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Historia 188742 — capítulo 26
Sleeping Monster/Monstruo Dormido
--Cuando estés lista—le habla fuerte para que la escuche a través de la puerta de la habitación.
--Pues entonces no me lo recuerdes cada 5 minutos, solo espérame—escucha su voz ahogada dentro.
Se acomoda la corbata por centésima vez y reniega del cuello. Nunca le han gustado mucho los trajes, a pesar de que en su trabajo de músico en el restaurant lo usaba reglamentariamente.
Dedica otro rato a juguetear con Lily, ya preparada con un precioso vestido color verde esmeralda. Le hace divertidos movimiento con la mano y ella mira atenta.
--Cuando estés lista—repite apropósito.
Ha descubierto que por alguna razón, Hermione le gusta más cuando se enoja. Se lo atribuye a la manera en que levanta la ceja derecha y como hace una línea con sus labios.
--Si vuelves a decirme eso una vez más te juro que te iras solo a la boda.
--De acuerdo, de acuerdo—recita cansinamente, mirando cómplice a Lily—ya no preguntaré.
Otra vuelta al departamento con la niña en brazos, otra revisión de pañalera, otro chequeo del reloj. Aún hay tiempo, eso sí, apenas son las 10 y 45 de la mañana.
En la vigésima ronda al lugar, nota algo que le llama poderosamente la atención. Una caja de películas, que por las temáticas de romance y drama, dictamina que no van con el estilo de Hermione.
Quizá no quiso empaquetarlas en cajas para que descansaran en la habitación de la madriguera, pero se apuesta las cejas a que son de Ginny. Ni siquiera ocupado mirando los títulos, donde la mayoría tiene la palabra "amor", puede olvidarse de su motivación principal.
--Cuando estés…
--¿Lista?
Se sorprende tanto de la cercanía y claridad de la voz que Lily se resbala unos milímetros de su agarre. Deja de lado lo que hace y se voltea para encontrarla.
--No puedo creer que lo ibas a decir otra vez—le advierte Hermione parada en el umbral de la puerta de su habitación—estuviste cerca de tener que irte solo.
Sin embargo, difícilmente las palabras de la castaña llegaran a su cerebro, repentinamente embotado de tal descarga de hormonas.
Es cierto que Ron ha tenido a un desfile de chicas para elegir siempre, ha tenido frente a él los mejores vestidos y los mejores cuerpos. Chicas atractivas y físicamente exquisitas, en gran parte debido a su profesión y a las ventajas de trabajar en bares y restaurantes.
Y aun así, siente como si en toda su vida no hubiera visto a una persona más única y hermosa que Hermione, con su sencillo vestido rosa pálido que le llega a la rodilla, desmangado y con un prudente escote, su cabello castaño sostenido únicamente por un pasador de lado, y su rostro casi limpio de maquillaje.
Es ella. Es simple y fascinantemente toda ella.
--¿Qué?—tiene que preguntar luego de un rato— ¿Algo anda mal?—y se mira a si misma con duda
Ron tiene que retener las palabras que tiene en la punta de la lengua para que no cause otro incomodo momento.
--No, todo está bien contigo—responde en su lugar—muy bien, diría.
Se gana una ligera sonrisa por el cumplido. Luego una sensación de vértigo cuando ella se acerca de pronto.
--Tu corbata—y sus manos la ajustan cuidadosamente posicionándola correctamente—ya, estás perfecto.
--Gracias—y hace su máximo esfuerzo por no ceder a sus impulsos.
Luego un llamado a la realidad.
--Entonces vamos. ¿Está todo en la pañalera?—le pregunta
--Te puedo asegurar que sí—le dice Ron con aplomo—de hecho, te puedo hasta recitar de memoria lo que hay dentro.
--Lamento haber tardado tanto es que tenía que revisar unos correos del trabajo y…
--Lo sé, no te preocupes—la corta antes de que se exalte demasiado—no fue tanto, tenemos buen tiempo.
Hacen un recuento de las cosas que van a llevarse y se disponen a salir rumo a la madriguera, donde se celebrara una boda dentro de unas horas.
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Una docena de mesas elegantemente adornadas acampaban en el amplio patio trasero de la Madriguera. Algo sobrias y simples, pero elegantes. Al fondo está el pequeño altar que sirvió de sitio para el ministro que hace unas horas unió en matrimonio legal a Percy y Audrey.
Ha sido una fiesta prácticamente familiar, de poca concurrencia. Muy seguramente por el hecho de que fue planeada y puesta en acción en una semana.
Está cayendo la noche, impactándolos con una vista preciosa de las colinas y cielo abierto.
--Parecen felices—murmura Hermione, los nuevos esposos platican muy juntos en la mesa principal.
--Acaban de casarse, deben serlo—razona Ron sentado en la mesa junto a ella.
--Sí—concuerda ella silenciosamente—supongo.
No es por demás fanática de las bodas, de hecho, no es por demás fanática del matrimonio. Y no tiene nada contra las parejas que deciden aventurarse en un gran reto como ese, al contrario, es de admirarse su valentía en hacer funcionar una relación.
--Nunca la mencionó antes—comenta el pelirrojo, bebiendo de su vaso con refresco--a Audrey, me refiero. Ni siquiera sabía que existía, acabo de conocerla ayer en la cena con sus padres.
--¿Por qué crees que nunca les dijo nada?—cuestiona ella interesada.
Un par de mesas más allá la pequeña Lily es el centro de atracción de todos. Los gemelos la presumen a cualquiera que se encuentren.
--Es el más reservado de toda la familia, nunca sabes que va a hacer hasta que prácticamente ya lo está haciendo—acepta Ron—así es Percy.
--¿Pero casarse?—dice incrédula—nunca me imaginé que fuera del tipo que se casan.
--¿Y por qué no?—es el turno de él para sorprenderse--¿Acaso crees que casarse es tan malo?
--No es que crea que es malo, creo que es difícil—le explica con firmeza.
Molly y Arthur ocupan la mesa más cercana a la casa, incluso desde ahí puede verse que discuten por lo bajo.
--Ahí puede que tengas razón—concede él, dando un rápido vistazo a sus padres—es difícil aún si es lo correcto.
--Y un desastre si no lo es—concluye, porque eso lo sabe de primera mano.
--Pero no sé… aun así vale la pena—aventura él—y no me mires así, lo vale. Si hay chances de que funcione y ser felices bien vale la pena. ¡Míralos!—le señala a la pareja de recién casados—yo creo que lo vale.
--Yo creo que… podría pasar cualquier cosa—no quiere inmiscuirse más en la conversación.
Ron la mira con cansancio, dando el último trago a su vaso.
--Lo siento, tú sacaste el tema—se disculpa Hermione arrepentida—es solo que… no entiendo a tu hermano, ¿casarse justo ahora? Tus padres aún no se recuperan de lo que paso con Ginny—argumenta—nadie, de hecho. No es el mejor de los panoramas*, con todo lo que sucede.*
--Creo que es precisamente el motivo—opina él—por todo lo que sucede.
Siempre se preguntara cómo es posible que una persona pueda ser así de optimista y esperanzado. Cómo es que alguien así puede existir. Lo pone junto a la lista de cosas que no entiende de Ron Weasley.
--Ron, el novio te solicita—dice una conocida voz.
--¿Qué sucede ahora? No se va a poner histérico como lo hizo por el tamaño de las copas, ¿o sí?—es la respuesta del aludido.
Bill ríe al recordar el incidente.
--No lo sé, no me dijo para que te necesitaba—acepta—pero yo que tú, iría rápido.
Ron se levanta con pesadez, en dirección a la mesa de Percy y su esposa. El mayor de los Weasley acompaña a Hermione en la mesa.
--¿Cómo te ha ido con…--duda.
--Lily—completa ella.
--Sí, claro. Con Lily, es un bonito nombre.
--Lo eligió tu hermana—comenta ella pensativa—y todo ha ido bien, digo, dentro de lo que se puede decir ya que no duermo más de 4 horas a lo mucho, pero… es encantadora—admite sonriendo.
--Ya la cargue hace rato—dice Bill—sí, es preciosa. Se parece mucho aella de bebé.
--Eso dicen—concuerda—excepto por los ojos. Tiene, hasta donde sé, los ojos de su padre.
Ambos meditan sobre ello, observando como los miembros del personal del grupo musical que contrataron terminan de instalar los instrumentos. Al parecer de música clásica.
--Qué bueno que pudiste venir—comenta Hermione para continuar la conversación.
--Bueno, tuve que dejar muchos pendientes en el banco pero cuando llama tu hermano para su boda… no es algo que puedas posponer.
--No, creo que no—le da la razón.
--Admito que fue inesperado—y desde la distancia ven a Percy en su deslumbrante esmoquin hablar con Ron—pero la verdad es, que nunca había ha visto a mi hermano tan feliz, y mira que Percy es un tipo serio.
Hoy todo va en torno al milagro que representa que Percy se case.
--Pero bueno… parece que todo ha dado giros inesperados por aquí, ¿no?—y de momento no entiende el punto—Percy casándose, los gemelos montando un negocio de artículos de broma, y lo de tú y Ron…
Wow, ¿Qué?
--Espera, ¿Qué?—cuestiona acalorada--¿Qué hay conmigo y Ron?
Bill luce desconcertado, se queda pasmado unos segundos y luego frunce el ceño confundido.
--¿Qué tú y él no…--se intenta explicar con gestos—ustedes no…
--No—responde rotunda, como si aquello fuera un crimen—No, jamás.
Los minutos siguientes son por demás incomodos. Se distraen en las demás personas a su alrededor. Hermione se interesa desmesuradamente en el color exacto del cabello de Audrey, que es quien primero se le cruza enfrente.
--Lo siento—intenta recomponer Bill—yo pensé… no importa.
--¿Por qué? ¿Acaso parecemos que…
--No, bueno—duda él—un poco.
--¿Un poco?—se alarma ella, aunque no es como que no se haya dado cuenta de eso.
--¿Sabes qué? Soy yo el que está viendo cosas—la tranquiliza.
De pronto tiene incontrolables ganas de salir de allí, irse a casa y meterse en la cama para que no puedan ver sus mejillas color fuego.
Localiza a la bebé, está en brazos de la señora Weasley, que parece haberse dado por vencida en su recia conversación con Arthur. No sería difícil escabullirse ahora con algún pretexto.
Hasta que el sonido agudo de un micrófono en preparación capta la atención de todos.
--Buenas noches, es un honor para mí y mi esposa que nos acompañen en este día—empieza Percy—sabemos que ha sido… un tanto inesperado, pero no por eso precipitado.
A su lado, Audrey, una chica muy agraciada y ahora su esposa, sonríe abiertamente llena de alegría. Sus padres y demás familiares lucen bastante conformes con el enlace.
--Así que ahora, daremos paso a una sorpresa—continua hablando—mi hermano Ron nos deleitara con una pieza musical en piano.
Ron, ligeramente cohibido por ser el repentino centro de todas las miradas, decide ocultarse rápidamente detrás del instrumento, apoyándose de un banquillo de pulcra madera.
Sus ganas de salir huyendo desaparecen apenas Ron empieza su interpretación. Para ser precisos, todo lo demás desaparece. Como si fuera en cámara lenta, super lenta. Sus dedos se deslizan por las teclas con precisión y cadencia. Su rostro cambia a una expresión hasta ahora desconocida para ella.
No es gran admiradora de la música, o no lo era hasta entonces.
Le fascina. Como Ron es duro y fuerte, y luego es preciso y delicado. Y quisiera arrancarse de tajo todo dentro del pecho. Quitarse el miedo, y con él, todo el corazón. Porque esto es algo que no quiere sentir.
--Démosle un gran aplauso, por favor—pide al público uno de los músicos del grupo al terminar la música.
El pelirrojo vuelve a ser tímido y cohibido mientras los aplausos resuenan y los gemelos chiflan al aire.
--Hermione—la llama Bill--¿me oíste?
--¿Qué?—dice saliendo de su distracción.
--Te digo—repite--¿Qué si ya lo habías oído a Ron tocar?
--No—responde nerviosa—es… la primera vez.
Lo observan saludar a los padres de la novia, y luego como cambia de dirección hacia donde están ellos.
--Es natural—suelta Bill sin perderlo de vista—nació tocando el piano.
Ahí viene. Él.
--Ya lo creo—contesta débilmente.
La mirada de Bill se clava en la castaña, sonríe y se despide implícitamente con un toque en el hombro.
Ella apenas si puede notar su cuerpo.
Se levanta por impulso, tan rápidamente que un mareo la hace desenfocar los objetos.
--¿Qué tal estuvo?—Ron la ha alcanzado, sonriente.
--Bien…
--¿Vas a algún lado?—lo dice porque está parada.
--No…
Él la mira largamente, sin poder descifrar lo que sucede, ella sigue pensando que irse es una buena idea. Afortunadamente todos están muy ocupados en sus respectivos asuntos como para notarlos. La música ha empezado a sonar otra vez.
--Tiemblas—le dice Ron que ha puesto su mano sobre su brazo.
Por impulso retrocede, como si el contacto le hubiera quemado la piel, asustada.
--Creo que es mejor que me valla, está refrescando.
--Si quieres—acepta el otro, preocupado—te acompaño.
--No, no te preocupes—se defiende rápidamente—Me iré sola.
--Hermione no voy a dejarte ir sola en plena noche—advierte.
--Son las 8, no es tarde—insiste ella.
--No dije que fuera tarde, dije que ya anocheció—debate Ron con firmeza—No te iras sola.
Es una conversación zanjada. Hermione decide rendirse ante tal insistencia, creyendo que las cosas se calmaran y pronto podrá volver a respirar sin dificultad.
Ni siquiera se percata del saco de Ron sobre sus hombros hasta que prácticamente su olor ya la está asfixiando. Y lo voltea a ver con torpeza, esperando que sus pensamientos no se delaten en su mirada. El pelirrojo solo le sonríe amable y ajusta mejor el saco a su cuerpo.
Comienzan a caminar hasta la casa, muy sigilosamente para evitar miradas y preguntas incómodas. Se despiden de la señora Weasley, Ron hace un gesto de despedida a Percy, quién asiente secamente. Luego llama con discreción a Fred para que saque a Lily de la fiesta y la lleve adentro.
--No te despidas, puedes regresar más tarde—dice la castaña buscando las llaves en su bolso.
--La verdad es que esto se pondrá muy aburrido cuando te vayas—responde éste.
Es un comentario cualquiera, hecho distraídamente mientras él busca por la ventana de la sala a que aparezca Fred con la bebé. Pero el peso que tiene a este punto está haciéndola querer gritar.
--¿Por qué se van? Lo mejor apenas está empezando—reprocha el gemelo al entrar en la estancia.
--Está poniéndose frio allá afuera—se excusa Hermione—y mañana tengo trabajo así que es mejor retirarnos temprano.
Fred parece inconforme con la respuesta, pero no hace ningún otro comentario al respecto. George entra un segundo después y nunca dejaran de sorprenderla con su extremo parecido, sobre todo ahora con sus trajes de gala.
--¿Por qué se van tan pronto?—cuestiona repetidamente.
--George, ¿acaso no puedes ser más comprensivo?—lo reprende su par en broma—Se está poniendo frío para Lily y Hermione tiene trabajo mañana.
--Uuu, lo siento—se disculpa con sarcasmo hacia Fred.
El humor de los dos la anima un poco, hace que los nervios se le calmen. La mueca divertida de Ron también la tranquiliza.
--Al menos la veré mañana—se reconforta George, tomando la bebé a brazos de Fred —o ¿no?
--Sí, mañana estará aquí temprano—le asegura ella, luego echa un vistazo a la sala--¿saben dónde está la pañalera?
--Creo que mamá la subió a su recamara—recuerda Ron—la voy a buscar.
Sube la escalera de dos en dos rápidamente. Lo observan desaparecer y Hermione está apunto de preguntarles a los gemelos acerca de la tienda de artículos de broma que Bill le mencionó antes, cuando el timbre de la puerta suena.
Los tres comparten una mirada extrañados y luego Fred se encoge de hombros poniéndose en dirección a la puerta.
--¿Qué haces tú aquí?
Hermione y George se exaltan por la grosera forma de Fred, ninguno entiende con exactitud que sucede porque no logran ver quién está afuera.
--¡Hola George! -exclama una voz melosa de mujer—Cuanto tiempo sin verte cuñadito.
--Pues creo que no el suficiente—responde con crudeza—ni soy George, ni soy tu cuñado
--Oh, vamos Fred—corrige—un ligero error. No te molestes.
--¿Qué necesitas? Porque no creo que tengas nada que hacer aquí.
Y sin previo aviso, entra dando un empujón sorpresivo a Fred, que parece furioso.
--Ya sé que regreso. Quiero verlo.
Es una chica más o menos de su edad, por lo que se ve. Tiene un aire de súper modelo, desde la gracia con que se mueve, el cabello rubio que enmarca un buen rostro, el cuerpo… pero sí, también la superficialidad y egocentrismo.
Se acerca a donde ellos se encuentran, examinando el lugar en busca de quien sea que busque.
--Haz el favor de irte.
--Ah, ya veo. Tú si debes ser George, ya no hay más para equivocarme—y se ríe de su supuesta broma, y se percata de Lily--¿ahora eres niñero?
--Él no está aquí—le dice Fred, regresando desde la entrada.
--No me mientan. Sé de buena fuente que lo ha visto por la cuidad apenas ayer—responde astuta.
Los gemelos se ven enfadados y molestos. Hermione solo esta confundida, al menos hasta que se oyen pasos por las escaleras y aparece Ron medio agitado.
--No está allá, mamá debió…
De momento, Fred y George se tensan. Ron solo es una estatua a mitad del último tramo de escaleras, como si no pudiera creer que la misteriosa chica que está allí fuera real. Y eso solo la confunde más y más.
--Te he estado buscando—es lo que ella le dice, cautelosamente sonriente.
--Y yo te he estado ignorando—le responde él contra toda lógica de que las estatuas no hablan.
--Pues no deberías—regresa ella coquetamente—te extraño.
Entonces las piezas se comienzan a juntar. Embonan con tanta facilidad que ya sabe quién es esta persona.
--¿Y también extrañas a Simus?—pregunta Ron con desprecio, baja los restantes escalones—Ah, no. Se me olvidaba que él era el remplazo en los ratos que yo no estaba, así que… te la has pasado bien estos meses, ¿no?
--No te creí tan rencoroso, Ronnie—y lo toma por la corbata con intención de acercarlo a ella—vine a pedirte disculpas.
--Ya no quiero tus disculpas—le asegura él, zafándose—ya no quiero nada de ti Lavender. Te puedes ir.
Ron se aleja varios pasos más, donde se encuentran Hermione y sus hermanos.
La chica tiene un destello de coraje en los ojos, que ahora examinan alucinantes a los presentes. No la conoce, pero por estos breves minutos ya puede suponer con mucha certeza cómo es esta Lavender. Y no le agrada.
La rubia va del pelirrojo a la castaña, y con más que furia parece atar cabos. El saco faltante en el conjunto de Ron y que descubre en el cuerpo de Hermione es la prueba que necesita para confirmarlo.
--Ya veo—dice con calma--¿otra de tus chicas?—le pregunta a él señalándola—no me sorprende, y descuida, sé que intentabas devolverme el daño.
--¡Ella no es cómo tú!—grita Ron delirante.
--Eso lo sé, cariño—ataca con despreció, barriéndola de arriba a abajo—eso lo sé.
--Ya es suficiente, no la vas a insultar—la defiende tomando a Lavender del brazo—te vas, ahora.
Pero la chica es bastante hábil librándose del pelirrojo. Ha designado a la víctima, y está lista para ir al frente.
--¿Cuánto crees que dure?—le pregunta a Hermione—Yo conozco a este chico desde que éramos dos niños.
--Deja de hablar—le ordena Ron, ella lo ignora.
--Ha tenido tantas novias que no me alcanzan los dedos de las extremidades para enumerarlas, siempre es igual.
--Yo no…--intenta defenderse en vano.
--Así que no te hagas muchas ilusiones chica—continúa sin dejarse interrumpir—el seguramente volverá a Nueva York donde debe haber dejado más como tú.
Ron vuelve a tomarla de la mano, y nuevamente ella se zafa. Esta vez lo empuja con fuerza haciendo que él retroceda un par de pasos.
--¡No me toques!—grita histérica.
Fred y George se asoman por la ventana para cerciorarse que nadie más los vea, sobre todo Molly. Lo ultimo que necesitan es alterar también a su mamá.
--Te fue fácil hacerte la víctima, Ron—le habla de cerca y con el dedo índice amenazante—pero yo sé quién eres.
--Yo jamás…--empieza furioso.
--Ron—le llama George en voz baja, indica con una seña que guarde silencio.
Los ánimos están muy caldeados, y Hermione se siente incómoda y nerviosa de tener que estar presente en ese conflicto.
--Bien, ¿quieres hablar? Vamos a hablar—propone finalmente el pelirrojo—pero no aquí.
--¿Y por qué no?—lo cuestiona Lavender—conozco bien tu casa, podemos hablar… en la cocina, solos.
Ahí es donde una voz que no es la suya comienza a gritarle para sus adentros. Una voz que la castaña nunca antes había escuchado, mucho menos que supiera que tenía. Tal vez por el tono en que lo dijo Lavender, tal vez por la insinuación que representa, pero el monstruo interior de Hermione parece haber rugido fuerte.
--Solo si prometes dejarme en paz—negocia Ron—y a ella—la señala.
Lavender solo asiente con la cabeza, satisfecha. Ron le dedica una mirada doliente a la castaña y da la impresión de que intenta decirle algo más.
--Vamos, ¿o qué?—lo presiona la rubia irritantemente. La intención en sus ojos se desvanece.
Caminan hasta la cocina y la puerta se cierra para dejar a los gemelos y a Hermione pensativos.
--Pues, supongo que ahora si debo irme—es lo que dice ella.
--¿Quieres que te acompañemos hasta tu casa, Hermione?—le ofrece Fred sin reparos.
--No es ninguna molestia, de veras—agrega rápidamente George.
--Son muy considerados chicos, pero no—declina—puedo irme sola.
George le pasa a la pequeña, que con tanto ajetreo se mueve molesta. Hermione les encomienda buscar la pañalera para recogerla mañana y sin más, sale de la casa.
--¿Segura?—todavía Fred insiste antes de ayudarla a subir al auto.
--Segura—confirma—nos vemos luego.
Se despiden, y hasta que se encuentra varios metros lejos de la Madriguera se orilla un segundo para respirar lo más profundo que puede, intentando digerir lo mucho que ha vivido en un solo día.
"A Thousand Years" by Christina Perri
"Sunday" by Sia