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El libro de la Tercera Generación — capítulo 56
*A diferencia de Fred, James, Dominique y Frank, yo únicamente me límite a decir el hechizo; estaba segura que no necesitaba correr tres veces en círculo, y obviamente viajé en el tiempo con solo exclamar el conjuro. El Trío de Plata parecía decepcionado al ver que nadie más iba caer en su trampa.**Había sonreído divertida y luego sentí un extraño dolor en la cabeza, a lo que Rose contestó que debía haber corrido tres veces en círculo para no tener malestar. Igualmente no dolía tanto, solo lo suficiente para ser insoportable. El hecho de que no había corrido también pareció afectar el tiempo que tardaba en desaparecer, porque mientras los Merodeadores II se desaparecieron al momento de decir el hechizo, yo tardé alrededor de un minuto en sentirme muy liviana y desaparecer de los terrenos de Hogwarts.**Parece que estoy volando. O cayendo muy despacio. Sea como sea, es una sensación agradable, que me deja sonriendo. No había probado lo de la puerta, aquel transporte que usaron mi hermano y los otros siete elegidos en la vez anterior para ir al pasado, pero estaba segura que esta forma era mucho mejor. Jace dijo que al pasar la puerta entrabas en una especie de tubo y sentías como si algo te estuviera agarrando los pies y te tiraba fuerte y rápido hacia abajo. Definitivamente este nuevo medio para llegar al pasado era mucho mejor.*Solo espero que la estadía en Hogwarts de 1966 sea buena.
Había costado convencer a los magos que Jace era hijo de Blaise Zabini porque, cuando él había venido a 1996, vieron que no era para nada igual a su padre, ya que él era rubio, tenía ojos grises y era de piel blanca, todo lo opuesto al Slytherin de quinto año. Pero nadie tuvo la mínima duda que la chica que había aparecido de la nada en el Gran Comedor. Ella, a diferencia de los Merodeadores II, no cayó de bruces al suelo, sino que terminó parada delicadamente, con una sonrisa dulce por haber oído su nombre de tantas personas. Sonrió aún más cuando la mayoría de los chicos dejaron caer la mandíbula al verla, inclusive sus tíos Draco, Theo y Colton. Desde la distancia se podía notar lo enojado que estaba Blaise Zabini. Annabeth Zabini tenía la piel oscura, los ojos marrones caramelo y el cabello negro como la noche. Llevaba un top blanco, dejando al descubierto un piercing en su ombligo de una pluma de piedras azules, y una falda negra hasta las rodillas. Blaise estaba a punto de levantarse y empezar a maldecir a todos los chicos que estaban mirando a su hija. —¿Soy yo la única que tiene ganas de vomitar por el venir acá? —preguntó ella, caminando hacia sus amigos—. El viajar acá me produjo mareo también. —Yo me sentí como si fuera un fantasma —confesó Frank. —¡Igual yo! —exclamó Fred II. Chocó los cinco con su mejor amigo. Annabeth rió junto con James y Dominique y se dirigió donde estaban su padre y sus tíos, Blaise la miraba con una mezcla de alegría, por conocer a su futura hija, y de molestia, por ver como le guiñaba el ojo a algunos muchachos mientras caminaba. Ya había sido suficiente malo leer que su hija no tenía problema en acostarse con cualquiera como para verlo por si mismo. —Venga, papá, ¿no te alegra que tu princesa esté aquí? —preguntó con inocencia. —No me gusta que coquetees con personas que no conoces —se quejó Blaise. —¡Todavía ni nací y ya eres un padre sobre protector! —exclamó divertida. Blaise suspiró pesadamente y Annabeth se sentó a su lado en la mesa. Casi de inmediato, las preguntas se retomaron, la mitad de chicos que le pedían una cita a Annabeth, para el fastidio de Blaise, Draco, Theo y Colton. La morena únicamente rodaba los ojos y no contestaba. Fue entonces que volvieron las preguntas sobre el shipp que los incluía a ella y a Fred II. —¿Nunca, pero nunca, salieron juntos? —preguntó Kingsley. —En realidad, tuvimos una bonita relación en quinto año. Le regalaba flores todos los días —dijo Fred II. —Y recuerdo que yo creaba poema sobre el amor que sentía por él —agregó Annabeth, asintiendo seriamente—. En nuestro aniversario de un año, él me llevó a un restaurante, donde solo estábamos nosotros dos y contrató unos mariachis para que tocaran en vivo. —Éramos mejor pareja del mundo. —¿De verdad? —preguntó Percy ilusionado. —No —Y los dos se echaron a reír, bajo la mirara molesta de los seguidores de su pareja y divertida de los que apoyaban a Frelina.*No voy a negar que unos años atrás Fred me gustaba, no estaba enamorada, pero él me atraía, de la misma forma que todas las chicas se sentían atraídas a él: no era amor, era deseo, ganas de estar con el chico más caliente de Hogwarts. Recuerdo que me sentía una chica con bastante suerte por pertenecer al círculo interno de Fred Weasley II y tener la amistad de los otros chicos de la Realeza.**Comencé a sentirme atraída por Fred tercer año, cuando lo vi sin camisa luego del partido de Gryffindor contra Ravenclaw. Él me había abrazado, totalmente emocionado porque su casa había ganado la Copa de Quidditch. Y simplemente ahí Fred me comenzó a gustar, únicamente porque me abrazó cuando no llevaba la remera puesta y pude sentir perfectamente su piel bajo mis manos.**Afortunadamente, él dejó de gustarme a mediados de cuarto año, algo que fue una bendición de Merlín, porque si seguía más tiempo sintiendo aquello por Fred, seguramente hubiera terminado completamente enamorada de él. Ya no me gustaba, pero me seguía atrayendo por su físico, como a él le ocurría conmigo, y como nosotros éramos maduros con respecto al sexo, por así decirlo, ninguno de los dos tenía problema para acostarse con el otro, dejando los sentimientos de parte.*Mientras que mi padre y mis hermanos no se enteraran, ambos podíamos seguir teniendo fantásticas noches de sexo desenfrenado por un tiempo más.
Annabeth estaba sentada en una alfombra verde, entre Daphne y Pansy, quienes les preguntaban que tan bueno sería su futuro, mientras las tres miraban a los Merodeadores II hacer bromas junto a los gemelos Weasley. —Pues, tía Daphne, serás una famosa diseñadora de modas —le confesó, observando como Dominique se inclinaba sobre James y Fred II para decirles algo en voz baja—. Luego de terminar la Segunda Guerra Mágica, todo los Slytherins decidieron cambiar su forma de ser, tú igual, y decidiste hacer ropa para el Orfanato Mágico —Una mirara de sorpresa pasó por los rostros de Daphne y Pansy, pero luego sonrieron—. En todo caso, Oscar King estaba allí y le fascinó la ropa que hiciste... —¿Oscar King? —preguntó Daphne anonada—. ¿El Oscar King? ¿A Oscar King le gustó algo que yo hice? Annabeth rió divertida, asintiendo. Contó que la ropa que Daphne hizo le encantó tanto al famoso modelo mágico, Oscar King, que le pidió que fuera su diseñadora personal. Daphne parecía a punto de llorar. —Tía Pansy, tú administras casi todos los spas mágicos que existen —le informó con una sonrisa. Pansy abrió los ojos emocionada—. Lo que es muy bueno, porque yo adoro ir a spas, sobre todo si es gratis. Pansy iba a comentar algo, tal vez una broma relacionada con el tema, cuando Blaise apareció delante de ellas, diciendo que quería hablar un momento con su hija. Annabeth asintió, con mucha curiosidad, y se despidió de sus futuras tías, para luego seguir a su padre a fuera del Gran Comedor y dirigirse a los jardines de Hogwarts, así tener privacidad. Blaise estaba nervioso. Había estado preocupado por ella desde que Jace le había dicho que Annabeth esperaba que su madre volviese, Blaise no conocía a aquella squib con la que saldría, pero podía asegurar que no iba a regresar, si no lo había hecho en catorce años, ¿por qué lo haría ahora? Blaise no sabía como se iba a tomar esta charla su hija, pero quería hablar con ella sobre aquel tema: pensaba que al tener casi su edad, iba a poder entenderla mejor que cuando tuviera cuarenta. Annabeth se sentó bajo la sombra de uno de los árboles, lamentando que todavía no se construyeran las bancas blancas como en el futuro. Ella miró integrada a su padre, palmeando su el césped a su lado, invitándolo a sentar junto a ella. Blaise suspiró profundamente y se sentó en el jardín, preguntándose cómo comenzar la conversación sobre ese tema tan delicado. —Cuando Jace vino acá —empezó suavemente—, estuvimos hablando... hablamos de tu madre. La sonrisa de Annabeth se borró enseguida, siendo suplantada por un ceño fruncido, clara señal de molestia. Tal vez Blaise no lo sabía, pero ella estaba segura que tendrían la misma conversación que ella tenía siempre con su padre en el futuro: sobre que debía olvidar a su madre. —Mira, yo no conozco a esa mujer, y sinceramente no quiero hacerlo —dijo muy serio. Annabeth abrió los ojos, si su padre se rehusaba a estar con su madre, ella y sus hermanos no existirían—, pero igualmente lo haré —dijo rápidamente, al ver la expresión de su hija—, no porque sienta algo por ella, sino porque, aunque solo sepa un poco sobre tú y tus hermanos, ya siento que los amo y no puedo permitir que no nazcan. »En todo caso, solo quiero que entiendas que tu madre no va a regresar —Blaise esperaba no sonar duro, pero quería tener un tono de voz que no admitiera discusión. Annabeth cerró los ojos y negó—. Annie, ella no va a volver. Jace dijo que ella se fue sin razón aparente y que hasta el momento no ha dado señales de vida. Ella no va a volver y yo no quiero que sigas sufriendo. —Me prometió que volvería —dijo Annabeth con voz quebrada—. Ella me dijo que lo haría y yo le creo. Mamá va a volver. Blaise tragó saliva. —Annabeth... Pero ella no le hizo caso, se levantó bruscamente y salió corriendo hacia el interior de Hogwarts, con las manos cubriendo su cara de porcelana, sintiendo las lágrimas caer de sus ojos. Corrió hacia el lugar que siempre iba cuando se sentía de aquella manera, cuando nadie le creía que su madre volvería.
*No es una obsesión, tampoco un capricho de niña. Mamá me lo prometió. Ella me llevó a su habitación y mientras metía su ropa en el bolso, me dijo que se iría por un tiempo y que regresaría después. Yo le creí y le sigo creyendo. No importa lo que digan Blaise y Jace, mamá va a regresar. Ella me lo prometió. Y no va a romper su promesa, ella no haría eso. Yo sé que ella vendrá, explicará porque tardó catorce años en volver y seremos una familia de nuevo. Yo lo sé.**Estoy harta de que mis hermanos y mi padre intenté hablar conmigo sobre el tema, diciéndome una y otra vez que debería dejar de ilusionarme porque mamá no va a regresar. Ellos no me comprenden. Fred es el único que no me dice nada, cuando yo le habló de mis pensamientos sobre que mi madre va a regresar, él solo me sonríe y me da un beso en el cabello, nada más. Desearía que papá, Blaise y Jace hicieran lo mismo, demostrarme su apoyo, en vez de seguir insistiendo que dejé de creer en tonterías. Cuando mamá regrese, ellos van a tener que aceptar que yo tenía razón. Yo me encargaré de demostrarles que tenía razón.**Mientras tengo a mis mejores amigos, Fred y Evelyn, para mí. Ellos me entienden, no me dicen que mi madre no va a volver, aunque tampoco dicen que vaya a regresar, simplemente me escuchan y me consuelan. Me alegra saber que cuento con su apoyo, tal vez ellos piensan igual que mi familia, pero al menos tienen el respeto de no decirlo.*Yo lo sé. Yo sé que mi madre regresará por mí.
Una parte de Annabeth sabía que estaba siendo tonta por llorar de nuevo por su madre. Si se había dicho a si misma que no debía llorar por ningún hombre, ¿por qué lloraba por la mujer que la habían abandonado? Y aunque era una seguridad que Maggie Warlk nunca regresaría a su casa, Annabeth tal tonta ilusa seguía manteniendo la esperanza de que ella tocará la puerta y pediría perdón por haberse ido, soñaba que su padre y hermanos la perdonarían y podrían ser una familia feliz de nuevo. Pero aquello seguía siendo parte de un deseo que no tenía posibilidades de cumplirse. Annabeth se tapó el rostro con sus manos, sollozando en silencio. Odiaba la idea de que las personas la miraran con lastima por seguir esperando con paciencia a su madre, pero si ellos estuvieran en su lugar, creerían lo mismo por no creer que su madre no la quería y por eso se marchó. Annabeth lloró con más fuerza. —Imaginaba que estarías aquí. Annabeth levantó su rostro surtido de lágrimas para ver a Fred II, que la miraba con una sonrisa triste desde la puerta de la Torre de Astronomía, el lugar donde siempre venía ella cuando quería estar sola. Annabeth volvió a bajar la mirara, sintiendo algo de alegría por tener a Fred II con ella, él sabría como sacarle una sonrisa. El pelirrojo dejó escapar un suspiro angustiado y caminó hasta donde estaba su mejor amiga, para luego arrodillarse a su lado y abrazarla con fuerza. —¿Cómo sabías...? —empezó con voz quebrada. —¿... qué me necesitabas? —terminó Fred II—. Pues habíamos ido a buscar el Mapa del Merodeador de este tiempo con mi padre y mi tío cuando te vi pasar corriendo y llorando. Me disculpé con ellos y vine para acá —Él dejó un beso en su cabello negro—. ¿Qué ocurrió, Anne? —Papá dijo... dijo que debía olvidar... a mi mamá —susurró apenada—. Fred , quiero hacerlo, pero no puedo. Quiero que vuelva, necesito que vuelva. Como usualmente sucedía cuando entraban en aquel tema, Fred II se quedó callado, mas la apretó con fuerza, acariciando distraídamente los cabellos negros de ella. Annabeth se sintió más tranquila con ese silencio: solo necesitaba la presencia de él para sentirse mejor. Apoyó su cabeza en el pecho de Fred II y volvió a llorar, sacando todo el dolor que había aguantado por años. —Cuando yo tenga hijos —murmuró Annabeth con voz ahogada—, nunca los abandonaré. Seré atenta con ellos y les mostraré todo los días el amor que les tengo. —No lo dudo —respondió Fred II—. Serás la mejor madre del mundo. Afortunados serán tus futuros hijos. Annabeth sonrió y se quedaron así unos minutos más, abrazados y sosteniéndose que ella se calmó y utilizó un hechizo para secarse las lágrimas y dejar de tener las mejillas y los ojos rojos por el llanto. Fred II le dio la mano y los dos se levantaron, sonriéndose alegremente. —¿Sabes? Tal vez seas un buen novio algún día —comentó Annabeth, quitando el polvo de su falda. Fred II bufó. —Solo tendré pareja cuando pierda mi estilo y eso nunca pasará. Annabeth rió y los dos se encaminaron al Gran Comedor, donde seguro ya había llegado otro viajero del tiempo.
**Mmm, me demore mucho, ¿verdad? ¿Cuánto tarde? Creo que desde marzo no actualizo, ¿no?****¿Saben que el 8 de este mes, hace tres días, la historia cumplió un año? Este fic lleva un año publicado y todavía falta alrededor de veinte capítulos más para terminarlo. Vaya, mi vagancia es más grande de lo que imagine.**En fin, he aquí el capítulo 56. Esperemos que suba el siguiente pronto. Esperemos.