí a quien le encanta estar sobre de ti.
Sucede en ocasiones muy inesperadas. Ron suele hacer este tipo de comentarios que dejan entre ver muchísimas cosas más, o que bien no pueden significar más que lo dicho. La confunde y la hace volverse loca. Y sí, hace que se le enciendan las mejillas.
--Si te molesto demasiado, dilo y tratare de…
--No, no es eso. Es que así siento que te retengo conmigo—le confiesa Hermione—y tú debes tener miles de cosas que hacer.
--Hermione, tu no…--intenta explicarse—solo estoy siendo útil hasta que regrese a la escuela. No me retienes te lo aseguro.
Es verdad que siente como si estuviera siendo egoísta, porque Ron la ayuda demasiado. Pero si es sincera, lo que más siente es miedo.
Siente miedo cada vez que lo mira, o lo toca o le habla. Por mucho que le guste hacerlo, le causa pánico. Y cada vez que recuerda a Ginny entiende por qué es así: Nada es como debería. La suerte falla, las probabilidades no son confiables, todo puede salir mal antes de siquiera poderlo pensar.
--Tal vez deba irme—anuncia Ron.
--¿Estás loco? Te vas a empapar si regresas ahora en el autobús—lo contradice—no me molestas para nada.
El chico parece más animado con el comentario.
--Entonces siéntate, te preparo té—dice pasándose la toalla por el cabello una última vez.
--De acuerdo—acepta ella.
Prepara, y cada vez con más destreza, la leche de la bebé. Lily es una niña inquieta cuando esta despierta, y es observativa para su edad. Le llaman la atención los colores intensos y quizá por ello le gusta tanto estar con Ron, por su cabello.
Instintivamente levanta la mirada al joven que se pasea por la cocina. Ha dejado hecho un alboroto su cabello con la toalla. Ella sonríe al notarlo.
La pequeña se apaga lentamente para caer en el profundo sueño que solo le alcanzara hasta las 11 de la noche, cuando llora sin parar inconsolable. La pediatra dijo que era completamente normal, pero a la castaña no le parece así del todo. En el fondo piensa que extraña a su mamá.
--Mm… con que los bebé duermen todo el día—comenta Ron, aproximándose con dos tazas en las manos.
--Pues sí, pero esta duerme todo el día y despierta toda la noche—le responde levantándose de la silla con ella—la voy a acostar y regreso.
Camina cuidadosamente hasta la habitación donde tiene su cuna y luego de colocarla con suavidad en ella, enciende el monitor de bebé en la mesita de noche y se lleva su contraparte con ella por sí la niña llegara a despertar.
Cuando llega a la sala descubre a Ron arrastrando el sillón junto a la ventana. Es como si ella de pronto se hubiera convertido en estatua.
--¿Q-Que estás haciendo?—logra articular apenas audible.
--Ah… es que me gusta ver la lluvia afuera, y pensé que podríamos…--y entiende que algo no anda bien cuando la mira—lo siento, es demasiada confianza, ¿verdad?
Pero no es exactamente demasiada confianza. Es esa misma acción miles de días atrás, miles de momentos antes. Con ella.
--¡Ah! Un día perfecto—Ginny ha volteado el sillón de frente a la ventana y tiene los pies elevados y apoyados en el marco de la misma.
--¿Qué? ¡Claro que no!—debate ella sentándose a su lado—Ha sido de los peores. Los exámenes finales han estado brutales, creo que falle en 3 preguntas. Y el cielo se está cayendo afuera—sacude su cabello, mojado por su reciente carrera desde la parada del autobús hasta el apartamento—bonito día para que tu auto se descomponga. Y para colmo, ya revise el refrigerador. ¡Te has olvidado de hacer las compras! Solo hay cátsup y un trozo de queso viejo.
--¡Ey! Fue semana de exámenes, tuve suerte de no olvidar mi nombre—se excusa—y te quejas demasiado.
--Estoy muriéndome de hambre.
--Tengo algo—saca de su bolsillo una barra de chocolate.
--No, quiero comida real.
--Ok, no habrá chocolate para ti.
--¡No, espera! Dame un trozo.
Las lágrimas amenazan con salir, después de todo lo que ha sucedido y lo mucho que se repite que está bien, todavía no puede lograr quitarse ciertas imágenes de la cabeza.
--Lo regresare a su lugar—remedia Ron moviendo en sillón unos centímetros.
--¡No!—le grita, dejándolo confundido—No. Está bien, déjalo allí.
--¿Qué pasa Hermione?—le pregunta visiblemente preocupado--¿Hermione?
Con chocolate en mano, divagan sus miradas en el mundo mojado y oscuro de afuera.
--¿Cómo encuentras en esto el día perfecto?—preguntaba Hermione.
--Solo piénsalo. Míralo. Terminamos exámenes, en una semana nos vamos de vacaciones—razono Ginny—y la naturaleza nos regala vida ¡Mira allá! Vida cayendo del cielo, me encanta la lluvia. Además el mundo es mejor si comes chocolate.
--Mm… no lo entiendo.
--No se supone que lo entiendas—replicaba—los días perfecto suceden cuando haces lo que más te gusta, en tu momento preferido y con las personas que más quieres.
--Ah… ok.
--Pero nunca los ves venir. Nunca sabes que será un día perfecto hasta que estas, literalmente, en medio de él.
--Mm… ok.
---Es cuando te das cuenta de que no hay suficiente tiempo—suspiro profundamente mientras se perdía en la ventana—porque quieres vivir para siempre.
Es el fantasma otra vez, el que parece que nunca va a irse.
--Es que…--empieza acercándose a él, separados por el sillón a su lado—tú eres como ella. Los gestos y las costumbres… hasta la manera en que pueden bromear casi de cualquier cosa—le cuenta—me hacen reír hasta que las costillas duelen.
Ron compone una sonrisa ligera, ella ríe al decirle aquello, recordando.
--Y solía hacer esto mismo—señala con una mirada al sillón—porque le gustaba ver llover, decía… que eran días perfectos.
Puede ver atreves de la ventana, como todo afuera esta mojado y vivo. Como incluso eso ha cambiado, la vista desde la ventana no es la misma a la de hace miles de días atrás.
--Lo que yo hago—habla Ron reflexivo—cuando me acuerdo de algo que solía hacer Ginny y eso me pone triste, es…--y cierra los ojos con fuerza—poner en mi mente las palabras que creo que me diría ella en ese momento.
Ahora sonríe, y es una sensación tan contagiosa verlo así que se olvida de todo lo demás.
--¿y que te diría?—pregunta suavemente
--Me diría… "No seas tonto, Ron. Sigue adelante"—y cuando él abre los ojos y ella mira en ellos, sabe que la tormenta ha pasado—le gustaba decirme tonto cada vez que podía—añade--¿Qué crees que te diría a ti?
Lo piensa un minuto, se sienta con lentitud y calma en el sillón. En el lado que siempre solía tomar. Cierra los ojos para imaginarse como sería, y puede sentir a Ron ocupando el lugar que solía ser de Ginny. Llenando el frío vacío.
--Me diría… "deja de desperdiciarte, tú vales mucho"
Contesta sintiéndose reconfortada, como si de verdad fueran palabras de Ginny
—Porque siempre me decía que yo actuaba como alguien de 30, que estaba desperdiciándome y aferrándome a las cosas superficiales—recuerda bien—Me hace recordar aquella vez que… saco toda mi ropa del closet y la "modernizo" para que no luciera tan seria—le cuenta divirtiéndose—básicamente lo que hizo fue recortar mis jeans para hacerlos muy cortos de las piernas y desmango todas mis blusas, dijo: "este estilo de te va mejor".
--Oh, ¡rayos! ¿De verdad?—le pregunta Ron riendo.
--Lo peor del asunto era que al día siguiente tenía exposición en clases y—comienza a reír esporádicamente—no tenía nada que usar que no estuviera "modernizado"
--¿Y qué hiciste?
--Lo que cualquier persona haría
--Llevaste la ropa "moderna", ¿no?—trata de adivinar Ron.
--¡Claro que no! Tuve que ir de compras de emergencia.
Y ríe, tan fuerte que por un momento se tiene que tapar a boca por miedo a despertar a Lily. Ron hace lo mismo, inclinándose hacia adelante y casi perdiendo en equilibrio. Hermione comienza a tener hipo luego de un rato, y el pelirrojo la contempla divertido hasta que a los dos se les acaba el último aliento.
--Creo que—dice él controlándose—ya no está lloviendo.
--Sí…--reconoce ella—es la claridad cuando para la lluvia.
El té aún está caliente, y afuera aun hace frío. Retrasan el momento lo más que pueden, casi intentando respirar con pesadez suficiente para detener el reloj.
--Debería irme—y su voz se asemeja más al tono de pregunta que al afirmativo.
Esta vez, no necesita meditarlo. Es claro y fuerte.
--Quédate…
El chico la enfoca con la poca luz del día nublado, un tanto absorto en la manera en que los ángulos de su rostro le transmiten lo que él de sobra ya sabe.
--Quédate para tomar el té—completa ella nerviosa.
Sí, él ya lo sabe.
--De acuerdo—dice tomando la taza que tiene más cercana—pero solo si me cuentas más de tus historias.
La castaña parece brillar de alegría, toma ella su taza y cruza los pies al subirlos al sillón. A Ron se le asemeja a una niña pequeña.
--Mm…--saborea el té en el primer sorbo--¿por dónde empezar?
"Tire Swing" by Kimya Dawson
"Not Going Anywhere" by Keren Ann
Hola a todos.
Solo quiero agradecer sus lecturas hasta este momento. Me llenan de buena vibra y me hace seguir escribiendo. Especialmente esas personas que siempre dejan un comentario, ustedes saben quien.
La historia sigue, es un hecho. Sigan por aquí que se pone mejor.
Saludos, Emma Peverel.