← Historia 188742 · de
Historia 188742 — capítulo 28
Elevator Love Letter/Carta de Amor en el Ascensor
--¡Abbott!—oía desde adentro de la oficina--¡Abbott!
Está en verdad harta de ese hombre. Claro, era su jefe y todo eso, pero incluso la más de las pacientes secretarias tenía un límite.
Se levantó de su pequeño escritorio ubicado a las afueras de la oficina, aliso su falda azul marino con frustración y se acomodó la pañoleta amarilla clara de su uniforme.
--¿Qué se le ofrece abogado?—disimulo su disgusto lo mejor que pudo.
--Necesito los documentos que mande contigo ayer.
El joven de pelo castaño claro y traje ejecutivo se mecía recargado por completo en el respaldo de su silla, miraba su computador como siempre, aunque ella intuía, por la expresión de su rostro, que no siempre eran asuntos de trabajo.
--Se refiere a los que mando a la abogada Granger ¿no?—dijo recordando—Seguro que no tarda en mandarlos.
McLaggen se incorpora de su cómoda postura y la mira con irritación.
--¿Creer que te los estaría pidiendo si no los necesitara DE INMEDIATO?
--Entonces ¿quiere que los…
--¡Tráelos y ya!—le gritó desesperado.
Hannah tiene que hacer un gran esfuerzo para no perder la calma ante tal falta de respeto, después de todo, aguantar a este hombre era su trabajo y por mucho que se lo hiciera difícil, le gustaba trabajar en aquel lugar.
--Por supuesto señor, los iré a buscar enseguida—se limita a responder.
Se retiró aun contando hasta 10 para lograr tranquilizarse. Recorrió varios pasillos antes de dar con la oficina que buscaba, fue entonces que al levantar el puño para tocar cortésmente, el abrir de la puerta casi la manda de espaldas hacía atrás.
--Lo siento Hannah, no sabía que venías—comento disculpándose la castaña.
--No, si no es tu culpa—respondió ella—es solo mi mala suerte de hoy.
Desde temprano una serie de desafortunadas pasadas le había complicado toda la mañana. Desde derramarse café encima hasta la descompostura de su computador.
--¿Qué se te ofrece?—le preguntó Hermione después.
--El licenciado McLaggen quiere los documentos que estuvimos ordenando ayer.
--¡oh! Sí—recuerda enseguida—justo son éstos. Voy en camino a su oficina.
--Bien, pues vamos entonces—le propone ella de mejor ánimo.
No era de extrañarse porque preferiría mil veces más trabajar para alguien cómo Hermione que para un idiota como McLaggen.
--¿Y cómo va tu día?—inició casual conversación con la castaña mientras caminaban.
Con el paso del tiempo, había recibido la confianza para referirse a ella por su nombre y además tratarla de tú.
--Bien—le respondió Hermione sin añadir nada más.
--Oye quería preguntarte si querrías salir por ahí alguna vez.
Hasta ahora esos eran los límites, pero le agradaba tanto y se sentía tan sola en la ciudad, que estaba dispuesta a ir más allá.
--Pues, la verdad, lo veo complicado—declina la oferta pensativa—me encantaría salir, pero no sé si tenga tiempo.
--Creí que salías a las 3 de la tarde—repuso la rubia, enseguida se dio cuenta de que era suponer de más—Pero claro, seguro tiene más cosas… amigos, familia… quizá un novio. Lamento si estoy tomando demasiada confianza.
--No, no—la contradijo enseguida—no es demasiada, está bien. Y no, tampoco tengo otros compromisos sociales —le asegura—Neville es el único amigo que cuento y está fuera de la ciudad aún. No tengo hermanos y… digamos que no veo mucho a mis padres—le cuenta puntual—Respecto a lo del novio… --suspira cansinamente—no tampoco. Pero si tengo muchas más cosas que atender.
Hannah evita seguir preguntado, es suficiente con la información que ya le dio ahora. Sin embargo siente que tiene que preguntar a qué se debe su repentino bajón de energía.
--Descuida, será luego—le dice y al girar en el último pasillo, sabe que esa es su oportunidad--¿Te encuentras bien?
--¿Por qué lo preguntas?
--Porque ayer estábamos bromeando—le recuerda—y hoy más bien pareces… desanimada.
Sí, se nota en su postura y en como camina. En sus ojos y en la cara.
--Solo tuve una noche muy… peculiar ayer—explica escuetamente—pero estoy bien, no sucede nada.
Prefiere no insistir, pero sea por la mucha susceptibilidad que tiene o porque Hermione es verdaderamente expresiva, sabe que algo importante, y quizá desagradable, le ha ocurrido la noche pasada.
--Pues desde ahora te aviso—menciona con la intención de recobrar el ritmo—que con McLaggen tu día no va a mejorar mucho que digamos.
Por un momento cree que terminara ignorada, puesto que la castaña deja pasar unos segundos antes de mirarla y sonreír de lado.
--No te preocupes, puedo manejar a McLaggen.
--Ya lo creo—responde igual—pero si necesitas que yo te respalde o…
--No, está bien—le contesta—no quiero que tenga razones para estar sobre de ti.
Es por esto que sabe que ha tenido suerte de encontrar a alguien así aquí, que se preocupe.
--Aunque…--Hermione continúa hablando, casi puede ver la idea atravesar sus ojos—si quieres, podrías ayudarme con esas "otras" cosas que tengo que atender.
--¿Pero a donde iras, hijo?
--Ya te dije mamá…
La maleta estaba casi llena, y en su mochila ya había guardado su computador portátil y demás cosas de tamaño pequeño. Sobre la cama esparcía las últimas prendas a doblar y empacar.
--…te lo diré cuando me logre establecer.
--Sí, pero…
--Mamá—aludía cansado de la misma discusión—necesito salir de aquí. Necesito…irme.
--Pero… ¿por qué ahora? Creí que te quedarías en casa más tiempo.
Era obvio que nunca podría entender plenamente a sus hijos. Hacían demasiadas cosas aparentemente irracionales.
Percy iba y se casaba con una completa desconocida para la familia, así, de un día para otro. Además sus hijos gemelos decidían no terminar una profesión y poner una tienda de artículos de broma.
Y, sí, ahora Ron se iba. No, no entendía nada lo que pretendían con sus vidas.
--Está bien mamá, te llamare cuando llegue allá—promete—no debes preocuparte.
Termina con sus cosas y cierra la maleta con ligera dificultad. Se para justo en medio de la habitación y recorre con su mirada todos los rincones.
Conoce a la mar de bien a Ron como para poder decir que no está bien.
Lo observa mirar las repisas vacías y el color naranja de sus paredes, ya algo descolorido por el tiempo, muy detenidamente, con tristeza.
--Parece como si hubiera sido ayer cuando pintamos tu habitación ¿no?—le dice nostálgica Molly luego de un rato—sabías que detestaba el naranja.
Los ecos de los recuerdos pasan en frente de sus ojos. Arthur y ella habían llevado a Ron para que escogiera el color de la pintura de su nueva habitación, y por más que había tratado de disuadirlo, el niño se empeñó en llevar dos latas de pintura naranja intenso. El color favorito de Ron.
Desde ahí pudo ver la decisión que hoy lo caracteriza, por eso intentar detenerlo era casi imposible
--Pero a mí me encanta en naranja—responde sonriendo y abrazándola cariñosamente.
Salen y caminan escaleras abajo, sin retrasar más su partida. Afuera en la entrada un taxi lo está esperando.
--Debes cuidarte mejor, mamá—recomienda él, pasándole su equipaje al hombre del taxi—come bien, toma tus vitaminas y trata de relajarte con Fred y George, ello no dejaran de hacer cosas locas de todas formas.
--Ron—esta vez su voz es más una súplica--¿por qué no puedes quedarte?
Su hijo compone otra sonrisa, esta vez más falsa que antes. Le seca las lágrimas de las mejillas y luego atrapa sus manos en las suyas.
--No te estoy abandonando—le asegura—voy a visitarte siempre que pueda.
No es lo que más gusto le dé, pero sabe que intentar hacerlo quedarse también sería egoísta. Él es un adulto ahora, y tiene que hacer su vida.
Solo que no es fácil. Sobre todo después de haber dejado ir a Ginny. Es como si cada vez que alguien cruzara esta puerta, sintiera que no volverá a verlo nunca más.
--Esto es algo que necesito, mamá—sigue diciéndole—es algo que quiero.
Debe confiar, confiar en que todo estará bien. Las cosas malas ya pasaron.
Ron abre la portezuela del auto, deja su mochila en el asiento contiguo y se vuelve para abrazarla otra vez.
--¿Está seguro de que es lo que quieres?—no se puede contener a cerciorarse.
--Sí—responde seguro—las cosas están estables por aquí de nuevo, no es lo mismo, claro. Nunca lo será, pero… están un tanto mejor—opina—y ya no tengo otra razón para quedarme aquí.
Le besa la mejilla y él sube al vehículo finalmente. Dejando atrás la Madriguera.
Para las 6 de la tarde ya termino de acomodar los pocos muebles que recién había comprado. El sofá es lo único que tiene en la sala, una cama en la habitación que planea ocupar y una parrilla que por ahora le servirá de estufa. El refrigerador llegara mañana de la tienda, al igual que necesita ir de compras por la comida.
Suspira cansado por el trabajo que le ha dado mover el colchón de la cama. Se dispone a sacar toda su ropa de la maleta, saca su computador de la mochila y al hacerlo se desliza en medio un pedazo de papel.
Lo levanta con esfuerzo del suelo, la espada lo está matando. Entonces descubre que no es un papel, es una foto.
Baja su mirada al lío de cosas que tiene regadas en el piso, localiza el rollo de cinta y corta un trozo de ella para pegar la foto encima del sofá de la sala.
Descubre que las paredes deslavadas y el sucio piso mejoran mucho con esa foto en la casa.
--Necesita un marco—le dice una voz detrás.
--Lo sé—concuerda sin apartar los ojos de la pared—pero hoy me fue imposible comprar uno.
Ambos se quedan un rato mirando la imagen, un poco perdiéndose en viejos tiempos.
--Hace mucho que no veía esta foto—susurra su acompañante.
--Es por mucho mi favorita—comenta él, y de inmediato voltea para verla—Creí que no ibas a venir. Por Lily, ya sabes.
--Bueno, resulta que tuve un poco de… ayuda—termina sonriente.
--Mientras no sea de algún fulano doctor o abogado—advierte con gracia.
Hermione entrecierra los ojos para denotar molestia, pero Ron sonríe inocentemente y la rodea con sus brazos por la cintura. Como magia, le desaparece el enojo y no se resiste a corresponder el abrazo también, con sus manos bien firmes en su cuello.
--No es ningún fulano—responde a escasa distancia—es una amiga.
--Wow, Hermione Granger tiene una amiga—usa un tono de sorpresa excesivo—eso sí que es increíble.
--¡Oye!—protesta ella sin reparos.
Él asegura que es una broma, ella decide perdonarlo a regañadientes. Ron la abraza más fuerte y se da espacio para poner un mechón de cabello rebelde sobre su oreja, fascinado, como si no creyera aun lo que sucede.
--¿Cómo te fue con tu mamá?—le pregunta ella interesada.
--Bien, creo—y se encoge de hombros—se acostumbrara con los días. Y cuando sepa esto…seguro que se alegra y se le pasa.
--¿Tú crees?
--Por supuesto, ella te idolatra—le dice con seguridad—cualquiera lo haría, conociéndote.
Hermione pasa una mano por su mentón y mejilla, hasta hora nunca se había percatado de lo mucho que necesitaba estar así. Sintiendo sus brazos, viendo a través de sus ojos los vestigios de la otra noche.
Se detuvo a pedir el elevador, sin terminar de creerse que por fin le había confesado lo que él supo desde que la vio por primera vez en su vida.
El resto dependía de ella por completo. Sin pretendérselo, surcan por su mente las imágenes de la última vez que intento decírselo, aquel día en que le preguntó si debía quedarse en Londres o no.
No puede evitar sentir temor, porque aquella vez Hermione se replegó y lo dejo marchar, y él creyó que lo que sentía no era reciproco. ¿Qué pasa si esta vez era igual?
Entró en el elevador todavía pensando en ello, presionó en botón con las iniciales de la planta baja y trato de no perder el pequeño rayo de esperanza que la valentía le había conseguido.
Antes de que la puerta se cerrara, la punta de un zapato la detiene haciendo que se habrá de nuevo. La vio emerger lentamente, como en cámara lenta. Primero una mano, luego el brazo, y luego toda.
No podía creerlo, estaba allí. Agitada y acelerada, muy nerviosa. Pero estaba allí, con él.
--Soy una chica difícil, ¿sabes?—inicia diciéndole, presionando el botón de paro. Sienten una pequeña sacudida al detenerse—Sé de lógica, ciencia y leyes, no más.
Se mantienen en extremos opuestos del elevador, y cada centímetro que los separa duele.
--Nunca he sido muy amistosa, de hecho, tiendo a ser una coraza blindada, como tú dijiste—recuerda—Soy más independiente y retraída.
Entonces Ron se relaja, porque comprende lo que está tratando de decir. Hermione solo se inquieta más con su mirada indulgente.
--Nunca me leyeron cuentos antes de dormir, nunca fui a acampar. No salí de viaje de fin de curso, nunca he tenido una cita, nunca he…conocido chicos—y debe deshacer sus puños para no hacerse daño con su propia fuerza desmedida—Nunca me temblaron las rodillas como ahora.
Y es como una descarga de electricidad a través de la espalda mirarlo acortar distancia. Como si toda se paralizara y tuviera que respirar a bocanadas.
--Este es mi punto… soy una chica difícil. No sé nada de compartir la vida con alguien más que no fueran mis padres o Ginny, no sé ni siquiera que resulte de una cosa así, pero… justo ahora…por primera vez…quiero hacerlo.
Ahora sí, el mundo puede detenerse, y el cielo puede caerse a pedazos. Ya no importaría.
--Porque podría ser mi oportunidad… podría ser la excepción en el millón… ¿no?
En este punto, sus rostros están tan cerca como nunca antes. Pero esta vez no hay urgencias que atender, ni personas para interrumpir. Solo ellos.
--¿Es que no lo ves?—susurra Ron casi en sus labios—tú ya eres mi excepción en todo el mundo.
Y se besan como si hubiera mañana. Porque hasta donde saben, podría no haberlo. Es suave y calmado, intenso y recio. Es como volver a un lugar ya bien conocido. Como ensamblar.
--Tendremos que decirlo pronto—aconseja él, con la frente pegada a ella y recuperando aire—no quiero tener que ocultarlo ni un día más. Es agotador.
--En eso estoy muy de acuerdo—responde igual, buscando sus labios otra vez.
El elevador del edificio de Hermione, las paredes descoloridas de la nueva casa de Ron, y la foto de Ginny con seis meses de embarazo mirando por la ventana, esos son todos los testigos que tienen por ahora.
"Make It Without You" by Andrew Belle
"Bones" by Josh Record