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Historia 188742 — capítulo 29
I Was Made For Loving You/Fuí Hecho Para Amarte
--Ya estamos aquí—anuncia Ron con Lily en el portabebés.
Cruza el recibidor, la sala y mira escaleras arriba buscando señas de alguien.
Molly sale de la cocina y los recibe gustosa. Recibe la pañalera que Ron le extiende y le dirige una mirada cariñosa a la niña. Igual que hace todas las mañanas que la recibe.
--Qué bueno—asiente ella— ¿Ya me dirás que tramas Ronald? O tendré que averiguarlo yo misma.
--No es nada mamá. Solo dejé la escuela de música, recupere mi antiguo empleo y compre una casa—le contesta simple.
--¿Solo eso?—le pregunta con sarcasmo—Al menos dime si estas comiendo bien, te ves más delgado.
--Mamá, estoy bien—asegura, desabrochando el cintillo para cargar a Lily en brazos—estoy intentando madurar.
La señora Weasley sonríe a medias, todo este cambio le ha parecido sospechoso.
--Bueno, pero te quedaras a desayunar con nosotros, ¿verdad?—pregunta a manera de súplica.
--¿Nosotros?—levanta las cejas extrañado—Creí que papá estaba en el trabajo y el auto de los gemelos no está…--entonces lo ve aparecer, le toma por sorpresa—…afuera.
--Buenos días Ron—saluda Percy educadamente.
Que Percy esté en la Madriguera a las 8 de la mañana es tan común como que los gatos vuelen.
--Percy, ¿Qué haces aquí?—cuestiona sorprendido—digo, ¿no deberías estar ya en el trabajo?
--Sí, ya es hora—comenta despreocupadamente mirando su reloj -pero me tomare la mañana libre.
¿Percy tomándose la mañana libre? ¿Percy tomándose un rato libre? Debería salir para ver si están lloviendo elefantes o algo.
--Oh…bien, pues… que bueno—atina a decir—pensé que mamá estaba sola porque no hay ningún auto afuera.
--¡Ah! Sí, el auto—recuerda con rastros de irritación todavía—está en el taller. Le cambiaran todo el tapiz.
--Ya caigo, no recordaba la broma de recién casado que te hicieron Fred y George—explica conteniendo una risa más prolongada—ya los conoces.
--Supongo que sí—acepta él--¿Está bien si… si cargo a la bebé un rato?
--Claro que si—le sorprende, pero no le molesta.
--Tomen asiento, enseguida traigo un café o algo—informa la señora Weasley ya puesta en dirección a la cocina nuevamente—y Percy, ¿quieres que llame a tu invitado o lo haces tú?—pregunta antes de perderse.
--¿invitado?—repite Ron confundido otra vez.
--Eh… ¿te molesta si tú lo llamas madre?—habla fuerte para ser escuchado desde la cocina.
--No cariño, ahora vuelvo.
El otro de los Weasley, que ya sostiene a Lily en los brazos explica con simpleza.
--Es solo un colega que me acompaña. Esta por ahí disfrutando la vista del patio trasero
--Ah—asiente Ron, algo dudoso.
Unos momentos después ya están todos reunidos en el comedor, con tazas de café y té al frente. El hombre que acompaña a su hermano se presentó como un abogado del ministerio, y es demasiado observativo para ser un invitado casual a un desayuno.
Percy todavía tiene a Lily en brazos, dándole el biberón mientras conversa con los demás. Molly y el "colega" de su hermano se enfrascan en una más que aburrida conversación sobre el césped del jardín.
--Entonces, ¿mamá cuida a Lily todos los días?—pregunta el hermano mayor de pronto.
--Solo entre semana, cuando Hermione trabaja—responde Ron—es un acuerdo bueno para todos, ¿no?
Toma un trago de café, hace una mueca de disgusto. Detesta el café sin azúcar. Alarga la mano para hacerse de la azucarera.
--¿Y tú eres quién va por la niña en las mañanas?—continúa Percy sin reparo, hace que Ron levante las cejas de nuevo.
--Pues sí. Fui yo quien se ofreció a…
--¿Y tú la llevas también?
--No. Hermione viene por ella a las… 3:30 más o menos.
--¿Más o menos?—sigue el otro.
Se detiene con la cuchara en mano, y la azucarera en otra. Todo esto ya está pareciendo mucho, demasiado raro. Se percata de que la conversación de su madre y el hombre se ha detenido, y ambos los observan.
--¿Quieres decir que ha llegado más tarde de las 3:30?—indaga él.
Ron duda si debe responder.
--¿Qué es esto?—pregunta entonces.
Percy se toma su tiempo para contestar, vigilando que Lily continúe comiendo.
--Solo interés, Ronald.
--¿Interés? A mí me parece más una evaluación a Hermione.
--Chicos.
La primera advertencia de Molly siempre es un llamado tranquilo.
--No es nada, solo pregunto—se defiende Percy, tratando de sonar inocente--¿por qué te lo tomas tan personal?
Eso es lo que sucede con Percy, sus alardes de inteligencia y astucia mental no son solo alardes. Es en verdad intuitivo para ciertas cosas, por eso es un político del ministerio.
--¿Qué? No es nada personal—dice aunque ahora así lo sienta—es que Hermione es una buena persona y está haciendo un buen trabajo con Lily.
--No estoy diciendo que no sea una buena persona—replica—no estoy diciendo nada contra ella.
--Pues más te vale.
Se produce un silencio en la mesa, con ambos hermanos escrudiñandose desde sus asientos. Molly sabe que Percy tiene habilidad para sacar de sus casillas a cualquiera, pero aun así no es común la reacción de Ron.
--De hecho he venido a proponerles algo interesante—suelta Percy luego del rato silencioso—y para demostrarte que no estoy en contra de Hermione.
--¿A sí?—pero Ron no será crédulo tan fácil--¿y qué es?
--Mi compañero aquí presente—y recibe un asentimiento del hombre a su lado—me asesoro con algunos asuntos y cree conveniente registrar en cuanto antes a la niña. No puede permanecer más tiempo sin una identificación legal.
Las caras de Molly y de Ron son de ligera sorpresa y a la vez de alivio. Podrían llegar a pensar que Percy tenía intención de continuar peleando con la castaña, como lo han venido haciendo. Es bueno que una tregua de paz se vea en camino.
--Dile a Hermione que la lleve al ayuntamiento—termina éste—y dile que… puede ponerle Lily, como mi hermana quiso.
Se levanta, deja a la bebé, ya perdidamente dormida, en brazos de su abuela.
--Gracias por la comida madre, estuvo deliciosa—halaga a manera de despedida.
--Gusto en conocerlos—agrega su compañero.
Y salen sin decir más.
El trabajo estaba matándola, o bueno, más bien ciertos absurdos caprichos de su adjunto McLaggen. Sin embargo, ni siquiera eso podía quitarle la sensación de volar por el cielo cada vez que recordaba quien la esperaba en casa.
Desde entonces, cada vez que se lo encontraba al salir del trabajo, se volvía inmune a cualquier tipo de dolor. A cualquier padecimiento que no fuera eso que llaman locura de amor.
--Buenas tardes Sirius—saluda llagando al edificio.
--Hola Hermione—responde él, deja los documentos de sus manos sobre el mostrador—oye, ¿puedo preguntarte algo?
--Claro—acepta, rememorando si tiene pagos de renta atrasados o cualquier otra razón para que el dueño del edificio quiera hablarle--¿Qué pasa?
--Me preguntaba—y comienza a buscar las palabras en el aire—eh… si te has dado cuenta de… del joven que te espera en tu apartamento todos los días?
Frunce el ceño, es una pregunta con fines de confesión. Completamente para hacerla hablar.
--Sí—responde dudosa.
--Ah, y ¿te has dado cuenta de que él te espera DENTRO del apartamento cuando llegas?
--Aja
--¿y de que esto se ha repetido toda la semana?
--Eh… sí.
Es una situación algo cómica, como las que usualmente le suceden con Sirius.
--¿Te molesta que ese joven me espere? O…--pregunta, con temor a que la sigua cuestionando.
--No, no—dice de inmediato—solo me aseguraba de que supieras en qué te estas metiendo.
Sirius es un hombre bastante expresivo, por eso no puede ocultar la preocupación y sorpresa que salen de sus ojos. Claro está que no se la pasan interesantes detalles, como que Ron ha pasado con Hermione mucho más tiempo de lo razonable para cualquier simple conocido.
Camina hasta donde él esta recargado, con esa mirada que le hace recordar a la de su padre cuando le contó que quería ir a la escuela de Derecho. Esa mirada de expectación, como si esperara ver una sombra de duda o inseguridad.
--Sé perfectamente en que me estoy metiendo, Sirius—contesta finalmente—pero… no puedo decir nada más.
Él parece meditarlo un segundo, entrecerrando los ojos.
--¿Y por qué no?
--Porque… esto es… nuevo.
No sabe cómo explicarlo. No está preparada para pararse a mitad de la calle y gritarle al mundo que está enamorada, eso sí lo sabe.
--No se cómo explicártelo—continúa sonrojándose de golpe—supongo que no estoy lista para que lo sepan.
Y entonces, como también sucedió con su padre, las dudas y la mirada de expectación desaparecen. Se sustituye por una de comprensión, quizá hasta de aprobación.
--Pues bueno—culmina—Creo que el relativamente poco tiempo que llevamos conociéndonos me da una gran idea de quién eres Hermione Granger. Y si no estás lista… entonces yo no sé nada.
Su tono inocente hace que sonría.
--Gracias—es lo que responde ella.
Sirius Black, de alguna manera lleno el espacio de padre para Ginny y ella cuando estaban solas. Es común que se preocupe, que le importe.
--Ya vete, lleva media hora allá arriba—apresura consultando su reloj de la pared.
Ella ríe, con ese vació formándose en el estómago y las mejillas encendidas de nuevo. Se apresura por las escaleras, esperar por el elevador sería eterno. Casi en el tercer escalón Sirius la detiene unos momentos más.
--Me gusta cómo te sienta eso… "nuevo"—agrega—digo, no sé qué será, pero… te queda bien.
Hermione mueve la cabeza de lado a lado, sonriente. Sigue por la escalera hasta que por fin se pone ya en la puerta del departamento.
El silencio dentro la hace preguntarse si todo estará bien, pero cuando descubre que Lily está plácidamente dormida en los brazos de Ron, sentado en el sillón con los pies ser la mesilla de centro enfrente.
Se acerca con sigilo, dejando su maletín y bolso en las sillas del comedor. El chico le sonríe observándola, hace un gesto para indicarle que se siente junto a él.
--Estuvimos dando vueltas y vueltas por todo el apartamento, éste parece ser el lugar que más le agrada—explica a susurros por miedo a despertarla.
--La verdad es que no me sorprende—dice ella usando el mismo método—Ginny prácticamente vivió en este sillón todo su embarazo.
Son los recuerdos inconscientes los más difíciles de borrar. Esos que hacen referencias a hábitos y costumbres demasiado arraigadas.
--¿Y qué tal te va con el trabajo?—pregunta preocupado—Son más de las 6, Hermione.
--Lo sé—acepta ella—Lo lamento, es que tenemos un caso difícil.
--¿Cómo el del señor del tranvía que me platicaste?—intenta adivinar.
--Peor—condena, frotándose el cuello—esta vez tengo a toda una familia.
Lily hace un gesto gracioso ente sueños y luego se chupa los labios, les causa gracia a ambos.
--Creí que ya habías tenido otra familias antes—comenta Ron siguiendo con el tema--¿Qué tiene de difícil ésta?
--Bueno, no es exactamente lo difícil—trata de explicarse—la otra familia no tenía hijos pequeños.
Hay algo, muy en el fondo de Hermione que se mueve cuando tiene que tratar con los problemas legales en un matrimonio. Algo que se agudiza si hay niños involucrados en ellos.
--Ya veo—asiente el pelirrojo—te entiendo, descuida.
Hermione lo mira por un segundo y luego se pega más a él, dejando que su cabeza descanse entre su hombro y su brazo. Puede sentir como él se gira un poco para darle un corto beso en la frente.
Esto es todo lo que quiere para el resto de su vida, piensa.
--Hablando de niños—vuelve a decir Ron—tengo algo que contarte.
--¿Qué?
--Hoy desayuné con mamá…
--Ron, si vas a insistir con lo de decirle a tú mamá—lo interrumpe—en verdad me gustaría esperar a que…
--No, no es eso—la tranquiliza con calma—aunque… sí me gustaría decirle.
--Ron
--Ok. Ese no es el punto—recuerda—el caso es que me encontré con Percy.
--¿Y qué tiene de importante?—pregunta extrañada—Va a casa de tus padres seguido, ¿no?
--No—debate él—hasta antes de… lo de Ginny, no iba más que en épocas de vacaciones—se explica con premura—pero eso no fue lo más extraño. Lo extraño fue que se interesó mucho en Lily.
Sí, esa parte resulta extraña para un hombre que trabaja más más al año que nadie. Pero también se casó ¿no? Podría pasar cualquier cosa.
--¿Cómo que interesado? ¿Qué te preguntó?
--Pues básicamente cómo era todo su día—cuenta él—la hora en que la llevaba a casa, la hora en que la recogías, que comía, cuantas veces… muchas cosas.
--Sí… muchas cosas—concuerda ella, un tanto distraída, pensando en las posibles explicaciones de la repentina preocupación excesiva de Percy.
--Al principio creí que tramaba algo—infiere Ron---pero luego me di cuenta que… quizá solo está preocupado.
--¿Por qué dices eso?—le intriga.
--Por qué me pidió que te dijera que puedes registrar a Lily si quieres.
--¿Eso te dijo?—todavía sin créelo por completo.
--Sí, dijo que eres su tutora legal por ahora y que Lily es un buen nombre—asegura él—así que es lo mejor.
Lo medita un minuto, puede que Ron tena razón. Porque después de todo Percy ha cambiado lo suficiente para mereceré una oportunidad.
El pelirrojo anuncia que llevara a acostar a la bebé, y como Hermione aun esta distraída pensando, solo atina a sonreírle y asentir.
--¿Qué quieres hacer entonces?—le pregunta el chico desde el marco de su habitación.
--Supongo que lo consultare con el agente de servicios sociales—contesta aun dispersa en otras miles de cosas en su mente—y luego de que me asesore al respecto…sí, lo haré.
Decir que todo se mueve rápido es decir bastante poco. Tiene a una bebé, tiene a un chico. Si Ginny estuviera aquí se partiría de risa por terminar como esa persona que ella juró y perjuró no sería. Pero ¿y qué? No es nada desagradable tener a la bebé y al chico.
Voltéa para ver a Ron, que sigue sin moverse ni un centímetro de su posición. Ahora tiene la mirada fija en algún punto al frente, visiblemente concentrado en su sentido auditivo.
--¿Escuchas?—le pregunta él con un dedo en los labio
--¿Qué?
--No llora—concluye feliz—lo hice bien, ¿no?
--Claro—corresponde ella—pero eso es lo que hace Lily. Duerme como tronco hasta las 11 y luego me mantiene despierta hasta la 1 de la mañana. No es extraño.
La cara del pelirrojo se torna ofendida, ella no evita reírse ante ello. Ron vuelve al sillón haciendo un movimiento negativo con la cabeza.
--Lo siento—concede Hermione, depositando un beso de disculpa en su mejilla—Aun así lo hiciste bien. Debí mencionártelo antes, ¿no?
--Habría sido bueno, sí—concuerda Ron—pero se me pasara con otro de esos.
Hermione sonríe y se acerca de nuevo, queda atrapada en los brazos de Ron, en otro de los tantos besos que se han dado desde aquel en el elevador. Todavía con los labios igual de ardientes y los corazones igual de agitados.
--Quiero preguntarte algo—susurra él cerca de su oído al separarse.
Por un momento, la intriga y la suposición mental de Hermione hacen que su semblante palidezca. Hasta que Ron suelta una carcajada al verla.
--Quiero invitarte a cenar—aclara simple.
Hermione cierra los ojos y respira.
--Ah… ee…¿qué?
--Que vengas a una cena conmigo—repite divertido el pelirrojo.
--Algo así como… ¿una cita?—cuestiona con una ligera punzada de nervios.
--Pues sí—le confirma Ron tajante—me debes una salida y… además somos… bueno, ya sabes.
Si hay una cosa que tiene segura Ron, es que con Hermione las cosas deben ir lentas. Por eso entiende que su retroceso de 5 centímetros en el sillón es un movimiento de defensa.
--No es que no quiera hacerlo—explica ella ante su mirada—No sé a qué hora pueda salir mañana.
Ella se distrae desabotonando las mangas de su camisa, un patrón que suele usar con la mayoría de sus camisas de ejecutiva cuando está nerviosa.
--Entonces te esperaré—insiste Ron. La insistencia con ella es importante.
--¿Y si es muy muy tarde?
--Te esperare de todos modos.
--Pero…
--Hermione, te esperare.
No siempre, pero de vez en cuando, llegaran a puntos de inflexión como estos. Todos los pasan alguna vez.
--Escucha sé que esto es… nuevo para ti—y Ron trata de sonar razonable—pero no tiene por qué ser la gran cosa. Dos adultos cenando, charlando un poco, en un sitio no muy concurrido… no es… para nada la gran cosa.
Hermione parece meditarlo tranquila, suspira y lo ve a los ojos. Sabe que está a punto de conseguirlo, a punto de ceder.
--Y no importa si sales a media noche, ¿ok?—continúa él diciéndole—No importa que venga un tornado, o que afuera se caiga el cielo. Hermione Granger, yo te esperare.
Y la media sonrisa que la castaña forma le confirma su triunfo.
--Haré lo posible. Tengo muchísimo trabajo, pero hare lo posible—acepta ella, Ron la vuelve a cercar.
--Eso me basta y sobra—anuncia él feliz.
Se observan largamente, como si conversaran con los ojos. Inevitable es no caer en los labios del otro, una y otra vez, seguros de que la sensación debe ser adictiva. Los claxon de los autos ponen la orquesta a la escena, y el sol comienza a desaparecer.
--¿Qué quieres hacer? Tenemos la tarde libre—dice Ron después de un rato, acomodándose en el sillón y extendiendo los pies para posarlos en la mesilla, sin dejar de verla ni un segundo.
No necesita pensarlo mucho, en verdad. La respuesta está ahí, frente a ella con su pose distraída, su cabello revuelto y unos fuertes brazos esperándola.
--Esto—contesta con simpleza—solo esto.
Se acomoda junto a Ron, quien pasa su brazo sobre su cuello. Sube sus pies en la mesilla como los de él, en una posición que difícilmente habría aprobado con anterioridad. Y su mejilla encaja a la perfección en su pecho, donde su corazón marca el ritmo.
--Quiero hacer esto siempre.
Caminan rumbo al ascensor, una muy ocupada revisando libros enteros de cláusulas y protocolos, la otra con los brazos llenos de otros ejemplares del mismo estilo.
--¿Qué?—pregunta por segunda vez la castaña.
--Nada—responde disimulada la rubia.
Regresan a sus actividades solo tomándose un par de segundos para abordar el mecanismo. Hermione vuelve a sentir la mirada de Hannah penetrando su cráneo.
--¿Vas a decirme de una vez que pasa?—baja el libro junto con sus brazos y levanta la cabeza para poder encararla— ¿o tendré que soportar tu mirada el resto del día?
La chica parece pensárselo un poco.
--De acuerdo. Es que ¿por qué no me dijiste antes que tienes una niña?—suelta un tanto escandalizada Hannah—y una muy linda, por cierto.
--¿Y por qué tendría que habértelo dicho antes?—le contradice—No es algo meramente profesional.
--Porque creí que no todo entre nosotras era meramente profesional—le recuerda.
Hermione hace un gesto exasperado. No está teniendo un buen día.
--No me mal entiendas Hermione—sigue diciéndole en un mejor tono la chica—es que eres difícil de interpretar. Nunca me contaste que tienes una bebé, luego de pronto me pides que la cuide en tu departamento un par de horas, y ahora pretendes que no haga más preguntas. Es extraño—y deja salir su incomprensión y resentimiento—creí que empezábamos a tener confianza.
Han alcanzado su piso, y salen a paso apresurado. La castaña tiene en la cabeza las palabras de Hannah, dando vueltas y vueltas.
Cruzan la puerta de su oficina y llenan el escritorio a tope con los gruesos tomos, Hermione toma asiento y se posiciona las gafas para sumergirse en un mundo distante del nuestro, Hannah da media vuelta y emprende el regreso a su mostrador en el piso de abajo.
--¡Hannah, espera!—es el impulso repentino lo que provoca que su voz se escuche precipitada.
--¿Qué? ¿Qué más necesitas?
--Yo...—se da ánimos internamente—sé que soy un persona muy extraña, y aparentemente, mal educada. No te di las gracias por cuidar de Lily el otro día.
--Pierde cuidado—su semblante se ablanda, incluso se muestra contenta—de hecho, me encanto cuidar de tu hija. Es adorable.
--Y para que sepas, sí confío en ti—le asegura, Hannah se rinde ante una sonrisa—No me hagas caso, estoy teniendo un… intenso día.
Entonces Hannah vuelve su cuerpo completamente para mirarla de frente otra vez.
--¿Qué sucede? ¿Es por el caso de los señores Wires?
--Mm… sí, en parte—reconoce, se permite un momento para apreciar la insistente vista que recibe—Pues es por lo de la familia Wires, y que nuestro ineficiente jefe McLaggen no ha llegado a—consulta el reloj de su computador—plenas 11 de la mañana. Y que estoy trabajando demasiado, tanto que no le pongo la atención a Lily como quisiera. ¡Ah! Y que no sé si llegue a la dichosa cena de hoy.
Hannah suspira y la observa con pena.
--Lo siento—se disculpa Hermione—aparentemente también hablo demasiado.
--No. Yo pregunte—le responde indulgente—Veamos—se acomoda en la silla del otro lado de su escritorio—primero, el caso de los Wires va perfectamente. Claro hay que abordar unas variantes más, pero estará bien. Segundo, por el tonto de McLaggen no te preocupes, tú rindes por dos como él. Luego, no te atrevas a decir que no atiendes bien a esa bebé, tu apartamento es el más limpio y seguro que he visto en mucho tiempo, hasta parece que lo reviso algún inspector—bromea, la castaña sonríe nerviosa—y en cuanto a tu cena…yo me quedo hasta tarde, te ayudare para terminar lo antes posible.
--No tienes que quedarte, no te pagaran esas horas.
--No lo hago porque me paguen—defiende la chica—somos amigas, ¿no?
Sí, estas cosas son la que hacen los amigos así que asiente. Cómo nunca creyó que pasaría.
--Sí, por supuesto—apoya Hermione—ya recuerdo porque me caes tan bien—menciona a manera de broma.
La otra chica ríe, tomando uno de los libros del montón más pequeño. Hermione hace lo propio también.
--Y ya que quedo claro que hay confianza—retoma la castaña--¿te puedo preguntar algo más?
--Mientras no sea sobre estas cláusulas que no entiendo—condiciona bajando la mirada a los libros—la que quieras.
--¿Cuánto tiempo llevas aquí en Londres?
--Un par de meses, ¿por?
--Eee…--duda un poco, pero al final se decide--¿Qué lugares conoces para, no sé, ir a cenar?
Hannah frunce el ceño, le llaman la atención muchas cosas de esto último.
--Creí que tú eras de aquí—dice--¿no se supone que conozcas el lugar?
--Bueno—y se quita las gafas—sucede que no soy del tipo de chicas que salgan y… así.
--¡Oh!—exclama—eres de esas chicas estudiosas que se desconectan de la vida social.
Hermione abre mucho los ojos, sintiéndose un tanto ofendida y avergonzada.
--No me desconecte, solo que no era una de mis prioridades.
--Está bien, está bien—la calma—no digo nada malo. Eres una excelente profesionista que no se distrajo en líos de chicos—aclara de inmediato, y es cuando el ligero rubor de las mejillas de Hermione hace que vislumbre algo más—Oh, ¡No es cierto! ¿Estas preguntándome por… porque vas a salir con un chico?
Su boca trata de emitir defensa, misma que su cerebro no puede formular. En cambio, sus mejillas parecen estar decididas a traicionarla.
--Puede ser—es lo que dice.
Hannah la mira largamente, estudiando cada uno de sus gestos. Definiendo su postura, su actitud antes este giro novedoso. Hermione está llena de sorpresas.
--¿Qué te parece si me quedo a trabajar desde aquí?—le propone enseguida—y así platicamos un poco sobre esa cita, y sobre el chico tan asombroso que deber ser tu pretendiente si logro hacerte salir.
Debería sentirse incomoda, presionada por la palabra "cita", que es demasiada formal, que implica mucho. Pero no, no tanto. Aquí, con Hannah, se siente como una típica charla de chicas. Es incluso, hasta reconfortante.
Lo venía pensando desde hace hacía unos 20 minutos. El hombre al que vigilaba, recargado sobre el mostrador del edificio, leía el periódico distraídamente mientras jugueteaba con una corcho lata de refresco en sus dedos.
Nunca reyó tener que recurrir a éste ¿pero qué otra opción tenía? Neville seguía de vacaciones, Ginny se había ido, sus padres, a quienes ni siquiera conocía, estaban hasta el final de su lista de opciones, muy al final. Por lo tanto, Sirius Black parecía ser la persona más cercana a Hermione que tenía ahora.
--Vamos, Ron—se decía por décima vez—solo hazlo.
No era que no estuviera al tanto de los gustos de Hermione, pero lo cierto es que ésta era una oportunidad más que valiosa para avanzar, para hacerla confiar en él.
--Solo ve y pregúntale—repetía para sí mismo.
--Eee…--duda un poco, pero al final se decide--¿Qué lugares conoces para, no sé, ir a cenar?
Hannah frunce el ceño, le llaman la atención muchas cosas de esto último.
--Creí que tú eras de aquí—dice--¿no se supone que conozcas el lugar?
--Bueno—y se quita las gafas—sucede que no soy del tipo de chicas que salgan y… así.
--¡Oh!—exclama—eres de esas chicas estudiosas que se desconectan de la vida social.
Hermione abre mucho los ojos, sintiéndose un tanto ofendida y avergonzada.
--No me desconecte, solo que no era una de mis prioridades.
--Está bien, está bien—la calma—no digo nada malo. Eres una excelente profesionista que no se distrajo en líos de chicos—aclara de inmediato, y es cuando el ligero rubor de las mejillas de Hermione hace que vislumbre algo más—Oh, ¡No es cierto! ¿Estas preguntándome por… porque vas a salir con un chico?
Su boca trata de emitir defensa, misma que su cerebro no puede formular. En cambio, sus mejillas parecen estar decididas a traicionarla.
--Puede ser—es lo que dice.
Hannah la mira largamente, estudiando cada uno de sus gestos. Definiendo su postura, su actitud antes este giro novedoso. Hermione está llena de sorpresas.
--¿Qué te parece si me quedo a trabajar desde aquí?—le propone enseguida—y así platicamos un poco sobre esa cita, y sobre el chico tan asombroso que deber ser tu pretendiente si logro hacerte salir.
Debería sentirse incomoda, presionada por la palabra "cita", que es demasiada formal, que implica mucho. Pero no, no tanto. Aquí, con Hannah, se siente como una típica charla de chicas. Es incluso, hasta reconfortante.
Lo venía pensando desde hace hacía unos 20 minutos. El hombre al que vigilaba, recargado sobre el mostrador del edificio, leía el periódico distraídamente mientras jugueteaba con una corcho lata de refresco en sus dedos.
Nunca reyó tener que recurrir a éste ¿pero qué otra opción tenía? Neville seguía de vacaciones, Ginny se había ido, sus padres, a quienes ni siquiera conocía, estaban hasta el final de su lista de opciones, muy al final. Por lo tanto, Sirius Black parecía ser la persona más cercana a Hermione que tenía ahora.
--Vamos, Ron—se decía por décima vez—solo hazlo.
No era que no estuviera al tanto de los gustos de Hermione, pero lo cierto es que ésta era una oportunidad más que valiosa para avanzar, para hacerla confiar en él.
--Solo ve y pregúntale—repetía para sí mismo.--Eee…--duda un poco, pero al final se decide--¿Qué lugares conoces para, no sé, ir a cenar?
Hannah frunce el ceño, le llaman la atención muchas cosas de esto último.
--Creí que tú eras de aquí—dice--¿no se supone que conozcas el lugar?
--Bueno—y se quita las gafas—sucede que no soy del tipo de chicas que salgan y… así.
--¡Oh!—exclama—eres de esas chicas estudiosas que se desconectan de la vida social.
Hermione abre mucho los ojos, sintiéndose un tanto ofendida y avergonzada.
--No me desconecte, solo que no era una de mis prioridades.
--Está bien, está bien—la calma—no digo nada malo. Eres una excelente profesionista que no se distrajo en líos de chicos—aclara de inmediato, y es cuando el ligero rubor de las mejillas de Hermione hace que vislumbre algo más—Oh, ¡No es cierto! ¿Estas preguntándome por… porque vas a salir con un chico?
Su boca trata de emitir defensa, misma que su cerebro no puede formular. En cambio, sus mejillas parecen estar decididas a traicionarla.
--Puede ser—es lo que dice.
Hannah la mira largamente, estudiando cada uno de sus gestos. Definiendo su postura, su actitud antes este giro novedoso. Hermione está llena de sorpresas.
--¿Qué te parece si me quedo a trabajar desde aquí?—le propone enseguida—y así platicamos un poco sobre esa cita, y sobre el chico tan asombroso que deber ser tu pretendiente si logro hacerte salir.
Debería sentirse incomoda, presionada por la palabra "cita", que es demasiada formal, que implica mucho. Pero no, no tanto. Aquí, con Hannah, se siente como una típica charla de chicas. Es incluso, hasta reconfortante.
Lo venía pensando desde hace hacía unos 20 minutos. El hombre al que vigilaba, recargado sobre el mostrador del edificio, leía el periódico distraídamente mientras jugueteaba con una corcho lata de refresco en sus dedos.
Nunca reyó tener que recurrir a éste ¿pero qué otra opción tenía? Neville seguía de vacaciones, Ginny se había ido, sus padres, a quienes ni siquiera conocía, estaban hasta el final de su lista de opciones, muy al final. Por lo tanto, Sirius Black parecía ser la persona más cercana a Hermione que tenía ahora.
--Vamos, Ron—se decía por décima vez—solo hazlo.
No era que no estuviera al tanto de los gustos de Hermione, pero lo cierto es que ésta era una oportunidad más que valiosa para avanzar, para hacerla confiar en él.
--Solo ve y pregúntale—repetía para sí mismo.
--De acuerdo, escuche—esto requiere mucha más valentía de lo que imagino—lo que quiero decir es que… yo la quiero, y ella me quiere a mí. Estamos en el proceso de construir algo juntos—con nervios mueve las manos describiendo sus palabras—y sé que usted la conoce bien así que puede imaginarse cuanto la he tenido que perseguir para que me diera una oportunidad.
Le concede una sonrisa a media y un gesto para darle la razón y el valor de seguir hablando.
--Por eso quiero hacer esto bien—asegura el pelirrojo—Quiero que las cosas funcionen. Voy a hacer que las cosas funcionen, pero para eso, necesito que la gente que la quiere este de su lado. Ella no quiere decirlo aún, la entiendo. Tiene razones en su pasado que lo respaldan y no voy a discutir eso.
Sucede entonces que por primera vez en todo el tiempo que lo conoce, ve de verdad a Sirius Black. Con los ojos nostálgicos y la expresión cansada, pero firme y seguro. Comprensivo.
--Ella es una chica demasiado especial—prosigue—tanto que ni siquiera puede notar su propio efecto. No sabe lo que provoca, cree saberlo pero no. Ella cree que sabe cosas, pero no las ha comprendido bien. Cree que es independiente y fuerte. ¡Y vaya que lo es! Pero no por las razones que ella piensa. No se ha dado cuenta de cuanto necesita de sus personas, porque muchas de ellas se alejaron. Y si quiero que esto avance, necesitare que ella empiece a dejar de creer que sabe cosas, y las sepa.
Impresionado, sí, tal vez. Tal vez resulte que éste chico sea el bueno, piensa para sus adentros.
--Necesito que tú estés de nuestro lado para eso—le dice sin titubeos—y necesito tu ayuda, Sirius. Necesito prepararla para que le pueda gritar al mundo lo feliz que somos.
--¿Por qué yo?—le cuestiona sin quitarle un ojo de encima.
--Porque aquí y ahora, eres lo más cercano a un padre para Hermione—acepta—igual que lo fuiste para Ginny. Y siempre voy a deberte eso.
Sirius traga saliva, negar que puso mucho de él con éstas muchachas seria mentira. Deja el periódico a un lado y de un certero tiro deposita la corcho lata de refresco en la basura.
--¿Qué necesitas de mí?—pregunta cediendo.
--Un buen consejo sobre donde llevarla a cenar—reconoce dentando preocupación—sé que le gusta, pero no quiero pasar por alto nada.
Black sonríe, palmeándolo en la espalda.
--Entonces entra—le ofrece, dirigido a la pequeña oficina que tiene en el edificio—tengo un par de lugares que te pueden interesar.
--Tenemos buen tiempo, no desesperes—insiste Hannah con los dedos volando sobre el teclado del computador.
--No puedo creer que ya estamos por acabar—se estira sobre su silla para descansar la espalda—y apenas son las 6.
--¿A qué hora debes estar lista?—pregunta la chica sin dejar de escribir.
--Pues como a las siete—retoma posición, vuelve a colocarse los lentes—dijo que pasaría por mí a las 8.
Previamente se tomaron una pausa corta para comer un sándwich en la cafetería, misma que fue aprovechada a su máximo nivel para interrogarla sobre la gran cita. No soltó muchos detalles, pero los suficientes para que Hannah diera el visto bueno a Ron.
--Deberías tomarte cinco minutos—le recomienda—tú eres la abogada, mañana vas a juicio. Ya despeja la mente.
--En realidad—confiesa—McLaggen ni siquiera me deja estar en la misma mesa que él y el cliente, me siento detrás con los asistentes.
--¡¿Qué?!—exclama fuera de sí, incluso se olvida de seguir moviendo los dedos--¿quieres decir que técnicamente tú preparas el caso y él es quien lo presenta y se lleva la gloria?
--Básicamente—acepta la castaña suspirando cansada.
Se talla los ojos y mueve en círculos el cuello.
--¿Por qué?—Hannah no es de las que lo dejen sin insistir—quiero decir, ¿por qué se lo permites?
--Como yo lo veo, es injusto, sí. Pero en un año dejare de ser una simple auxiliar adjunta—le dice—y tendré mi puesto como abogada de planta, lo que significara no más McLaggen para mí.
--Pero mientras tanto seguirá aprovechándose de ti—advierte la otra—lo sabes, ¿no?
--No te preocupes, podemos manejar a McLaggen por el resto de este año—intenta minimizarlo—además, ¿sabes que es lo mejor de ascender a abogada en jefe?—pregunta la castaña más animada.
--¿Qué?
--Que puedo negociar sobre quien trabaje para mí—suelta triunfal.
La sonrisa de Hannah se forma con lentitud cuando comprende.
--Y no más McLaggen para mí tampoco, ¿cierto?
--Cierto. Nunca más—culmina segura.
Están regresando a sus deberes cuando son interrumpidas por el sonido abrupto de la puerta al abrirse. Un hombre bastante alto, de cabello castaño ondulado y cara de comercial de shampoo se introduce sin mayor explicación en la oficina.
--Vengo por el caso de los Wires—es todo lo que dice.
--Ya está casi listo—le informa Hermione levantándose de la silla—éstos son los informes, éstas se presentaran al jurado, la juez y la contraparte—le enseña un par de folder—estas son para el historial—y rebusca encima del escritorio por unas hojas color verde claro.
McLaggen da un largo vistazo a los documentos en sus manos, intentando aprender cada detalle puesto que se supone él ayudo con el papeleo. Hermione espera una opinión, busca la cara de Hannah, quién ha sido olímpicamente ignorada por él.
Tiene que aguantar la risa cuando descubre que la chica, viendo por la espalda al hombre, tiene el gesto de desprecio y asco más cómico que ha visto nunca.
--Todo parece en orden—veredicta éste un segundo después--¿Qué hay de los permisos?
--Permítame—pide la castaña, buscándolos en los cajones inferiores del escritorio.
Ajena a lo que pasa, Hermione pasa sus dedos sobre una fila de papeles interminable que se extiende por el escritorio. McLaggen aprovecha para mirarla con detenimiento, en un punto muy cercano a los botones superiores de su blusa. Hannah, vigilando la escena desde atrás, parece querer darle una patada ahí mismo.
--Hum- hum—cambia esa patada por una interrupción haciendo gala de su astucia—señor ¿le gustaría algo de la cafetería?—y finge tanto el tono amable que casi siente quebrarse la voz.
--No—responde de inmediato el otro dando un pequeño salto antes de voltear para negar su pregunta.
Para cuando su atención se vuelve a Hermione, ésta ya está de pie con los permisos en la mano. McLaggen luce repentinamente molesto.
--Aquí tiene—dice inocente la castaña.
El chico se toma su tiempo con éstos también, Hermione intercambia otra mirada con Hannah, que casi parece feliz ahora. Ella no entiende que sucede.
--Todo se ve bien—repite él de nueva cuenta—hace buen trabajo, Granger.
--G-Gracias, señor, pero…—no es común que Cormac McLaggen agradezca por algo
--Llámame Cormac—pide el joven, en una pasable actuación de cordialidad
--Ah… claro Cormac—algo está mal con esto— pero como decía, no lo hice sola. Su secretaría está muy capacitada.
La atención se centra en Hannah un segundo, que lo observa mientras se acomoda en la silla, pero McLaggen no parece interesado en reconocer a nadie más.
--Sí, sí. Eso me recuerda que tienes asuntos pendientes en tu área—le informa fríamente.
--En un momento voy, señor—responde ella, enfatizando el "señor" criminalmente.
--Aja—dice, regresando su atención a la castaña—En cuanto a ti, llevó tiempo observándote ¿sabes? Y no solo pareces buena en tu trabajo. Creo que eres buena… chica.
No puede ser. ¿Enserio está pasándole esto a ella?
--Y me preguntaba si alguna vez te gustaría salir…—sonríe de lado--… a tomar algo, ya sabes.
Sus gestos, su sonrisa, su tono de voz. Todo seguramente ensañado frente a un espejo para asegurar el éxito de su conquista, como todo prototipo de superficialidad. Y lo peor, es que ha tenido tanto éxito con ello que ciertamente cree ser el mejor tipo de la Tierra.
--En verdad que me halaga Cormac—empieza ella, Hannah sigue pasmada detrás—pero preferiría dejar nuestra relación en algo meramente profesional.
Por un momento cree que su amiga rubia estallara en carcajadas, McLaggen luce desencajado y confundido, como si no asimilara lo que está ocurriendo.
--¿Disculpa?—reza el chico aturdido.
--Sí, bueno. Resulta que creo que las relaciones en el trabajo no funcionan y—se excusa con simplicidad brutal—honestamente, no es mi prioridad por el momento.
Hannah se ve obligada a usar su mano para contener la risa, completamente fascinada de la reacción de Hermione. Cormac no da crédito a sus palabras, pero se nota que pretende recuperar el orgullo que le quede de esto.
--Entonces, supongo que no insistiré más—resuelve, yendo hasta la puerta.
Hermione hace un gesto de reprimenda a Hannah para que se contenga de reír cinco segundos más. Al menos para que él pueda salir sin sospechas.
--Y, algo más…—regresa un par de pasos para referirse a ambas—olvide que el caso del Dr. Kail es para mañana—termina con una vacilante sonrisa de venganza en los labios—quiero todo en mi escritorio a primera hora.
La sonrisa de Hannah se esfuma y la mueca de Hermione es de protesta absoluta.
--Pero no me aviso de eso con anticipación—se queja--¿Cómo terminaré un expediente completo para mañana?
--Con suerte, supongo—se burla él—después de todo, eso sí es su prioridad, ¿no?
En el momento en que finalmente sale, Hannah no contiene una que otra palabra antisonante. Hermione está furiosa. Es toda una injusticia, completamente desentona con los valores que ella busco de ésta carrera. Y con pesimismo, también sabe que no tiene de otra.
--¡No puede hacerlo!—grita la otra chica—Es… un…
--Es el jefe, y por muy injusto que sea, puede costarnos el empleo—acepta la castaña—las quejas del buzón no son atendidas con la misma rapidez con la que él nos estaría echando.
--Pero…¿nos quedaremos a terminar todo?—pregunta renegando—Nos llevara… hasta las 10 de la noche, quizá más tarde.
--Hasta las 9, ya sé cuál es el caso. Es más simple que éste—apoya Hermione—y no tienes que quedarte.
--No pienso dejarte sola, no terminaras a tiem… ¡Hermione!—Hannah parece darse cuenta de lo peor del asunto—no llegaras ni de chiste a tu cita.
La castaña se pasa las manos por la cara, desanimada por el reciente giro, asqueada por la invitación a salir de su pervertido jefe, y, sobre todo, enojada por no poder ver a Ron esta noche. Es quizá, la peor parte del asunto para ella.
--Ya sé—y saca su teléfono celular—ya sé.
--No es nada justo—se compadece Hannah—estaba emocionada por esta cena.
Hermione la mira divertida.
--No más que tú, por supuesto—aclara—pero si lo estaba.
La castaña mejora su humor, le agradece por mil tenerla aquí, y con pesadez empieza redactar un mensaje de texto.
--¿Crees que me despidan si lo golpeo en la cara?—pregunta al aire la morena después de un momento.
--Si no lo creyera, ya lo habría golpeado yo misma—contesta ella de igual forma.
--Lo mejor es mantenerlo simple—recomienda Sirius con Lily en brazos.
Ron la recogió cuando salió del trabajo y la llevo al edificio, esperando que Sirius apoyara el plan que había ideado en todas sus horas en el bar donde trabaja tocando el piano para los asistentes.
--¿Eso quiere decir que dejamos de lado los globos?—preguntaba para rectificar.
--Yo diría, es una cita chico—recuerda pasivo—Mantenlo simple.
--De acuerdo—acepta con firmeza, las manos le sudan. Está nervioso y no creyó estarlo.
Sentados en la oficina de Sirius, repasan los lugares que es mejor evitar y los que son más adecuados. Ron está sudando frio, sin tener idea de por qué de pronto su expectativa de la noche juntos le provoque tantas emociones.
La pañalera de Lily cuelga del respaldo de la silla de pelirrojo, que no deja de moverse. Sirius parece estarla pasando de lo lindo con Lily, que esta despierta y con los ojos alertar a cualquier gesto suyo.
--Eso de mantenerlo simple—menciona el hombre observando el quinto vaso de agua de Ron—también se aplica a ti, ¿sabes?
--Lo sé—admite él—pero… no sé. De pronto es cómo si la estuviera conociendo otra vez.
--Oye—llama su atención detenidamente—te aseguro, sentir eso es bueno.
El pelirrojo parece no comprender del todo.
--¿Cómo que es bueno?—pregunta--¿Qué me suceda esto cada vez que la invite a salir es bueno?
Lily grita de pronto, disfruta igual o más que Sirius sus caras.
--Significa—retoma éste—que si te sigue poniendo así después de todo este tiempo, entonces no deberías dejarla ir nunca.
Ahí es cuando Sirius deja de ser el señor del edificio. Le da paso a otra persona. Es Sirius, un amigo. Y comienza a sentir la confianza que le da el apoyo.
--Pareces saber bien de que hablas—comenta Ron, mirando el fondo del vaso de agua entre sus dedos.
--Hace mucho tiempo—responde él—sí, lo supe.
Piensa que quizá debería seguir preguntando, por reciprocidad. Porque Sirius ha escuchado su historia completa con cuidado.
Aunque en el momento justo en que su boca está emitiendo el primer indicio de pregunta, su teléfono suena con la alerta de mensaje. Lo consulta, y todo su panorama cambia.
--¿Qué?—pregunta Sirius al ver la transformación de su rostro--¿No conseguiste la reservación? Hay otros lugares.
--No, no es eso—le responde todavía revisando el texto—Es que… no llegará.
--¿Qué dices?—se levanta con Lily para acercarse más al pelirrojo.
--Hermione, no llegará para la reservación aunque la consiga—repite—dice que tiene una emergencia en el trabajo.
--Pero… ¿Qué emergencia? ¿Qué más dice?
--Solo eso—con la mano en la barbilla, empieza a pensar que hacer ahora—una "emergencia de trabajo", un "lo siento" para mí y un "que cuide a Lily hasta que llegue". Eso es todo.
Baja su teléfono hasta la superficie del escritorio descuidadamente, provocando un fuerte golpe que parece no importarle. Fue advertido por la castaña de que esto pasaría, pero nunca creyó que de verdad pasaría. Ahora su mente no solo divaga sobre el plan de su cena, sino que también tiene la duda de si hoy será un día adecuado.
Sirius no dice nada, tal vez porque no hay nada más que decir. Ron delibera sus posibilidades, dejarlo y planear todo otra noche, o… ¿qué?
--No quiero sonar aguafiestas ni nada—le dice Sirius—pero quizá hoy no es la noche.
Sin embargo él no habla, no lo mira ni hace caso. Piensa.
--Vete a casa, chico—recomienda el hombre levantándose con la bebé.
Piensa. Cuando los vestigios de sus descontrolados nervios se van y se quita de encima la duda, Sirius ya ha tomado la pañalera de la silla dispuesto a llevarla a su piso. Es cuando lo sabe.
--Sirius
Él se detiene, a escasos centímetros de la puerta. Escuchándolo atento
--¿Tienes aquí las llaves de todas las puertas de edificio?
Revisa su reloj, descubre las 9:45 pm. "Bien hecho" se dice sarcástica para ella misma. Porque sabe lo importante que era la noche para Ron. Mientras ingresa al edificio y cruza la estancia, voltea para checar si el mostrador está ocupado. Como no lo ésta supone que Sirius se ha ido a acostar.
El espacio del recibidor esta desierto, a pesar de que usualmente hay una o dos personas rondando por ahí. Considera tomar el elevador, porque no se siente con ánimos de subir escaleras. Desecha la idea cuando lee: "fuera de servicio" puesto en las puertas.
--Tenía que ser—reniega empezando con los primeros escalones.
No pasan más de cinco segundos cuando se da cuenta de que algo es anormal. Justo encima del corre manos, pegadas en la pared, hay flechas color amarillo intenso.
Supone que son señalamiento de seguridad, hasta que conforme sube las estudia con más detenimiento. Están dibujadas en hoja de papel, no son impresas en plástico. Sin embrago no causa mayor impresión, lo que más quiere es llegar a casa y que se acabe el día.
Alcanza el tercer piso, y da un sobresalto cuando un enorme letrero aparece a unos cuantos centímetros de su nariz, colgado del techo del corredor.
"Te estoy esperando"
--¿qué?—pregunta en un susurro para sí misma. Sonríe.
--Se supone que sigas las flechas—recibe el segundo sobresalto de la noche.
--¡Sirius! ¿Qué haces…? ¿Lily…?
--Duerme—responde—la abrazaras cuando termines ese otro asunto.
--Me gustaría verla antes, porque…
--¡Oh! Hermione son casi las 10 de la noche—replica éste—sube ya.
--Espera ¿cómo sabes…
--Ahora—apresura, quitándole de las manos el bolso y su maletín--¡Ya!
Hermione le dedica una mirada elocuente, pero continúa su camino en las escaleras. Las flechas amarillas parecen no tener fin, piso 4, piso 5, y finalmente, se encuentra con cartel que reza: Acceso a techo.
Surge una ligera confusión al principio, pero tiene que ser correcto porque una enorme flecha amarilla termina justo indicando a la puerta. Empuja la puerta de metal y siente como el viento impacta en su rostro.
El frescor de la noche y la altura la sorprende. El amplio patio del techo está bien iluminado con luz blanca de una decena de bombilllas. Al centro una mesa, con flores de varios colores. Un perchero con abrigos y unas mantas colgadas en él. Una banca junto a la orilla del edificio, con vista hacia las luces de la deslumbrante Londres.
Y Ron, parado junto a la banca, distraído mirando hacía la ciudad.
--Así que... ¿no es la gran cosa?—dice ella a manera de saludo.
Voltea, se ve un poco sorprendido pero de inmediato toma control con su gran sonrisa.
--No es la gran cosa—responde extendiendo los brazos—es solo una cena en el techo.
--¿Qué hiciste?—pregunta ella sin creerlo, acercándose y pasando sus dedos sobre el mantel de la mesa.
--Improvise—saca la silla más cercana a ella para que tome asiento—con algo de ayuda.
Hermione levanta una ceja. Haciendo un juicio y encontrando el veredicto.
--Le dijiste—lo acusa divertida.
--Sirius prácticamente ya lo sabía—se defiende, sentándose también—y la puerta de aquí arriba estaba cerrada, así que lo necesitaba.
--De acuerdo—acepta la castaña—supongo no puedo molestarme después de esto, pero… ¿Cómo es que…
--Se me ocurrió este lugar?—completa él—Lo descubrí alguna vez vagando por aquí, ya sabes, cuando te perseguía a todas partes.
--Cuando me acosabas—bromea ella
--Ey, ese no es el punto. Concéntrate—se libra Ron riendo—Pensé en regresar por aquí alguna otra vez, pero luego descubrí que estaba cerrado. Me pareció un buen lugar para aplicar la ayuda del dueño del edificio.
A lo lejos, el ruido de los autos y los transeúntes llega hasta el borde del techo. Las luces de neón de anuncios publicitarios y bares son bien visibles con la altura.
--Tenía planeada una buena cena para ti—empieza Ron—ya sabes, en un lujoso y caro restaurante, sobre todo caro—añade, Hermione ríe—pero resulto que ninguno tenía mesas disponibles para las 10 de la noche, así que… esto es lo que hay.
--Esto es perfecto—dice ella con una sonrisa—en serio. No pudo haber ido mejor. No me gustan los lugares concurridos, ni soy mucho de salir a restaurantes. Me gusta…mantenerlo simple.
Conoce tan bien las palaras, que le causa gracia que ambos hayan tenido conversaciones similares con la misma persona. Se siente satisfecho.
Sirve un líquido caliente en un par de tazas y le ofrece una.
--Honestamente, creí que te habías ido a casa—comenta Hermione con la taza calentando sus manos.
--¿Cómo crees? Te dije que te esperaría—exclama Ron
Entonces se dedican a disfrutar de la noche, con esa ligera brisa que apenas alborota el cabello. Hermione tiene que acomodar varios de sus castaños mechones tras su oreja, y Ron descubre que le encanta ver ese gesto.
--¿Chocolate caliente?—pregunta ella degustando el primer sorbo—es muy poco convencional, ¿no crees?
--Sí—reconoce—pero alguien me dijo que era tu favorito—confiesa él.
La chica hace memoria. No hay manera de que haya compartido ese detalle con Sirius. De hecho, solo hay una persona que lo sabe. Bueno, que lo sabía.
--Ella te dijo—asegura entonces.
--Ella nos conocía bastante bien—es la respuesta de Ron.
A veces todavía se siente demasiado, quizá un poco menos, pero es una sensación que se quedó tan arraigada ya, que está segura nunca se ira. Y que bueno porque todo lo que ha vivido, la ha traído hasta aquí.
--Me encanta la vista—dice ella con los ojos en el resplandor de la ciudad.
--Y aún no has visto lo mejor—informa el pelirrojo, levantándose—ven.
Su mano es cálida, como todo él. La sujeta con firmeza cuando la acerca hasta la banca de la orilla. Donde la magia sucede, y el viento sopla por la intemperie. Con la ciudad en su escandalosa y casi perfecta sincronizada rutina.
Tan absorta se ha quedado en cada detalle, que ni siquiera nota cuando Ron se le retira un segundo para buscar uno de los abrigos del perchero y ponérselo sobre los hombros. ¿Desde cuándo Ron Weasley es tan precavido?
--Me encanta esta ciudad—suelta Ron un momento después—me gusta todo en cuanto a ella. Las lluvias torrenciales inesperadas, las nevadas suaves de diciembre, las estrellas de las noches cálidas. Me encanta.
Su cabello rojo se mueve con el compás del viento, mientras él se recarga sobre la orilla de cemento sólido que los separa de la inmensidad.
--Cuando era pequeño solía…
Él sigue hablando, pero su voz ya no es su voz. Está oyendo con infinita claridad a alguien más.
" --Fue…--Ginny voltea a verla fijamente, con una sonrisa—fue… como uno de esos momentos en los que sabes que toda tu vida te ha preparado para estar ahí. Para sentirlo todo a la vez. Felicidad y amor por tenerlo, por saber que es tuyo—explica—y al mismo tiempo sentir pánico, como si de pronto cualquier cosa pudiera arrebatártelo. Fue tan extraño… y a la vez tan conocido. Antiguo. Como si siempre hubiera estado ahí…"
Tiene que hacerlo. Tiene que decirlo ahora. Si ya lo descubriste, si ya está segura, lo dices ¿no?
Entonces cuando Ron calla, y la observa con interés, ella reconoce el momento.
--¿Estas escuchándome?—pregunta a mitad de una de sus famosas historias de travesuras en el colegio, con los labios entreabiertos y un mechón de cabello violentado por el viento.
--Intente… por mucho tiempo… no terminar aquí—empieza Hermione, captando la atención de sus brillantes ojos—no ser esta chica que… le tiemblan la rodillas cuando ve a este chico.
Espera que entienda lo importante que es decirlo en voz alta para Hermione, que Ron entienda que solo así las cosas se vuelven reales para ella.
--Por no ser la que… maldice interiormente a su jefe por quitarle el precioso tiempo que puede pasar con el chico—comenta, y Ron sonríe por saberlo—intente no ser ésta chica cuya cosa favorita es recostarse en el sillón contigo. Vi mucho a éstas chicas, conviví con éstas chicas. Juré no convertirme en una y… luego apareciste.
El pelirrojo, con su mano cubriendo la suya, ejerce la fuerza suficiente para jalarla cerca de él. Muy cerca y lento, tratando de darle valentía a las palabras que tanto parece haber esperado.
--Y cambiaste… todo. Y me convertiste en ésta chica de aquí, que flota en el cielo, que se le puede ir la vida en un beso, que va a citas. Tú…--frunce el ceño, buscando la manera de expresarlo—Yo creí que mi pared de argumentos y razones era impenetrable. Resulto que no.
Él pasa sus dedos sobre su mejilla, con fastuosa delicadeza. Recorridos por la emoción y este nuevo pasaje que escriben para la posteridad.
Mirarse se hace vicio, casi doloroso. Por eso, al cabo de un rato, la cabeza de Hermione exige respuesta al discurso que brotó de un lugar antes desconocido.
--¿Qué?—pregunta, y una pizca de miedo la abruma.
--Estoy memorizándote—le responde Ron—No quiero olvidar ni un solo detalle.
Y ahora sí, pueden ser felices por ello.
Con Londres y el cielo estrellado de fondo, llega el beso que sellará el lazo que no podrán romper en la vida.
"Can´t Help Falling In Love" by Ingrid Michaelson
"Am I Just One" by Carey Ott
"The Only exception" by Paramore
"Sweetheart" by Jont